domingo, 3 de agosto de 2014

El "modelo", en su peor encrucijada

Por Nestor Scibona (*)

Aunque las causas y efectos del actual default "selectivo" o "parcial" de la deuda no son ni remotamente comparables con los de fin de 2001, el nuevo escenario coloca al gobierno de Cristina Kirchner en su encrucijada más difícil. Justo cuando había aceptado que la estrategia de "vivir con lo nuestro" era insostenible, ahora queda cerrada -hasta que se encuentre una salida- la alternativa de endeudarse en el exterior para evitar una crisis por insuficiencia de reservas hasta fin de 2015. Y, además, apuntalar el único elemento en pie del destartalado "modelo" K: el constante aumento del gasto público por encima de la recaudación tributaria y la inflación.
La perspectiva de escasez de dólares en la economía ya era evidente mucho antes del desenlace del conflicto por la deuda con los holdouts en Nueva York. Desde que el gobierno de CFK decidió utilizar las reservas del Banco Central para atender los pagos externos de la deuda pública, casi 20.000 millones de dólares se destinaron a ese fin entre 2010 y junio de este 2014, a cambio de pagarés (o "pagadiós") que el Tesoro, a falta de superávit fiscal, le fue entregando al BCRA. Esta cifra es similar a la fenomenal fuga de capitales que se produjo sólo en 2011, favorecida por el dólar barato de esa época. Pero el remedio oficial fue entonces peor que la enfermedad ya que, al recurrir al cepo cambiario para no devaluar, frenó el ingreso de dólares financieros y desalentó las inversiones externas. Como resultado, las reservas del BCRA cayeron de US$ 47.500 millones en noviembre de 2011 a US$ 29.017 millones a fin de julio de 2014 (sin incluir los 539 millones pendientes de cobro por los bonistas de la deuda reestructurada).
Con ese limitado stock de reservas (de las cuales unos US$ 18.000 millones serían líquidas), el Gobierno debería atender hasta fin de 2015 vencimientos de deuda pública por US$ 15.000 millones, sin incluir eventuales pagos a los holdouts. Pero, además, la restricción externa se agrava debido al progresivo deterioro del superávit comercial -la única fuente genuina de ingreso de divisas-, que en 2013 fue el más bajo de la era K (US$ 8000 millones) y en la primera mitad de 2014 cayó casi 30%, pese al salto devaluatorio de enero y a que la economía está en recesión. El economista Dante Sica, director de la consultora Abeceb, hace notar que, a diferencia de otras devaluaciones, las exportaciones retrocedieron (-10%) más que las importaciones (-8%). Por un lado, influyó la caída generalizada de las exportaciones industriales (-14,2% en cinco meses). Por otro, el déficit comercial del sector energético (proyectado en US$ 7000/8000 millones para 2014), que no permite ajustar la cuenta corriente y obliga a restringir fuertemente las importaciones de otros rubros, todo lo cual tiene efectos recesivos y afecta el empleo. A esta perspectiva se suma la baja de 20% del precio internacional de la soja (a US$ 450 la tonelada), que agrega otra complicación al panorama para 2015.
De esta manera, el acceso al financiamiento externo, condicionado ahora a la duración del default (que la consultora Ecolatina denomina "cesación de cobros" y categoriza en efímero, transitorio hasta enero de 2015 o duradero), se convierte en un punto crucial. Tanto para evitar un mayor deterioro de la actividad económica como las mayores presiones cambiarias e inflacionarias derivadas de una economía en la que, en lo que resta del año, se acentuará la escasez de dólares y la abundancia de pesos para financiar el creciente desequilibrio fiscal. Sin ir más lejos, el Gobierno acaba de ampliar el dibujado presupuesto 2014 en nada menos que $ 158.500 millones para incluir los mayores gastos en subsidios a energía y transporte, asistencia a provincias, obras públicas y el pago de la indemnización a Repsol a través de la colocación de deuda.
Más déficit, inflación y recesión
Antes de ese decreto de necesidad y urgencia, el Estudio Broda estimaba que la emisión monetaria para cubrir el agujero fiscal apunta en 2014 a una cifra similar ($ 160.000 millones). Dentro del gasto primario, que subió casi 42% en los primeros cinco meses, los subsidios económicos se ubicarían en unos $ 240.000 millones, que no podrían ser reducidos significativamente ni aun con un improbable ajuste de las tarifas eléctricas. Ese monto en subsidios ya equivale al 65% del gasto total en jubilaciones y pensiones, que la propia Presidenta ubicó en $ 375.700 millones para todo 2014 al anunciar el ajuste de 17,2% que se aplicará a partir de septiembre.
Con el uso intensivo de la "maquinita", al BCRA le resultará muy difícil absorber pesos (a costa de mayor déficit cuasifiscal) para evitar que vayan a precios o al dólar, así como bajar las tasas de interés.
A su vez, las provincias (que enfrentan vencimientos de deuda en dólares por 2800 millones hasta fin de 2015) también tendrán mayores problemas para colocar títulos en los mercados externos. Y otro tanto ocurrirá con YPF para financiar su plan de inversiones, mientras se mantiene frenado el ingreso de socios extranjeros para Vaca Muerta.
Sica prevé que, mientras se mantenga el default, se acentuará el cuadro recesivo que muestran las industrias de autos, motos, electrónicos y electrodomésticos, así como en servicios (esparcimiento, restaurantes, turismo). O sea, los sectores que habían liderado el boom de consumo motorizado por el "modelo K", que ya había sufrido el desplome del mercado inmobiliario desde el cepo cambiario.
En el caso de los sectores productores de bienes durables, el problema es doble. Por el lado de la oferta, la actividad podría resentirse aún más si se reduce la disponibilidad de divisas y se endurecen las trabas a las importaciones. Por el flanco de la demanda, los sectores de menores recursos dejaron de acceder en 2014 a la compra de celulares, televisores, acondicionadores de aire, heladeras o motos, debido a la combinación de precios más altos (por la devaluación), menor poder adquisitivo (por la inflación) y escasez de crédito en cuotas accesibles (por la suba de tasas). A ello se suma que quienes en los últimos años pudieron adquirir electrodomésticos o vehículos nuevos ya no tienen apuro en renovarlos. Si el Gobierno impulsara la demanda con nuevos planes de créditos subsidiados, acentuará la escasez de divisas, ya que los automotores tienen un 60% promedio de componentes importados y en electrónica esa proporción llega al 90%. Y si la situación se mantiene como está, tenderán a agravarse los incipientes problemas de empleo en esos sectores.
Otro gran interrogante está en la política cambiaria. La mejora del tipo de cambio real producida por la devaluación de enero está a punto de quedar diluida por la inflación, que apunta a 40% anual. Si el Gobierno sigue devaluando por debajo de la inflación mensual, induce a una mayor brecha cambiaria; y si ajusta por encima, presiona sobre los precios, especialmente de los combustibles.
Aquí el Gobierno tendrá dificultades para hacer creíble el relato de buscar una reactivación de la economía sin antes estabilizarla. La mayoría de estos problemas ya existían antes de que la Corte de los EE.UU. convalidara el excesivo fallo de Griesa. Con el default, en todo caso se verán recargados.
(*) Néstor Scibona. Periodista y analista político. Artículo publicado en La Nación el 3 de Agosto de 2014