lunes, 24 de noviembre de 2014

El salario en fuerte caída

Por Economía y Regiones (*)
"(...) En pocas palabras, a pesar de que el gasto (primario) se ha incrementado un 44% interanual en los primeros 9 meses, con una emisión monetaria para financiar al fisco en torno a los $100.000 millones y tasas de interés de referencia muy por debajo de la inflación, la economía se contrae a medida que las firmas reducen sucesivamente sus decisiones de inversión y su demanda de empleo. (...)"

 La semana pasada el Ministro de Economía Axel Kicillof desestimó las mediciones privadas de la inflación y sobre todo minimizó el impacto de la suba de precios sobre el bolsillo de los ciudadanos. Sin embargo, y a contramano de sus declaraciones, el Gobierno habilitaría a empresarios y gremios a negociar un plus salarial en diciembre. 
 
Más allá de las declaraciones del Ministro, el salario medio (CVS general) de la economía cerraría el año con un avance promedio del 34% a/a; muy por debajo de todos los otros índices de precios minoristas con mayor divulgación. En este sentido se puede mencionar que la inflación del Congreso habría alcanzado un 40% en promedio anual, los precios medidos por el Gobierno de la Ciudad (CABA) se habrían incrementado un 39% anual, la inflación medida por el centro de estadística de la provincia de San Luis ascendería a 41% y finalmente el dólar oficial se habría encarecido aproximadamente un 48%. 
 
En pocas palabras, el salario pierde poder adquisitivo tanto contra todas las mediciones de inflación (salvo INdEC) y contra el dólar.
 
Paralelamente a la caída del salario real, el consumo en particular y el nivel de actividad en general se contraen sucesivamente, de modo tal que el PBI arrojaría una merma del 3.2% para el promedio de este año. En efecto, se puede enumerar un conjunto de variables asociadas al gasto de las familias que en la actualidad presentarían un marcado retroceso: 
 
> El consumo de naftas exhibe una caída sostenida desde enero ’14, situándose en los niveles de principios de 2013. 
 
> Las ventas (reales) de supermercados se contraen desde principios de año y si bien se recuperan marginalmente a partir de mayo-junio, se encuentran un 1% por debajo del mismo mes del año pasado. 
 
> Las ventas minoristas volvieron a cerrar en baja en octubre al mostrar una merma de 5,3% en las cantidades vendidas frente al mismo mes del año pasado. Con ese resultado, en los 10 primeros meses del año las ventas acumulan una baja promedio de 7,5% anual, según señaló la CAME.
 
> El patentamiento de vehículos 0km se contrajo un 42% interanual en octubre con respecto al mismo período del año anterior. Según las cifras de la Asociación de Concesionarios (ACARA), acumularán además una caída del 27% interanual en los primeros diez meses del año. 
 
> Según la encuesta de confianza del consumidor de Universidad Di Tella, el indicador se contrajo un 15% en octubre respecto del mismo mes del año anterior, dejando entrever una expectativa negativa respecto de los ingresos futuros de las personas encuestadas. 
 
> Por último, los créditos al consumo se expanden a una tasa promedio del 30% anual durante los primeros diez meses del año; es decir, 10 puntos porcentuales menos que la inflación. En otros términos, los préstamos destinados al consumo -medidos en términos reales- también se reducen. Aún con la regulación de tasas. 
 
Ahora bien, cabe preguntarse si esta caída del consumo y del salario real es la explicación de la contracción del nivel de actividad. Desde nuestra óptica la respuesta es contundentemente negativa, ya que el problema de nivel de actividad no viene por el lado de la demanda agregada. En este sentido, es fundamental resaltar que el origen de la actual caída del nivel de actividad y del aumento de la inflación surge por una contracción de la oferta agregada; es decir no es un problema de demanda. 
 
Las inconsistencias de política que profundizaron los desequilibrios macroeconómicos impactaron negativamente en las expectativas y consecuentemente en los niveles de inversión acorralando la producción de nuestro sistema económico, lo que indujo a una caída de la oferta de bienes y servicios que provocó una aceleración de la inflación. La curva de oferta agregada se desplaza hacia la izquierda, contrayendo la producción y el nivel de ingreso al mismo tiempo que suben los precios, generando un proceso estanflacionario por oferta. 
 
Los menores niveles de producción arremeten contra el empleo: primero se acortan las horas trabajadas, luego se suspende personal y finalmente se comienza a despedir trabajadores. La tasa de desempleo sube (de 6.8% a 7.5%) y la tasa de empleo cae (de 42.9% a 41.3%); dos fenómenos que suceden en la Argentina de hoy. A menor empleo y mayor desempleo, la ley 
de oferta y demanda en el mercado laboral hace que las remuneraciones no pueden seguir el ritmo de la inflación; lo que comienza a jugar en contra del poder adquisitivo del salario. 
 
