domingo, 14 de septiembre de 2014

Vendiendo a Mamá

Por Enrique Avogadro (*)
"Y apareces tú
vendiendo el último jirón de juventud,
cargándome otra vez la cruz.
¡Cruel en el cartel, te ríes, corazón!
¡Dan ganas de balearse en un rincón!" Homero Expósito

Con la publicación de la encuesta permanente del Observatorio de la Deuda Social, dependiente de la Universidad Católica Argentina (UCA), encontré un nuevo justificativo para la indignación que se reflejó en mi columna anterior -"Crímenes, canutos y aprietes"-, agravada por las estúpidas descalificaciones que Koki Kapitanich hiciera al respecto. Señaló el estudio que nada menos que el 40% de los argentinos menores a 18 años no consigue satisfacer sus necesidades básicas, con especial énfasis en el Gran Buenos Aires.

El viernes desayuné más indignado aún. Las nuevas normas educativas de la Provincia de Buenos Aires que, en la práctica, prohíben aplazar a los alumnos de primaria son, literalmente, una animalada. La decadencia terminal de la educación en la Argentina se debe medidas populistas como ésta, que los sucesivos gobiernos van acumulando una encima de otra y, sobre todo, al imbécil ideologismo que impregna a los sindicatos docentes.

Hemos permitido, mirando para otro lado, que se condenara a las futuras generaciones al fracaso más absoluto, porque la ignorancia les impedirá insertarse en un mercado laboral que, cada vez más, exige conocimiento y especialización. Por lo demás, me surge una inquietud: si, con el sistema de notas y aplazos, Sarmiento y sus sucesores pudieron hacer que tuviéramos un nivel de excelencia en la educación, internacionalmente reconocido, ¿por qué suponen estos cretinos que nivelando hacia abajo revertirán la terrible situación actual?

Pero volvamos al tema concreto de esta columna. Néstor Kirchner (q.e.p.d.) y su viuda, la actual Presidente, resultaron esenciales a la hora de privatizar YPF, a punto tal de trabajar intensamente en convencer a los restantes gobernadores involucrados y llegar al extremo de enviar al avión sanitario de la provincia a recoger a un legislador del norte para llegar al quorum necesario para aprobarla. Claro que ese gesto fue retribuido por Menem con el pago de la suma de quinientos millones de dólares a Santa Cruz que, por consejo de Cavallo y con la intervención de muchos intermediarios (hoy sospechados de lavado de dinero), fueron fugados al exterior y depositados en cuentas ¡a nombre personal del finado!

Los avatares -y la falta de vergüenza- de la política hicieron que, en la década "ganada", ambos cónyuges abjuraran de su declarada admiración por el riojano y por su Ministro de Economía, y construyeran parte de su poder parados sobre feroces críticas a los 90's, un período que, según esta nueva óptica, generó todos nuestros males actuales, a partir de la venta de las "joyas de la abuela", casi todas las empresas públicas.

Hoy, sumida en la desesperación por la desaparición de las reservas internacionales (un fenómeno causante de la caída de varios presidentes en el pasado) y cercada por los frutos de su nefasta actitud frente al mundo, que le impide acceder a los mercados voluntarios de crédito, la viuda se aferra al único tronco que, en su visión, le permitirá flotar, hasta el final de su mandato, en el río que ella misma y los inexpertos y torpes niñatos a los que puso a conducir la economía han revuelto hasta extremos impensados.

La brutal crisis que el gobierno del "socialismo del siglo XXI" produjera en Venezuela impide que sigan llegando dólares desde Caracas; China parece haberse convertido, así, en el único sostén al que apelar cuando ya todo, en la Argentina frente al mundo, se ha quemado por los desmanejos en materia de política exterior. Para verificarlo, basta recordar el penoso proceso del memorandum firmado con Irán, la identificación oficial con los terroristas de Hamas, o el actual desprecio argentino al boicot económico que la Unión Europea impusiera a Rusia por la guerra que lleva adelante contra Ucrania, que probablemente nos cueste toda relación comercial con el bloque.

