viernes, 24 de octubre de 2014

La gravedad existe; la devaluación también

Por Tomás Bulat (*)

Mientras existe un consenso en la clase política de que devaluar es  malo por definición y se asemeja al demonio y el caos. Paradójicamente hay mayor consenso con no devaluar que con bajar la inflación. Es decir, para la clase política, un poco de inflación está bien, y devaluar está mal.

La inflación es la pérdida sistemática del valor del dinero respecto a los bienes que podes comprar. Esto se ve cotidianamente cada vez que se compran menos bienes con el mismo billete de 100.

Sin embargo, la devaluación tiene que ver con cuanto te pagan en otra moneda por los bienes o servicios que producís. Si el precio en moneda extranjera del bien que vendés al exterior baja, el valor de tu moneda debe compensar esa baja devaluando. 

Por ejemplo: si la soja, que valía 520 dólares la tonelada de pronto ahora vale 360 dólares, para proteger al productor el peso debería devaluarse en alguna medida para compensar la pérdida de rentabilidad. 

Es decir, la devaluación es un mecanismo de la economía para amortiguar los impactos negativos de una baja internacional de los precios.

La inflación termina erosionando los ingresos de los consumidores y productores mientras que la devaluación defiende los ingresos de los productores.

Entonces ¿por qué la devaluación tiene peor imagen que la inflación? 

Contra el “sentido común”
En Argentina se asocia rápidamente devaluación con caída del salario real. Es decir, si el dólar sube, entonces el salario real se cae y, por lo tanto, devaluar es malo. Este razonamiento es correcto, tan correcto como que la inflación te baja el salario. Pero es un razonamiento correcto e incompleto.

Es el típico razonamiento de empleado del Estado o del sector servicios de la economía, que sus ingresos no dependen de vender al exterior, de la exportación.

Los dirigentes políticos del Estado, cuyo principal ingresos es en pesos, y de los profesionales liberales, contadores, abogados o médicos, todos con servicios que no compiten con el exterior, tratan de defender sus ingresos en dólares para viajar, tener autos importados, etc. Lo cual es lógico y me parece bien.

Pero claro, para que ellos que ganan en pesos puedan gastar en dólares, tiene que haber otro que tenga que tener ingresos en dólares y que gasten en pesos. A la inversa. Y aquí es donde aparecen los exportadores. Un productor rural vende en dólares y paga sus gastos en pesos.

La pregunta seria ¿Cómo le viene al productor, el que genera los dólares, que no se devalúe?. Le viene muy mal. 

Mientras más atraso cambiario hay, peor le va a él. Para el productor exportador, el no devaluar le afecta sus ingresos.

Es decir NO devaluar beneficia a los que quieren gastar dólares pero afecta a los que consiguen dólares.

Es la cantidad, estúpido….
Pero entonces, si devaluar perjudica a unos y beneficia a otros, porque siempre en la televisión se ve más el lado negativo que el positivo. La respuesta es por dos razones principalmente.

La primera es una cuestión de cantidad. La cantidad de gente que gana en pesos y quiere gastar dólares es mucho más alta que aquella que genera dólares y gasta pesos. Por lo tanto, la mayoría está del lado de no devaluar.

La segunda, es que la clase dirigente política y de profesiones liberales está en el grupo no devaluacionista y son muchos de ellos los que deciden u opinan sobre la política económica.

Imaginemos que el dólar sube más que los salarios en pesos de los funcionarios y de los profesionales. Claramente su calidad de vida se modificaría.

Este tipo de razonamiento y forma de actuar siempre encuentra un límite y es la disponibilidad de dólares. Aquí es donde, por un tiempo al menos, hay que considerar al que genera dólares, pero será solo por un tiempo.

Mantenerse todo lo posible, hasta que....
Como el objetivo es mantener el nivel de vida en dólares y cuando estos faltan se complica, entonces se toman todo tipo de medidas para evitar que se devalúe. Pero ese tiempo implica o endeudarte cada vez más o usar dólares de las reservas. Pero a medida que pasa el tiempo se vuelve cada vez más complicado sostenerlo.

Finalmente como la gravedad, las cosas caen por su propio peso. Cuando una persona se arroja de un edificio del piso 20, hasta el primer piso puede decir que va bien, pero difícilmente tenga un buen final.

Con el NO devaluar pasa lo mismo. De tanto no querer hacerlo, lo único que se logra es que cuando se haga sea una suba abrupta y desordenada. 

Pero así son las cosas. Tanto la gravedad como la suba del dólar, por más que lo nieguen, al final siempre se cumplen.


(*) Tomás Bulat. Economista, periodista y docente universitario. Artículo publicado en "El punto de equilibrio" el 23 de Octubre de 2014

Fuente: http://www.elpuntodeequilibrio.com/Articulo/Vista/La+gravedad+existe+La+devaluacion+tambien