jueves, 30 de octubre de 2014

¿Cuál es la inflación histórica de Argentina?

Por Nicolás Cachanosky (*)
El fracaso del BCRA en proteger el valor de la moneda es patente

Hace ya unos meses, desde el oficialismo y grupos afines, se afirmaba que la inflación se estaba desacelerando. Varios meses pasaron y la inflación no se desaceleró. De hecho, la inflación interanual de octubre llegó al 41%, por primera vez superando el pico del 40.9% en diciembre del 2002. Evidentemente el Kirchnerismo tiene un error de diagnóstico o un error de política en lo que respecta al problema inflacionario. La alta inflación, sin embargo, no es novedad en Argentina. La historia del país muestra que alta inflación es más la norma que la excepción. Salvo durante la Ley de Convertibilidad, Argentina no tuvo varios años seguidos de baja inflación.
Con la unión monetaria de J. A. Roca a principios de 1880 se instaura el Peso Moneda Nacional.  En 1970 (antes del Rodrigazo) se cambia el Peso Moneda Nacional por el Peso Ley (1 Peso Ley = 100 Pesos Moneda Nacional). Esta moneda tuvo una corta vida de 13 años, siendo reemplazada por el Peso Argentino en 1983 (1 Peso Argentino = 10.000 Pesos Ley).  Tras un período notablemente corto, el Peso Argentino es reemplazado por el Austral en 1985 (1 Austral = 1.000 Pesos Ley). En 1992 el Austral es reemplazado por el Peso Convertible (1 Peso Convertible = 10.000 Australes) y finalmente en el 2002 el Peso Convertible es reemplazado por el Peso [no convertible] (1 Peso Convertible = 1 Peso).
Estos son los famosos 13 ceros que la moneda Argentina perdió de 1880 a la fecha. El deterioro monetario en Argentina ha sido tal que si usted posee un Peso actual en su bolsillo, entonces usted es un multimillonario en Australes. No hace falta retrotraerse a las primeras monedas de la nación para ver la capacidad de destrozo monetario de la dirigencia política del país. Este deterioro se acelera con la fundación del BCRA en 1935. De hecho, Argentina no abandonó el Peso Moneda Nacional hasta luego de la fundación del BCRA. Si emitir dinero para financiar el gasto público de una economía adicta a las políticas de sustitución de importaciones fuese una exitosa receta económica, Argentina sería sin duda potencia mundial. Que diste de serlo luego de notable fracaso monetario parece no ser suficiente para que la dirigencia política (y la sociedad) se atreva a pensar en una concepción genuinamente distinta de país.
El fracaso del BCRA en proteger el valor de la moneda es patente. Los 78 años de historia del BCRA ente 1935 y el 2013 resultaron en una inflación anual promedio (compuesto) del 53.8% (usar lo datos oficiales del 2007 en adelante no afectan el resultado, que pasa a ser 52.1%). Es decir, para pasar del nivel de precios a fines de 1934 al nivel de precios a fin del 2013 es necesaria una inflación del 53.8% cada año. Los alto niveles de inflación actuales se encuentra por debajo del promedio histórico del país. Esto no quiere decir que la inflación actual sea baja, muestra lo alta que ha sido la inflación bajo el control del BCRA. Cabe aclarar, que esta alta tasa de inflación no se debe a la hiperinflación de fines de la década del ochenta. La hiperinflación de fines de la década del ochenta no debe hacernos olvidar el daño que el gobierno radical de Alfonsín ya le venía imponiendo a la moneda. En 1985, 1986, 1987, y 1988 la inflación anual fue de 672.2%, 90.1%, 131.3%, y 343%. En sólo 23 ocasiones la inflación anual fue menor al 10%. En sólo 17 fue menor al 5%. Y en sólo 11 menor a un 2%. En 6 ocasiones la inflación fue negativa, es decir, deflación. Por lo tanto en sólo 5 años de 78 de administración del BCRA Argentina tuvo una tasa de inflación entre el 0% y el 2%.
La situación ha empeorado con el paso del tiempo. Si en lugar de observar la inflación entre 1935 y el 2013 lo hacemos desde 1945, cuando culmina la Segunda Guerra Mundial, entonces la inflación promedio es del 62.9% anual. Si partimos de 1960 la inflación promedio anual pasa a ser del 76.7%. Un notable 92.8% si partimos de 1970. No es que el Argentina tenga una fijación ideológica con el dólar, es que simplemente Argentina es un país que si bien tiene un signo monetario y medio de intercambio, no tiene moneda propiamente dicha. El Argentino que ahorra en dólares sigue el más básico instinto de supervivencia. La gente no ahorra en moneda con alta inflación por el mismo motivo que no almacena alimentos perecederos.
Los hechos históricos de 1935 a la fecha muestran que los términos “protección del valor de la moneda” y “BCRA” son contradictorios. 78 años de fracaso monetario sugieren que el problema no es de gestión de la autoridad monetaria, sino que el problema es institucional. La solución, por lo tanto, requiere de reformas institucionales, no de cambios de gestión. Este tipo de discusiones parecen estar lejos si un 53.8% de inflación promedio no evita que ya entrados en el Siglo XXI se siga discutiendo si la inflación es o no un problema de emisión monetaria por encima de la demanda de dinero. Cuestión que en Argentina debería estar fuera de toda discusión.
(*) Nicolás Cachanosky. Metropolitan State University of Denver. Assistant Professor of Economics. Artículo publicado en "Economía para todos" el 26 de Octubre de 2014

Todo depende de lo que piense la gente...

Por Elena Valero Narváez (*) 

Al  profundizarse la recesión en  Argentina, los empresarios han empezado a levantar la voz. Hasta ahora fueron contados los que denunciaron al modelo dirigista y autoritario que con mano cada vez más dura impuso el gobierno kirchnerista.

