jueves, 30 de octubre de 2014

Gasto público y crisis

Por Orlando Ferreres (*)

El gran aumento de 700% en dólares del gasto público consolidado desde el inicio de la actual gestión de gobierno es algo insostenible, especialmente si lo comparamos con el gasto que puede mantenerse sin crisis periódicas.

Este último concepto, el gasto público consolidado sustentable expresa el nivel de gasto máximo posible para no caer en crisis cíclicas, dado el crecimiento de la economía y la inflación. Se toma como base el año 1983, con u$s 22.000 millones que es el gasto promedio del periodo 70/83, y es el nivel al cual volvió en 1963 y 1983 luego de haber crecido exageradamente en años anteriores y provocar sendas crisis económico-sociales de gran sufrimiento. En un análisis detallado para ese año base, dicho gasto que incluye la Nación, las provincias, los municipios y los intereses de la deuda resultó un nivel que podía sostenerse en el tiempo.
El gasto para el año base se expresa en dólares considerando el tipo de cambio oficial, para facilitar la observación de su evolución a lo largo del tiempo, y se la va corrigiendo año a año por el aumento del producto bruto interno y la inflación internacional, bajo el supuesto de impuestos locales estables. Esta unidad de medida facilita un manejo más simple de los datos (le hemos tenido que quitar 13 ceros al peso desde 1969) y permite ver la relación funcional con los recursos generados por el sector externo, cuya competitividad se ve afectada por el nivel de gasto público, que vendría a ser como el costo fijo de una empresa. Si este costo fijo es muy alto, la empresa no puede competir. Lo mismo ocurre con un país.
Entre 2002 y 2013, como dijimos, el gasto público consolidado (Nación + provincias + municipios), medido en dólares corrientes, creció un 700%, pronosticándose una leve baja en 2014 producto del aumento del tipo de cambio oficial en este año, que sería mayor que los aumentos de salarios y de jubilaciones otorgados por el sector público.
Este aumento de 700% en el gasto público consolidado resulta incompatible con el control de la inflación, con el crecimiento económico del país, con la capacidad tributaria de la economía y con el sostenimiento de un régimen cambiario estable.
Esta variable, el gasto público, se ha desajustado en esta última década, pues en 2014, si bien se estima que se reducirá en alguna medida, de todas maneras llegará a los u$s 225.000 millones, por lo que habrá que rebalancear su evolución si se desea tener un país estable, sin inflación y sin pobreza. Para ello es necesario volver al nivel de gasto público sustentable que para este momento es de u$s 100.000 millones, cuando en 2002 era de u$s 50.000 millones.

Para postergar la llegada de la crisis hemos tenido que imponer un cepo cambiario, apelar al control de las importaciones, mantener derechos de exportación muy altos cuando ningún país aplica este tipo de impuestos a las ventas al exterior, hemos generado una brecha entre la cotización oficial y la paralela de las divisas de más del 80 % y , lo que es peor, hemos impulsado el impuesto inflacionario hasta el 40 % anual, con aumentos salariales de 32%, lo que hace aumentar la pobreza, cuando el objetivo de la economía es generar más bienes para todos.
Todos estos desvíos se han observado en un contexto de altísimos precios de la soja y otras materias primas que exportamos, evolución que hizo posible que este nivel desproporcionado del gasto público durara mucho más tiempo que en otros casos, donde los precios de los commodities fueron mucho más bajos. Ahora está llegando la hora de la verdad y habrá que enfrentar la situación de la mejor manera posible. Aún hay bastantes reservas internacionales en el BCR, por lo que es el momento adecuado para ordenar la situación fiscal y lograr una macroeconomía sustentable. Esto haría aumentar la ocupación y bajar los niveles de pobreza registrados en el país.
(*) Orlando J. Ferreres. Economista. Artículo publicado en La Nación el Miércoles 29 de octubre de 2014