domingo, 21 de septiembre de 2014

Constitución Nacional de 1853. Bases del pensamiento de Juan Bautista Alberdi

Por Rolando Daniel Prieto (*)
Nuestra actual Constitución nace a partir del enfrentamiento del Gobernador Juan M. de Rosas, con el Gobernador Justo J. de Urquiza.
El triunfo del general Urquiza desemboca en el llamado a una Convención que redacte una Constitución para todo el país, con excepción de los representantes de Buenos Aires, que se había separado. Se reunieron los de las trece provincias en el Cabildo de Santa Fe, y se dedicaron a la redacción del texto constitucional.
Su sanción se concretó el 1° de mayo de 1853, y el 9 de julio del mismo año fue jurada por todas las provincias. Adopta un sistema republicano, representativo y federal.

Cuando Urquiza reunió en Santa Fe al congreso, sus integrantes comenzaron a buscar modelos para redactarla. Si bien había una idea bastante concreta de lo que se quería, faltaba el aspecto operativo, práctico. Entonces llegó a sus manos un librito que había preparado Alberdi, abogado argentino radicado en Valparaíso, a quien la tiranía había arrojado de la patria por disidencias con Rosas, había confeccionado una labor profesional muy destacada. “Bases y punto de partida para la organización nacional”, un libro de libertad, capaz de orientar a los ciudadanos por el verdadero camino de nuestras democráticas instituciones, Alberdi proponía un proyecto de Constitución y el fundamento teórico de este nuevo país que iba a emprender su marcha, dejando atrás la larga dictadura de Rosas y la larga época de las guerras civiles, y preparándose para tener otro papel y otras funciones, incluso en el resto del mundo.
Para poder analizar las Bases de Alberdi, es necesario ubicarnos en el contexto histórico en el cual fueron realizadas. En primer lugar, Alberdi fue un miembro de la llamada “Generación del 37″, un grupo de jóvenes de Buenos Aires y el interior que se propusieron organizar el país y llevarlo al progreso teniendo en cuenta causas que hasta el momento nadie había considerado, causas que para ellos eran los males que retrasaban el proceso transformador, causas básicamente económicas y sociales, fundamentos que después atraen e inquietan a los hombres de la generación del 80, que se sienten únicos herederos del destino del país.
En consecuencia, nos lleva a reflexionar sobre la sociedad argentina, en base a ideales de personas con alto espíritu, que desencadenaron en medio de una dependencia española, la revolución que culminó con el afianzamiento económico, político, constitucionalista, sociológico del país, logrando un sistema representativo, republicano y federal., incitando, a los principios por los cuales el país luchaba, seguridad y libertad.
“El pueblo no es soberano de mi libertad, ni de mi inteligencia, ni de mis bienes, ni de mi persona, que tengo de la mano de Dios, sino por el contrario, no tiene soberanía sino para impedir que se me prive de mi Libertad, de mis bienes, de mi persona. De modo que, cuando el pueblo o sus representantes, en vez de cumplir con ese deber, son los primeros en violarlos, no son criminales únicamente sino también perjuros y traidores.”
Decía Alberdi, hagamos una Constitución donde se dé toda clase de garantías a las personas que quieran venir aquí a trabajar, a ejercer sus industrias, a educar y a educarse, a transmitir sus ideas. Es decir, una Constitución que garantice la creación de una sociedad próspera. Fomentar la inmigración. Que vengan muchos extranjeros, si es posible anglosajones, y se vayan mezclando con la población nativa. Entonces, cuando con los hijos o los nietos de esos inmigrantes fragüe un nuevo tipo de hombre, un nuevo tipo de argentino, será el momento de darle no solamente las libertades civiles, sino también las políticas. Mientras tanto, que gobiernen los más aptos, los mejores, llevando las cosas de modo tal que con inversión extranjera, con tendido de ferrocarriles, con la explotación racional de la pampa, poco a poco se vayan creando condiciones que hagan posibles formas republicanas con un contenido también republicano.
Pensamiento que se puso en marcha en la época de Mitre y, más aun, en la de Roca, a partir de 1880. Es decir: hagamos un país próspero, tratemos de que tengamos inserción dentro del mundo contemporáneo, abramos la frontera, a los capitales, a las ideas, Gobernar es poblar, en el sentido que poblar es educar, mejorar, civilizar, enriquecer y engrandecer espontáneamente, como ha sucedido en Estados unidos. Es posible hacerlo con poblaciones civilizadas, para educar a la América en la libertad y en la industria
El secreto reside en el arte de distribuir la población en el país.
“Poblar, es instruir, educar, moralizar, mejorar la raza, es enriquecer, civilizar, fortalecer y firmar la libertad del país, dándole la inteligencia y la costumbre de su propio gobierno y los medios de ejercerlo.”
Los medios para lograr la democracia son la educación del pueblo mediante la acción civilizante con una legislación civil, comercial y marítima, por constituciones y un sistema de gobierno adecuado.
Expone cuatro derechos que se aseguran a todos los habitantes, naturales o extranjeros: libertad, igualdad, propiedad y seguridad.
Para Alberdi, en consecuencia, hay dos cosas:
1- los principios, derechos y garantías, que forman las bases y objeto del pacto de asociación política;
