domingo, 24 de agosto de 2014

Dejar tierra arrasada o serruchar la propia rama

Por Jorge Raventos (*)

Es probable que el gobierno, consumidor adicto de su propio relato, esté confundiendo una retirada con una ofensiva.
El martes 19, frente a las cámaras de la cadena nacional, la señora de Kirchner confesó que estaba “un poco nerviosa”. No era para menos: incentivada por su ministro favorito, acababa de confirmar un rumbo de colisión con la Justicia de Estados Unidos y de agravamiento del ya dramático aislamiento internacional de la Argentina.
Más motivos para su inquietud: esa misma mañana, el titular de la Comisión Nacional de Valores, Alejandro Vanoli, había caracterizado como “una confusión” al extenso párrafo del anterior discurso presidencial (también en cadena), en el que la señora informó que se aplicaría la Ley Antiterrorista a una empresa gráfica estadounidense radicada en el país.
Al parecer había sido mal asesorada: la escandalosa referencia a esa ley era “un error”, la Presidente había sido mal asesorada.
En tal caso, ¿no podría ocurrir lo mismo ahora, en la gran movida del default/no default, el corte de manga al juez Thomas Griesa y el cambio de jurisdicción de la deuda del país?
Las decisiones tienen una lógica interna: los aciertos y los errores responden a una cierta naturaleza. Parece evidente que -a diferencia del rumbo que adoptó obligada cuando indemnizó a Repsol, pagó con creces la deuda con el Club de París y cumplió con fallos adversos ante el CIADI- esta orientación que la pone un poco nerviosa es, sin embargo, la que la señora de Kirchner prefiere. En ella brota constantemente el afán de reiniciar la historia a partir de su propia aparición, de contraponer, de definir lo verdadero y lo falso, el bien y el mal. Patria o buitres.
Probablemente a este camino es al que se refería Axel Kicillof cuando afirmaba que “tenemos todo bien estudiado”. Error o no, la mención a la Ley Antiterrorista para castigar a una empresa en dificultades operativas y la presentación del proyecto de reforma de la Ley de Abastecimientos, que permite transferir a burócratas del Poder Ejecutivo decisiones estratégicas de las empresas, combinan muy bien con la nueva jugada sobre la deuda: son pasos en la dirección del amurallamiento del país y de la concentración del poder.
Una pretensión siempre exorbitante y seguramente extemporánea en las actuales condiciones crepusculares del ciclo K. Más bien un rugido de ratón.
Otras voces, otros ámbitos
El gobierno empieza a observar que las resistencias que antes atomizaba o disolvía sin demasiado esfuerzo, ahora se consolidan y se extienden. Los empresarios se agrupan y se plantan frente a proyectos como el de intervenir la actividad privada con la excusa del abastecimiento y la defensa de los consumidores. El llamado G6 (las organizaciones que agrupan distintas ramas de la actividad empresarial: industria, agro, bancos, comercio, construcción y laBolsa) suscribió, unánime, un documento que tilda de inconstitucional la propuesta. El frente de rechazo es más extenso: lo acompaña el Foro de Convergencia Empresarial, que viene reuniéndose en los últimos meses y se propone impulsar políticas de Estado para el desarrollo del país. El gobierno ubica a ese conglomerado de sectores en el campo adversario. En rigor, lo visualiza como enemigo y con sus actos lo empuja a confirmar esa caracterización.
De hecho, la coalición oficialista muestra signos de disgregación al percibir que los actos de gobierno y su política de confrontación, que ahora convierte en “buitres” a todos los que disienten, la aíslan y perturban sus posibilidades electorales.
Los aspirantes a la Presidencia con mejores perspectivas para las elecciones de 2015 –sin excluir a los que se mantienen bajo el techo oficialista- hablan con los hombres de negocios y conocen de cerca sus preocupaciones.
Sergio Massa cuenta entre sus acompañantes a dirigentes industriales como José Ignacio De Mendiguren y a hombres del sector rural, como Eduardo Buzzi; José Manuel De la Sota acaba de reunirse en Córdoba con el G6 y firmó con sus líderes un documento repudiando el proyecto sobre abastecimientos , la intención de aplicar la ley antiterrorista a empresas en dificultades y también la reciente prohibición a la exportación de carne, que vuelve a golpear a un sector largamente castigado. Mauricio Macri primerió a todos sus competidores pronunciándose contra los anuncios presidenciales sobre el pleito con los holdouts.
¿Y por casa…?
El oficialismo no puede dejar de registrar que en sus propias filas hormiguea la reticencia al rumbo de confrontación adoptado en esos campos. El profesional y disciplinado presidente del bloque oficialista de Senadores, Miguel Ángel Pichetto, anticipó que, si bien acompañará la sanción del proyecto de ley de Abastecimiento del Ejecutivo, tiene discrepancias personales con ella, ya que –dijo- “tengo una mirada de un capitalismo de mercado más abierto”. Pichetto se diferenció, además, resistiendo el tratamiento expeditivo que deseaba el Palacio de Hacienda y sostuvo que el proyecto requería “un debate importante" y que "no se va a votar de un momento a otro".
