martes, 2 de diciembre de 2014

Entre Puerto Madero y Comodoro Py

Por Jorge Raventos (*)
El jueves 27, mientras desde el despacho del juez federal Claudio Bonadio se ordenaba un procedimiento en la sede de la AFIP para obtener las declaraciones juradas de la presidenta Cristina Kirchner, del fallecido Néstor Kirchner y de sus hijos, Máximo y Florencia ( todo en el marco de la investigación judicial a la empresa familiar Hotesur),a pocas cuadras de los tribunales federales de Retiro, en la sede de la Universidad Católica Argentina, los principales candidatos a presidente ( sólo faltaba Daniel Scioli) asistían a un masivo encuentro del Foro de Convergencia Empresarial.
Ambas circunstancias -la orden del magistrado y la asamblea de empresarios, inaugurada por el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor José María Arancedo-, cada cual en su plano, constituyen líneas que demarcan el estrechado espacio por el que el gobierno deberá transitar los últimos meses de su mandato.
Empresarios se hacen oír
El Foro Empresarial es una iniciativa amplia que reúne a las principales organizaciones sectoriales, asociaciones y entidades afines. Desde un año atrás vienen elaborando un programa de coincidencias que no se basa en defensa de puntuales intereses corporativos (de eso se ocupa cada actividad en particular) sino en reglas generales de juego (políticas de estado) que favorezcan la inversión, el crecimiento, la competitividad y la creación de empleo genuino.
Los empresarios aspiran a que los principales candidatos se comprometan con esas reglas de juego. Y están convencidos de que eso ocurrirá, más allá de las formalidades. Pese a que Scioli no estuvo presente esta vez (sí había asistido a la reunión de IDEA en Mar del Plata), Miguel Blanco director general de Swiss Medical y coordinador del Foro aseguró que “estamos seguros de que va a haber un cambio en el próximo gobierno, incluso si triunfa el oficialismo”. Aunque probablemente la mayoría de los empresarios que asistieron a la reunión dela UCA preferirían que no fuera el oficialismo el victorioso en los comicios de octubre, todos saben que Scioli es un hombre de diálogo y pueden comprender que, para convertirse en cabeza de la oferta electoral de una fuerza política que desconfía de él, el gobernador necesita por ahora mostrarse esquivo. Si es candidato y además gana, la situación será distinta.Porque,además -como recordó Blanco- , “en el Congreso no va a haber grandes mayorías, y eso va a aumentar el debate”. Y la necesidad de acuerdos y compromisos.
El programa básico de los empresarios tiene que ver con la seguridad jurídica: “La Constitución Nacional reserva un ámbito propio para lo privado. Lo peor que puede pasar es que la discrecionalidad del poder se introduzca en ese ámbito”, puntualizó Jaime Campos, titular de la Asociación Empresaria Argentina, el club que reúne a las firmas y dirigentes de mayor peso. Es un límite al intervencionismo oficial, que el modelo kirchnerista ha instrumentado de modo intenso, caprichoso y (en términos de productividad y aliento a la inversión) completamente ineficaz. Juan Vaquer, directivo de Dupont y representante de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina lo puso en estos términos: “En un país con instituciones republicanas sólidas las empresas exitosas son aquellas que se caracterizan por el trabajo y la innovación. Son exitosos los que hacen las cosas bien. En cambio, en un país sin instituciones sólidas, con funcionarios discrecionales, los exitosos son los que están cerca del poder, los aventureros”.
En la semana que se inicia, la acción empresarial destinada a limita rel intervencionismo y la invasión de esferas se manifestará en la presentación conjunta ante la Justicia de las entidades que constituyen el llamado G6 (Bolsa de Comercio, Unión Industrial Argentina, Cámara de la Construcción, Sociedad Rural, Asociación de Bancos Privados nacionales y Cámara de Comercio) pidiendo se considere inconstitucional la reforma a la ley de Abastecimientos que hizo aprobar el gobierno.
El activismo del frente empresario es significativo. Pese a que sus dirigentes no ignoran que la Casa Rosada aún retiene instrumentos que le otorgan capacidad de daño, parecen convencidos de que es momento de participar orgánicamente en el debate nacional que prepara la etapa que ya comienza a abrirse. Ese activismo no debería interpretarse como agresividad u oposición, sino más bien como una vigorosa invitación a que también el gobierno actual se adapte a esa agenda y retome la hoja de ruta de la normalización que hizo suya por un momento y luego abandonó en nombre de la guerra contra los buitres.
