miércoles, 13 de agosto de 2014

Nuestra ética

Por Orlando Ferreres (*)

Se ha escrito mucho sobre la ética de los Estados Unidos. Hablar en contra de Estados Unidos ya convierte al político local en un defensor de la patria. Muchas veces se usa para posicionarse políticamente. En muchos artículos y ensayos se muestran las diferentes "pajitas en el ojo" de los defectos americanos, que coincido los tiene.
Casi nunca esos políticos o intelectuales hablan de las graves fallas de nuestra ética, e incluso, como se ha visto en junio y julio de 2014 en el Congreso, se defiende lo que es muy difícil de defender. Hasta hace poco, también dicha corriente de opinión decía que "el Indec es perfecto", cuando dibujaba las cifras oficiales de inflación para dar menores aumentos a asalariados y pensionados. Eso sí, siempre para "favorecer al pueblo".
El resultado es lo que interesa: en Estados Unidos la gente vale y las cosas son baratas. En la Argentina, con nuestra ética, la gente es barata y las cosas son caras. ¿Cuál es la mejor ética?
Tomemos al nivel de menor remuneración, el que requiere menor calificación: ayudantes del hogar o mucamas. En los Estados Unidos su salario es de unos u$s 3700 por mes, por lo que casi nadie puede tener empleadas domésticas y las familias, aun con niños, tienen que arreglárselas por sus propios medios. En la Argentina, una empelada sale unos u$s 600 por mes y es accesible a muchísimas familias, pues la gente es barata, especialmente en las escalas socioeconómicas más bajas.
Tomemos ahora cualquier producto electrónico u otro bien durable en los Estados Unidos y la Argentina, por ejemplo un auto. Un auto nuevo 4 puertas, de una marca americana, japonesa o alemana en los Estados Unidos vale unos u$s 18.000, pero incluso no hay que pagarlo, pues con una cuota mensual de alrededor de u$s 290 lo podemos usar con leasing. En la Argentina, ese auto vale alrededor de u$s 40.000 y hay que pagarlo al contado. Más del doble, y así con muchos otros productos, confirmando que lo que es caro en Argentina son las cosas, no la gente. ¿Hasta cuándo?
Esto se arregla, entre otras cosas, con mejor educación, pero confirmada por las pruebas PISA, no simplemente con lo que opinan los distintos sindicatos de educadores. Todos los puestos del Estado deberían llenarse por concurso y los concursos deberían realizarse cada 3 años, como indica el reglamento de Manuel Belgrano para las 4 escuelas que él donó: "Cada tres años debe haber un concurso de maestros, pues el que está podría ser muy bueno, pero podría haber otro mucho mejor y no podemos negarle este maestro mejor a los alumnos". ¿O sí, podemos negárselo?
En segundo lugar se arregla con inversión, mucha mayor cantidad y calidad de maquinaria e instrumentos hacen mucho más productiva a la gente y eso la hace más valiosa. La educación mejor y la inversión van juntas para hacer cosas más baratas y gente más valiosa.
Pero estas dos políticas no son posibles si no están basadas en un nivel institucional perfectamente organizado cumpliendo con las normas que resultan del mismo, tanto cuando nos convenga como cuando no nos convenga.
De esta manera, y solo de esta manera, lograremos que nuestra gente valga y que las cosas sean baratas en la Argentina. Esta es la ética que necesitamos aplicar.
(*) Orlando J. Ferreres es graduado en Economía en la Universidad de Buenos Aires y cursó el Advanced Management Program de Harvard Business School. Doctor en Economía (Candidato) por la UCA. Trabajó en Guillette de Argentina S.A, en Grafa S.A y en el grupo Bunge & Born S.A como así también fue gerente general de la Compañía Química S.A. En 1989 ocupó la Secretaría de Coordinación y Programación Económica en el Ministerio de Economía de la Nación. Fundó en 1991 Orlando J Ferreres & Asociados S.A., la compañía de asesoramiento económico e investment banking (Fusiones y Adquisiciones). Artículo publicado en La Nación el 13 de Agosto de 2014