martes, 12 de agosto de 2014

Default, qué es y qué consecuencias trae para nuestro país

Por Tomás Bulat (*)

Default significa incumplimiento. Cuando una persona, una empresa o un país no cumplen con las cláusulas de un contrato, se realiza un incumplimiento y, por lo tanto, hay un default. Cuando se presta dinero, el deudor firma un contrato que establece la forma y los plazos que dicha deuda debe cancelarse. De no cumplirse con esas cláusulas, se considera que entra en default.

El default, entonces, sucede cuando una persona, empresa o país tomó dinero prestado y como contrapartida se comprometió a cumplir ciertos acuerdos, no los cumple. 

Esto es importante porque si el deudor no cumple con el contrato no es él el que decide la situación del default, sino el afectado por el no cumplimiento de las cláusulas oportunamente acordadas. En este caso, el que prestó el dinero, el acreedor.

Por lo tanto, el deudor puede decidir no cumplir con el contrato, pero el default lo define el acreedor. Tomemos un ejemplo, Cuba tenía una gran deuda con Argentina, de casi 1.000 millones de dólares que no pagó. ¿Esto significa que Cuba entró en default con Argentina? 

Sí, en el sentido de que no cumplió el contrato, pero ante ese incumplimiento Argentina en lugar de reclamar el pago, decidió condonarle la deuda. Por lo tanto Cuba no entró en default. Porque el acreedor no reclama su deuda, sino que decide no reclamar el cumplimiento del contrato. 

¿Ante quién defaulteamos el 30 de julio?

Es muy interesante que en la vorágine informativa, muchos crean que el default es por no pagarle a los fondos buitres. 

El default es por no pagarles a quienes entraron al canje del 2005 y 2010. Es decir que no se les pagó a los que apostaron al canje. Con los fondos buitres estamos en default hace 12 años, tiempo que lleva el juicio. El problema de este nuevo default es con aquellos que sí entraron al canje propuesto por Argentina.

¿Está toda la deuda externa en default?

No, desde ya que no. Los bonistas europeos ya cobraron.  Los de jurisdicción argentina también.  Es decir que solo la parte con sede en Nueva York no se está pagando y es por eso que se habla de un default selectivo. Es solo con algunos acreedores. Pero esto puede acelerar otros juicios y nuevos embargos que incluyan nuevos bonos que seguirán incumpliéndose. 

Se trata de un default especial, dado que no tiene antecedentes en la historia. Veamos por qué: Capacidad o voluntad de pago.

Supongamos que un amigo o conocido le viene a pedir dinero prestado. Antes de prestarle se evalúan dos cosas. 

1. La capacidad de pago que va a tener, y 

2. La voluntad de pago. 

Para tratar de indagar sobre el primer punto, se averigua información acerca de sus ingresos futuros,  sus gastos, etc. Para el segundo, se evalúa qué posibilidad existe de que esa persona decida irse y no volver a verlo más.

Para esto se inventaron también las garantías, en caso de que no se pueda cumplir con la devolución de lo prestado, se ejecuta la garantía.

El default más común:

La posibilidad  de un default es siempre el riesgo que se asume al prestar dinero. Hace a la esencia del negocio. Es decir que no poder pagar no es bueno, pero no está fuera de la ley ni de lo que puede esperarse que suceda. 

Es parte del negocio. Los bancos están acostumbrados a renegociar deudas todo el tiempo. Los países también defaultean y renegocian. Pero estos suelen ser por problemas de capacidad de pago. Es decir que a la persona, la empresa o el país las cosas no le salieron como había previsto y, por lo tanto, no tiene el dinero suficiente  para poder cumplir con los compromisos asumidos. 

Ocurre que primero hay una crisis económica o quiebra y como consecuencia de esto sucede el incumplimiento o default.

Esto es lo que claramente pasó en el 2001, por más que en Argentina todo se dramatiza y de los vicios se hacen virtudes, lo cierto es que el default que declaró Rodríguez  Saá era inevitable. Había reservas por 9.000 millones de dólares y vencimientos por más de 20.000 en el 2002. El default era inevitable, y es por eso que cuando se declaró el no pago no hubo dudas. La deuda no se iba a pagar, no había con qué.

Algo distinto ocurre cuando no se paga por falta de voluntad de pago. Cuando el deudor tiene la plata pero no paga. Las razones para no pagar pueden ser miles, algunas entendibles y otras no. Lo cierto es que se generan todo tipo de especulaciones sobre si pagará o no, cuándo, cómo, etc. Porque el deudor puede pagar, tiene las condiciones para hacerlo, pero no tiene la voluntad, decide no pagar.

Hasta ahora conocíamos de default sin mayores incertidumbres porque sabíamos que se producía porque no se podía pagar. Este caso es diferente. Hoy los recursos están, pero se decide no hacerlo y, por lo tanto, surgen miles de especulaciones acerca de los plazos, duración, costos reales que pueda acarrear este default voluntario.

¿Cómo sigue la historia?

Lo primero que se debe considerar es que estamos ante un escenario nuevo. Y muy raro. Porque se puede pagar en cualquier momento y eso genera siempre expectativas e incertidumbre. Así, por ejemplo, se habla de un default hasta fin de año que es cuando termina la cláusula RUFO, pero son solo especulaciones. Es que hay capacidad de pagar y, por lo tanto, las variantes que aparecen son infinitas.

Cierto es que ante este novedoso escenario, la reacción de los agentes económicos será determinante. De los internos y los externos. Si ante la postura argentina el sistema financiero internacional y local pensaran que el país no quedó mal parado y pudiera colocar un nuevo bono, acá no pasó nada.

Si una empresa que proyecta invertir en Vaca Muerta pensaba traer al país 2.000/3.000 millones de dólares y los trae igual,  acá no pasó nada. 

Si los argentinos piensan que esto está bien y por lo tanto ahora el escenario para invertir su dinero en el país y ahorrar en pesos es la mejor opción, acá no pasó nada. 

Si se piensa que es un default por un rato y un relato, pero luego se arregla y por lo tanto a fin de año se sale pagando, acá tampoco pasó nada.

Si con esta medida se baja la inflación, se genera empleo y crecen las exportaciones, entonces acá pasó la mejor opción.

Ahora bien, si nada de eso ocurre, si los agentes económicos terminan postergando todas sus decisiones de inversión, si la Argentina o sus empresas comienzan a tener menos crédito, entonces la economía irá lentamente empeorando para luego hacerlo más rápidamente.

Por lo tanto, el tema hay que tratarlo con seriedad. Mandar a un país al default, decidir que tu propio país entre en default pudiendo haberlo evitado requiere de mucho más que encendidos discursos épicos. 

Un país que decide quedarse sin crédito internacional deberá como contrapartida ser en extremo responsable con el manejo de sus cuentas, si no quiere colapsar. Así que las consecuencias del default las viviremos en estos próximos meses. Dependerá de cómo el gobierno y cada agente económico reaccione ante cada nueva situación.

​No debemos olvidar que la economía real es quien manda. Y, por lo tanto, “vivir con lo nuestro” difícilmente alcance para aplacar las crecientes tensiones sociales. Esperemos que aparezca una mayor responsabilidad que la evidenciada en los últimos tiempos para manejar la macroeconomía argentina.

(*) Tomás Bulat. Economista, periodista y docente universitario. Artículo publicado en "El punto de equilibrio" el 12 de Agosto de 2014