viernes, 22 de agosto de 2014

¿Existe riesgo de contagio de la crisis de la deuda argentina?

Por Wharton Universia (*)
¿Los mercados globales continuarán nerviosos como consecuencia del más reciente impago de la deuda soberana argentina?
Las negociaciones del 30 de julio, en Nueva York, no consiguieron cumplir con el objetivo de resolver las diferencias con un grupo de tenedores de títulos de la deuda — algunos de ellos en fondos especulativos a quienes los argentinos llaman de forma peyorativa “fondos buitres”— que exigían el pago integro de US$ 1.300 millones correspondiente a los activos en su posesión. Un tribunal de Nueva York que se hacía cargo del caso declaró que Argentina había dejado de honrar el pago debido (el país se había declarado en suspensión de pagos) de los intereses sobre los títulos vencidos aquella semana. Los fondos hedge con sede en Nueva York exigen el pago integro del valor de los bonos comprados por valores muy reducidos después del colapso económico de Argentina en 2002.
 
Inmediatamente después de divulgarse la noticia, el Índice Merval del mercado de valores argentino cayó más del 8%, y los mercados bursátiles de México, Brasil y otros mercados regionales también registraron caídas. Pero los precios se estabilizaron con la noticia del 6 de agosto de que los acreedores estaban analizando una oferta de Citigroup, JP Morgan, HSBC y Deutsche Bank de US$0,80 por cerca de US$ 1.660 millones de deuda argentina, una opción que, posiblemente, resolvería el problema, ya que los bancos globales se mostraron dispuestos a ayudar en ese proceso.
 
Según Bloomberg, “está en juego para los bancos, entre ellos Citigroup Inc., la oportunidad de ayudar a Argentina a retomar los pagos de sus bonos y a recuperar el acceso a los mercados externos, consolidando el valor de su deuda y construyendo una imagen de credibilidad que podría llevar a la suscripción de emisión de títulos en el momento en que el país vuelva nuevamente a emitir notas”.
 
Repercusiones para EEUU y Argentina
 
La última suspensión de pagos, o default, es importante “porque crea un precedente”, observaFranklin Allen, profesor de Finanzas de la escuela de negocios Wharton. “En el futuro, será mucho más difícil entrar en default soberano con títulos emitidos según la ley de Nueva York. Una posible reacción por parte de muchos países consistirá en migrar a otros tipos de deuda evitando la emisión de títulos. En general, ese acontecimiento y otros eventos recientes —como la multa aplicada a BNP Paribas— harán que los países eviten los EEUU en los casos de liquidación y de conciliación”.
 
Existe todavía el peligro de contagio posterior. Los mercados bursátiles latinoamericanos ya sintieron el impacto del default, observa Mauro Guillén, profesor de Gestión de Wharton y director del Instituto Lauder [The Lauder Institute]. Para él, se trata de una “injusticia, lo que sucede en los mercados financieros de Brasil, Chile, México y Perú. Nada tiene a ver con Argentina, pero de alguna manera el mercado asocia Argentina a la región”.
 
En general, ese nerviosismo ocurre en un momento “en que hay muchas turbulencias en los mercados globales” en vista de los eventos recientes en Ucrania, en Oriente Medio y en otras regiones, añade Guillén. Pero “es decepcionante ver que los mercados no distinguen como deberían”entre Argentina y los demás países de la región. “Los mercados son nerviosos, y cuando ven lo que se pasa en Argentina, imaginan que tal vez debieran salir del país y también de América Latina”.
 
Allen coinciden en señalar que algunos mercados reaccionaron con exageración“A medio plazo, es improbable que eso tenga un efecto significativo. Si yo estuviera asesorando a Argentina, sugeriría que reestructuraran [la deuda] y concedieran a los tenedores de títulos un valor equivalente en títulos emitidos por el país indexados al dólar. Otra posibilidad sería concederles títulos emitidos en China o en Hong Kong. Dudo que, a largo plazo, los tenedores de títulos de la deuda que son objeto del default actual sufrieran grandes pérdidas, si es que sufrieran alguna”.
 
