domingo, 21 de septiembre de 2014

Alberdi nos espera

Por  José Edgardo Carballo Sawula (*)

Un 29 de agosto de 1810 nacía en San Miguel de Tucumán un extraordinario pensador, jurista, adelantado a los tiempos, un hombre que siempre lo encontramos en el futuro.
Refiero claro, a Juan Bautista Alberdi, que luego de quedar huérfano se traslada a Buenos Aires, y luego de cierto tiempo se gradúa de abogado (1837) finalizando con su tesis “Fragmento Preliminar del Derecho y Doble Armonía” en el cual plasmaba su pensamiento político, y que no había caído bien al régimen político porteño.
Por tanto comienza su exilio realizando un itinerario, dejando en claro su pensamiento innovador en cada país dónde fue acogido.
Ya radicado en Valparaíso – Chile, en el cual se destaca como Jurisconsulto y su pensamiento ya superaba los limites de los países del Sur, enterado de la derrota de Juan Manuel de Rosas –en Caseros- a manos de Urquiza, pone a pruebas su pensamiento y escribe “Bases y Puntos de Partida para la Organización Política Argentina” Obra que se convertiría no solo en la inspiración de la Constitución Nacional de 1853, además, en la prueba elocuente de que su pensamiento siempre está más allá.
Este pensamiento adelantaba a la Argentina en siglos, mostraba dónde estaba la civilización, dejando atrás el régimen colonial que lo tenía atrapado en el pasado.
Conceptos como la libertad individual, la inviolabilidad de la propiedad privada, el derecho a comerciar y ejercer toda industria lícita, libertad de cultos y claros límites a las facultades del Estado; esto, era decisivo para el inmediato desarrollo del País.
Es claro que el caudillo entrerriano “Urquiza” entendió que el pensamiento de Alberdi era el prerrequisito para la definitiva organización nacional y su definitiva civilización.
Así, se inicia el camino irreversible hacia la Constitución, siendo el Pacto de San Nicolás de los Arroyos el que proveía de la Primera Ley Fundamental a Argentina.
Alberdi estaba seguro de que con la Constitución se podía alcanzar rápidamente la civilización, pues era necesario suplantar las leyes de indias.
Preconizaba la inmigración, pues sabía que los extranjeros sabías labrar la tierra, insistió en abrir canales y extender vías férreas, pues entendía menester para un país extenso y vacuo.
Es fundamental el pensamiento del ilustre tucumano, pues en educación interpretaba que se debía enseñar artes y oficios preferentemente por sobre la filosofía, haciendo hincapié en “amar al trabajo” como manera de progreso y bienestar, y el “ingles” como idioma fundamental de unión de los pueblos.
Sugirió Alberdi, “Dad al poder ejecutivo todo el poder posible, pero dádselo por medio de una constitución” dejando en claro la gravitación en el pensamiento alberdiano de J. Madison y de la doctrina del “rule of law”.
Es decir, los límites al poder ejecutivo se hallaban en la Constitución misma.
Algunas otras frases indican que Alberdi es un pensador del futuro, pues, siempre será un adelantado al presente.
Así sentenciaba: “Los pueblos del Norte no han debido su opulencia y grandeza al poder de sus gobiernos, sino al poder de sus individuos. Son el producto del egoísmo, más que del patriotismo. Haciendo su propia grandeza particular cada individuo contribuyó a labrar la de su país” destacando al individualismo como generador de riqueza y de progreso.-
Entendía que “La riqueza como la libertad, vive en el hombre, y tiene por causa al hombre. En el hombre está la mina no en el suelo. El suelo puede estar lleno de oro; allí se quedará si falta el hombre capaz de explotarlo” ratificaba una vez más al individuo, al trabajo como generador de riqueza, pues, de nada sirve la fecundidad del suelo si no se es explotado debidamente por el hombre en ejercicio de su libertad y de su propiedad.
Es fundamental destacar que a pocos años, a principios del siglo XX, Argentina fue uno de los mejores países en términos planetarios, que gozaba de bienestar y desarrollo en todos los órdenes.
Alberdi adelantado en años, nos está indicando el camino con claridad, sobre todo, a los gobiernos, quienes prefieren no oírlo sancionando leyes (tantos ejemplos, como la de democratización de la justicia, intento de que se convierta en ley el proyecto de La Nueva del de Abastecimiento) contrarias a la Constitución Nacional y a las “Bases” que nos ha dejado como guía para nuestro progreso en libertad.
En los momentos que transitamos, se nos hace imperiosa la necesidad de que los argentinos nuevamente recuperemos las Instituciones Republicanas como perspectiva, para encontrar una solución a esta crisis que ya nos estamos acostumbrando, y solo agrego, tan solo basta aceptar el legado de Alberdi para, acaso salir de tan aciago trance.
(*) José Edgardo Carballo Sawula. Abogado. Director Fundación Club de la Libertad. Artículo publicado el 20 de Septiembre de 2014