sábado, 11 de octubre de 2014

Humos de fin de ciclo

Por Jorge Raventos (*)

Unos meses antes de morir en España, el pensador favorito de la señora de Kirchner, Ernesto Laclau, reflexionaba sobre la re-reelección de la Presidente: “Una democracia (…) en América Latina se basa en la reelección indefinida (…) una vez que se construye la posibilidad de cambio en torno a cierto nombre, si ese nombre desaparece, el sistema se vuelve vulnerable”. Un hecho cierto: en octubre de 2015 el apellido Kirchner no figurará entre los candidatos a la presidencia.
Faltan 12 meses para las próximas, decisivas elecciones presidenciales. Esto se puede describir como “todavía un año” o “apenas un año”, según sea la perspectiva del observador, pero, en cualquier caso, ese es el tiempo.
Resulta interesante observar como experimenta el núcleo duro del gobierno el declive fatal que la Constitución le impone a su ciclo.
Con una costosa broma, los muchachos de La Cámpora – los mosqueteros K- expropiaron simbólicamente el diario Clarín y confesaron, con sus fingidas ediciones fechadas el 11 de diciembre de 2015, que se saben derrotados. Eso sí: describieron ese escenario de caída como un triunfo de los fondos buitre. El vencido no es el kirchnerismo, sino la patria. Para el círculo rojo presidencial, todos los adversarios representan a “la antipatria”, al enemigo.
Se sabe, ese adversario es pérfido, insidioso y plural: está afuera y adentro, en Oriente y en el Norte, demanda dólares,”encanuta” autos o soja, aumenta los precios o los deprime, declara desacatos, da consejos desde alguna embajada o publica noticias desalentadoras en sus medios.
La Presidente da pelea en múltiples frentes. Da por sentado que ceder a los reclamos o consejos de racionalización del gobierno equivale a retroceder frente a esas fuerzas adversarias que define como “destituyentes”. Para ella los pedidos de mayor racionalidad oficial son eufemismos para debilitarla durante la transición, por eso juzga cualquier muestra de debilidad frente a ellos como sinónimo de capitulación. Esclavo de la lógica confrontacionista e intransigente que le resultó redituable durante varios años, el vértice kirchnerista se ve sometido a un dilema que sólo le permite elegir entre dos modalidades de derrota: o retrocede haciendo concesiones a la presión adversa o retrocede dándole batalla. Opta por la última y está incluso dispuesto a disfrazar de guerra las concesiones: habrá que esperar a después de enero para ver cómo se explica épicamente una negociación con los malvados holdouts.
Pero, aunque triunfe en alguna escaramuza (de hecho, conserva legiones parlamentarias que todavía levantan la mano cuando se los reclama y consiguen aprobar leyes y códigos antes de que cante un gallo), en la Casa Rosada prevalece la oscura certidumbre de que no puede ganar la guerra contra el tiempo: en octubre de 2015 se vota y en diciembre “sanseacabó”, como diría Kirchner junior.
Es la conciencia de que esa guerra está perdida lo que infunde frenesí e hiperactividad al oficialismo.
Eso, y el registro minucioso del tránsito discreto pero inexorable desde la disciplina a la deserción en lo que han sido sus propias filas.
Que quien fue un año atrás su principal candidato legislativo en la provincia de Buenos Aires esté tramitando el pase a las filas de quien lo derrotó (y sepultó simultáneamente las ilusiones re-reeleccionistas) es un trago muy amargo.
No es el único, por cierto. Después de que ella denunció públicamente en dos ocasiones que intereses externos (islamistas fanáticos y “el Norte”) pretenden destituirla o atentar contra ella (“hacerle algo”), el estado mayor del peronismo –gobernadores, intendentes, jefes políticos territoriales- se calló unánimemente la boca, como si no hubiera registrado tales palabras. Indudablemente la Presidente escuchó (e interpretó cabalmente) ese estentóreo silencio: los cronopios peronistas aplican su célebre recomendación sobre el comportamiento en las ceremonias fúnebres.
Es el fatal declive de la transición y el tic tac del debilitamiento cotidiano lo que impulsa a la Casa Rosada a sobreactuar sus ademanes de autoridad. ¿La ejecución pública de Fábrega no fue suficiente? ¡Vamos por Clarín!¡A la carga, Barracas!
La decisión de irse nuevamente al humo sobre el grupo periodístico que conduce Héctor Magnetto e impulsar intempestivamente y por decreto su desguace, con indiferencia de que estuviese en trámite su reorganización voluntaria en el marco de la Ley de Medios (y de que el gobierno se abstenga de ese celo, o recelo, con otros grupos en trance de reestructuración) parece otra señal de la patética necesidad de darse humos de fortaleza donde sólo hay creciente debilidad y capricho.
Es, asimismo, una reacción frente a la opinión pública. Hasta la derrota electoral del año último, el oficialismo se sentía legitimado para actuar contra todo aquello que sentía como un límite invocando el 54 por ciento obtenido en las urnas en 2011. Ese argumento quedó disuelto en los comicios de 2013. Es, además, un argumento chueco: una mayoría circunstancial no da derecho a cualquier cosa.
Por otra parte, como ha señalado el politólogo y economista francés Pierre Rosanvallon, “el principio de base de la democracia es la legitimación del poder por el pueblo por las elecciones, pero sólo se vota cada dos, cuatro o cinco años; entonces, hay un principio fundante, pero también el riesgo de una dimensión intermitente de la democracia.(…) ¿Cómo vive la democracia de manera permanente? Por la manifestación de las exigencias, los reclamos de que el poder no traicione sus promesas (…): no se puede hablar de democracia, pues, sin hablar de ese otro costado que es el conjunto de desafíos y puestas a prueba, exigencias y contrapoderes de la actividad democrática cotidiana…"
La prensa independiente es el más notorio de esos contrapoderes, pero no el único: los gobiernos son interpelados por los ciudadanos y también por las instituciones, las costumbres, las corporaciones…y los mercados. Debe rendir examen en todos esos escenarios. Y no sólo cada tantos años.
Cuando aprobó la constitucionalidad de la Ley de Medios, la Corte Suprema instruyó sobre su aplicación: "debe respetarse la igualdad de trato tanto en la adjudicación como en la revocación de licencias, no discriminar sobre la base de opiniones disidentes, ajustarse a los requerimientos del debido proceso en todas sus decisiones”. A la luz de ese antecedente, es más que probable que la nueva ofensiva contra Clarín (inaugurada bizarramente con la estudiantina de La Cámpora) rebote en el ámbito de la Justicia. ¿Se lo interpretará como otra manifestación del complot universal? ¿Veremos entonces otra marcha sobre Tribunales? ¿Se repetirán contra magistrados criollos las acusaciones y discriminaciones descerrajadas contra el juez neoyorquino Thomas Poole Griesa?
Con ademanes no se logra detener el reloj. Nadie la talla contra el tiempo, o contra el destino, como prescribe el tango “Adiós muchachos”.
(*) Jorge Raventos. Periodista y analista político. Artículo publicado por Diana Ferraro en "Peronismo Libre" el 11 de Octubre de 2014