miércoles, 3 de diciembre de 2014

Educación: ¿Y si hablamos más claro?

Por Edgardo Zablotsky (*)
Hace pocos días, una nota de Clarín reportaba que “aunque el tercer trimestre aún no terminó, las proyecciones indican que alrededor de 2.000.000 de estudiantes secundarios llegarán al último día de clases con alguna materia desaprobada”. Múltiples son las causas. Un chico con hambre no puede estudiar, nadie lo puede dudar. Una niña que jamás vio trabajar a su padre, ¿cómo puede entender el concepto de la cultura del esfuerzo? Un adolescente que escucha a su madre insultar a los profesores por aplazarlo, ¿qué mensaje puede recibir?  ¿Soluciones? Todos los días se proponen. Hoy, Finlandia es la tendencia e innumerables notas se escriben sobre su sistema educativo. Pero en la mayor parte de nuestro país no nieva, Argentina no es Finlandia. Si en cualquier actividad el bien o servicio generado es sistemáticamente defectuoso, lo primero que me preguntaría es si aquellos que lo producen están calificados para hacerlo o si es necesario corregir su formación. ¿Por qué no en este caso?
Esta columna ilustrará la importancia de los maestros, a través de un estudio llevado a cabo por la Bill & Melinda Gates Foundation y publicado en el Wall Street Journal (WSJ) el pasado 24 de octubre: el Equity Project Charter School. Una charter school recibe financiamiento público, pero funciona independientemente. Equity Project Charter School comenzó a funcionar en Nueva York en 2009 con el objetivo de poner en práctica la conclusión de un gran número de estudios: la calidad de los maestros es el factor escolar más importante en el éxito de los alumnos.
Con el objetivo de atraer docentes de alta calidad ofreció salarios de 125.000 U$$ anuales, casi el doble de lo que se cobraba en las escuelas públicas de la ciudad. El proyecto tuvo que hacer concesiones para no recurrir a ninguna otra fuente de financiamiento, a pesar de abonar mayores salarios; entre ellas, clases más grandes, mucho menos personal administrativo y aún que su director percibiese un salario inferior a los maestros.
¿El resultado? El WSJ reporta el éxito del programa. Luego de cuatro años, en comparación con estudiantes en una escuela pública cercana de similar composición étnica, nivel socioeconómico y resultados afines al inicio de la experiencia, las diferencias son contundentes: los niños cursando octavo grado en la escuela charter muestran en los exámenes de matemáticas una diferencia de un año y medio de conocimientos respecto del grupo de control, más de medio año en ciencia, y casi otro medio año en lengua. Los maestros importan y mucho. El estudio de la Gates Foundation es una nueva pieza de evidencia al respecto. ¿No es hora de hablar claro y comenzar por enfocarnos en algo que podemos mejorar, como lo es el proceso de formación docente? ¿O proponer el tema constituye otro de los tabúes que enfrenta la educación Argentina?
(*) Edgardo Zablotsky es vicerrector de la Universidad del CEMA. Artículo publicado en Clarín el 3 de Diciembre de 2014