Para detectar lo que se elabora en las filas de Daniel Scioli es recomendable atender a las declaraciones que ofreció al diario La Nación uno de sus hombres de mayor confianza, Gustavo Marangoni. Sobre la ley de abastecimiento, Marangoni afirma que “conviene avanzar un poco más despacio, con mayores niveles de consenso. La Argentina necesita del compromiso de sus emprendedores”. Sobre el tema holdouts: “Me parece que hay que terminar el puente. Tres cuartos no sirven. El cuarto final es salvar esta situación con los holdouts. Habiendo un fallo, lo que hay que ver es cómo cumplirlo sin comprometer el resto”. Sobre inflación: “Es muy alta (…)una inflación de dos dígitos en el contexto actual del mundo es alta. Y una inflación alta no es conveniente, no sirve”.
En esas declaraciones del virtual portavoz de Daniel Scioli hay, inclusive, reticencias de carácter político sobre planes de la Casa Rosada. Específicamente sobre el tema candidaturas: (las PASO) “no debería ser sólo para la fórmula presidencial. Para todos los niveles de gobierno, para todas las listas de diputados, de senadores...”
El periodista de La Nación quiere más claridad aún y pregunta si le intención es “impedir que les metan a dedo gente en las listas”. Marangoni le da el gusto: “Exacto. Daniel ingresó en la vida política compitiendo en una interna con Toma. Yo creo en el valor de la competencia”.
Radicalización del populismo
Las resistencias se extienden. Abarcan al empresariado urbano y rural, Y alcanzan también a un movimiento obrero que se expresará el próximo jueves (todavía, pero quizás por última vez, sin la CGT “Balcarce”).
Pero el gobierno no ceja en la confrontación.
En vísperas de la elección de 2011, con la candidatura de la señora de Kirchner flameando al tope y las ilusiones re-reeleccionistas todavía vigorosas, el jacobinismo cristinista empezó a develar su programa de “profundización del modelo”. Uno de sus voceros, Roberto Feletti, lo denominó “radicalización del populismo”. Y explicaba que hasta ese momento (hablaba en mayo de 2011) un problema del populismo oficial residía en que “no era sustentable, ya que no podía apropiarse de factores de renta importantes", pero una vez “ganada la batalla cultural contra los medios, y con un posible triunfo electoral en ciernes, no tenés límites".
Aquel programa, pensado para “apropiarse de factores importantes de rentas” (es decir, de utilidades ajenas) en condiciones de ofensiva triunfal, se ha desempolvado ahora cuando la situación se ha invertido. De aquel contexto que pintaba Feletti sólo se confirmó un dato (el triunfo electoral), aunque aquel 54 por ciento no tardó en evaporarse y el triunfo de 2011 se transformó en derrota en 2013. En cuanto al resto, la “batalla cultural” terminó en contraste, la re-re pasó a mejor vida y se inició la retirada del poder, reculando en zigzag, un día hacia los mercados, otro en contra. Hasta las últimas semanas, en las que la Presidente parece haber optado por poner en práctica el “populismo radical” en condiciones de derrota.
El incendio y el éxodo
En diciembre de 2008, en esta misma columna, se señalaban las fantasías de devastación que excitaban a la Presidente tras la derrota oficial en su lucha contra el campo: “Durante un viaje al Noroeste, en un acto en San Salvador de Jujuy, la señora de Kirchner ensalzó los esfuerzos de su gobierno en términos de " una nueva epopeya, como la del éxodo de Belgrano, como la del Exodo Jujeño". Tal vez se tratara de una metáfora reveladora, surgida menos de una súbita inspiración poética que de afiebradas conversaciones conyugales en la soledad de El Calafate. Manuel Belgrano decidió esa maniobra defensiva desesperada cuando se consideró en inferioridad ante los españoles del general Goyeneche, reforzados con tropas que llegaban desde el Alto Perú; ordenó abandonar la plaza y dejar atrás sólo tierra arrasada: quemar casas y cosechas. Cuando evocaba el Éxodo Jujeño comparándolo con su propia (módica) epopeya, esas imágenes que desfilaban por la fantasía de la Presidente (huidas, incendios, desolación, amenaza enemiga) pueden, quizás, ser recuerdos del futuro, alucinaciones provocadas por las dificultades, las deserciones, los desafíos, los previsibles reveses”.
Ese futuro, postergado por un tiempo, finalmente está ante los ojos de todos: después de una considerable devaluación en enero (más notable si se considera que el gobierno había jurado que jamás devaluaría) la brecha cambiaria retornó esta semana a alrededor del 60 por ciento, mientras el dólar blue tocaba los 14 pesos. La inflación no decae ni siquiera con ayuda de la creciente retracción productiva. El empleo privado retrocede. El comercio exterior se desploma: en julio las exportaciones cayeron 9 por ciento y las importaciones, 16 por ciento. Es otra señal de aislamiento: en lo que va del año, las exportaciones cayeron un 10 por ciento, la inversión extranjera cayó el año pasado 11 por ciento. La Organización Mundial de Comercio (OMC) acaba de dictaminar que, con el cepo a las importaciones, la Argentina violó reglas internacionales de comercio e intimó al Gobierno que cumpla con esas normas. Las consecuencias se medirán en más caída del comercio exterior. Más caída de reservas.
En ese marco la Presidente K y el ministro K deciden sus maniobras contra lo que pintan como un acoso de buitres “de adentro y de afuera”.
A menos de 500 días de las elecciones, ¿a qué enemigos se pretende dejar tierra arrasada con esta retirada disfrazada de ofensiva? A todos.
Sin embargo, para describir la situación actual, algunos recuerdan la frase atribuida hace años a un general golpista del Altiplano: “El país estaba al borde del abismo y decidimos dar un paso al frente”.
(*) Jorge Raventos. Periodista y analista político. Artículo publicado por Diana Ferraro en "Peronismo Libre" el 23 de Agosto de 2014