El 2015 les acerca  la esperanza que llegue al poder un gobierno más racional, ello promueve nuevas expectativas. Están a la espera de una política distinta que les permita sacar la cabeza de la cueva.

Si bien se entiende la preocupación ante la recesión cada vez más profunda y las expresiones de unidad para enfrentar el modelo (se han dado cuenta que éste no es el adecuado) se esperaba que se diera mucho antes de que la inflación persistiera en el tiempo.

A ningún empresario se le escapa que a medida que suben los índices de inflación aumentan los costos de las empresas y por lo tanto se obstaculiza el crecimiento. También saben que con inflación y problemas energéticos no pueden desarrollarse pero, la mayoría ayudó al Gobierno en su política tendiente a incorporar todo lo externo al estado y a sus intereses.

Por supuesto que las empresas más comprometidas con la estructura estatal y sus funciones siempre piden medidas que eviten la incertidumbre que trae la competencia, pero, también las empresas que no le debían lealtad al Estado se dejaron intimidar por los controles e intimidaciones propias de un gobierno vocacionalmente autoritario.

Lo que no parecieron percibir es que tarde o temprano el modelo se los devora. Ya se ve en la actualidad: han comprometido su propia supervivencia, el gobierno intenta de todas maneras absorber sus actividades al Estado.

No es novedad que las empresas, como los grupos de presión siempre intentan obtener protección a cambio de sumisión, pero la historia les mostró repetidas veces que ello crea  condiciones favorables al autoritarismo.

Ahora parecen dispuestos a comenzar con reclamos desde la unión, para probar algún resultado que les permita llegar aunque sea con salvavidas al 2016.

Se espera que el futuro sea mejor, Argentina es un país con gran potencial. Tiene fuentes de petróleo y gas, condiciones para desarrollar la biotecnología, un campo que sin retenciones podría volver a pisar el acelerador y candidatos que han aprendido que la inflación al obstaculizar el crecimiento no permite una buena calidad de vida.

Creo que esta unión que se entrevé debería servir , en primer término, para regresar la democracia representativa, condición imprescindible en una sociedad de alta complejidad, porque se puede mejorar en un ámbito pacífico permitiendo reconocer los conflictos y elaborar soluciones  en un ámbito donde el aire fresco lo aporta el estado de derecho.

Cuando las empresas compiten en un mercado ampliado mejora la producción y la productividad, Si queremos vivir bien ampliando nuestras posibilidades de vida, debemos compartir  las normas que garantizan competir y elegir libremente. Y el Estado debiera garantizar esas normas.

No nos han dejado comparar productos, precios y calidades, el Estado ha intervenido alterando las señales que da el mercado a productores y consumidores por lo tanto  las necesidades de la gente  son menos satisfechas y la distribución es injusta.

Todos esperamos las elecciones con ansiedad no disimulada: es que el futuro dependerá de lo que piense la gente.

Habría que tener, esta vez, muy en cuenta, que no basta con mantener vigente la Constitución, ya que quienes detentar el poder pueden, si lesionan gravemente el estado de derecho, violar las normas sin que les importe lo que dicen.

En Italia y Alemania no hubo leyes que abolieran la propiedad privada como en la URSS pero, en la práctica, quienes tenían el poder actuaban como si fueran dueños de todos los bienes de los habitantes. También, la Historia, nos muestra dictaduras electivas: el pueblo se equivoca por eso la democracia puede auto eliminarse.

Todavía en nuestro país hay fuerzas sociales resistentes  al modelo autoritario. En 1983, la gente eligió vivir en democracia y en paz. Esperemos que no  sea posible   quebrantar el precario orden democrático en que vivimos. De las ideas predominantes, depende.


(*) Elena Valero Narváez. Periodista, analista política e historiadora. 

Fuente: Comunicación personal de la autora

Vencer al populismo

Por Gloria Alvarez (*)
(*) Gloria Alvarez. Libertaria. Licenciada en Relaciones Internacionales y Ciencias Politicas. (Movimiento Cívico Nacional) Guatemala - en Zaragoza, España. Organizado por Red Iberoamérica LIDER. www.iberoamericalider.org

