martes, 9 de diciembre de 2014

La redención del peronismo

Por Diana Ferraro (*)

Ya en declaradas y plenas campañas electorales, al muy denostado peronismo le cuesta presentarse como tal. Su identidad real no termina de emerger y es hoy confundida aviesamente con la del Frente para la Victoria, esa formación social demócrata estatista y totalitaria compuesta por antiguos peronistas ortodoxos, montoneros y una muchedumbre de oportunistas de toda laya, sin contar con una juventud inocente y desinformada que cree sinceramente que este engendro que ha destruido la Nación y hace cada día más infeliz a su pueblo, es peronismo.

¿Qué sería el peronismo real hoy? Ya no un movimiento informe, sino un partido nacional organizado y democrático con adecuadas organizaciones filo-partidarias de estudio y solución de los problemas nacionales, provinciales y municipales. Un partido republicano, finalmente institucionalizado (como ya en 1973 querían Perón y sus más leales seguidores), donde la doctrina no estuviese en discusión y donde se progresase para usar los mejores instrumentos disponibles para aplicar esa doctrina. Una doctrina humanista, cristiana, fundamentalmente pro-trabajadores, e incluyendo como trabajadores a los empresarios y emprendedores en tanto creadores de prosperidad en la era moderna. Una doctrina que sólo aspira a lograr la mayor grandeza posible de la Nación y la mayor felicidad posible para los argentinos.

Por eso, el peronismo real sería exactamente lo opuesto del actual “kirchnerismo” en tanto defendería muy específicamente todo aquello que permitiese un desarrollo genuino de la Nación, abriéndola al comercio y al mercado, incentivando la inversión y facilitando la producción y el comercio, interior y exterior y promoviendo un genuino progreso de su pueblo, a través de su educación y su trabajo, y la generación de mejores condiciones de vida. Si el “kirchnerismo” es estatista, el peronismo real sería “liberal”. Como en la época de Menem-Cavallo, menos la corrupción y más las reformas de segunda generación que nunca se hicieron, principalmente por la salida de Cavallo del gobierno.

¡Es tan fácil para los gorilas de toda la vida, aquellos que siempre odiaron al peronismo, o por radicales o por conservadores liberales celosos de sus privilegios asaltados por la mayoría pobre y de color, atacar hoy al “kirchnerismo” no como tal sino como si expresase una encarnación genuina y legítima del peronismo! ¡De un peronismo que los odia, y no de un peronismo real que es igual a los radicales en su republicanismo y a los liberales en el uso del mejor instrumental económico disponible! Y así se mueven, gorilas y “kirchneristas” como los dos polos complementarios de un mismo imán. ¡No sabrían qué hacer el uno sin el otro! ¡Se dan cuerda mutuamente! Y en el medio, como siempre, el peronismo real. Ese que a ambos grupos les conviene que desaparezca.

Pero el peronismo real también carga con una culpa: la de la falta de energía, de capacidad sostenida de lucha, de asunción valiente de las nuevas condiciones del siglo XXI, de explicación frontal al pueblo acerca no ya de cómo son las cosas, sino de cómo se solucionan. El peronismo real también carga con la culpa de la cobardía y el oportunismo: la de Menem aliándose con el “kirchnerismo” para salvar su pellejo; la de Scioli no plantándose a tiempo; la de Massa rompiendo con un “kirchnerismo” al que adhirió sin problemas por una larga década sólo para ser ahora un mejor socialdemócrata junto a Lavagna y Duhalde; la de una larguísima lista de diputados y senadores que están donde están gracias al pueblo peronista y al cual le han dado la espalda sin la menor vergüenza.

Y están los otros, los que han hecho el esfuerzo de permanecer inalterablemente apartados del “kirchnerismo” y fieles a las mejores ideas del peronismo, como muchos sindicalistas, entre ellos Jerónimo Venegas, gobernadores, como José Manuel de la Sota, y muchos otros que no ocupan demasiado espacio en las primeras planas ni en los programas de televisión, y que sin embargo son la reserva más legítima y real de un peronismo que, a pesar de todo, continua vigente y vital en la memoria y la voluntad de muchos.

No hay mucho más para decir. Sólo que ese espacio vacío que la ciudadanía desesperanzada percibe en el horizonte político—ningún líder realmente creíble y coherente con ganas, chances y equipo para liderar y administrar bien el país—se corresponde con el espacio que el peronismo real no ha podido ocupar en los últimos trece años. Porque le robaron el partido, porque la justicia apañó el robo, porque los dirigentes posibles perdieron entonces su espacio de pertenencia donde competir y presentar sus propuestas, porque la Argentina es así, un país con demasiados ladrones y con mucha buena gente sometida y callada que sufre y no sabe ni cómo ni dónde reaccionar. Los peronistas reales están entre esta buena gente. ¿Harán algo más?
No sabemos. Ojalá que sí.
Y si no hacen, que Macri tome la posta de lo que el peronismo se dejó quitar.
(*) Diana Ferraro. Escritora, periodista y analista política. Artículo publicado en "Peronismo Libre" (link) el 7 de Diciembre de 2014.
Fuente: Comunicación personal de la autora.