jueves, 23 de octubre de 2014

Cultura, sistema y comportamiento

Por Armando Ribas (*)

En tanto y en cuanto la aparente catarsis argentina de considerar que la decadencia ha sido el producto del carácter y del egoísmo de los argentinos, no tenemos solución a la presente situación del país. Ante la realidad que enfrentamos en el futuro inmediato, no hay alternativa a insistir en la necesidad de determinar las causas verdaderas de la decadencia. En ese sentido empiezo por reconocer que si la catarsis fuese una explicación válida de la naturaleza de la personalidad argentina, no habría posibilidad de comprender la razón de ser del salto cuántico que diera la Argentina en la historia en el siglo XIX.

    Argentina, en 1852, en la época de Rosas vivía en la edad Media (religión o muerte) en la mayor pobreza, con un millón de habitantes y un 80% de analfabetos. A principios del siglo XX tenía un ingreso per cápita superior al de Francia, Alemania e Italia, tal como lo reconociera recientemente The Economist. Competía con Estados Unidos, la población era de unos siete millones y el analfabetismo se había reducido al 25%. La pregunta pertinente es pues ¿cual fue la razón de ser de esa evolución? y más importante aun ¿cual fue la causa determinante de la decadencia e involución?

    No debiera caber dudas de que los factores determinantes del éxito político fue la aceptación de los principios en que se basara la Constitución de Estados Unidos y consecuentemente el respeto por los derechos individuales. En ese proceso no debiera de haber dudas que las personalidades que iniciaron y llevaron a la práctica ese proceso fueron Alberdi, Urquiza, Mitre y Sarmiento. En esta observación histórica no pretendo desconocer el rol preponderante de Roca y la llamada generación del ochenta, sino tan solo reconocer que esta fue posible por los hechos de la generación del treinta y siete. 

    En primer lugar debemos reconocer que sin Urquiza la Argentina no existiría. La batalla de Caseros que determinó el derrocamiento de Rosas. En segundo término los acuerdos con Mitre: San Nicolás de los Arrollos y el Acuerdo de San José de Flores. Y no menos importante la posición adoptada en la Guerra de la Triple Alianza, que a mi juicio le costara la vida. Y por supuesto fue él quien aceptara la Constitución de Alberdi y la impusiera durante su gobierno y la acordara con Mitre en 1.860.

    La posición de esa filosofía política está claramente aceptada por Alberdi y Sarmiento. Así dijo Alberdi: “Mi convicción es que sin la Inglaterra y los Estados Unidos la libertad desparecería en este siglo”. Y al respecto dijo Sarmiento: “Solo la Inglaterra y los Estados Unidos tienen instituciones fundamentales que ofrecer al mundo futuro”. Estos personajes no eran ni anglosajones ni protestantes ni japoneses, eran argentinos de pura raza. Entonces llegamos a la conclusión de que fue la aceptación del sistema el que cambiara el derrotero del retrazo argentino. Al respecto vale  recordar el pensamiento de Alexis de Tocqueville cuando dijera: “Tanto son más fuertes los vicios del sistema que la virtud de los que lo practican”.

      Lamentablemente todo parece indicar que en el ámbito político argentino esta realidad es ignorada y por ello se ha creído que la riqueza del país fue producto de la Pampa Húmeda y del invento de los barcos de vapor. Si así hubiera sido me diría que la pampa se humedeció en 1853 y se secó en 1943. Por tanto así se pretende ignorar que fueron Perón y Evita los determinantes de la decadencia argentina que comenzara a manifestarse con la llegada de Irigoyen y del Nacionalismo Católico.

     Debo insistir que cuando hablo de la Iglesia Católica no me refiero a la religión sino a la política. Y esa política a mi juicio ha violado históricamente un principio liminar del cristianismo que fuera “Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”. Y no olvidemos que los problemas son políticos y la economía es la consecuencia. Entonces siguiendo con la historia  recordemos que fue el Papa Pío XI quien en 1928 firmara con Mussolini el Concordato de Letrán. Así en 1931 surgió la encíclica Quadragesimo Anno que constituye una semblanza de la Carta del Laboro y que contradice fundamentalmente  la Rerum Novarum de León XIII. Así propuso: “Los bienes que el Creador destinó al genero humano, sirvan en realidad para tal fin”. Si la riqueza la hubiera otorgado el Creador, habría sido poco equitativo con la pobreza que sufrió la humanidad hasta el siglo XVIII. Y este principio a mi juicio es asimismo contrario al cristianismo tal como se expresa en la Parábola de los Talentos, en la que se reconoce la responsabilidad individual en la generación de riqueza. 

     Pero siguiendo con la doctrina fascista dice: “Toda la economía se ha hecho cruel e implacable… El Estado el cual libre de todo partidismo, deberá estar erigido en soberano y supremo árbitro de las ambiciones y la concupiscencia de los hombres”. O sea que ignora que el Estado está compuesto por hombres y lo convierte en potestad absoluta que en esa oportunidad se llamó Perón. En ese mismo sentido se refiere al sindicalismo que este debe ser único y en manos del gobierno. Esa creación fue usada directamente por Perón. Y se convirtió en una fuerza independiente a la que le debemos la presencia del peronismo en la casa Rosada con y sin militares.