El desplome exportador

Por Analytica Consultora (*)
Los problemas de fondo se siguen acumulando. La caída de las exportaciones agudiza la restricción externa y fiscal, no sólo al reducir la oferta de divisas sino porque impacta cada vez más en la recaudación tributaria. Enfriar la economía para evitar la caída de las reservas internacionales agrava las cuentas públicas, requiriendo mayor emisión para financiar un déficit fiscal creciente. La continua tensión en el mercado de cambios es la consecuencia de una política inconsistente. Sin correcciones en el horizonte, la volatilidad será la protagonista excluyente en lo que resta de la transición.
Concretamente, las exportaciones no levantan cabeza y profundizan la caída. La preocupación aumenta dado que obedece a la cada vez peor performance de las cantidades sin que aún se noten los efectos de la fuerte caída de los precios de las materias primas. De hecho, en septiembre pasado cayeron 12% i.a., acumulando en el año una merma del 10%, determinado principalmente por la disminución del 9% en las cantidades en tanto que los precios prácticamente no tuvieron cambios. La caída de los  volúmenes es generalizada y se acelera, destacándose la muy pobre performance de las manufacturas industriales que en lo que va del año acumulan una caída del 14%. Sin perspectivas de cambio, no prevemos mejoras para los próximos meses, con lo cual el año cerraría con exportaciones levemente por encima  de los USD72.000 M. Así las cosas, desde el récord de casi USD84.000 M alcanzado en 2011, las exportaciones acumulan una caída de USD12.000 M, explicando más de la mitad de la pérdida de reservas.
Sin fuentes alternativas de divisas, la dinámica de las exportaciones obligará a un mayor ajuste en las importaciones para mantener a flote el superávit comercial. De hecho, aunque moderaron la caída en septiembre, las compras externas aceleraron el ajuste en el tercer trimestre al marcar una baja del 15% i.a., la peor performance desde 2009. Con este resultado, en lo que va del año disminuyeron 10% i.a. por la pobre performance de los bienes intermedios y de consumo.
Es precisamente este ajuste a la baja en las importaciones el que permitió quebrar la tendencia declinante del superávit comercial. De hecho, tras la virtual desaparición en el primer trimestre (fue de apenas USD191 M, vs USD1.500 M en el mismo período de 2013), en el segundo se mantuvo constante (USD3.560 M), en tanto que en el último trimestre llegó a USD2.100 M, 45% más alto al del tercer trimestre del año pasado. De esta manera, en los primeros nueve meses del año el excedente comercial alcanza USD5.800 M, 12% más bajo al del mismo período del año pasado. En un contexto de caída de las exportaciones y ante la necesidad de minimizar la pérdida de reservas internacionales, en los últimos tres meses del año las importaciones deberán caer al 18% i.a. de manera de mantener el superávit, que finalizaría en USD7.800 M, el más bajo desde 2001.
Mientras resulta cada vez más complejo sostener el superávit comercial, el déficit fiscal sigue subiendo. La caída de las exportaciones debilita los ingresos por retenciones y la recesión golpea a los impuestos directamente relacionados con la actividad, todo lo cual deriva que los ingresos del Tesoro crezcan cada vez menos. Por otro lado, el gobierno sigue apostando al estímulo del gasto público para estimular la demanda.
Los datos de agosto mostraron que los ingresos “genuinos” (netos de rentas de propiedad) tuvieron la peor performance del año con un alza de sólo el 28%, 7 pp menos al crecimiento que había registrado entre enero y julio. Esta moderación la determinó la caída del 3% i.a. en las retenciones (venían subiendo al 60% i.a.) y fue compensada por la mejora de los ingresos de la seguridad social, en tanto que el resto mantiene un crecimiento del orden del 35% i.a. por el alza en la recaudación de impuesto a las ganancias.
Al tiempo que los ingresos se enfrían, el gasto se acelera. En agosto, el gasto primario aumentó 49% i.a., 5,5 pp más a lo que lo venía haciendo entre enero y julio. El mayor dinamismo lo aportó las transferencias al sector privado que aumentaron 65% i.a., impulsados principalmente por los subsidios económicos que lo hicieron al 76% i.a. (los de la seguridad social lo hicieron al 32% i.a.).
Con estos resultados, en los primeros ocho meses del año los ingresos “genuinos” aumentaron 34% i.a. mientras que el gasto primario lo hizo al 44% i.a. por lo que el resultado primario “relevante” marcó un déficit de $78.000 M, casi tres veces mayor al de igual período del año pasado. A esto se suma el alza del 87% i.a. en el pago de intereses por lo que el déficit global llegó a $122.000 M (vs $43.000 M del año pasado).
Con esta tendencia, estimamos que el resultado fiscal “relevante” cerrará el año con un déficit primario de $190.000 M (vs $60.000 M en 2013) y el global llegará a $275.000 M (vs 100.000 M en 2013). Si bien en el último mes el gobierno intentó quitarle presión al BCRA a través de la emisión de deuda en el mercado local, no parece ser suficiente para evitar la expansión monetaria de algo más de $120.000 M que se espera para lo que resta del año.
Con un mundo que está cambiando, asoma un 2015 con grandes desafíos para la transición. Corregir los desequilibrios económicos en un año electoral es un desafío para la política. De lo contrario, aún con acuerdo con los holdouts, la salud de la macroeconomía seguirá siendo muy delicada.
(*) Analytica Consultora. Directores Ricardo Delgado y Rodrigo Alvarez. Servicios de asesoramiento económico, financiero y político. Artículo publicado en el Analytico semanal #291del 27 de Octubre de 2014