Vienen por todo
Si el gobierno de la señora de Kirchner observa con aprensión los movimientos empresariales, ha evidenciado una extrema susceptibilidad ante la pesquisa que lleva adelante el juez federal Claudio Bonadio en relación con el manejo de hoteles propiedad de la familia presidencial que fueron administrados (y beneficiados) por el gran contratista santacruceño de obra pública Lázaro Báez. La propia Presidente reaccionó contra el magistrado, rubricando discursivamente una ofensiva antijudicial que incluyó al jefe de gabinete, a varios ministros y a otros lenguaraces.
La señora y su entorno se sienten más que nunca en guerra con la Justicia.
Que fiscales y jueces investiguen a las autoridades no debería sorprender a nadie; aunque en la Argentina esa práctica sea esporádica, en el mundo es un procedimiento regular.
En Brasil, sin ir más lejos, el gobierno de la recién reelecta Dilma Roussef está siendo golpeado por una causa que vincula negocios raros de la empresa semipública (mayoría accionaria estatal) Petrobras con el manejo de las alianzas políticas del oficialismo. Por otra causa famosa (la del llamado mensalao: una cuota clandestina para asegurarle al gobierno mayorías parlamentarias) han sido condenadas figuras de gran relieve político, como José Dirceu, ex ministro de la Casa Civil de la presidencia Lula y hombre fuerte del aparato del PT, sentenciado a más de diez años de prisión.
Un año atrás, el actual presidente (entonces premier) de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, tuvo que cambiar a diez ministros de su gobierno debido a un escándalo de corrupción investigado por un fiscal y repudiado en las calles de Estambul, Ankara y Esmirna por grandes manifestaciones populares. Como para evidenciar que tampoco las reacciones destempladas del poder son una singularidad argentina, Erdogan denunció entonces que la acción de la Justicia respondía a un complot contra su gobierno.
Ni Roussef ni las autoridades de España, también sacudidas por denuncias y requerimientos judiciales, respondieron con el estilo de los mandatarios de Turquía y Argentina. Tanto la brasilera como Mariano Rajoy, el presidente del gobierno español, comprometieron el apoyo a las investigaciones de la Justicia. Roussef había desarrollado su primer mandato apartando preventivamente a cada uno de los funcionarios que fueron señalados por sospechas de corrupción.
La irascibilidad de los funcionarios es una señal desventurada, muestra lo contrario de lo que pretende ostentar: no fuerza sino vulnerabilidad.
Es probable que la irritación obedezca no sólo a la índole del tema que se rastrea en tribunales, sino a que el mero hecho de que la indagación suceda es una señal de que el tiempo del poder se acaba y se desencadena el período desangelado de las rendiciones de cuentas.
A diferencia de otras investigaciones judiciales que observan diversas peripecias del gobierno, en esta se encuentra directamente bajo la lupa el icónico apellido Kirchner, no meras piezas del dispositivo (siempre secundarias, aunque lleguen hasta la vicepresidencia). Del "vamos por todo" al "vienen por todo" la diferencia no es únicamente el sujeto sino también la entonación.
Esto ocurre cuando amainó el viento de cola de la bonanza económica, cuando el ánimo público muestra signos de hastío (casi 7 de cada10 argentinos, según encuestas, quieren un cambio). Y, además, en una época histórica –la de la globalización- en la que los hechos locales son escrutados mundialmente y cuando la opacidad que en otros tiempos permitía la ilusión de santuarios remotos o inmunidades inexpugnables, cae derrotada ante la transparencia y el poder de las redes que todo lo pescan.
Hoy hay procedimientos judiciales de “discovery” como el que los holdouts pusieron en marcha en tribunales de Nevada y ya existen varios antecedentes de políticos y funcionarios de distintos puntos del mundo que atravesaron sobresaltos fuertes en sus patrimonios y en su libertad de movimientos.
En estos tiempos, como sugería Giulio Andreotti: “el poder desgasta… sobre todo a quien no lo tiene”.
Y –podría agregarse- a quien empieza a extraviarlo.
(*) Jorge Raventos. Periodista y analista político. Artículo publicado por Diana Ferraro en "Peronismo Libre" el 29 de Noviembre de 2014.