lunes, 18 de agosto de 2014

Confrontación y fin de ciclo

Por Jorge Raventos (*)

No sólo porque ya terminó el Mundial de fútbol, sino también porque muchos intuyen que la crisis con los holdouts y el renovado giro confrontativo del gobierno adelantan dramáticamente los tiempos políticos, todas las fuerzas y todos los candidatos y aspirantes a serlo se han lanzado a afilar sus armas, apresurar definiciones, tensar sus vínculos, como si las elecciones estuvieran a la vuelta de la esquina.
Los oficialistas menos instalados (Julián Domínguez, Florencio Randazzo), ya se promueven a través de campañas de afiches en la vía pública. Por su parte, Daniel Scioli ya hizo explícito sin disimulo su deseo de suceder a Cristina Kirchner mientras Sergio Massa acaba de presentar a Roberto Lavagna como responsable de su escuela de cuadros gubernamentales (y quizás candidato a un cargo prominente del Frente Renovador). Paralelamente, Massa discute con José Manuel De la Sota y con Adolfo Rodríguez Saa la posibilidad de compartir un espacio para dirimir entre ellos, en las primarias, la candidatura presidencial del peronismo no kirchnerista.
La alianza que se atrasa
Donde las cosas están más movidas estos días es en el costado “no peronista”, particularmente en el Frente Amplio-UNEN (la opción panradical acompañada por personalidades y emprendimientos del centroizquierda progresista). Precisamente en el acto en que sus integrantes pretendían dar la buena nueva de su constitución formal en el distrito porteño, lo que irrumpió en escena fue el debate que los viene agitando desde hace semanas, es decir: si deben o no buscar una alianza más amplia aún, que incluya sobre todo al Pro de Mauricio Macri.
En rigor, el Frente Amplio es sólo una (numerosa e influyente) fracción del conglomerado no peronista. Las encuestas sugieren que el “no peronismo” no tendría chances de aprovechar la división de las fuerzas de origen peronista sin sumar el capital del Frente Amplio con el del macrismo (Pro y adyacencias).
Para algunos de los socios del FAU (Frente Amplio Unen) esa sería una operación contra natura: el FAU nació para luchar simultáneamente contra el kirchnerismo y contra el macrismo, proclama el senador Fernando Solanas. Su rama femenina, la socióloga Alcira Argumedo, sostiene que asociarse con el PRO para que no gane el peronismo sería como “aliarse con Al Capone para enfrentar a Don Corleone”. Aunque eludiendo esas caracterizaciones, Margarita Stolbizer, del GEN, coincide en lo fundamental; para ella, esa alianza pondría en juego “la identidad política” del Frente Amplio.
Hasta ahora el radicalismo, el partido más fuerte del Frente Amplio, venía admitiendo con matices la posibilidad de converger con Macri “en el ballotage”.
La volcánica Elisa Carrió piensa distinto: ella quiere, sobre todo, evitar que gane el peronismo.Y, más allá de sus propias preferencias, está convencida de que para ello es indispensable que la unión con Macri esté pactada antes de que termine 2014 y que garantice que el FAU y el PRO van juntos desde la primera vuelta electoral.
Carrió ha llegado a la misma conclusión que sugirió esta columna varios meses atrás: “aunque se sabe que en política dos más dos no necesariamente da cuatro como resultado, a primera vista y con los números de las encuestas en la mano todo indica que si el FA y el macrismo no concurren en alianza a la primera vuelta electoral, corren el serio riesgo de limitarse a balconear una definición en segunda vuelta entre los dos candidatos peronistas” (Massa y Scioli).
Macri y la “tercera vía”
Mientras en el Frente Amplio Unen se pelean por el Pro, Mauricio Macri mantiene una actitud distante: “No queremos inmiscuirnos en un espacio al que no pertenecemos”. El Pro trabaja, por el momento, con el proyecto de afirmarse como una “tercera vía”, diferente de “los que han gobernado hasta ahora”.
Ese expediente no le ha dado malos resultados a la candidatura presidencial de Macri, que ha crecido y –aunque en tercer lugar- se ha entreverado en el pelotón de los punteros. Por añadidura, el Pro se ha establecido en varias provincias como fuerza con chances. En varias de ellas lo ha hecho a través de alianzas locales con otras corrientes, particularmente con sectores de la UCR. En cualquier caso, en el Pro no se desconoce el hecho de que, más allá de lo que muestran las encuestas, la candidatura presidencial de Macri no es sustentable sin una estructura nacional y –dato importante- sin una fuerza extendida y sin buenos candidatos en la provincia de Buenos Aires.
El FAU –sobre todo la UCR- posee las estructuras y carece de una candidatura nacional competitiva (las figuras de esa divisa mejor ubicadas son Julio Cobos y Hermes Binner, pero ambos están bastante distanciados del trío puntero: Scioli, Massa, Macri). El Pro tiene un candidato bien colocado, pero necesita estructuras. La alianza, en principio, parecefuncional para ambas partes.
En verdad, aunque en ambos campos existe la íntima convicción de esa conveniencia, también hay conciencia de que la operación no será ni sencilla ni indolora.
Primero hay que armar un relato que justifique, a los ojos de la opinión pública, la convergencia entre partidos que se definen como progresistas y una fuerza a la que muchos connotados socios del Frente Amplio describieron con los demonizantes términos “neoliberal”, “noventista” o “de derecha”. En este sentido, se confía en que el gobierno seguirá ofreciendo argumentos para santificar la alianza por la necesidad de bajar el telón a un ciclo colmado de tonos despóticos y arbitrarios.