La inclusión pendiente

Por Analytica Consultora (*)
La depreciación del real en los últimos meses y la aceleración de la inflación volvieron el tipo de cambio real multilateral al valor de julio de 2013, uno de los niveles más bajos de la última década. Así, como era esperable, la devaluación de enero tuvo efectos muy transitorios sobre la competitividad cambiaria. En tiempos donde los flujos de capitales varían a gran velocidad, el tipo de cambio como estrategia de competitividad se vuelve poco eficaz. La solución es en gran medida invertir en infraestructura y aumentar la productividad. El problema, como señala la CEPAL, es que Argentina invirtió muy lejos de lo requerido durante los últimos años.
Si bien la inversión en infraestructura medida como porcentaje del PIB se encuentra apenas por debajo del promedio de la región, los datos recientes muestran una tendencia declinante. Mientras en 2010 se invertía el 3,6% del PIB en sectores como transporte, telecomunicaciones, agua y energía, en 2012 ese porcentaje se redujo a 2,9%. En otros términos, la inversión en infraestructura cayó USD 3.200 M. De acuerdo a la CEPAL, para cerrar la brecha entre la demanda y oferta de infraestructura durante los próximos diez años la región debería invertir por año 6,2% del PIB en el sector. En el caso de Argentina, el peso del atraso es muy grande: debería invertir anualmente, a valores de hoy, USD 32.280 M, más que la cantidad actual de Reservas Internacionales.
La menor inversión en infraestructura es causada por menores partidas destinadas al sector transporte, el de mayor peso dentro de este tipo de gastos. Mayores inversiones en transporte permiten reducir los costos de producción y aumentar así la productividad. En Argentina ello no es trivial, dada la extensión de nuestro territorio; muchas veces el alto valor de los fletes alejan a sus habitantes y empresas de los circuitos comerciales, y sobre todo de exportación, limitando el desarrollo económico de ciertas regiones.
Se sabe que Buenos Aires y C.A.B.A genera más del 50% del PIB en apenas 8% del territorio nacional. Así, por cada km2 generan 880.000 dólares al PIB nacional, cinco veces más que el resto de la región pampeana. A medida que nos alejamos el aporte disminuye más que proporcionalmente. Cada km2 en la región de Cuyo aporta 94.000 dólares al producto, mientras en el NEA y NOA esa cifra se reduce a 70.000 y 59.000 dólares respectivamente. La región más austral y extensa de la Argentina, la Patagonia, es también la menos productiva en términos  territoriales; cada km2 aporta apenas 29.700 dólares.
Sin embargo, si el análisis se realiza en base a la cantidad de habitantes por región, la Patagonia es la que más contribuye al PIB. Principalmente por la baja densidad poblacional, aunque contiene casi el 50% del territorio nacional solamente alberga al 5% de los argentinos. En el resto del territorio, y a pesar que por ejemplo en Buenos Aires habitan 60 personas por km2 mientras en Cuyo apenas 9, el aporte de cada ciudadano al PIB sigue un orden similar al del análisis territorial. La diferencia se da en el último lugar, ya que el NEA es donde el aporte al PIB por habitante es menor.
La alta concentración productiva genera costos para las las finanzas públicas; fiel reflejo es el peso determinante de la coparticipación en algunas provincias para poder solventar sus gastos corrientes. La desarticulación territorial replica a su vez la concentración económica al interior de las provincias. Los principales desarrollos productivos se realizan en los pocos sectores que logran integrar el circuito comercial nacional; pero, en muchos casos, no llegan a absorber toda la oferta de mano de obra. En consecuencia, el empleo estatal se vuelve determinante para dinamizar el mercado interno.
No es casualidad que según datos de la Encuesta Permanente de Hogares, en la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires apenas el 13% del sostén de hogar se desempeñe en el Estado, menos de la mitad que en la Patagonia (28%) y bastante por debajo del NOA y NEA (25%).
La inversión en infraestructura no sólo aumenta la productividad de las exportaciones relajando la restricción externa y reduciendo la probabilidad de fuertes devaluaciones, sino que además permite también una mayor integración del territorio; la inclusión social también depende, entonces, de la inversión.
(*) Analytica Consultora. Directores Ricardo Delgado y Rodrigo Alvarez. Servicios de asesoramiento económico, financiero y político. Artículo publicado en el Analytico semanal #291del 27 de Octubre de 2014

Inversión en infraestructura en la mitad de la década de los ‘90

Por IDESA (*)
La insuficiente inversión en infraestructura cercena las posibilidades de desarrollo económico y progreso social. El problema no se origina en la falta de recursos sino en la priorización de gastos corrientes que generan réditos políticos inmediatos y en resabios de atávicas convicciones ideológicas que sostienen que el sector privado no debe intervenir en este sector. La experiencia de otros países, y la de la propia Argentina, señalan que es posible duplicar la tasa de inversión en infraestructura en base a una inteligente articulación entre el sector público y el privado.

La inversión en infraestructura tiene una importancia central en el desarrollo económico y social. Por un lado, incide decisivamente en las posibilidades de expandir la producción (trenes de carga, hidrovías y puertos, energía, telecomunicaciones). Por el otro, determina de manera directa la calidad de vida de la población (autopistas, agua potable, cloacas). En este sentido, un reciente estudio de la CEPAL alertó sobre la insuficiente inversión en infraestructura que prevalece en Latinoamérica, planteando que se debería destinar aproximadamente 6,2% del PBI para satisfacer los requerimientos de un crecimiento con sostenibilidad e inclusión.

Varios factores explican la subinversión en infraestructura. Generalmente los proyectos de infraestructura requieren esquemas de financiamiento sofisticados porque involucran grandes volúmenes de recursos, con plazos extendidos y mucha capacidad de gestión por tratarse de obras complejas que demandan planificación y administración. No menos importante es que exigen alta calidad política porque los beneficios no siempre son visibles ni redituables en el corto plazo.

La CEPAL estima para cada país de la región lo invertido en transporte, energía, telecomunicaciones, agua y saneamiento en las últimas tres décadas. Con relación a la Argentina, señala que:
  • Entre los años 1980 y 1989 el país invirtió 2,9% del PBI en infraestructura.
  • Entre los años 1990 y 1999 la inversión en infraestructura subió al 5,7% del PBI.
  • Entre los 2004 y el 2012 la inversión en infraestructura volvió a ser de 2,9% del PBI.

Estos datos muestran que la Argentina no escapa a la situación regional de una marcada insuficiencia de inversión en infraestructura. En la década de los ’80 la crisis de la deuda externa tuvo una influencia importante. La situación se modificó en la década de los ‘90 cuando la tasa de inversión se duplicó. Superada la crisis del año 2002, la inversión en infraestructura se recuperó, aunque de manera muy modesta. Resulta muy llamativo que en un contexto de histórica bonanza internacional, que le permitió a la Argentina recibir más de U$S 500 mil millones en concepto de exportaciones, y con tasa de interés internacionales inéditamente bajas, la inversión en infraestructura entre los años 2004 y 2012 haya sido similar a la década del ’80 y apenas la mitad a la de la década del ‘90.

Las diferencias en los niveles de inversión se explican por el sector privado. La fuerte expansión de la década de los ´90 se produjo porque se pasó de una situación en la que el Estado tenía el monopolio absoluto a otra donde el factor dinamizador fue la inversión privada. El ejemplo de las telecomunicaciones es muy ilustrativo. A partir de mediados de la década pasada el sector publico vuelve a tener un rol más protagónico (pasó del 0,7% al 2,1% del PBI) pero no llegó a compensar el desplome de la inversión privada (que pasó de 5% a 0,8% del PBI).

