martes, 23 de septiembre de 2014

Generar oportunidades para superar la pobreza

Por Marcos Hilding Ohlsson (*)

El camino para reducir la pobreza en Argentina no es el asistencialismo sino terminar con las trabas que impiden a la gente trabajar, ahorrar e invertir.

En las últimas semanas los principales medios se debatieron los niveles de pobreza que hay en el país. Mientras que el INDEC dice que solamente es el 4,7%, el primer semestre del 2013 el último dato disponible y el Gobierno afirma que se eliminó la indigencia y el hambre, la realidad muestra otra cosa. Según los datos de la UCA, los niveles de pobreza se encuentran entre 25% y 30%. Al recorrer el conurbano de Buenos Aires, al igual que muchos otros lugares del país, podemos ver que hay bolsones de pobreza. Por más que hubo años de alto crecimiento económico, no se logró reducir el número de personas que viven en Villas de emergencia y es más, este número creció.
En los últimos años, la estrategia del Gobierno para reducir la pobreza fue aumentar  los planes sociales, a tal punto que en 2014 el Gobierno destinó $ 120 mil millones en 60 programas distintos, con 18 millones de beneficios. La otra estrategia que tuvo el Gobierno fue intentar frenar la inflación con controles de precios para dirigir la economía en busca de generar mayor inclusión e igualdad. Demostró ser un terrible fracaso.
La pregunta para hacernos es si el fracaso de estas políticas fue por inoperancia y corrupción del Gobierno, o si deberíamos re pensar cómo podemos ayudar a los que menos tienen para salir de la pobreza. En ese sentido es interesante analizar qué se está discutiendo en el Mundo. Hay una red de ONGs y centros de pensamiento a nivel Global que formaron “Poverty Cure”, que busca re orientar la pregunta para buscar soluciones para la pobreza.
La pregunta no es qué causa la pobreza, sino cómo logramos que las personas produzcan riqueza y puedan desarrollarse. Los países que se desarrollan no es en base a caridad y donaciones (eso puede servir en un momento para aliviar una crisis), sino al generar industrias, servicios y comercio. Debemos preguntarle a la gente pobre qué necesita para dejar de serlo.
Hoy en día, al recorrer y relevar los barrios más humildes de Argentina, vemos cientos de emprendedores o cuentapropistas con un gran potencial, pero que les cuesta progresar por las trabas burocráticas, la falta de infraestructura, lo complicado que es conseguir crédito o crecer en blanco. Un hombre que entrevistamos y trabaja en un taller en la Matanza nos dijo que quería empezar su propio negocio, pero para conseguir la habilitación, le pedían hasta el certificado de nacimiento de su abuela. “Cada vez que iba a hacer un trámite, perdía un día de trabajo que no cobraba; tengo la capacidad y unos ahorros para arrancar mi negocio, pero te la complican demasiado; y me desmotiva mucho tener tantos rechazos. Cada persona es un diamante en bruto, pero ponen demasiadas trabas para que puedas mostrar tu potencial”, nos explicó Julian, de 38 años, que viven en el barrio 2 de abril.
Es una muy mala señal cuando las posibilidades de progreso dependen más de un contacto político o de un favor que de la capacidad y esfuerzo. Que el éxito de un emprendimiento depende más de quién uno conoce o quién lo apoya, de la valoración que hace el mercado del servicio o producto ofrecido. En este contexto, ¿Cómo estimular a los estudiantes a esforzarse? ¿Cómo contagiar la cultura del esfuerzo, el ahorro y el trabajo?
En otra ocasión entrevistamos a Daniel, un enfermero de 41 años que tiene una pizzería en la Villa Carlos Gardel. “Hay que buscar fomentar que la gente haga negocios, trabaje, que aprendan, que se capaciten, no que les paguen por no hacer nada”.
La forma de impulsar a la gente a que salga de la pobreza es dar una educación de calidad (evaluando a maestros y alumnos, premiando a los que se destaquen y ayudando a los que peor les va para que mejoren), e incentivando a que se esfuercen y brindando seguridad a los sectores más vulnerables (son los que más sufren la inseguridad). Pero también es facilitando el camino al crédito, simplificando los trámites para empezar un negocio o emprendimiento y reduciendo los costos laborales.
Otra vía de solución puede ser modificar los planes sociales, apuntando a que las personas tengan empleo en blanco. Mirta, una mujer de 55 años nos dijo: “El problema de los planes es que se acostumbran a no trabajar, si les dan algunos pesos, pero si les exigen trabajar sería otra cosa”. Es romper el sistema clientelista, buscar reglas parejas para todos. Otra entrevistada, Mariela, nos comentó: “A mi hermana la hacían ir a los actos del intendente, de la presidente, ahí si te controlan”. También es buscando reformar el empleo público, para que las personas entren por mérito y no por contacto.
Hay que apuntar a que la gente cada vez dependa menos del Estado, y que su progreso dependa de su esfuerzo y capacidad. No vamos a lograr reducir la pobreza combatiendo el capital, sino atrayendo inversiones y empresas de todo el mundo, que generen puestos de trabajo y mejoren los salarios por el mayor nivel de capitalización. La mejor forma reducir la pobreza es aprovechando la capacidad creadora de cada persona, para generar valor y riqueza para cada ciudadano y su entorno. El mejor plan social siempre es un buen trabajo.
(*) Marcos Hilding Ohlsson es Concejal por el partido ConVocación por San Isidiro. Es Licenciado en Economía de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA) y Master en Economía, Mercados y Comercio Internacional por la Jonkoping Internacional Business School. Es investigador de la Fundación Libertad y Progreso. Twitter: @mhildingohlsson Artículo publicado por HACER el 23 de Septiembre de 2014