lunes, 15 de diciembre de 2014

Kicillof sigue cosechando fracasos

Por Roberto Cachanosky (*)
Tenemos un gobierno sin credibilidad con un Kicillof que sigue cosechando fracasos
En octubre el gasto corriente del sector público nacional (pago de sueldos, jubilaciones, intereses de la deuda, subsidios, etc.) aumentó el 41,3% con relación a octubre del año pasado. Si tomamos el gasto total, incluyendo lo que se denomina gastos de capital, el gasto total subió el 42,5% octubre de este año versus octubre del año pasado.
Si tomamos el acumulado de los primeros 10 meses del año, el gasto total (gastos corrientes + gastos de capital) creció el 43,6%, mientras que el déficit fiscal se ubica en el orden de los $ 172.000 millones.
Evidentemente la historia oficial de que hay que pagar impuestos para sostener el consumo interno vía el gasto público no funciona, porque mientras el gasto público y el déficit fiscal se disparan, la actividad económica cae como piano de piso once.
Con este ritmo de crecimiento del gasto, según la teoría del gobierno, la actividad económica debería estar volando, particularmente el consumo. Sin embargo, por más que el gobierno se empecine en negar la caída de la actividad, los problemas de ocupación son cada vez mayores.
Esta gente cree que cobrándole impuestos a determinados sectores de la sociedad y transfiriéndoselos a otros sectores hay un efecto mágico por el cual $ 100 que le quito a alguien vía impuestos se transforman en, por ejemplo, $ 120 de consumo. Mediante algún procedimiento mágico, o milagroso para los creyentes, tenemos que $ 100 se transforman en $ 120 solo por el hecho de pasar por las manos de los burócratas de turno. No existe tal cosa. Si le quito $ 100 a alguien vía impuestos ese alguien podrá consumir o ahorrar $ 100 menos. Esto quiere decir que contrae el nivel de actividad económica en algún otro sector de la economía y se expande la actividad en los sectores en los que el estado vuelca esos $ 100. Solo hay una reasignación de los recursos. El estado cambia la estructura de la demanda pero no modifica el nivel de demanda total. La gente puede seguir consumiendo los mismos $ 100.
Solo se produce un efecto de aumento en el nivel de actividad y en el corto plazo, cuando se aumenta el gasto público y se lo financia con ahorro externo. Cuando los japoneses, alemanes, norteamericanos o italianos nos prestan sus ahorros para consumir. Fue lo que ocurrió en los 90. El gasto público aumentaba y se financiaba con deuda que compraba el dentista de Chicago, el abogado de Milán, el ingeniero de Tokio y el médico de Berlín. A todos ellos los embocaron en diciembre del 2001 cuando el gobierno peronista decidió suspender el pago de la deuda pública. Luego el peronismo de Duhalde los siguió embocando con la devaluación y finalmente vino el kirchnerismo y los cocinó sin piedad.
Pero volviendo al tema del gasto y de la deuda, lo que busca el gobierno es volver al mercado voluntario de deuda para financiar el gasto público porque los recursos tributarios no le alcanzan para financiar el gasto público que se les dispara. Es decir, hacer lo mismo que se hacía en los 90. Financiar el gasto con deuda externa. Sin embargo, luego del estruendoso fracaso del canje de deuda del viernes pasado, dudo que consigan muchos dólares extras. No veo que el mercado tenga muchas ganas de comer bonos argentinos.
Las otras opciones que tiene son continuar emitiendo moneda y descontrolar la inflación más de lo que ya está descontrolada o bien seguir colocando deuda interna vía el BCRA. Lo que hace el gobierno es emitir para financiar el gasto y luego retirar parte de esos pesos emitidos colocando LEBACS,  NOBACS y pases. Claro que al colocar deuda en pesos, frena la economía y eso es lo que quiere evitar. Quiere seguir con la fiesta de consumo vía el gasto público y lo único que les queda es colocar recurrir a los ahorristas externos.
Es que el problema es bastante complejo pero voy a tratar de expresarlo lo más fácil posible. El gobierno subió el gasto público y tiene déficit fiscal. Ese déficit fiscal lo financia con emisión monetaria la cual genera inflación. Al dejar quieto el tipo de cambio oficial cae el tipo de cambio real, es decir Argentina es cada vez más cara en dólares y, por lo tanto, puede exportar cada vez menos. Al exportar menos, hay menos dólares disponibles para financiar el pago de importaciones, como efectivamente está ocurriendo. Esto hace que falten insumos para producir. Al faltar insumos la actividad se paraliza y las empresas suspenden turnos de trabajo, horas extras y en un punto empiezan a despedir personal como está ocurriendo actualmente. Esto hace caer el consumo y la baja del tipo de cambio real las exportaciones. La economía termina paralizada porque tampoco hay inversiones.
El fenomenal fracaso del viernes con el canje del BODEN 2015, en que casi nadie quiso cobrar por anticipado ni canjear sus bonos por el 2024 y solo lograron captar U$S 286 millones frescos, muestra que esa puerta también la tienen cerrada. Tenemos un gobierno sin credibilidad con un Kicillof que sigue cosechando fracasos.
Los que dicen que saben, dicen que el gobierno no va a negociar con los llamados fondos buitres. Veremos. A esta altura ese dato es irrelevante porque ya estamos en default financiero, comercial y en desacato.
Lo relevante es que con el fracaso del viernes en el canje de deuda y colocación de nuevos bonos, no son muchas las opciones para sostener este disparatado nivel de gasto público. Esto quiere decir que vamos a un desborde inflacionario o a una bruta recesión con fuertes problemas sociales por desocupación.
(*) Roberto Cachanosky. Economista (UCA, 1980). Asesor económico y Director de "Economía para todos". Artículo publicado el 14 de Diciembre en la Edición Nº 553