     Recordemos como lo señala Sebreli en su histórico e iluminante libro ‘Historia de las Ideas Políticas Argentinas’, que la Iglesia fue un factor decisivo del triunfo electoral de Perón. El 15 de noviembre de 1945 una pastoral firmada por el Cardenal Santiago Luis Copello y todos los obispos, prohibía votar a los católicos por ningún candidato que apoyara la separación del Estado y de la Iglesia, el laicismo en la enseñanza y el divorcio legal. Y estas reivindicaciones figuraban en el programa de la Unión Democrática, la oposición a Perón.

    Ya debiéramos saber que fue Mussolini el iniciador del fascismo, que como doctrina fuera concebido inicialmente por Lenín cuando conciente del fracaso de la economía marxista escribió la Nueva Economía Política (NEP) donde escribió: “Los capitalistas están operando entre nosotros. Están operando como ladrones; ellos tienen ganancias; pero ellos saben hacer las cosas”. En virtud de ello calificó a los fascistas como liberales asustados pues obviamente donde no se reconocen los derechos hay colusión con el gobierno como única alternativa de supervivencia. Por tanto es evidente que el fascismo es un derivado del socialismo, por más que la izquierda hábilmente lo considera de derecha para descalificar al capitalismo.

     En fin la llegada del fascismo a la Argentina al terminar la Segunda Guerra Mundial determinó el camino de la decadencia que hoy sigue pendiente. Por ello lo importante para superar la crisis en la que nos encontramos es primeramente tomar conciencia de las ideas que proyectaron a la Argentina a los primeros lugares de los países del mundo. Como decía Séneca, “para el que no sabe a dónde va nunca hay vientos favorables”. Por tanto no basta oponerse al gobierno. Es imprescindible definir el proyecto político que deberá sustituirlo y ese no puede ser otro que volver al sistema de la Constitución Nacional de 1853/60, conforme a la cual se respetan los derechos individuales y se limita el poder político.

    Tenemos que tomar conciencia de que la estupidez o el egoísmo de los hombres son universales y no patrimonio exclusivo de la Argentina. El sistema político que cambió la historia universal fue el que tomó conciencia de esa realidad, que bien la describió David Hume en su Tratado Sobre La Naturaleza Humana, donde escribió: “Es imposible cambiar o corregir algo material en nuestra naturaleza, lo más que podemos hacer es cambiar nuestra circunstancia y situación, y rendir la observancia de las leyes de la justicia nuestro mayor interés”. Ese presupuesto es opuesto al que creara el totalitarismo en el mundo y que partió de la idea de Rousseau de crear un hombre nuevo, tal como lo propuso en el Contrato Social donde dijo: “Cualquiera que se atreve a comprometerse a instituir una nación, se debe sentir asimismo capaz de cambiar la naturaleza humana”. 

   Visto lo que antecede tomemos conciencia de que la política para lograr una reversión de la decadencia argentina es la eliminación de los presupuestos fascistas que han imperado e imperan en la política argentina. Rescatar los valores y principios  de la libertad que comenzara en Argentina en Caseros bajo la tutela de Alberdi, Urquiza, Mitre y Sarmiento. A ese proyecto contribuyó decisivamente el presidente Roca, y lamentablemente el comienzo de su disolución se produjo con el acceso de Irigoyen a la presidencia y seguidamente con el advenimiento de Perón y Evita. 

    En ese proyecto de restauración es necesario eliminar el sindicalismo único que constituye una violación del artículo 22 de la Constitución. La función del sindicalismo no debe ser política sino económica. Es decir la idea de su creación en Estados Unidos fue equilibrar el poder de negociación de las partes contratantes. El opuesto a ese criterio implica asimismo la violación  de un principio fundamental de la libertad que es que las mayorías no tienen derecho a violar los derechos de las minorías.

    Alberdi levántate y anda. Habrás de reaparecer de la mano de la UCEDE que tiene como proyecto fundamental el rescatar los principios que fundamentaron la Argentina que fue, para volver a ser. Recordar que “el egoísmo bien entendido de los ciudadanos es un vicio solo para el egoísmo de los gobiernos que forman los estados”. Entonces podremos superar la decadencia  resultante del socialismo-populismo y fascismo imperante. A los hechos me remito, e ignoremos la catarsis en nombre de las ideas que fundaron la libertad en el mundo.

(*) Armando Ribas. Abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador. Nació en Cuba en 1932, y se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. En 1960 obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Llegó a la Argentina en 1960. Se entusiasmó al encontrar un país de habla hispana que, gracias a la Constitución de 1853, en medio siglo se había convertido en el octavo país del mundo. Artículo publicado en el Newsletter de la Fundación Atlas 1853 Octubre de 2014