domingo, 9 de noviembre de 2014

El estrés presidencial

Por Jorge Raventos (*)
Una vez más, la señora de Kirchner ha sido llamada a boxes por sus médicos: la máquina presidencial necesita reposo, esta vez por culpa de una bacteria que ha perturbado un cuerpo vulnerable. El estrés se acentúa a medida que la carga del poder se combina con las crecientes dificultades para ejercerlo como antes y con la fatal aproximación de la fecha de vencimiento (ya se transita el último año), acompañada por los fantasmas del tiempo que vendrá.

Hace algunos años, un ministro saliente resumía candorosamente sus impresiones de fin de gobierno: “Uno comprende que la etapa es otra, que el poder se evaporó, cuando se ubica en el asiento habitual del auto y se da cuenta de que ya no hay nadie sentado en el lugar del chofer”. Hoy las sensaciones son quizás más amenazantes: pesadillas que incluyen fiscales y jueces revoloteando en distintos idiomas sobre documentos del pasado o escuchando confesiones de arrepentidos, una montaña rusa que se precipita al vacío, desiertos sin relatos que sólo albergan penas y olvidos. El desgaste del cuerpo y de la mente es perfectamente comprensible.

La salida provisoria de escena obliga a la Presidente a perderse la próxima reunión del G 20, un espacio en el que proyectaba ganar cámara agitando consignas sobre los fondos buitre. Ya había dado una primera puntada en ese sentido con la carta escasamente protocolar que le envió a su colega estadounidense Barack Obama, protestando porque una funcionaria de una organización de holdouts cumple funciones en un comité oficial de Washington.
La verdad es que un encuentro con Obama era ya improbable antes de la internación de la Presidente; su anunciada ausencia lo transforma en imposible y también le ahorra a ella un desaire.

La señora pensaba, quizás, que a base de presiones podía conseguir que el jefe de la Casa Blanca interviniera para moderar las exigencias de los fondos acreedores en la negociación que ocurriría después del primero de enero (ya lo confirma, así sea en media lengua, hasta Axel Kicillof).

La gestión hubiera sido poco conducente para ese objetivo. La autoridad de Obama ha quedado seriamente dañada tras las últimas elecciones de medio término en Estados Unidos: el presidente ha ingresado decididamente en la fase de pato rengo; su partido, que era minoría en la Cámara de Representantes, ha perdido también la mayoría en la de Senadores y Obama deberá afrontar sus dos últimos años con una libertad de movimientos muy acotada. Los republicanos difícilmente faciliten algún favor de Washington al kirchnerismo, suponiendo que Obama estuviera dispuesto a prestarlo.

Pese a que también ella se encuentra en condición de pato rengo, la señora de Kirchner aventaja a Obama al menos en un punto: ella mantiene aún su predominio parlamentario. La disciplina reina en los bloques oficialistas argentinos, aunque esta semana el presidente de los senadores oficialistas, Miguel Pichetto, levantara la voz contra aspectos del proyecto de ley que envía el Poder Ejecutivo y beneficia a las telefónicas.

Los límites de la Presidente están marcados, en todo caso, por la situación económica (estancamiento y alta inflación; déficit de dólares), social (inquietud por salarios depreciados, crecimiento de suspensiones y despidos) y de seguridad (alza del delito en general, del crimen violento en particular y de la presencia de redes de narcotráfico en especial).

Si a principios de año la gobernabilidad se veía complicada y hasta llegaba a dudarse que la Señora pudiera concluir su mandato, en el caso de que, dejando atrás el jarabe de pico, después de fin de año se decida a cerrar el pleito con losholdouts y consiga un reingreso plausible al financiamiento de los mercados, la transición se normalizará.
Esto implicaría que el gobierno K concluye en fecha y se inicia una etapa diferente. Todo depende de que el gobierno no insista en desafiar la ley de gravedad.

Gris de ausencia

La licencia médica de la Presidente dejó un vacío pavoroso en los medios: el protagonismo escénico de la señora de Kirchner, sus discursos y cadenas oficiales ocupan espacio permanentemente y suelen establecer ejes de discusión o de riña. El obligado silencio de ella permitió esta semana que la atención se desviara a sus posibles sucesores y obligó a los programas especializados a llenar sus espacios con políticos menores y candidatos improbables.

A un año de los comicios, los aspirantes que puntean en los estudios de opinión pública se concentran principalmente en no equivocarse, estudian a sus adversarios y lanzan mensajes cautelosos, guiados principalmente por lo que les dictan sus encuestadores.
Los principales postulantes de raíz peronista (Daniel Scioli y Sergio Massa) venían observando que, por los bordes, aprovechando sus desinteligencias y quizás con aliento de la Casa Rosada, la figura de Mauricio Macri ha ascendido en las encuestas y, paso a paso, puede terminar concentrando peligrosamente el voto no peronista frente a un electorado peronista partido en dos. Elisa Carrió y sectores importantes del radicalismo impulsan una convergencia de UNEN con el Pro, probablemente con una fórmula nacional compartida ( Macri-Sanz) y con acuerdos locales en distritos importantes (Capital y Córdoba, en principio).

De estas cuestiones venían conversando con discreción figuras influyentes (y contemporizadoras) del massismo y el sciolismo, pero los conciliábulos se vieron perturbados por la publicación de una foto del gobernador bonaerense en un partido de fútbol cinco en ocasión de las persistentes lluvias que golpearon la provincia. Algunos, en La Plata, interpretaron que la difusión de la foto había sido una operación maliciosa del massismo y empujaron a Scioli a reaccionar: sobrevino un cruce por los medios entre el gobernador y Massa, sobre las responsabilidades respectivas en las inundaciones. El choque los perjudicó a ambos y representó un nuevo rédito para Macri, quien tomó distancia de esas cinchadas y exhibió como un crédito a su propia gestión que las notables lluvias de esta semana no hubieran provocado daños significativos en la Ciudad de Buenos Aires.

En el truco de gallo que juegan los tres candidatos principales, cuando uno de ellos adquiere alguna ventaja, se producen acuerdos o treguas temporarias entre los dos restantes. Pero cada cual atiende su juego. Así son las reglas de esta transición al poskirchnerismo.
Más allá de licencias médicas y desdeñables peloteras políticas, la sociedad aguarda definiciones sobre los asuntos que nublan el futuro: ¿podrá Argentina retornar al financiamiento de los mercados y evitar que el estancamiento se agrave?, ¿se decidirá realmente el gobierno a negociar con los holdouts, así deba archivar su propio relato o deformarlo hasta lo inverosímil?

Tal vez la Presidente emplee su forzado descanso (entre el Otamendi y Olivos) en madurar las respuestas.

(*) Jorge Raventos. Periodista y analista político. Artículo publicado en Informador Público el 9 de Noviembre de 2014

Fuente: http://informadorpublico.com/2014/11/09/el-estres-presidencial/