2- las autoridades encargadas de hacer cumplir y desarrollar eso principios. De aquí la división de la Constitución en dos partes.
“La claridad de una ley es su primer requisito para ser conocida y realizada; pues no se practica bien lo que se comprende mal”.
En la última edición que Alberdi realiza de su libro sostiene que Buenos Aires no debe ser la capital, y lo fundamenta diciendo que fue proclamada la libertad de navegación fluvial; lo que hizo que todas las provincias estuvieran en su misma situación y pudieran todas competir por tener dicha condición.
“Alberdi representa a la línea del liberalismo integracionista representa el intento de hacer un país integral no centrado en el poder de buenos Aires sino que el poder de Buenos Aires integre también a las provincias”
Las sucesivas reformas constitucionales tuvieron diferentes argumentos: La de 1860 para permitir la incorporación de Buenos Aires a la unidad Nacional. En 1866 para nacionalizar las aduanas en forma definitiva. En 1898 para llevar a 8 el número de ministros del Poder Ejecutivo Nacional (exigencia suprimida en 1994), y para permitir que, después de cada censo, el Congreso ajustara la representación del pueblo en la Cámara de diputados. En 1949 para instalar una virtual nueva Constitución de carácter social pero con avisos autoritarios: se establecía el control ideológico de los partidos políticos. La reforma de 1949 fue dejada sin efecto por la Convención de 1957, en razón de no haberse cumplido con la exigencia constitucional de que la necesidad de reforma sea declarada por el voto de los dos tercios de la totalidad de los miembros del Congreso. La Constitución Argentina volvió a ser reformada en 1957 -sin intervención del Congreso, durante un gobierno de facto y hallándose proscrito el Peronismo- para incorporar los derechos sociales del trabajador a través del artículo 14 bis. Y en 1994 para permitir la reelección del Presidente, pero, al mismo tiempo, para fortalecer el federalismo e incrementar la participación de la sociedad en la defensa de sus derechos.
Su obra Constitucional
Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina materializa, el esquema para la comprensión de la historia argentina, define el rasgo propio de nuestra nacionalidad, lo específicamente argentino: la elaboración de la filosofía nacional que pusiera de manifiesto la esencia del ser nacional para poder vincularnos de una manera propia con las leyes que rigen la evolución histórica de la humanidad.
Las Bases no sólo brindó la estructura de poder que necesitaba para su desenvolvimiento, sino también los objetivos políticos que guiaron la acción del gobierno.
Asimismo, en el aspecto sociopolítico, la generación del 80 será deudora del pensamiento de Alberdi y también de los principios que conformaron la filosofía natural-positivista del fin del siglo pasado, cimientos que deberíamos seguir.
Reflexiones
Juan Bautista Alberdi, cansado y un tanto humillado se aleja definitivamente del país. Murió en Francia, el 18 de junio de 1884, sus restos, repatriados en 1889, descansan en el cementerio de la Recoleta. Su último día en Francia, le confía a un amigo “Lo que me aflige es la soledad”. El inspirador de nuestra Carta Magna, muere en medio de la humillación y la soledad, lejos de su tierra quien dedicó su vida a la más bella tarea de organizar nuestra patria, merece nuestro profundo y eterno agradecimiento, recordando el más importante motivo de su lucha, la sanción de la Constitución Nacional Argentina, nido de nuestra democracia. Esta coherencia que finalmente lo llevó a la soledad, por determinadas situaciones dentro del ámbito político de la época, prefiriendo siempre ser fiel a sus convicciones, aun a costa de grandes dificultades económicas. Recordemos hoy a esta figura por su característica humana y guerrera personalidad, como homenaje al brillante legado que dejó eternamente en nuestro país.
La importancia de Alberdi hoy
El valor del pensamiento y obra de Alberdi, hoy, reside en que la alternativa que él debió enfrentar, luego de 30 años de guerras civiles y 20 de obligados exilios, es similar a la que hoy se nos presenta luego de 60 años de errores y antinomias irreconciliables. Él tenía dos opciones: o continuar con la arbitrariedad y Autoritarismo o producir el gran cambio que permitiera la liberación de las energías de los argentinos, hasta ese entonces amordazadas. Y ese fue el orden social de la libertad, de la garantía de los derechos, con la genial interpretación del autor de las “Bases y puntos de partida” y del “Sistema Económico” Y esa es la misma alternativa que tenemos hoy por delante, y de cuya correcta elección depende la suerte de la República: o el sistema de la libertad jurídica, económica y política, o la arbitrariedad y autoritarismo, se diga o no democrático. El mandato de Alberdi es terminante e inequívoco: liberalismo. La Argentina es el único país que, habiendo conocido y vivido en el SISTEMA DE LA LIBERTAD (1853-1916) luego haya desertado de él, abandonando la cultura de la civilización, hagamos entonces lo que Alberdi nos dejó como legado, una Nación Liberal.
(*) Rolando Daniel Prieto. Abogado, recibido en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, U.N.N.E., miembro del Grupo Joven de la Fundación Club de la Libertad. Artículo publicado el 18 de Junio de 2014. https://www.facebook.com/rolandodaniel.prieto