Esta regresión está asociada a que en la mentalidad oficial el sector privado no debe invertir en infraestructura. La realidad es que la exclusión del sector privado a lo largo de estos años no fue sustituida con inversión pública. Pero además en el sector público no sólo operaron limitaciones de gestión sino también el hecho de que resulta mucho más simple y atractivo el gasto público corriente que la inversión en infraestructura. Hacer una autopista, dragar un puerto, enterrar una red de desagüe requieren estudios técnicos, licitaciones transparentes, mecanismos de control de calidad, ejecución de obra y los resultados no son inmediatos. En cambio, los programas asistenciales, como el Argentina Trabaja o el Progresar, requieren escasos esfuerzos de instrumentación y los beneficios electorales se capitalizan de manera directa e inmediata.


No hay posibilidades de desarrollo si no se duplica la inversión en infraestructura. Esto requiere, por un lado, salir de la atávica controversia ideológica público versus privado. El punto relevante no es la cuestión instrumental de quién financia y gestiona la inversión sino si los proyectos se ejecutan con eficiencia y calidad. Por el otro, el desarrollo de infraestructura requiere una dinámica política menos condicionada por la improvisación y el oportunismo, y más propensa a definir y sostener políticas de Estado de largo plazo. 
(*) IDESA: Informe Nº 571 del 24 de Octubre de 2014

vamos tirando!!

Por Gabriela Pousa (*)

Estaba por comenzar este análisis preguntando “¿a dónde hemos llegado?” cuando advertí que el verdadero problema argentino es, precisamente, el no haber llegado a ningún lado. Ni al país pujante que podríamos ser, ni a la decadencia absoluta que algunos creen que hemos alcanzado. Si así fuese, de aquí en adelante, comenzaríamos a percibir algún cambio. Pero no, Argentina está siempre a mitad de camino, en un falso equilibrio que nos somete a estar parados con un pie de cada lado. Al filo del abismo.

La creencia de una crisis terminal es tan falaz como lo es la suposición de un cambio radical mientras la mentalidad de la sociedad se límite al corto plazo. ¿Y cómo pedir a un indigente que piense más allá del día que acaba de empezar? La tarea no es sencilla. Hay coyunturas que ya son eternas y deben atenderse con un Estado presente hasta que la iniciativa privada ofrezca alternativas más sanas.

Hay que ir en busca de una dirigencia que no prometa, pero que sea equitativa en lo que respecta a la vida. Es decir: que viva y deje vivir, una fórmula tan sencilla que hoy es tristemente una utopía.

Hasta hace un tiempo, para el mundo, Argentina era un enigma. Hoy lo es también para quienes lo habitan. La mayoría reclama cambio, pero tampoco hay unanimidad en qué tipo de cambio se desea. El gatopardismo nos ha subyugado, ahora se reclama “cambio moderado” cuando hay que empezar de cuajo. Si sólo se trata de modificar aquello que disgusta del gobierno actual, entonces da lo mismo votar a uno u otro.

Los candidatos que aspiran llegar a la Presidencia saben que hay que bajar decibeles, que el diálogo y la pluralidad – existan o no – deben ser las principales banderas. Con ello, la Argentina ya sería “distinta” pero: ¿cuán distinta queremos que sea? ¿Alcanza con las apariencias? Por momentos pareciera que sí y por eso nos equivocamos tanto.

Los argentinos se conforman con una facilidad catastrófica. Le bajan el dólar, le mantienen los precios, puede veranear una quincena en la costa y el kirchnerismo vuelve a ser la panacea. No nos engañemos. Basta con observar cómo se votó en la última elección presidencial para darse cuenta de ello. Porque el kirchnerismo del 2011 no era diferente al que vemos ahora. Ya había pasado Antonini Wilson por Balcarce 50, Skanska, la bolsa de Felisa Micelli, los Schocklender, Ricardo Jaime, etc.

Y la realidad no es otra, apenas si se vació la caja que mantenía al país en la impostura, pretendiendo dominarlo subsidio en mano.La verdad de la gestión presidencial es una sola y puede leerse cada mañana en el Boletín Oficial. Se limita a la incorporación de empleados para asegurarse un voto cautivo, y en el mejor de los casos, la usurpación de espacios públicos decisivos.

Cristina obra como un caudillo personalista: no cede ni transfiere el poder a otro. Si se tiene que ir, se lo lleva. Ese es su propósito. Redobla la apuesta. El “fin de ciclo” fue otra estrategia. El escenario político sigue impertérrito. Todo está por caerse pero siempre aparece un alambre para ir atando los derrumbes cotidianos. Y con los remiendos nos conformamos.

Mucho ruido y pocas nueces

Hay crisis sin percepción cabal de cuánto afectará, como si no afectase todavía. Y es que la mediocridad argentina se evidencia también en las etapas críticas. Nunca terminamos de tocar fondo razón por la cual es muy difícil la salida. Vivimos “más o menos”. Más o menos bien, más o menos mal, y si acaso se le pregunta al vecino qué tal le va, responderá con el característico: “vamos tirando”

Zafar es ya un deporte nacional. Estamos en una geografía donde pasa de todo pero, por ósmosis, se sigue como si nada se alterara. ¿Qué tema nos desvelaba la semana pasada? El Caso Melina ha pasado a engrosar la larga lista de asuntos inconclusos. La dinámica de la información, y el aceitado manejo de la agenda que tiene la Presidente, nos sumergen en una somnolencia patética y en ella, “vamos tirando“. 

Pero lo que “vamos tirando” es lo más preciado que puede tener un ser humano: su vida. ¿O el tiempo no es el único recurso no renovable? No nos envejecen los hijos creciendo ni los nietos, nos envejecen los gobiernos.