Crear un precedente
 
A pesar de los titulares, Guillén dice que la crisis actual no es, técnicamente, una suspensión de pagos. “Desde varios aspectos, la situación hoy es diferente” de la situación del default argentino de 2001, cuando la devaluación del peso argentino dejó a los acreedores con una deuda enorme que tuvieron que pagar en dólares”, observa Guillén. Aquel fue “un impago total de la deuda soberana de US$ 105.000 millones. Fue el mayor impago de deuda soberana de la historia, y sólo fue superado recientemente por el default griego”. Guillén recuerda que, en 2001, Argentina tuvo que recurrir al Fondo Monetario Internacional. “Durante cuatro o cinco años después de eso, Argentina se quedó totalmente aislada de los mercados de capitales internacionales”.
 
Pocos años después de que el Gobierno dejara de pagar los US$ 105.000 millones en títulos, a principios de los años 2000, el país llegó a un acuerdo con un 93% de los tenedores de títulos de la deuda, que aceptaron descuentos sustanciales de US$0,33 por US$1,00 para dirimir la cuestión. (Los inversores probablemente no hubieran recibido nada si no hubieran aceptado el acuerdo).
 
Pero los demás acreedores —llamados holdouts— rechazaron el acuerdo y acabaron finalmente por vender sus títulos a un fondo hedge americano, entre otros, por una pequeña fracción del precio ya sustancialmente reducido. Un grupo hedge involucrado en los acontecimientos más recientes pagó US$ 48 millones por títulos cuyo valor nominal era cerca de US$ 1.300 millones con la esperanza de recibir en un futuro el valor integro de los títulos mediante batallas judiciales que se alargarían durante años.
 
Argentina ha rechazado terminantemente pagar el valor integro a los holdouts. Pero aunque el Gobierno quisiera resolver hoy esa cuestión, tendría que lidiar con un gran problema: el acuerdo negociado establece que, si el Gobierno paga a los holdouts valores mayores que los montantes pagados a los demás portadores de títulos (un 93% de ellos), Argentina tendrá que pagar a todos los acreedores valores correspondientes. El acuerdo de US$0,33 por US$1,00 ya no valdría.
 
Pero un juez determinó que Argentina no podría efectuar ningún pago programado de intereses debidos a un 93% de los acreedores que habían aceptado el acuerdo negociado, a menos que el Gobierno argentino pagara de entrada a los holdouts el valor integro de sus títulos. A pesar de la sentencia, Argentina intentó hacer el pago de los intereses a un grupo de acreedores —tal y como ha hecho desde hace años— de más de US$ 500 millones, pero los tribunales americanos se lo impidieron, por eso el país entró en suspensión de pagos. Argentina quiso llevar la cuestión al Tribunal Internacional de Justicia de las Naciones Unidas, pero el Gobierno Obama rechazó la solicitud.
 
El Gobierno de Argentina, mientras tanto, “dice que no está en default porque transfirió el valor debido de US$ 563 millones al grupo de tenedores de títulos que acordó recibir menos del pago integro sobre sus títulos en negociaciones ocurridas en 2005 y 2010″, explica Barbara Kotschwar, investigadora bursátil del Instituto Peterson de Economía Internacional. Sin embargo, las agencias de calificación de riesgo reaccionaron rebajando los títulos argentinos hasta el grado dedefault, lo que hizo con que el coste del seguro de los títulos argentinos aumentara. Por lo tanto,“hay una gran expectativa de que esos últimos acontecimientos perjudiquen la economía argentina y compliquen futuras reestructuraciones de las deudas de países en dificultades”.
 
Kotschwar dice que el carácter y la magnitud de los dos episodios (2001 y 2014) son muy diferentes. “En 2001, Argentina no consiguió pagar una deuda de US$ 81.000 millones. Esta vez, el valor de la deuda es mucho menor, el país debe US$ 29.000 millones a los tenedores de títulos que accedieron al descuento sobre el valor debido, un montante que Argentina está en condiciones de pagar. En 2001, las reservas del país eran sólo de cerca de US$ 14.500 millones. Hoy, aunque el nivel de las reservas haya caído, el país tiene cerca de US$ 29.700 millones en reservas extranjeras”.
 
La situación económica de Argentina también es mucho mejor hoy que en 2001, cuando el país sumaba el 3er. año consecutivo de PIB negativo. Aunque las estimaciones de crecimiento del país para 2014 “oscilen entre anémicas y negativas”, en el transcurso de la década pasada el crecimiento del PIB fue “relativamente sustancial”, observa Kotschwar, más del 8% al año durante buena parte de 2003-2011. El desempleo en 2001 era de cerca de un 20%, y hoy cayó a menos del 7%. Además de eso, “la situación política del país también es más estable. En 2001, dos presidentes fueron obligados a abandonar el cargo”. Actualmente, la presidente Cristina Kirchner está cumpliendo su 2do. mandato.
 
