viernes, 1 de agosto de 2014

La guerra de los Kirchner

Por Raúl Acosta (*)
Está terminando una de las peores guerras que ha soportado Argentina. La guerra de los Kirchner. Munidos del poder formal y la chequera real avanzaron sobre la historia, las organizaciones políticas, el sistema financiero, las organizaciones propias del pueblo, los organismos descentralizados, el total de los poderes políticos en un intento doble: la suma del poder público y la riqueza personal. Pocos ofrecieron resistencia. Algunos se alinearon con los que nos dominaron.
Los Kirchner: "Ya no seremos heridos de guerra, seremos esclavos. Avísenle que están por cumplir con Perón, después de la guerra que los Kirchner fabricaron la salida es peligrosa, podemos terminar unidos y dominados. Así entendieron al General."

Hay efectos concretos. Muertos civiles, muertos políticos, organizaciones a las que les costará mucho recuperarse. Los que no murieron y sufrieron consecuencias de por vida conviven con nosotros, somos nosotros. El herido somos nosotros, se podría decir, parodiando el eslogan mal habido.
 
Siempre Argentina fue un poco Montesco y un poco Capuleto. Desde aquella Primera Junta la división nos acompañó. Cualquier historiador puede decir que las divisiones apuntaban a dos formas distintas de país. San Martín, Rosas, Yrigoyen, Perón fueron polémicos. La divisoria de aguas existió y existe.
 
La guerra que nos tiene diezmados y en estupor es otra cosa; como corresponde a su más conocida tradición, en esta guerra no se respetaron leyes ni códigos. El kirchnerismo ha creído —cree— que quien tiene votos tiene derecho a robar, a mentir, a falsear, a hurtar desde bienes hasta pensamientos. Su acción como fuerza de ocupación de los poderes fue la del que invade un territorio y lo violenta. Somos los habitantes de un territorio que ha sido invadido. Menciono el estupor porque no ha sido el invasor un extraño sino el hermano. Aquello que planteaba Carl Schmitt era para un extraño. Nunca para el hermano. Quedamos estupefactos.
 
Igual que los protectorados de los que da cuenta la historia se actúa en nuestro nombre. Todo cuanto se hace es por nuestro bien. Ayer el rey, hoy la reina, el pensamiento único no admite respuesta. Es el mejor, es el divino, es el único. Esta monarquía de baja intensidad tiene su corte, sus bufones, sus intrigas palaciegas y sus herederos y príncipes consortes.
 
La división que ha provocado llega a todos los sectores y todas las acciones. El periodista (un mirador de lo inusual, un narrador de coyunturas) es una de las víctimas definitivas de esta guerra. Estamos obligados a una división de bienes. Aquí o allá. Los hay que enfatizan que son Facundo Cabral (no soy de aquí ni soy de allá) pero es solo para los premios y la chequera. Doble premiación, doble chequera. Todos sabemos que la guerra existe y que ni la vida ni la muerte admiten una palabra: indiferencia. Quien dice que no tiene posición tomada miente dos veces.
 
Convivir en mitad de la guerra llevó al resto de los políticos a entender que se trata de eso: de una guerra. Comenzaron a actuar en consecuencia. Hoy el más humilde presidente comunal sostiene: "Me sacaron de contexto", "está pago por la oposición", " a ese hay que prohibirle la entrada", "fulanito es persona no grata, es nuestro enemigo"… Amigo-enemigo en un pueblo de 2.000 habitantes. La doctrina de Néstor Kirchner, llevada a la exasperación por su viuda, es dogma en el país. Los pronunciamientos personales se convierten, de este modo, en triunfos o derrotas según el bando en el que se luche.
 
Un ejemplo universal. Para el periodismo K el tema "Boudou" es tan incandescente que cambian de anteojos, usan los más oscuros, los anteojos de olvido y distracción. Para los políticos el tema bienes personales, enriquecimiento ilícito, es un ejercicio de mala memoria. Para la Justicia la lentitud de los procedimientos un arma cargada que solo se disparará cuando el poderoso pierda su blindaje.
 
Argentina no se puede escapar de la realidad beligerante. No importa qué cara del poliedro se mire. En todas se refleja la división como el punto más alto, más visible, en todas hay un enemigo a exterminar. La paz no tiene facetas, ese es el mensaje K.
 
Desde cuánto se gana en un contrato privado hasta cómo se dice una cosa en medios nacionales, provinciales o comarcales todo es un parte de guerra. Escaramuzas de una guerra que existe y que debemos terminar.
 
Hay una frase de un multimillonario, se le atribuye a Rotschild, pero puede ser de cualquier aprovechado: "En tiempo de guerra y de confusión compre propiedades". Hay otra que se le atribuye a un escritor, Mark Twain: "Compre tierras, no se fabrican más, lo que hay es todo lo que hay".
 
En esta guerra que fabricaron los Kirchner sus más importantes generales ( y ellos, claro está) se preocuparon de conseguir dinero y/o prebendas y compraron tierras y propiedades. Son socios de quien sea que nos domine mañana y se lleve el petróleo, el grano y el agua sin dejarnos una moneda o un confort (chinos, rusos y yanquis, en ese orden)
 
Si pudiese denunciaría a quienes empezaron la guerra indicando: la hicieron para llevarse todo. Ese era el "vamos por todo". Los K vinieron para el pillaje. Triunfaron.
 
Ya no seremos heridos de guerra, seremos esclavos. Avísenle que están por cumplir con Perón, después de la guerra que los Kirchner fabricaron la salida es peligrosa, podemos terminar unidos y dominados. Así entendieron al General.

(*) Raúl Acosta. Periodista y analista político. Artículo publicado el 31 de Julio de 2014 en La Capital (Rosario, Santa Fe) y en Urgente 24 el 1 de Agosto de 2014