Los noticieros hablan de los diferentes tipos de dólar, de los holdouts, del Juez Griessa, de la reforma del Código Procesal Penal, del disgusto (tardío) del empresariado, pero nada se dice sobre lo cotidiano que afecta al ciudadano. Se evidencia cada vez más la brecha que separa a la dirigencia de la gente pero, simultáneamente, los argentinos cada día se parecen más a sus dirigentes: autistas, ensimismados, apáticos.

El país se ha llenado de Penélopes. Todos esperan como si fueran inmortalestejiendo y mirando una y otra vez la misma película. La política es una novela en capítulos inconexos. Hoy fulano se juntó con mengano, entonces ¿qué dijo sultano? Y así se va otro mes dilucidando si ese apretón de manos implica romance o simulacro….

Lo cierto es que hay dos características intrínsecas que sobresalen hoy en materia política: la incertidumbre y la especulación sin dato fáctico. La pregunta del millón: ¿cuándo estalla todo esto? Y lo preguntamos como si nosotros no fuésemos parte de ese todo, como meros espectadores pasivos, o lo que es peor, como Poncio Pilatos lavándonos las manos…

En algunos recodos, el interrogante es aún más audaz: “¿Cristina se queda o se va?” Y así evidenciamos otro logro indiscutible del kirchnerismo: instalaron la posibilidad de lo imposible. De ahí a concretarla, ¿cuánto hay? Es mérito de ellos haber tergiversado también el concepto de imposibilidad. Nos borraron la Constitución sin dejarnos siquiera reaccionar. Y lo más grave aún es que no hay conciencia cabal de la velocidad con que avanzan reafirmando su consigna: “Vamos por todo” ¡Qué cerca están del logro!
Han decretado que la democracia no es más republicana. Instituyeron una “democracia” (valgan las comillas) netamente plebiscitaria. Lo que el pueblo pide se le dará. Y el pueblo hace rato que – para la jefe de Estado -, quedó limitado a los aplaudidores de sus diatribas, a los pibes para la liberación, a los chicos de La Cámpora y demás militantes rentados.

Es hora de darse cuenta: a la clase media se la expropió. No está, es una sombra, una casta inmigrante sin voz ni voto fuera del microclima donde suele encontrarse. A su vez, parte del empresariado que despotricó en el coloquio de IDEA es, paradójicamente o no, el que auspicia luego 678.

Ahora bien. ¿por qué se nos borró del planisferio? Porque la clase media y los empresarios tampoco resisten un archivo, seamos serios. Es ese sector social que se rasgó las vestiduras por la cantidad de paros docentes, pidiendo recuperar las horas de clases perdidas, y ahora observa tranquilamente como, a mediados de Octubre, pasan por TV los festejos de egresados. Es la que se indigna con los actos partidarios en fechas patrias y la cantidad de feriados anexados, pero lo hace viajando ese fin de semana largo…

Con octubre parece acabarse el calendario. ¿Y noviembre? ¿Y diciembre? No, esos son meses donde Argentina, como si fuese Suiza, hace la plancha, o espera los saqueos que el gobierno pretende frenar o provocar, todo depende de los partes que le proporcione el servicio meteorológico nacional. Excede toda racionalidad.

Pero todo pasa, y seguiremos en campaña viendo como los fondos que faltan en hospitales, escuelas, y hogares brillan en los puestos color naranja de la Costa Atlántica, mientras sobrevuelan los avioncitos con los carteles de Binner, Massa o Macri…

Y quizás no esté mal, porque, si bien se mira, nadie votó a Néstor Kirchner en el 2003 por su plataforma electoral. Ni siquiera se observó cómo gobernó Santa Cruz. Se lo votó sólo para firmar el acta de defunción del menemismo. ¿Quién asegura que en el 2015 no se hará lo mismo? Parece que una elección en Argentina es un “adiós” más que una “bienvenida”. En ese trance, cambiaremos de “ismo” pero sólo para esperar que pasen otros cuatro años, y entonces volver a matarlos.

No, no podía empezar este análisis preguntando “¿a dónde hemos llegado?” Porque lamentablemente, no hemos llegado a ningún lado.

(*) Gabriela Pousa es Analista Política en Medios, Licenciada en Comunicación Social y Periodismo (Universidad del Salvador), Analista Política y Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Directora de “Perspectiva Políticas”. Artículo publicado el 25 de Octubre de 2014

Gasto público y crisis

Por Orlando Ferreres (*)

El gran aumento de 700% en dólares del gasto público consolidado desde el inicio de la actual gestión de gobierno es algo insostenible, especialmente si lo comparamos con el gasto que puede mantenerse sin crisis periódicas.

Este último concepto, el gasto público consolidado sustentable expresa el nivel de gasto máximo posible para no caer en crisis cíclicas, dado el crecimiento de la economía y la inflación. Se toma como base el año 1983, con u$s 22.000 millones que es el gasto promedio del periodo 70/83, y es el nivel al cual volvió en 1963 y 1983 luego de haber crecido exageradamente en años anteriores y provocar sendas crisis económico-sociales de gran sufrimiento. En un análisis detallado para ese año base, dicho gasto que incluye la Nación, las provincias, los municipios y los intereses de la deuda resultó un nivel que podía sostenerse en el tiempo.
El gasto para el año base se expresa en dólares considerando el tipo de cambio oficial, para facilitar la observación de su evolución a lo largo del tiempo, y se la va corrigiendo año a año por el aumento del producto bruto interno y la inflación internacional, bajo el supuesto de impuestos locales estables. Esta unidad de medida facilita un manejo más simple de los datos (le hemos tenido que quitar 13 ceros al peso desde 1969) y permite ver la relación funcional con los recursos generados por el sector externo, cuya competitividad se ve afectada por el nivel de gasto público, que vendría a ser como el costo fijo de una empresa. Si este costo fijo es muy alto, la empresa no puede competir. Lo mismo ocurre con un país.
Entre 2002 y 2013, como dijimos, el gasto público consolidado (Nación + provincias + municipios), medido en dólares corrientes, creció un 700%, pronosticándose una leve baja en 2014 producto del aumento del tipo de cambio oficial en este año, que sería mayor que los aumentos de salarios y de jubilaciones otorgados por el sector público.
Este aumento de 700% en el gasto público consolidado resulta incompatible con el control de la inflación, con el crecimiento económico del país, con la capacidad tributaria de la economía y con el sostenimiento de un régimen cambiario estable.
Esta variable, el gasto público, se ha desajustado en esta última década, pues en 2014, si bien se estima que se reducirá en alguna medida, de todas maneras llegará a los u$s 225.000 millones, por lo que habrá que rebalancear su evolución si se desea tener un país estable, sin inflación y sin pobreza. Para ello es necesario volver al nivel de gasto público sustentable que para este momento es de u$s 100.000 millones, cuando en 2002 era de u$s 50.000 millones.

