jueves, 12 de junio de 2014

La estanflación no se combate con Keynes

Por Fausto Spotorno (*)
La economía argentina atraviesa un proceso de estanflación, esto es, estancamiento de la actividad económica con inflación. Incluso, en los últimos meses la actividad ya empezó a mostrar cifras negativas. 

El gran problema de la estanflación es que no se puede reactivar la economía aumentando el gasto público a lo Keynes porque eso lleva a más inflación y no mejora la actividad. 

Por otra parte, si se pone el eje en la inflación y se establece una política monetaria contractiva por sí sola, se termina quedando corta. En efecto, si bien, tal vez, se logre desacelarar la inflación, también tendrá un efecto contractivo en una economía que de por sí ya está estancada. 

La razón es que este tipo de políticas suelen funcionar cuando la demanda agregada está 'fría' o 'sobrecalentada', pero cuando se cae en estanflación la demanda ya no está sobrecalentada sino que se quemó y la oferta agregada está cruda y empieza a oler a feo.

De la estanflación se sale ordenando la economía, mejorando la productividad y estimulando aquellos sectores más dinámicos. Se requiere que la oferta vuelva a crecer de forma sostenible y que la demanda lo acompañe ordenadamente.

La estanflación surge después de un proceso sostenido de inflación. Esta, es un fenómeno vinculado con el crecimiento en la cantidad de dinero, lo que también lleva a bajas tasas de interés y por ello es frecuente que cuando hay inflación, las tasas de interés corran por detrás al aumento de los precios. Como consecuencia, resulta más conveniente pedir prestado y consumir, que ahorrar. La víctima de este proceso es la inversión que queda desfinanciada por la falta de ahorro y en contexto inflacionarios se vuelve una actividad algo riesgosa, dada la falta de previsibilidad.

Con el tiempo, la falta de inversión y el deterioro de la calidad de la misma tiende a provocar una desaceleración de la capacidad de producción y finalmente un estancamiento. En ese punto se llega a la estanflación. La capacidad de crecimiento de la economía está agotada y el incremento del gasto público financiado con emisión monetaria no la estimulan sino que alientan la inflación. 

Este es el estado en el que se encuentra la economía argentina hoy naturalmente con algunos condimentos adicionales. A comienzos de este año, la suba de la tasa de interés, la devaluación, la aceleración de la inflación, las restricciones para importar y la consecuente caída del salario real están provocando bajas en el nivel de actividad de muchos sectores y desaceleración en otros. A esto se le suma una economía brasileña que se está frenando, lo que hace más difícil reemplazar las ventas industriales locales con exportaciones. 

Como consecuencia, la economía cayó 0,8% en los primeros 4 meses del año. 
Esta cifra podría mejorar en los próximos meses a medida que el salario real mejora tras las paritarias, que la cosecha de soja es mejor de la esperada y que se revertirán algunas paradas técnicas en ciertos sectores industriales. 

Sin embargo, estas fluctuaciones se darán dentro de un contexto general de estancamiento en el que el Gobierno tiene poco margen de maniobra 16 meses de las próximas elecciones presidenciales.

(*) Fausto Spotorno. Director del Centro de Estudios Económicos de OJF. Buenos Aires. Artículo publicado en "El Punto de Equilibrio" el 10 de junio de 2014