lunes, 9 de junio de 2014

El que no afana, ¿Es un gil?

Por Germán Gegenschatz (*)
Entre llamados a indagatoria y denuncias que alcanzan a buena parte del Gobierno la corrupción toma centralidad otra vez. Se habla de los casos, se rebolean nombres, se discuten los detalles, y hay cierto criterio político en la puesta en escena de los casos y en la defensa de los afectados.
El juicio a fulano o mengano puede concentrar el interés, pero explica poco respecto de la matriz que esta presente en todos aquellos que hacen de la corrupción un sello de su gestión de gobierno y de su vida. Tampoco explica el porqué cambian los gobiernos y este problema permanece, e incluso aumenta.
Esta bien lograr condenas a los culpables, pero también es necesario solucionar el problema general que es la omnipresencia de la corrupción, y que nos interesemos en el tema más allá de que un gobierno tenga problemas en la economía o que esté llegando al final de su mandato.
La creencia generalizada.
Hay Corrupción cuando vemos el funcionario pesando el dinero que se lleva o cortando el pasto de su casa con una cuadrilla de empleados municipales.
Hay una creencia bastante generalizada de que el ser corrupto es un atributo necesario para encarar un camino exitoso en la política, es más, se lo ve como inevitable. Lo mismo vale para el hacerse rico en la vida privada.
La pregunta es: ¿Por qué existe esta creencia?. Se pueden ver por lo menos dos causas, una puede ser que el incumplimiento de la ley es una práctica demasiado extendida y de muy bajo riesgo, la otra que efectivamente se ve que el dinero se obtiene y que se goza con una condena social muy baja. Lo explicamos mejor.
En la vida diaria observamos una serie larguísima de mayores o menores incumplimientos a la ley para obtener dinero, para mejorar la renta privada u obtener ventajas. Luego quienes ponen en práctica estos hechos difícilmente sean exigentes con los demás, y en particular con el hombre de estado. Preferirán callar para no ser señalados por su pares o acusados desde el poder como lo fué  el famoso operador inmobiliario de Belgrano.
Además esos incumplimientos a la ley son económicamente eficientes, es decir, dan dinero a quien los pone en práctica, más y más rápido de lo que se obtiene trabajando con honestidad.
Para resumirlo: la creencia de que ser corrupto es condición necesaria para tener poder surge de que se viola la ley, se obtiene el dinero, se lo conserva, y además se lo gasta públicamente sin condena social y con una muy baja probabilidad de condena judicial. Todo esto, en definitiva, estimula la corrupción.
El punto es que la generalización de esta conducta nos empobrece como país y nos arroja a vivir en una comunidad violenta, dividida e injusta. Ahora la pregunta es: ¿Como mejorar?.
Exigir que la ley se cumpla es el primer paso.
Hemos verificado en los hechos que Ley que no se exige no rige. Cuando la ley no sanciona al incumplidor ese valor que justifica la aplicación de la ley en ese caso se devalúa para toda la comunidad, y ese valor empieza da dejar de estar presente en la convivencia social en general.
Por ejemplo, si no castigo el robo pronto el robar se generalizará, dejará de ser “tan malo”, y casi en el momento en que se deja de castigar un delito se empieza a justificarlo.
Recordemos las frase noventosa “roba pero hace”, o la reciente “hay que estar hecho para luchar contra los grupos concentrados”. ¿Qué diferencia hay entre ambas excusas?. Ninguna, en ambos casos el robo se justifica por el fin. En el primer caso te dicen “te robo pero vos tenes a cambio un gobierno bueno para vos”, en el segundo “si no soy rico no puedo pagar el costo de luchar contra el enemigo que tenemos en común”.
Esta forma de pensar no solo es errónea y engañosa, también es peligrosa. Por este camino de razonamiento se puede justificar otro delito para lograr un fin, por ejemplo el delito de asesinato. Recordemos lo vivido en los 70s. donde en vez de robar para la corona se mataba por diferentes razones.
Hay que poner las cosas en su lugar, no esta bien robar, se haga el bien o no se haga nada en el gobierno, se luche o no se luche contra los grupos concentrados. Que se roben dineros público perjudica a todos, especialmente a los más pobres, y no soluciona nada más que la situación fiananciera de ciertos funcionarios.
Es que el cumplimiento de la Ley en todo momento y circunstancia es algo necesario y conveniente principalmente para los sectores más débiles de la sociedad, violar la ley no es parte de la solución sino que es parte del problema, más allá de que jamás el fin justifica los medios.
El que no afana ¿Es un gil?.
Cuando se dice que el que no afana es un gil se condena el obrar bien teniendo la oportunidad de no hacerlo y obtener de ello un beneficio económico. Pues debemos tener claro que el que no afana no es gil, en todo caso es honesto.
Gil puede ser el que apoya al que le esta robando, o compra que es parte de una épica heroica y patriótica cuando en realidad son víctimas que se empobrecen felices aceptando excusas del poder tales como “gobierno bien”, “pienso como vos”, “tenemos los mismos enemigos” y eufemismos parecidos.
Es difícil creer que se termina la corrupción porque Boudou, Jaime y otros más vayan presos por una sentencia justa, aún cuando lograr que el poder se someta a la ley es, indudablemente, un paso adelante.
Lo importante es darse cuenta que la corrupción es más que un grupo de funcionarios que la practican, sabemos que necesita cómplices en distintos estamentos de la sociedad que la habiliten, millones que la justifiquen poniendo los votos a sabiendas que votan personas deshonestas, mas otros tantos que la toleren en silencio y sin hacer nada. Sepamos que con solo no sumar a esos grupos nos ponemos en la senda del cambio, y si hacemos las cosas bien y nos conducimos honestamente estaremos, además, construyendo un país mejor.
Buenos Aires, junio 6 de 2014.
(*) Germán Gegenschatz. Colaborador de C&P. Artículo publicado en Comunidad y Política el 6 de Junio de 2014.