lunes, 2 de junio de 2014

La deuda no es sustituto de reformas estructurales

Por Roberto Cachanosky (*)
La oposición debería tomar de conciencia que cuánto más se estire la mecha para llegar al 2015 peor les va a ir a ellos políticamente, porque tendrán que asumir el costo de desactivar el campo minado
Recuerdo que allá por el 2000, cuando el gobierno de De la Rúa había logrado cerrar el blindaje, me cansé de escribir que los acuerdos financieros no son un sustituto de las reformas estructurales. Cuando hay déficit fiscal, el endeudamiento no sirve para resolver el problema. En última instancia se lo puede explicar (no justificar) como una forma de ganar tiempo hasta que se hacen las reformas de fondo. Si a una empresa los números no le cierran porque gasta más de lo que le ingresa por ventas, tomar un préstamo no le soluciona el problema. En todo caso el endeudamiento puede servirle para financiar la reestructuración de la empresa a los efectos de equilibrar los números y empezar a ganar dinero.
Con un país pasa lo mismo, podría llegar a tomarse deuda para financiar la reestructuración del Estado para que gaste menos y así poder reducir el gasto y en el óptimo disminuir la carga tributaria, pero tomar deuda para financiar el déficit no es otra cosa que pavimentar el camino al colapso. Eso ya lo vivimos y ahora intentarán hacer lo mismo, aunque están plantando otras bombas mucho más complicadas para dejarle al próximo gobierno.
¿Había que arreglar con el Club de París? Sí, pero no para tratar de salir a buscar nueva deuda en el mercado voluntario para zafar de la crisis. Es  más, lo mejor que le puede pasar a los argentinos es que el gobierno no consiga un dólar en el mercado voluntario de deuda porque cuanto más estiren esta agonía, peor va a ser la explosión final que vamos a tener que soportar porque los problemas se van acumulando potencialmente. Cuanto más se estire la agonía, peor será la explosión y sufrimientos futuros de los argentinos.
Por momentos luce hasta gracioso ver como algunos colegas economistas sostienen que el gobierno, a disgusto, está adoptando medidas para corregir parte de los errores, citando el caso de la devaluación, el anuncio de la reducción de los subsidios al gas, la suba de la tasa de interés o, ahora, la búsqueda de un acuerdo con el Club de París.
En primer lugar, con el Club de París no se llegó a ningún acuerdo definitivo. Solo leyendo el comunicado del Club de París, no los del Ministerio de Economía, se advierte que, por ahora, el gobierno se comprometió a pagar para seguir hablando y tratar de llegar a un arreglo.
En segundo lugar, tanto la devaluación de enero como la suba de la tasa de interés intentaron ganar tiempo para que Kicillof pusiera orden en las cuentas públicas para bajar o eliminar el déficit fiscal y de esa forma reducir la emisión monetaria que hace el Central para financiar el déficit del tesoro. Por ahora lo único que consiguieron fue comprarse una feroz recesión, el déficit fiscal de marzo fue monumental, más de $ 17.000 millones y el blue sigue inquieto. Encima CFK no tuvo mejor idea que anunciar más gasto público con un incremento de subsidios “sociales” y planes de viviendas. Más gasto implica más déficit, con más emisión monetaria, inflación y caída del tipo de cambio real, caída del tipo de cambio real que agudiza los problemas externos.
No hay que confundir parches, con medidas orientadas a un cambio desganado de rumbo. No es que de mala gana el gobierno cambia de rumbo, sino que pone parches que algunos se confunden con un cambio de rumbo. Cambiar el rumbo es bajar el gasto público, no aumentarlo. Cambiar el rumbo es quitar el cepo, no acentuarlo limitando el pago de importaciones hasta U$S 300.000 dejando sin insumos a los productores locales y creando un caos de suspensiones y despidos.
Que el gobierno esté intentando ahora arreglar con los acreedores externos para poder acceder a financiamiento externo, no es un cambio de rumbo, es el mismo rumbo que viene siguiendo desde que perdió las legislativas del año pasado, esto es, intentar estirar la mecha para que la explosión sea posterior al 2015. No le están resolviendo problemas al próximo gobierno, se lo agrava. Basta con ver cómo son los vencimientos que surgen del supuesto acuerdo con el Club de París para advertir que el 90% de los mismos le caerán a la próxima administración. Es el mismo rumbo, te voy dejando el campo cada vez más minado para que a mí me recuerden como la década ganada.
En su inocencia, ignorancia o por ser políticamente correctos, habla de respetar los plazos constitucionales. La Constitución tiene más artículos que el que establece el período de los mandatos presidenciales, y también hay que respetarlos. La oposición debería tomar conciencia que cuánto más se estire la mecha para llegar al 2015 peor les va a ir a ellos políticamente, porque tendrán que asumir el costo de desactivar el campo minado. Eso de especular con que la bomba le explote al antes del 2015 al gobierno puede ser una especulación que, en una de esas les sale bien, pero si les sale mal, no solo la oposición tendrá que bancarse todos los problemas heredados. Lo más grave es lo que tendrá que vivir la gente de aquí hasta el 2015 y luego del cambio de gobierno.
(*) Roberto Cachanosky. Economista. (UCA, 1980). Asesor económico. "Director de Economía para todos", artículo publicado el 1 de Junio de 2014, en su Edición Nº 525