miércoles, 5 de noviembre de 2014

Peronismo heroico

Por Diana Ferraro (*)

Buena parte de la oposición continúa atacando al kirchnerismo como expresión del peronismo. Esa oposición se equivoca dos veces. La primera, al confundir al Frente para la Victoria con el peronismo, cuando explícitamente el FPV ha copado y paralizado durante los últimos diez años al PJ, instrumento hoy imposible de utilizar por el verdadero peronismo. La segunda, al negar la existencia de este peronismo como un factor de peso a tener en cuenta en los resultados electorales. La oposición se hace así cómplice inconsciente de ese kirchnerismo al que querrían desplazar del poder, reviviendo los viejos fantasmas antiperonistas, los mismos, ¡oh casualidad!, que excitó el kirchnerismo para predominar.
Existe un peronismo heroico, tan resistente como siempre y hoy tan excluido del registro de la atención pública como despojado de un instrumento electoral competitivo.
Ese peronismo tiene en cuenta toda su historia y no niega su historia de gobiernos más recientes. Primero, la del gobierno de Menem durante los años 90, cuando se modernizó la Argentina y se la volvió a poner a la cabeza de Latinoamérica y en alianza con los más gravitantes poderes del mundo, a través de la inserción en la OTAN y la participación en el G-20. Segundo, la fracasada experiencia de Duhalde al deshacer toda la exitosa experiencia anterior y entregar el país a los Kirchner. Todo dejó una enseñanza y hoy, ese peronismo resistente, atento a la necesidad de una macroeconomía de tipo liberal para asegurar la correcta inserción en el mercado global y renuente a reiterar las fracasadas experiencias estatista del duhaldismo y estatista y totalitaria del kirchnerismo, tiene muy claro su rol de liderazgo potencial de una economía moderna. El peronismo lo hizo en los 90 y lo va a impulsar y hacer también ahora, planteando las reformas de segunda generación como la federalización y descentralización total del país y actualización de lo que siempre ha sido y deberá continuar siendo la columna vertebral del peronismo, el movimiento sindical argentino.
Al sindicalismo argentino, que se acomodó medianamente a las reformas de los años 90 pero que no encontró el modo propio de inserción dentro de una economía de libre mercado, le corresponde hoy un rol muy importante en la reconstrucción de la economía argentina, arrasada por la desinversión, el estatismo creador de alta inflación y la asfixia del mercado.  Entre las múltiples tareas que deberán a quedar a su cargo se cuentan la educación y reeducación de las vastas masas hoy subsidiadas, sin educación ni trabajo, y la protección del trabajo y la salud de los trabajadores mediante asociaciones libres independientes del Estado y organizadas como empresas modernas de máxima eficiencia al servicio de los afiliados. Es tal la tarea que los sucesivos fracasos del duhaldismo y el kirchnerismo dejan por delante y tal la frustración colectiva frente al desmanejo del estado en perjuicio de los ciudadanos, que este peronismo de vanguardia comprende que una rápida recuperación en las condiciones de vida de ese 30% o más de población sin recursos, trabajo o educación, sólo puede ser lograda por esa misma población debidamente organizada en su nivel natural de primera inserción, el del trabajo, y el de su sindicato actual o potencial. Los sindicatos vistos como parte esencial de la actividad privada y como grandes igualadores sociales.
No es casual que este peronismo heroico que se resiste a ser confundido con un kirchnerismo con el cual no tiene nada que ver, sino los malos recuerdos del pasado con un Perón aún vivo que explícitamente condenó a aquellos que pretendían hacer de la Argentina un estado totalitario, estatista y socialista, tenga entre sus activistas más vitales a un importante dirigente sindical, Gerónimo “Momo” Venegas con su partido “Fe”, aliado a lo más tradicionalmente liberal y pujante de la economía argentina, el sector agrario, y también al Gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, antikircherista de la primera hora,  tan peronista de ley como liberal en la economía, e introductor de Domingo Cavallo en el peronismo, otra personalidad afín a este peronismo de la modernidad.
Muchos otros liderazgos dispersos adhieren a esta posición del peronismo, republicana y cristiana, y totalmente abierta a una economía de libre mercado, entendida como la única que puede generar la suficiente riqueza como para dar trabajo y atender las necesidades elementales de la gran mayoría de los argentinos, que son trabajadores o deberían estar trabajando. Según el peronismo, bueno es recordarlo, “sólo hay una clase de hombres, los que trabajan.” Donde, desde luego se incluye a aquellos que trabajan como empresarios y dueños del capital, o como en el caso de los bancos, administrando o alquilando capital.
Cualquier coalición antikirchnerista está destinada al fracaso si no tiene en cuenta a este importante sector del peronismo, no contenido ni por Scioli—que continua sometido al Frente para la Victoria y que mantiene cerrado el PJ al peronismo antikirchnerista—ni por Massa, cuyo salto oportunista fuera del kirchnerismo habla al igual que en el caso de Scioli de ambiciones personales más que políticas, y cuya adhesión a figuras del duhaldismo como Lavagna ponen en duda que haya entendido realmente lo que la Argentina precisa hoy como revolucionario cambio liberal.
El peronismo heroico, como continuador y superador de las reformas de los años 90, aquellas que modernizaron buena parte de la infraestructura del país y de la agroindustria, tiene clara su misión de restaurar el buen nombre y honor del peronismo y de hacerlo, una vez más, el agente de un cambio real a favor de la Argentina y los argentinos. La oposición tiene la obligación moral de reconocerlo y la necesidad práctica de contar con él como un aliado más. Ese que, a la hora de los votos, puede hacer toda la diferencia.

(*) Diana Ferraro es escritora, periodista y analista política. Artículo publicado en su blog personal el 4 de Noviembre de 2014.
Fuente: Comunicación personal de la autora.