Para postergar la llegada de la crisis hemos tenido que imponer un cepo cambiario, apelar al control de las importaciones, mantener derechos de exportación muy altos cuando ningún país aplica este tipo de impuestos a las ventas al exterior, hemos generado una brecha entre la cotización oficial y la paralela de las divisas de más del 80 % y , lo que es peor, hemos impulsado el impuesto inflacionario hasta el 40 % anual, con aumentos salariales de 32%, lo que hace aumentar la pobreza, cuando el objetivo de la economía es generar más bienes para todos.
Todos estos desvíos se han observado en un contexto de altísimos precios de la soja y otras materias primas que exportamos, evolución que hizo posible que este nivel desproporcionado del gasto público durara mucho más tiempo que en otros casos, donde los precios de los commodities fueron mucho más bajos. Ahora está llegando la hora de la verdad y habrá que enfrentar la situación de la mejor manera posible. Aún hay bastantes reservas internacionales en el BCR, por lo que es el momento adecuado para ordenar la situación fiscal y lograr una macroeconomía sustentable. Esto haría aumentar la ocupación y bajar los niveles de pobreza registrados en el país.
(*) Orlando J. Ferreres. Economista. Artículo publicado en La Nación el Miércoles 29 de octubre de 2014

Avaricia y voluntad de poder

Por Armando Ribas (*)
"Luché por la igualdad, hasta que me percaté que en la lucha por la igualdad se perdía la libertad, y después tampoco había igualdad entre los no libres". Karl Popper



Cada vez estoy más convencido de la ignorancia del mundo del realismo histórico de las sabias palabras de Popper. Todo parece indicar que el crear riqueza es el pecado de avaricia, en tanto que enriquecerse a partir del poder político que desconoce los derechos de propiedad es generosidad. Así se ignora un hecho indubitable que fuera la realidad histórica que hasta hace unos doscientos años el mundo vivía como vivía Jesucristo. En todos esos años, la guerra y el poder político eran la razón de ser de las sociedades y por lo tanto el comercio estaba descalificado. Platón estuvo presente y así dijo: "La clase gobernante está excluida de cualquier participación en actividades económicas y especialmente de ganar dinero. El estado debe ser autosuficiente. Debe apuntar a la autarquía económica. De otra manera serían dependientes de los comerciantes o se convertirían en comerciantes"

Creo pues que la problemática del mundo actual reside en la confusión ética que determina la descalificación del sistema que permitiera la libertad y la creación de riqueza por primera vez en la historia. Por ello no puedo menos que tomar en cuenta las sabias palabras de Thomas Sowell al respecto: "Nunca he podido comprender porqué es avaricia el querer guardar el dinero que he ganado, pero no es avaricia el querer tomar el dinero de otro". En otras palabras podría decir que ganar dinero creando riqueza es avaricia para la izquierda. Por tanto la búsqueda del poder político sería la generosidad. Lo peor de esta perspectiva es que el mundo Occidental y Cristiano se encuentra ante esta alternativa ética, y la consecuencia es el triunfo político del socialismo. 

A partir de esa realidad me voy a permitir citar a Karl Marx en el Manifiesto Comunista:"Un espectro se cierne sobre Europa: el espectro del comunismo. En esa frase inicial Marx pretende explicar que los líderes europeos están preocupados por el avance de las ideas comunistas. Por mi parte me voy a permitir parafrasear a Marx en relación al mundo Occidental incluida América Latina. La obsesión hoy en ese mundo compuesto de la Unión Europea, Estados Unidos y América Latina, no implica aparentemente ser de los respectivos líderes políticos, sino que por el contrario son estos los que participan del proyecto del socialismo. Así, parafraseado a Marx puedo decir: "Un espectro se cierne sobre la Unión Europea y más recientemente sobre Estados Unidos. Es el espectro de la social democracia y el Estado de Bienestar". Y con respecto a nuestro continente, al sur del Río Grande del Norte: "Un espectro se cierne sobre América Latina: es el espectro del socialismo del siglo XXI"

Comenzando por el principio recordemos las palabras de Ayn Rand"La filosofía americana de los derechos del hombre nunca fue completamente captada por los intelectuales europeos". Puedo decir que Europa desde el 1800 solo encontró en el socialismo la alternativa a la monarquía, o sea que se pasó del derecho divino de los reyes al derecho divino de los pueblos. Y ya debiéramos saber que cuando los derechos son del pueblo se desconocen los derechos individuales en nombre de la supuesta justicia social. Y ya Aristóteles hace 2.500 años escribió: "Cuando el pueblo es monarca pretende actuar como tal porque sacude el yugo de la ley y se hace déspota, y desde entonces los aduladores del pueblo tienen un gran partido". Por ello insisto que el socialismo es la denominación que le diera el Iluminismo a la demagogia. 

