lunes, 11 de agosto de 2014

Batallas épicas: del campo a los buitres

Por Carlos Salvador La Rosa (*)
A la batalla con el campo la transformaron en un combate entre las fuerzas del pueblo contra las de la oligarquía como si los productores rurales de hoy fueran los grandes propietarios pampeanos de mediados del siglo XX. Les fue bastante mal, pero -como el coyote- insistirían.
 
En el combate épico de las AFJP les fue mejor porque allí pudieron quedarse con todos los fondos de los jubilados. Pero como la idea se las dio Amado Boudou, lo nombraron vicepresidente.
 
Entonces, prorrateando lo que ganó Cristina con la plata de las AFJP y lo que perdió con Amado como vice, debió darse cuenta del pésimo negocio que hizo.
 
Aparte de las necesidades de caja, otra razón de sus combates es tapar con él algún fracaso. El combate por la Ley de Medios fue la respuesta a la derrota electoral de 2009.
 
La reforma judicial fue el castigo que se quiso imponer a la Justicia por demorar la resolución sobre dicha Ley de Medios.
 
Sin embargo, aparte de hacerse de dinero o de ocultar algún fracaso, hay otras batallas K cuya causa es un poco más extraña. Nos referimos a las confrontaciones que el kirchnerismo inventa cuando le da algún ataque de racionalidad política o económica y a poco se arrepiente de haber intentado ser sensato. Los ejemplos de este tercer tipo de belicismo épico son las batallas por YPF y  contra los hold outs.
 
A principios de 2012 Cristina había alcanzado su reelección con el 54% de los votos y el país entero esperaba que fuera “por todo”. Sin embargo, decidió bajar subsidios y hacer los ajustes necesarios para tapar sus desbarajustes previos.
 
Lo probó durante un par de meses pero parece que se aburrió de tanto sentido común y entonces puso a Kicillof a cargo de una nueva gesta: la toma de Repsol, que el revolucionario con cara de pebete y espíritu de estudiantina cumplió a la perfección. A partir de allí se despertaron todas las ansias adolescentes de Cristina y hasta la derrota de 2013 no dejó chiquilinada por hacer.
 
Pero así como el triunfo de 2011 la volvió sensata por un par de meses, la paliza de 2013 operó en ella igual efecto y comenzó a arreglar una por una todas las deudas pendientes con el exterior, con la nada secreta ilusión que, si pagaba todo lo que debía, le volverían a prestar ya que las cajas internas de la Anses o del  Banco Central estaban tocando fondo.
 
El problema es que Cristina encargó este ajuste externo a Kicillof, el mismo que fue convocado para hacer todo lo contrario. No obstante, el Kici también dio la sorpresa y arregló con los acreedores pagándoles hasta lo que no le pedían.
 
Arregló con el Club de París en un plazo de pago menor al que le podrían haber concedido y sin discutir ni la más mínima quita en los punitorios, todo a cambio de que el FMI no auditara las cuentas internas del país.
 
Así es fácil ser revolucionario, con la plata de los demás. Pero en fin, el chico igual cumplió y demostró que más que revolucionario es siempre un extremista: cuando expropia no paga nada (aunque al final termine pagando el doble) y cuando arregla, arregla por más de lo que piden.
 
El pibe nunca se va con medias tintas. Él siempre la juega a todo o nada, como la jefa.
 
Sin embargo, cansados de pagar tanta plata al imperio, un día tanto Cristina como el Kici estallaron y volvieron a lo que más les gusta hacer, gracias al juez Griesa.
 
Así, casi al final de su trayectoria encontraron la batalla perfecta, la más épica de todas, la que junta todas las razones de todas las anteriores, aquella por la que incluso vale morir porque será con las botas puestas y con el relato a pleno.
 
El cristinismo cree que se reedita Braden o Perón como en el '45, que estamos en un nuevo eslabón del combate de la liberación contra la dependencia y que esta vez, al fin, el enemigo es directamente el imperio porque, en la concepción populista, Griesa es apenas un empleado de Obama y Obama un empleado de los poderes imperiales concentrados, por lo cual si se pelea contra uno se pelea contra todos.
 
Por eso Capitanich provocativamente dice que “el responsable de todo esto es EEUU. Para ellos no es importante que muera gente en las guerras ni que se vulnere la soberanía de los países”.
 
Por eso vamos a La Haya a quejarnos contra el gobierno de EEUU. Por eso creemos poder poner a todos los países subdesarrollados y emergentes, a China y Rusia, a todos a favor nuestro y contra los EEUU como también lo creímos en la guerra de las Malvinas.
 
Por eso Braden o Perón. Griesa o Cristina y todo el maniqueísmo histórico llevado a su quintaesencia para congratulación de la tribuna popular. “Lo vamo’ a reventá’”, como decía el Nestornauta. Épica pura.
 
Una verdadera lástima, porque en la pelea contra los fondos buitres nos apoyan un montón de “neoliberales” que quizá no sirvan para librar la batalla de la liberación contra la dependencia, pero que nos podrían ayudar mucho más que Rusia o China.
 
Nada menos que Anne Krueger, subdirectora gerente del FMI entre 2001 y 2006 cree que la sentencia de Griesa es un grave error que “hará más difíciles las reestructuraciones de las deudas soberanas".
 
El periodista argentino residente en EEUU, enemigo ideológico terminal de los K, Andrés Oppenheimer, dice que “la Argentina tiene gran parte de razón en su disputa con los tenedores de bonos”.
 
Nos apoya The New York Times, The Guardian, el gobierno de Obama, el de Francia, muchos legisladores ingleses.... O sea, un montón de tipos del imperio, representantes de la “dependencia” no ven correcto el fallo del juez Griesa, pero el gobierno argentino no quiere solucionar el problema de los hold outs porque no lo ve como un problema sino como una causa revolucionaria para demostrar la validez de su relato. Le conviene.
 
Es tonto pelearse con EEUU porque la mejor forma de reestructurar la deuda, más allá de la sentencia de Griesa, para que no nos sigan cayendo juicios, es con el apoyo de los países centrales a los cuales la especulación financiera (aunque fuera provocada por sus propias políticas erradas) casi los parte en dos en 2008. Por eso nos apoyan. No por nosotros sino porque no quieren que estos defaults se deriven hacia ellos.
 
Pero no, nosotros queremos el apoyo de los que no tienen nada para ofrecernos más que una declaración de principios. Porque eso se ajusta al relato. Ignoramos, o nos conviene ignorar, que para salir del default debemos integrarnos más  y aislarnos menos.
 
Entonces hacemos lo contrario: identificar a los buitres con todo el mundo occidental desarrollado, con lo cual nos aislamos más e integramos a los buitres con ellos en vez de diferenciarlos.
 
En eso Néstor Kirchner, cuando se metió con la deuda externa, no fue tan zonzo como sus herederos: hasta con Bush se aliaba si con eso podía lograr una quita superior. 

(*) Carlos Salvador La Rosa. Periodista y analista político. Artículo publicado en "Los Andes" y en Urgente 24 el 10 de Agosto de 2014