Pero aunque Argentina aún sea “solvente”, ese default técnico “puede tener algunas consecuencias negativas”, observa Kotschwar. El caso del polémico veredicto del tribunal americano puede“exacerbar las presiones sobre la economía argentina”, así como “acabar con el espacio de políticas que el Gobierno había comenzado a abrir con la introducción de numerosos pasos que demostraban su deseo de ajustar el curso del país”. Actualmente, Argentina enfrenta “varios puntos de presión económica: bajo crecimiento —algunos calculan hasta que sea negativo —, reservas en caída, y el segundo, o tercer, mayor índice de inflación del mundo” por detrás de Venezuela y, tal vez, de Irán, añade Kotschwar. “Se puede prever presión sobre el peso y el aumento de la distancia ya acentuada entre la tasa oficial y la del mercado negro, lo que puede llevar a una devaluación más [de la moneda].Eso podría culminar con nuevas protestas y presión para el aumento de los salarios, lo que empujaría aún más la inflación hacia arriba”.
 
Débil desempeño consistente
 
Analistas financieros y especialistas latinoamericanos concuerdan que la crisis más reciente de Argentina es sintomática de la historia específica del país, y no un modelo que probablemente se repetirá en otras naciones o en otras regiones del mundo en desarrollo.
 
Guillén observa que “Argentina es, de lejos, el país cuya deuda soberana ha pasado por más defaults, 13 ó 14. Cada diez años, aproximadamente, el país se mete en dificultades. Por lo tanto, en el caso de Argentina, no se trata de algo raro”.
 
El sistema político argentino es administrado por un partido político muy populista —el Partido Justicialista— que “no está interesado en colocar a Argentina en el camino del crecimiento económico sostenible”, añade Guillén. “Ellos hacen ciertas promesas de forma constante con el objetivo de ganar votos. Usan el presupuesto del Gobierno para intentar comprar votos”. En 2008, el partido llegó a nacionalizar US$ 30.000 millones en fondos privados de pensiones. “El sistema prácticamente no tiene frenos y contrapesos. El poder ejecutivo tiene demasiados poderes”, dice Guillén.
 
Aunque Argentina tenga una población con un nivel de educación formal relativamente bueno, el país “tiene un rendimiento consistente por debajo del esperado”, destaca Guillén. Argentina “está en una situación muy particular, pero actualmente Venezuela tal vez esté aún peor”. Por otro lado, Colombia jamás entró en suspensión de pagos, ni incluso en 1982, cuando prácticamente todos los países de la región lo hicieron. “La economía argentina continúa estando muy distorsionada”,añade Kotschwar. “El Gobierno anunció la reducción de algunos subsidios sobre el agua y la electricidad, pero los controles de precios y otros subsidios persisten, poniendo presión sobre el presupuesto federal”.
 
¿La crisis actual tendrá algún impacto duradero sobre los mercados financieros de América Latina o de otras regiones? A diferencia de 2001, cuando hubo un claro contagio de los mercados financieros, “los inversores parecen considerar a Argentina un caso específico y sui generis”,dice Kotschwar. Pero “podría haber contagio si no se llegase rápidamente a una solución. Si la economía argentina se ve afectada, probablemente afectará a los países del Mercosur, principalmente Brasil, que es el socio comercial con el que tiene una vinculación más estrecha”.
 
Mientras los inversores internacionales estén inquietos, añade Guillén, la “tendencia será reaccionar de forma exagerada a algunas de esas cosas”. Y aunque los perjuicios de la última crisis de la deuda soberana argentina se contengan rápidamente, Argentina “tendrá muchos problemas” en el futuro, a menos que salga del ciclo del populismo, observa Guillén.
 
“Mientras Argentina no cambie drásticamente, continuará siendo un lugar muy arriesgado para invertir”, añade Guillén. ¿Cuáles son las perspectivas de que eso suceda de forma inmediata?“Hace 60 años que el país no cambia, por lo tanto no sé cuáles serían las posibilidades de cambio”.

(*) Wharton Universia. Editorial del Boletín de Noticias de la Universidad de Pennsylvania del 20 de Agosto de 2014