En pocas palabras, la caída del salario real es también una consecuencia de la contracción de la oferta agregada. 
 
Por último, esta caída del salario real con menos empleo impacta negativamente en el gasto de las familias reduciendo el consumo privado. Menos empleo y menos salario afectan negativamente al consumo que supo ser el gran motor del crecimiento de la última década. 
 
Peor aún, el gobierno agrava los problemas cuando intenta revertir la caída del consumo con políticas de incentivo a la demanda agregada, ya que termina generando más inflación, menor salario real y menor consumo. Justamente, en forma equivocada el gobierno nacional ha puesto en práctica una agresiva política de expansión del gasto público destinada a impulsar la demanda agregada para contrarrestar la caída del nivel de actividad. 
 
El gasto primario aumentó dos puntos del PBI, pasando de 29% en 2013 a 31% en 2014, mientras que el nivel de actividad se desmoronó casi 6 puntos porcentuales, de 2.7% (2013) a -3.2% (2014). Más específicamente, el gasto en subsidios sociales y económicos, que se utiliza para aumentar el ingreso disponible de las familias (abaratando los servicios básicos y brindando planes de asistencia social) se expandió un 55% a/a ($84.600 millones); mientras que el gasto en remuneraciones y en jubilaciones, que forman parte de la política de ingresos del gobierno, crecieron un 39% a/a ($39.000 millones) y un 35% ($96.000 millones) respectivamente. 
 
Estas tres partidas, que tienen como objetivo principal estimular el ingreso disponible y el gasto de la gente, representan el 54% del gasto primario (con coparticipación) y explicaron casi el 50% del aumento del gasto total. 
 
En síntesis, se genera un círculo vicioso a partir de las inconsistencias de política económica que desestimulan la inversión, la producción y la demanda de empleo, mientras que aceleran la inflación. Todo redunda en una caída del salario real y del consumo privado. 
 
Para amortiguar esto último, el gobierno lleva a cabo políticas de incentivo a la demanda que agravan los problemas al empeorar (nuevamente) las expectativas de los sectores productores.
 
Las políticas de incentivo a la demanda generan resultados opuestos a los buscados 
 
El plan económico que viene aplicando la actual administración se sustenta principalmente en intentar empujar el nivel de actividad a través de políticas de incentivo a la demanda, basadas en una política fiscal hiper-expansiva que ante la falta de recursos genuinos se financia con emisión monetaria del BCRA de manera que el gasto público vaya ganando participación relativa dentro de la estructura económica. 
 
Gran parte de las erogaciones del Estado se destinan a incrementar (directa e indirectamente) el ingreso disponible de las familias, para inducir un aumento del consumo privado. 
 
Implícitamente, se busca que las empresas reaccionen a esa mayor demanda, incrementen su gasto en capital (inversión), demanden más empleo e incrementen la oferta agregada. No obstante, si las firmas no convalidan ese comportamiento, el canal de transmisión de aumento del gasto e ingreso, se materializa solamente en un aumento de precios. Es decir, si la oferta agregada no responde ante el estímulo de la demanda, el círculo virtuoso se rompe y se genera presión sobre el nivel de precios. 
 
Peor aún, si las empresas restringen sus decisiones de inversión y dejan de demandar empleo, los ajustes salariales se moderan. Por ende, en un escenario de menor salario real y menos empleo, las familias -también- reaccionan (negativamente) moderando sus gastos. Todo redunda en un menor nivel de actividad y aumento de la inflación. 
 
Justamente esto es lo que está ocurriendo en nuestro sistema económico. Ya mencionamos que por más esfuerzos fiscales y políticas de incentivo a la demanda agregada, la economía local a traviesa una fase recesiva caracterizada por caída de la inversión, de la producción, reducción del empleo y aumento de la inflación; estanflación por contracción de oferta. 
 
En pocas palabras, a pesar de que el gasto (primario) se ha incrementado un 44% interanual en los primeros 9 meses, con una emisión monetaria para financiar al fisco en torno a los $100.000 millones y tasas de interés de referencia muy por debajo de la inflación, la economía se contrae a medida que las firmas reducen sucesivamente sus decisiones de inversión y su demanda de empleo. 

(*) Economía & Regiones. Consultora especializada en el desarrollo regional argentino. Artículo publicado en Urgente 24, el 22 de Noviembre de 2014