lunes, 10 de noviembre de 2014

El cepo que corta la libertad y la producción

Por Aldo Abram (*)

El 30 de octubre de 2011, hace 3 años, nacía el cepo al dólar. El 28 octubre de 2012, en esta misma columna y cerca de cumplir su primer año, publiqué la nota "Cepo a la libertad", donde advertía que, en los últimos 70 años, hubo más de 20 planes económicos con control de cambios y que todos terminaron mal o desastrosamente. También anticipé la evolución que se podía esperar del actual cepo, recorrido que lamentablemente se fue verificando en la realidad.
El Gobierno lleva años gastando en exceso y financiándose con el Banco Central, que, para obtener estos recursos, nos cobra un creciente impuesto inflacionario. Para ello, emite por encima de lo que la gente demanda; por lo que el precio del peso baja, achicando el metro con el cual valuamos todos los bienes y servicios de la economía, por eso los vemos subir. Es decir, nos saca un pedazo del poder adquisitivo de la moneda local que atesoramos y se lo transfiere al Gobierno.
Como también el dólar sube al devaluarse el peso y eso hace que todos los bienes que se pueden vender o comprar al exterior suban, en 2011 y ante las elecciones presidenciales, el Gobierno decidió moderar el alza del tipo de cambio. De esa forma, también reducía el incremento de los productos de la canasta básica, los del supermercado, que tienen gran impacto en el bolsillo del electorado.
Sucedió como cuando se pone un precio máximo a cualquier bien, se incentiva la demanda y se desalienta la oferta. Conclusión, llegamos a la góndola y está vacía. Claro que en el mercado cambiario no puede haber desabastecimiento; por lo que el que "repone" las divisas es el BCRA. Esto implicó perder US$ 5.800 millones de reservas en 2011, por lo que no era sustentable.
Una vez superados los comicios, la solución lógica era bajar el ritmo de crecimiento del gasto y exprimir menos al BCRA. Sin embargo, para seguir la "fiesta", el Gobierno reformó su Carta Orgánica y disminuyó los límites para saquearlo. Luego, instaló el cepo sacando del mercado cambiario oficial gran parte de la demanda de particulares y empresas.
¿Sirvió? No, sólo dos países perdieron reservas desde principios de 2012: la Argentina y Venezuela, los únicos con control de cambios. ¿Por qué? Como la naturaleza del cepo es evitar reconocer en el mercado oficial la verdadera devaluación del peso, este atraso volvió a transformarse en un tipo de cambio máximo, desincentivando la oferta y alentando la demanda de divisas.
La evolución de los precios de todos los productores de bienes, exportables o importables, depende de ese dólar oficial artificialmente bajo, mientras que sus costos sí suben con la inflación. Por eso, no nos debería extrañar esa asfixia creciente que nos sumió en la recesión desde finales de 2013.
Para colmo de males, la escasez de divisas que genera el control de cambios llevó al Gobierno a restringir las ventas para importar. Conclusión, más problemas para la producción y mayor pérdida de competitividad de los exportadores, que no pueden elegir los mejores y más baratos insumos para sus fábricas. Si le agregamos que el BCRA les paga un tercio menos de lo que vale el dólar que exportan, lo que se suma a la quita de las retenciones, queda claro por qué somos el país de América del Sur en el que más cayeron las ventas al exterior.
Para dar una idea del problema en el que nos encontramos, imaginemos que yo le digo que su banco le está prestando a alguien que no le va a devolver la plata y que, para ello, se fondea tomando deuda cara y vendiendo lo mejor de su patrimonio. ¿Ud. que haría? Pues bien, el BCRA le está prestando hoy, más del 60% de sus activos al Estado, que nunca le devolvió un sólo peso. Para ello, se financia colocando deuda remunerada por la que paga entre 25% y 28% y perdiendo reservas internacionales. La mala noticia es que si el BCRA quiebra, lo hacemos todos los argentinos.
La nueva estrategia del Gobierno apunta a tomar deuda en el exterior para fortalecer las reservas internacionales y sostener el cepo hasta el fin de su mandato. En el corto plazo, mejoran la liquidez y, por ende, la posibilidad de enfrentar con éxito una corrida cambiaria. El problema es que esa deuda hay que devolverla, por lo que no mejora la solvencia del BCRA, y le deja un problema al futuro gobierno.
¿Cómo se sale del cepo? Si su razón de ser es no reconocer la verdadera devaluación del peso en el valor del dólar oficial, entonces quiere decir que dicho tipo de cambio es ficticio; lo cual es evidente para todos los argentinos, menos para el Gobierno. Salir del cepo es abandonar el relato e ir a la realidad. Reconocer que un dólar vale más pesos, lo que implicará un duro golpe a los bolsillos de los argentinos, sobre todo los que más gastan en la canasta básica. Para minimizar el costo social y económico, es fundamental un manejo austero del gasto.
¿Se puede evitar salir del cepo? No. Significaría pensar que se puede eternizar la pérdida de reservas o el endeudamiento externo necesario para sostenerlo. Además, se mantendría en el tiempo el ahogo de los productores; por lo tanto, la recesión.
(*) Aldo Abram es Director Ejecutivo de Libertad y Progreso. Artículo publicado en La Nación el 9 de Noviembre de 2014