lunes, 15 de septiembre de 2014

Si exploto al que me mantiene, ¿hay estallido?

Por Roberto Cachanosky (*)
Dejemos que el paso del tiempo responda si hay estallido social  o no

Sabemos que el gobierno se niega a reconocer el problema y que, por el contrario, lo agrava, pero también la oposición no se anima de decirlo abiertamente. ¿A qué me refiero? A la crisis económica que tenemos, entre otras cosas, por un gasto público que resulta insostenible para el sector privado.
Puedo entender, no justificar, a los políticos opositores que no dicen que hay que bajar el gasto público. Es que buena parte de los votantes se quejan de la carga impositiva y de la inflación, pero quieren que el Estado siga gastando en los llamados planes sociales, de manera que un político que quiere ganar las elecciones, y sabe que el problema del gasto público es grave, seguramente va a mentir al respecto o no decir nada.
Ahora bien, sí podemos afirmar con absoluta certeza que aquellos que dicen que no se puede bajar el gasto público porque se crearía una crisis social no están viendo que la crisis social ya está ocurriendo  justamente por  no bajar el gasto público y, finalmente, el gasto bajará en la forma más desordenada que uno puede imaginarse.
El populismo k ha llevado la situación a un extremo de crisis. Por un lado aumentó el gasto hasta niveles récord (empleados públicos, legión de jubilados que nunca habían aportado al sistema, subsidios, obras públicas innecesarias o que podría ser financiadas por el sector privado, etc.) y por otro lado ha inducido a que cada vez trabaje menos gente en blanco (los que viven de planes sociales no quieren saber nada de ser contratados en blanco en un trabajo). Puesto de otra forma, un trabajador que está en blanco tiene que mantener a una legión de empleados públicos a nivel nacional, provincial y municipal. Tiene que sostener a millones de jubilados y tiene que bancar a millones de gente que vive de subsidios y no produce nada, es más, muchos empleados estatales no solo son mantenidos para consumir sino que, además, obstaculizan el trabajo de los pocos que quedamos produciendo. La estrategia es de locos, boicotean a los que producimos para mantenerlos a ellos. En síntesis, tenemos una relación de gente que produce y gente que vive de lo que producen los que trabajamos que hace infinanciable el gasto público.
¿Por qué por primera vez en la historia económica de la Argentina hay trabajadores en relación de dependencia que nunca en su vida habían pagado el impuesto a las ganancias y ahora sí lo pagan? No es porque el gobierno está aplicando un sistema tributario más justo. Es porque ha tenido que descender hasta niveles nunca imaginados de contribuyentes para apropiarse del fruto de su trabajo para mantener el aparato estatal. El no ajuste por inflación del mínimo no imponible es el mecanismo utilizado por el gobierno para cobrarle ganancias.
Pero si uno analiza la evolución de la recaudación tributaria, se encuentra con que está creciendo unos 6 puntos porcentuales menos que la tasa de inflación tomando el período enero-agosto de este año, en tanto que los gastos están subiendo, como mínimo, 3 puntos porcentuales por encima de la tasa de inflación. En otros términos, los gastos crecen en términos reales y los ingresos caen en términos reales.
Este déficit lleva a que la única opción que hoy le queda al gobierno para financiar el déficit fiscal es la emisión monetaria, lo cual genera inflación y todas las complicaciones que conocemos.
Pero la inflación ya es tan aguda que la gente huye del dinero, por lo tanto, para poder recaudar más o menos a misma cantidad del impuesto inflacionario, lo que tiene que hacer el gobierno es aumentar la tasa del impuesto inflacionario que cobra, es decir, la tasa de inflación. Si la gente elude el impuesto inflacionario comprando dólares o comprando bienes para quitarse los pesos de encima, quiere decir que no tiene inmovilizados pesos sobre los cuales se pueda cobrar el impuesto inflacionario. Hay una especie de rebelión fiscal contra el impuesto inflacionario. Por eso CFK acaba de afirmar que la gente tiene que comprar cosas que se tocan y se ven. En rigor el dólar se puede tocar, ver, oler y hasta pesar y además sube respecto al peso. Al que apuesta al dólar no pierde. La que pretende CFK es que la gente no defienda sus ahorros y los gaste en bienes para favorecer su política económica que agoniza por la recesión y la inflación.
Si a esta infernal presión impositiva e inflacionaria le agregamos un largo listado de regulaciones que frenan la producción, como pueden ser la ley de abastecimiento o el cepo cambiario, tenemos una combinación económica letal: a) sobran pesos que la gente no quiere, b) faltan dólares que la gente sí quiere y c) cada vez hay menos bienes y servicios frente a una mayor cantidad de pesos en circulación. Tal vez no terminemos en un estallido hiperinflacionario como el de 1989, pero vamos a pasarla complicado.
Para salir adelante se necesitan las siguientes medidas que el gobierno kirchnerista no va a adoptar. En primer lugar disciplina fiscal, esto exige de una muy fuerte baja del gasto público. En segundo lugar una reducción de la presión impositiva. Es fácil imaginar que con déficit fiscal y reducción de la carga tributaria el nivel de baja de gasto público que hay que hacer es significativo. En tercer lugar eliminar todas las regulaciones que están frenando la capacidad de innovación y producción. Esto es más sencillo de hacer. Y, finalmente, reestablecer la seguridad jurídica para atraer inversiones. Otra tarea complicada porque la confianza cuesta mucho conseguirla pero se pierde en segundos.
El kirchnerismo no va a hacer nada de esto porque no está en su ideología, ni en sus objetivos, ni tiene interés. Por lo tanto, siempre queda picando la misma pregunta: ¿podrá CFK estirar la mecha de la bomba para que explote en 2016 o explotará antes? Si uno dice que explota antes, entonces está conspirando contra el gobierno, las instituciones y trabaja para los fondos buitres. De manera que no voy a responder a esta pregunta. Dejemos que el paso del tiempo responda por su cuenta. Solo tengamos en cuenta que hoy el no ajuste del sector público se traduce en el ajuste del sector privado, que justamente es el que mantiene al sector público. Explicar cómo el que vive explotando a otros puede seguir disfrutando de esa vida matando al que lo mantiene, es un desafío que se lo dejamos al gobierno. Explicar lo inexplicable: matar a mi mecenas solo por placer es de locos.
(*) Roberto Cachanosky. Economista (UCA, 1980). Director de "Economía para todos". Artículo publicado el 15 de Septiembre de 2014 en la Edición Nº 540