Producto de esa desesperación y de la mala praxis de Cancillería, y de la necesidad de continuar robando, aparecieron los swaps de intercambio de monedas, la compra de coches ferroviarios y la propuesta de financiar las absurdas -por caras, ineficientes y no prioritarias- represas de Santa Cruz, proyectos rebautizados Cepernic y -¡cuándo no!- Néstor Kirchner. Pero sucedió lo impensable: la agencia oficial china de calificación de riesgo soberano determinó que la Argentina está en default y, con ello, todo adquirió ritmo de cuentagotas.

Y aquí llegamos al meollo. Para aceitar la complicada relación con el gigante asiático, a nuestra inefable Presidente no se le ocurrió nada mejor que cerrar un acuerdo que habilita a China a instalar en el sur argentino una base, con el declarado propósito de investigar el cosmos pero, como tiene cláusulas secretas -lo mismo que el contrato firmado con Chevron para Vaca Muerta-, admite la sospecha de uso militar; para agravar la situación, mientras se grita la consigna "Patria o Buitres" o se despotrica contra la Justicia norteamericana, la futura base -aunque ya está en avanzada construcción- estará bajo jurisdicción de los jueces chinos.

En resumen, después de ser cómplice de Menem en la denostada venta de "las joyas de la abuela", la viuda de Kirchner no hesita ahora en vender a la madre tierra -un pedazo de la Patria misma- para intentar que el nivel de reservas internacionales baje hasta la asfixia total y, con ello, se lleve puesto a su gobierno. ¡Notable parábola! Lo más sorprendente es que no se haya producido ya una explosión popular de rechazo a la iniciativa, como la que acompañó, apoyándolo, el desembarco en Malvinas, cuando en ambos casos se trata de compromisos del territorio nacional. Por lo demás, basta con mirar a Africa Subsahariana para descubrir, rápidamente, qué sucede cuando el gigante asiático se hace con las commodities (sean cereales, minerales, energía) de un país, ya que las necesita como el aire para alimentar su crecimiento. Sin embargo, en la nube de flato que puebla la mente del kirchnerismo, habremos cambiado así a los perversos yankees por los benefactores chinos.

Para colmo de males, el miércoles la Cámara de Diputados convirtió en ley el desacato a las sentencias de tres instancias judiciales que el mismo Gobierno, hace escasos meses, juró respetar. Aún se desconoce qué efectos concretos tendrá este disparate para la Argentina y para los funcionarios responsables, pero pretende transformarse en una gigantesca auto-amnistía por los ya denunciados delitos que se habrían cometido en los canjes de 2005 y 2010; recordemos, a mero título de ejemplo, que en este último Guita-rrita está siendo investigado por sus negocios con Arcadia, una financiera que, asesorando a los tenedores de bonos en default, le dictó las condiciones en que se realizó la operación.

Dejo para el final lo único tragicómico de la semana. Un año después de anunciar, con bombos y platillos y cientos de aplaudidores compulsivos y rentados que la isla Demarchi se transformaría en un nuevo polo cultural dedicado, en especial, a la industria cinematográfica, la señora Presidente de los cuarenta millones de imbéciles en que nos hemos transformado los argentinos nos sorprendió, con el mismo coro de palmas, al decir que allí se construiría la torre de departamentos y oficinas de lujo, con shopping, cines, etc., más alta de América Latina.

El faraónico proyecto que exhibió es de un delirio tal que debe ser comparado, sin dudar, con aquél avión estratosférico que nos permitiría viajar en cuatro horas a Japón. Hasta el marco se parece pues, mientras Menem no tuvo reparos en anunciarlo en una escuela rural de esas que ni piso de concreto tienen, doña Cristina lo hizo el mismo día en que la UCA diera a conocer su lapidario informe. Tal vez, estos parecidos se deban a la identidad peronista de ambos, ese movimiento político que, habiendo gobernado la Argentina casi ininterrumpidamente en los últimos veinticinco años, no consigue explicar por qué el país (sobre todo, el Gran Buenos Aires) se encuentra en este estado de postración, decadencia y miseria. 

Córdoba, 14 Sep 14

(*) Enrique Guillermo Avogadro. Abogado

Fuente: Comunicación personal del autor