Si bien Europa ha padecido el despotismo a través de la democracia, tal como fueran los casos de Mussolini y de Hitler, cuya popularidad es indiscutible, esa no es la realidad que enfrenta hoy Europa, por más que los aduladores del pueblo, socialdemocracia mediante, tienen un gran partido. Y tanto así que no se diferencia la izquierda de la supuesta derecha. La realidad es que igualmente tenemos una gran confusión respecto al concepto mismo de democracia y se ignora la advertencia deJefferson al respecto y que ya lo he repetido: "Un despotismo electivo no es el gobierno por el que luchamos". Indudablemente en la Unión Europea no existe un despotismo, sino tan solo una violación pertinaz de los derechos individuales a partir del Estado de Bienestar que ignora el principio fundamental de la libertad, que es el derecho del hombre a la búsqueda de la propia felicidad (Locke). 

Tampoco debería haber dudas al respecto de que ese sistema ha sido la causa de la presente crisis que enfrentan y por supuesto la caída en la tasa de crecimiento económico. De acuerdo al FMI, en 2013 el PBI de la Unión Europea caerá un 0,6 %. La presente forma de violar los derechos individuales, es decir fundamentalmente el derecho de propiedad, es el incremento del gasto público que implica necesariamente el aumento en los impuestos y la creación de una deuda impagable como la que tienen los países de la Unión Europea, incluida Alemania. El gasto público en 2012 en Francia alcanzó al 56 % del PBI, en Alemania el 45 %, en Italia el 50 % y en Inglaterra el 47,5 %. Vale la pena rescatar dos ejemplos importantes de la relación entre el gasto y la tasa de crecimiento. En la década del '50, Francia tenía un gasto público del 23,3 % del PBI y creció a la tasa del 5 % por año. Entre 2000 y 2012 el gasto alcanzó al 56 % del PBI y la tasa de crecimiento se redujo al 1,10 % por año. Alemania en la década del '60 tenía un gasto público del orden del 23 % y creció a la tasa del 4,6 % por año. En el período 2000-2012 el gasto alcanzó al 45 % del PBI y el crecimiento se redujo al 1,10 % anual. Pues bien, ese el resultado del Estado de Bienestar y a los hechos me remito. 

En Estados Unidos la situación es diferente, pues lo que está en juego es el sistema creado por los Founding Fathers, y que en cien años lo proyectara como la primera potencia mundial a la cual le debemos no ser nazis o comunistas. Allí todo parece indicar que la tendencia a la igualdad está pendiente, y por primera vez en su historia el gasto público ha alcanzado al 40 % del PBI. En la reciente disputa sobre el techo de la deuda, la realidad es que la misma se refería al sistema, amenazado por la tendencia al Estado de Bienestar aparentemente enquistado en el Obamacare. Ese estado, como hemos mostrado, viola el principio fundamental de la libertad, que es el derecho del hombre a la búsqueda de la propia felicidad. En esa discusión que supuestamente habría ganado Obama, ya la defensa del sistema queda descalificada como extrema derecha, que supuestamente la constituye el Tea Party

De conformidad con el reciente planteo, los Founding Fathers habrían pasado a ser considerados de extrema derecha, pues no estaban de acuerdo con los derechos del pueblo (Hamilton) ni que las mayorías tuviesen el derecho a violar los derechos de las minorías (Madison). Por supuesto, en esta amenaza de la social democracia tampoco está en juego la libertad, sino el proceso de deterioro que hoy se presenta en la Unión Europea. Y allí también se encontraría en juego el liderazgo de Estados Unidos, supuestamente amenazado por la economía china, que ahora intenta convertir al yuan en la moneda de reserva. 

El caso de América Latina, donde todavía está presente la dictadura marxista cubana, es muy diferente y aun más peligroso. El socialismo del siglo XXI que está presente en Venezuela y que amenaza con la inauguración de otra Cuba bajo el poder supuesto del pueblo y en nombre de la igualdad, o sea el despotismo electivo, hoy parece haber hecho pie no solo en Venezuela sino en Bolivia, Ecuador y Nicaragua. En otros países de América Latina, si bien no han instaurado el sistema, no cabe la menor duda de que mantienen la amistad con Fidel Castro y con el heredero de Hugo Chávez, tal cual es el caso más directo de Dilma Rousseff en Brasil. 

Creo por otra parte que debiéramos universalmente rendir homenaje a Colón por su llegada a este continente y traer los vestigios de civilización de los cuales todavía relativamente gozamos. ¿Qué habría sido este continente en manos de los Aztecas, los Toltecas, los Tainos y Siboneyes, los Incas, los Araucanos, los Guaraníes y los Quechuas? Es indudable que no obstante todas nuestras vicisitudes políticas, España hizo una contribución relumbrante a la civilización en el mundo. No me cabe la menor duda de que la política no ha sido la virtud latinoamericana, y hoy el denominado populismo parece prevalecer, pero no se han cometido los crímenes de guerra históricos de la Europa continental y que alcanzaran hasta el pasado siglo XX. Al mismo tiempo debo resaltar la historia argentina como un ejemplo de las posibilidades que ofrece la introducción del sistema creado por los Founding Fathers en Estados Unidos y puesto en práctica en Argentina a partir de la Constitución de 1853, que la llevara por las cimas de la historia hasta principios del siglo XX. En fin, es hora de que nos percatemos del riesgo que corre el mundo en nombre de la igualdad y las posibilidades que se tienen de aprender de la historia y mantener la civilización, que como bien dijera Vaclav Havel, es una sola y se da donde se respetan los derechos individuales. Recordemos que la discusión es ética y política, y la economía es el resultado.

(*) Armando Ribas. Abogado. Filósofo. Escritor. Artículo publicado por UCEDE Mar del Plata el 13 de Octubre de 2014