domingo, 15 de febrero de 2015

Catalizador

Por Julio Bárbaro (*)

Dícese de la sustancia que acelera o retrasa una reacción química sin participar de ella. Algo de eso se me ocurre que está pasando. Un vendaval que desnuda a los actores.
Quien intente leer la Carta Abierta nueva, la última, quedará con la sensación de que o ese pensamiento es demasiado sofisticado para un neófito o estamos frente a una manga de vivos que para defender unos carguitos son capaces de tirarnos con la biblioteca por la cabeza.
¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón! No digo haberla leído; son como los discursos presidenciales, me irritan más allá de su mismo contenido. El presente desnuda al pasado.
Si estos muchachos -hoy ya grandes- son los herederos de la revolución de los setenta, queda claro que la historia se repitió dos veces: la primera como tragedia y la segunda, ahora, como una comedia que no llega a trágica pero se estaciona en el espacio de lo patético. 

Ellos, los que gobiernan, disfrutan del poder y su infinita gama de caricias, y nosotros -los disidentes- vendríamos a ocupar el espacio de la derecha, el fascismo, las corporaciones y el mal.
El kirchnerismo es un sistema perverso basado en la idea de que todo se puede comprar, y en la mesa de saldos de la política nacional los restos de la izquierda eran baratos y agresivos; además no pedían coherencia ideológica, no sabían ni de qué se trataba.
Querían enfrentar al imperialismo y lo mandaron al canciller a romper un avión, como los chicos que rompen el juguete al compañerito que más envidian. Les pareció progre China, Rusia, Venezuela y Cuba.
Desde ya que no era por el socialismo, que ninguno de esos pretende, sino por el hecho de que la izquierda tiene un bagaje de argumentos para cuestionar a la democracia y la libertad que permite el desarrollo de las burocracias eternas. Una burocracia estalinista bien consolidada implica un retorno a la monarquía hereditaria, donde los gobernadores ocuparían el lugar de los señores feudales.
El resultado es el atraso de Formosa, el Chaco o Tucumán explicado por los intelectuales a sueldo que supimos conseguir. También el juego potenciado, la obra pública para los asociados al proyecto y luego algún desprejuiciado que le diga a la Presidenta que ella es Bachelet y Macri puede ser Piñera. Y que el oficialismo será mañana el gran partido opositor. 
Para estar solo en la cima del poder hay que ser sabio como el Papa Francisco o humilde como tantos otros que saben escuchar. La Presidenta está demasiado distante de la sabiduría y ni siquiera imagina de qué se trata eso de la humildad.
Cuando votaban el arreglo con Irán a nadie se le ocurrió el acto digno de negarse a votar, o recordar que sus orígenes los obligaban a tomar distancia del hecho. Ni un senador o diputado se animó a plantear sus dudas, luego de años de cambiar obsecuencia por prebendas; no era el caso de que se terminaran los beneficios.
En ese momento esa mezcla de peronismo residual con izquierdismo deformado demostró que se le había terminado el tiempo, que ya eran parte del pasado. La dictadura y su conducta genocida habían enterrado a nuestra derecha más cerril.
Con Menem se suicidó un sector del liberalismo de mercado que imaginaba, como los anarquistas, que sin Estado todo se volvería floreciente. Y ahora, con la disolución del kirchnerismo, habrá dos muertes necesarias: la del peronismo folclórico carente de ideas y la del resentimiento de izquierda que imagina que, con un par de odios y gritando “abajo el imperialismo,” son dueños de una causa que justifica sus existencias. 

Vivimos ya más de dos décadas de retroceso en todos los órdenes de la vida de la sociedad. Hay una lacra política, basada en el peronismo pero con ramificaciones en demasiados sectores, que vive de parasitar los gobiernos, de corromper su poder. El kirchnerismo llegó a la demencia de explicar la corrupción por la revolución.
No estaban robando, estaban haciendo la revolución. Primero Kirchner enfrentó al cardenal Bergoglio y mandó al oscuro Verbitsky a denostarlo; luego fueron por los medios, Clarín fue la excusa; luego por la Justicia: entre Zaffaroni y los de Justicia legítima tenemos la conjugación de lo nefasto; y ahora, ya se enfrentan a sus propios custodios.
Desde la absurda idea de un antiimperialismo de universitarios al enfrentamiento con los productores agropecuarios, desde donde se los mire, estos señores expresan lo peor.
Nadie se anima a decir a la Presidenta que sus desmesuras están más cerca de la vergüenza nacional que de la autoridad política que pretende imponer. Ese miedo al personaje y la misma debilidad de sus actos hacen del oficialismo actual un fenómeno pasajero y que sólo nos deja tristes recuerdos.
Cristina no quiere a nadie, ni siquiera a los que pueden heredarla. Scioli logra el milagro de opinar que quiere ser su heredero y no se le parece en nada, esencialmente en los odios y los resentimientos que son lo esencial en la Presidenta. Forster, que se pretende pensador, llegó a decir que Scioli no los representa. ¡Qué talento!  ¿Para eso hay que estudiar filosofía?
El kirchnerismo terminó siendo una secta que conserva los votos de otro partido, aquél que nos mostraba a Boudou. La secta, como todas, es minoritaria y asusta sólo porque ocupa el infinito espacio del poder.
Nuestro Estado es hoy tan desmesurado que pareciera que, fuera de él, no hay vida. Eso le pasa a la oposición. Con los votos de ayer nos quieren dejar leyes que los protejan, parecido a la dictadura que tanto odian. La democracia que viene será en serio si destruye la Ley de Medios y recupera el sentido de libertad en todos los espacios, en especial en la Justicia.
El kirchnerismo intentó ser fundacional, una pretensión exagerada y sin ideas que la sostengan. Su mayor aporte será si alguno de sus conspicuos miembros termina preso. Eso sería lo mejor que dejarían para nuestra lastimada democracia. Lo demás, habrá que revertirlo; fue sólo corrupción y autoritarismo. Nada queda para rescatar y es tiempo de asumirlo. 
(*) Julio Bárbaro. Periodista, ensayista y analista político. Ex-Diputado Nacional. Artículo publicado por Los Andes el 15 de Febrero de 2015