sábado, 23 de agosto de 2014

No hay lugar para una dictadura en la Argentina

Por Elena Valero Narváez (*)

Para el actual Gobierno la planificación es un medio fundamental. Con ansía autoritaria viene intentando manejar a la sociedad a su voluntad. Se ha alejado de la sociedad civil democrática y desde el Estado, ha lanzado una política que ha enriquecido a los burócratas que gobiernan, provocando escándalos que  han involucrado a varios funcionarios, entre ellos el ex presidente Néstor Kirchner, el vicepresidente,  sin que falte en la lista,  Cristina Kirchner.

Los cambios en la política exterior agresiva y cada vez más alejada de la coherencia democrática nos ha colocado en la dirección opuesta a la del mundo moderno y civilizado.

La economía dirigista, intervencionista, ha dejado de lado los principios constitucionales que promueven el libre comercio. Desde el escritorio han manejado la economía regulando e interviniendo en la producción, con resultados desastrosos, hasta el punto que han logrado la queja unánime de todos los empresarios aún los que se sentían cómodos por estar cercanos al poder y evitar la competencia.

La salud financiera y el crédito internacional brillan por su ausencia y las inversiones van a países donde hay seguridad jurídica o sea donde se respetan las normas sobre las que se hacen los contratos sin que exista el peligro de que sean cambiadas de un día para el otro.

Con la manía autoritaria de planificarlo todo han aumentado el gasto público a niveles exorbitantes con planes costosísimos y poco exitosos absorbiendo el estado funciones de control sobre la propiedad privada y el funcionamiento de los mercados.

La sociedad, en general, aún en voz baja, comienza a advertir que le es cada vez más difícil llegar a fin de mes por la inflación. Está llegando a índices preocupantes y con posibilidades ciertas de aumentarlos con las consecuencias perniciosas de siempre: gente en la calle pidiendo aumentos, suspensiones, despidos, que acaban  trastornando la estructura económica y social.

Ante este panorama los argentinos ya piensan en el próximo Gobierno, en quien será el candidato que dirigirá el destino del país en el 2015.

Muchos nos preguntamos cuál de ellos querrá cambiar el rumbo con políticas que reviertan la  situación actual. Por ahora es poco lo que dicen los candidatos, temen perder votos con alguna declaración inoportuna. No somos pocos los que disentimos con  esa actitud porque agrega aún más incertidumbre sobre el futuro.

Desde 1983 no hay lugar para dictaduras en Argentina, ni para políticas pragmáticas que se basan en el oportunismo, y no como se debiera, en principios que marquen un camino a las soluciones de fondo.

Los candidatos tendrían que dejar de pensar en la inflación como motor de la economía, volver a la estabilidad monetaria, terminar de crear capital artificialmente dando cabida al capital extranjero, dejar de dar privilegios a las empresas estatales (si es que se niegan a privatizar algunas) y dejarlas que compitan de igual a igual con las privadas para que todas peleen por aumentar la eficiencia y reducir los precios.

 En resumen: el Estado  en vez de ensayar a ser Dios, debe  cumplir la función de crear  condiciones que permitan una economía libre y competitiva y dejar de ser   propietario y empresario.

La política exterior está ligada a la política interior, por lo tanto si se cambia el rumbo hacia una sociedad abierta debemos abrirnos amistosamente al mundo civilizado restaurando la confianza perdida que permita el progreso económico y socio-cultural.

Entre tantas cosas que tendrán que considerar en el 2015, el saneamiento del sistema judicial será imprescindible, para que no se intente regresar, otra vez, al estancamiento producido por un gobierno que lesionó peligrosamente la propiedad privada achicando los mercados y las posibilidades de desarrollo de las personas. Después de la crisis que se avecina, cada vez más nítidamente, hay que rechazar al Estado Benefactor que se financia con emisión   espuria e impuestos exorbitantes.

Si el próximo Gobierno empieza su gestión obsesionado, como todos los gobernantes populistas con la idea de reparto, buscando como objetivo la igualdad, iremos otra vez al desastre. La miseria y la muerte igualan.

Si observamos el Mundo, allí donde funciona la economía de mercado la pobreza absoluta disminuyó, los trabajadores viven mejor y tienen mas tiempo libre. Los ex países comunistas están progresando, rápidamente, con reformas que van en el mismo camino. De muestra sobra un botón, ojalá lo tengan en cuenta los candidatos a  la presidencia de la Nación, después de tanto ensayo y error…

Tendremos que esperar un año y medio para saber si quienes tengan los votos de la mayoría han aprendido de las locuras del pasado para no repetirlas.


(*) Elena Valero Narváez. Analista política, historiadora y periodista.

Fuente: Comunicación personal de la autora.