domingo, 12 de octubre de 2014

Libertad política y económica

Por Hernán Bonilla (*)

La relación entre la libertad política y la libertad económica ha sido estudiada desde hace siglos. No es casual, verbigracia, que el autor de filosofía política más importante de la tradición liberal clásica en el siglo XX, Friedrich Hayek, dedicara buena parte de su obra a dejar claro este punto. Desde su clásico Camino de servidumbre, en plena Segunda Guerra Mundial, en que advirtió sobre las consecuencias de la intervención del estado en la economía, hasta su último libro, La fatal arrogancia, en que explica el origen del “orden espontáneo” que hace posible el desarrollo de la civilización, hacia fines de la década del ochenta, su trabajo marca el punto de referencia ineludible en la materia.
Un libro reciente en el mismo sentido, que incluye evidencia empírica, es Violence and Social Orders de Douglass NorthJohn Wallis y Barry Weingast. Encuentra que los países económicamente desarrollados —sociedades de “acceso abierto” en sus términos—, que son los de economías más libres, son también los que tienen mejores instituciones democráticas (las excepciones son Singapur y los países productores de petróleo).
Otro aporte novedoso es Por qué fracasan los países de Daron Acemoglu y James Robinson, dónde los autores argumentan en favor de la tesis de que las instituciones son las determinantes fundamentales del desempeño económico de los países. En lo referente a la relación entre libertad económica y política, en sus términos “instituciones inclusivas” por oposición a las “exclusivas” los autores encuentran una estrecha relación. Si bien afirman que tanto la existencia de la libertad política y de la económica o la ausencia de ambas pueden ser combinaciones estables, el único camino viable para alcanzar la prosperidad económica es la primera alternativa.
¿Por qué la libertad económica es necesaria para la existencia de la libertad política? Porque para que las personas puedan asociarse libremente en organizaciones, partidos, gremios o de la forma que deseen, deben poder disponer de sus recursos. Si en vez de ser así es el gobierno quien los dispone, por la vía del hecho o del derecho, las personas no podrán manifestar su opinión, no podrán abrir un diario, no podrán formar un partido político, etc.
Y el anverso, ¿por qué la libertad política es necesaria para la existencia de la libertad económica? Porque si entendemos la libertad política en su doble condición de participar en el proceso de formación de la voluntad general (vertiente francesa o rousseauniana del liberalismo) y la existencia de derechos inherentes a la persona, como a la vida, la propiedad, la honra, etc., (vertiente inglesa del liberalismo) no es posible que una persona disponga de derechos, si estos son una concesión graciosa del gobernante.
Vale decir, si el derecho al voto o a la propiedad ,depende del humor del gobernante, la ausencia de libertad política implica un riesgo cierto para la libertad económica. Es necesario que exista Libertad, no libertades. La conclusión inevitable del análisis de este tema es que la Libertad es una sola, implica derechos y no regalías, se da sólo bajo la existencia de un Estado de Derecho que garantice democracia y derechos individuales, que mantenga un Estado limitado en su tamaño y sus funciones y cuyo comportamiento sea previsible para cada persona.

Este artículo fue publicado originalmente en El País (Uruguay) el 27 de junio de 2014.
(*) Hernán Bonilla es columnista del diario El País (Uruguay), consultor independiente y diputado suplente del Partido Nacional de Uruguay. Obtuvo su maestría de Economía de la Universidad de Ort.