Pero concretar la alianza dejará heridos. Y el riesgo de que algunos de ellos busque amparo en otros territorios competitivos (Massa o Scioli, digamos). Carrió lo da por sentado: esta semana dijo, por caso, que algunos de los que en el Frente Amplio resisten la alianza con Macri podrían estar “financiados por Massa o Scioli”. Porque, según ella, que no haya acuerdo FAU-Pro antes de la primera vuelta es “la jugada más funcional” al peronismo.
A la vejez, viruelas
El gobierno, por su parte, también se encuentra sometido a la aceleración de la crisis del “no default”. La decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos de desestimar el recurso de la Casa Rosada y dejar firme el fallo del juzgado de Nueva York que benefició a los llamados “fondos buitres” provocó en el gobierno, primero desconcierto y enseguida un viraje marcado: en lugar del rumbo hacia los mercados que venía intentando desde el arreglo con Repsol, un reverdecer confrontativo que, ¡ay!, ya se corresponde escasamente con las energías remanentes de este fin de ciclo. A la vejez, viruelas.
La Presidente adorna el giro con palabras: asegura que a su izquierda sólo tiene la pared. Es probable que el oficialismo esté construyendo paredes a todo su alrededor.
El proyecto de reforma de la Ley de Abastecimiento elucubrado por las huestes de Axel Kicillof pretende reemplazar desde el gobierno la conducción de las empresas privadas, atribuyéndose la legitimidad de fijarles "volúmenes de producción, fabricación, ventas o prestación de servicios" y de "establecer para cualquier etapa del proceso económico, márgenes de utilidad, precios de referencia, niveles máximos y mínimos de precios", etc.
Razonablemente, los empresarios consideran inusualmente agresivo ese proyecto. La Asociación Empresaria Argentina fue al hueso de la situación y describió el proyecto como “un drástico cambio en el régimen económico de la Argentina", pues "atribuye a una dependencia del Poder Ejecutivo, el derecho de intervenir desmesurada y discrecionalmente en la actividad y las decisiones de todas las empresas establecidas en el territorio nacional”.
Sustituismo y despotismo semiilustrado
“El sustituismo es el reemplazo de las clases sociales por una minoría selecta”, escribe Juan José Sebrelli en su libro Los deseos imaginarios del peronismo. En rigor, el término había sido forjado en las discusiones del marxismo para subrayar un rasgo del bolchevismo ruso de un siglo atrás, que “sustituía” al proletariado que invocaba por el partido que ejercía efectivamente la dictadura.
Aunque en las sordas rencillas intestinas del oficialismo a Kicillof lo llamen “El Ruso”, él no se propone reemplazar con sus amigos a la clase obrera, sino a la burguesía. Su grupete está convencido de que sabe hacer negocios mejor que los empresarios.
Si entre los “deseos imaginarios” del primer kirchnerismo podía contabilizarse el de alentar el desarrollo de “una fuerte burguesía nacional” (que se tradujo, en el plano de la realidad, en el llamado “capitalismo de amigos”; digamos, Lázaro Báez), en la etapa actual las preferencias ideológicas se vuelcan al sustituismo, ya sea colocando directamente a funcionarios a conducir empresas (Mariano Recalde en Aerolíneas Argentinas es un magnífico ejemplo), ya intentando tutelarlas y dictarles instrucciones desde la burocracia estatal, como insinúa el proyecto de Ley de Abastecimiento.
Este tipo de pretensiones programáticas puede acompañar momentos de insurgencia revolucionaria o etapas crepusculares de un gobierno. En el primer caso, pueden ser expresiones de ingenuo ideologismo que tiene, sin embargo, la pujanza suficiente como para implantarse y ejercerse. En el segundo, obedece a los manotazos de ahogado de un poder en estado vaporoso que necesita acudir a recursos desesperados para emparchar sus cráteres económicos.
Este proyecto, obviamente, cabe en la segunda tipología. Quizás pueda aún atravesar un Congreso en el que las bancadas oficialistas se toman su tiempo para recuperar autonomía y transitan todavía por el molde de la obediencia (aunque ésta sea resistida entre dientes). Pero sin duda le reportará costos grandes, tanto en el plano de la política como en el de la economía.
La iniciativa de encuadrar la quiebra de una empresa gráfica en los términos de la ley antiterrorista y bajo el paraguas de la consigna “Patria o Buitres” es otro ejemplo de las modalidades que adopta el gobierno: pretende disimular la creciente impotencia que lo aflige en el fin de su ciclo, con palabras y decisiones desmedidas, rayanas en la arbitrariedad.
Entusiasmado por el resultado de las encuestas que contrata, que le aseguran que la pelea contra “los buitres” le ha permitido recuperar algunos puntos en su deteriorada imagen, el oficialismo sigue apostando a la confrontación y la polarización.
Quizás le convendría abrir por un instante las ventanas del relato y observar la realidad: el acto del Luna Park, convocado esta semana bajo la consigna “Patria o Buitres” por los sectores más cristinistas, bien pudo hacerse en el Patio de las Palmeras para ahorrar los maravedíes del alquiler del estadio. Apenas se congregaron unos puñados de militancia cautiva; las figuras estelares fueron el jefe de La Cámpora, Luis D’Elía y Hebe de Bonafini y no consiguieron la asistencia de ningún candidato de alguna importancia. Ni siquiera fue Boudou, que a esas horas celebraba su segundo procesamiento.
Los tiempos se aceleran. El frenesí del gobierno contribuye. Tanto como la inflación, el parate económico, los problemas de empleo y la inseguridad.
(*) Jorge Raventos. Periodista y analista político. Artículo publicado por Diana Ferraro en "Peronismo libre" el 16 de Agosto de 2014