lunes, 2 de febrero de 2015

El problema institucional supera al económico

Por Nicolás Cachanosky (*)
Si bien pueden darse crisis económicas de origen económica, la de Argentina es una crisis económica originada por problemas institucionales
La economía Argentina se encuentra en una seria crisis. Posiblemente una de las más severas de su historia. El 2014 cerró con una inflación que roza el 40%, 10 puntos superior a la del 2013. Los indicadores de actividad económicas más importante hace meses que vienen mostrando valores negativos, es decir, menor actividad económica. El BCRA se encuentra con serio problemas de reservas que sólo puede maquillar contablemente, sumado a un Patrimonio Neto que bien puede ser considerado negativo y con 2/3 de sus activos invertidos en deuda al Tesoro Nacional. Un Tesoro Nacional que posiblemente cierre el 2014 con un déficit fiscal en torno al 6.5% del PBI (con estimaciones privadas de producto). La infraestructura del país se encuentra “atada con alambres.” Argentina sigue en default y a medida que pasan los días se confirma que el argumento de la RUFO era una excusa para no saldar las deudas pendientes y no una verdadera causa. El listado de problemas podría seguir. Estos son todos síntomas de una economía que ya se encuentra en crisis. A las crisis económicas no se llega sólo con “explosiones económicas” como fue la del 2001, puede ser el resultado de un largo y manso recorrido hasta la misma.
Pero nada de esto ya parece importar luego de la muerte de Nisman. Nada desnuda más la importancia de las instituciones que en repetidas ocasiones se ha mencionado en distintas columnas. Si bien pueden darse crisis económicas de origen económica, la de Argentina es una crisis económica originada por problemas institucionales. El deterioro institucional ha llegado al punto tal de encontrar una muerte con demasiadas dudas a su alrededor de un fiscal federal con una de las causas más importantes, sino la más importante del país. En otros países esto hubiese producido la caída de varios ministros, sino del gobierno entero, sin tener que llegar a las contradicciones, casi papelones, de los que ha participado la Presidente con sus cartas en Facebook y el bloque peronista tanto el lunes como con la lectura del comunicado pocos días después.
¿Cómo se llegó a una situación donde lo que sucedió con Nisman es de hecho posible? ¿Acaso el Kirchnerismo no dio acabadas muestras de deterioro institucional desde su inicios?
¿Cómo es posible que de hecho suceda? ¿Era algo así factible diez años atrás?
¿Cómo es posible que las instituciones no reaccionen fuertemente ante este escenario?
Es que en Argentina ya parece no haber instituciones, sino personas con más o menos poder. La oposición, por su lado, está más preocupada por no aparecer y dejar sólo al gobierno frente a este tema que mostrar un frente común que de algo de certeza a futuro. Ciertamente la oposición no puede inmiscuirse en la investigación, pero asumiendo que el Kirchnerimo deja le poder en diciembre del 2015, ¿qué futuro le depara al país? ¿Cómo es la nueva Argentina post-K? No hay ningún indicio claro proveniente ni siquiera de los presidenciables. Frases hechas como “continuar con lo bueno y cambiar lo malo” están totalmente vacías de contenido. En los 80 Alfonsín hacía referencia a que con la democracia se come, educa, etc., y el país con un cuadro hiperinflacionario, problemas de deuda y una economía cerrada. Hablar de “esperanza, fuerza, y convicción” como si fuese una frase mágica es, básicamente, lo mismo.
En países con instituciones republicanas más sólidas, no hacen falta casos como los de la muerte de Nisman para enviar fuerte señales a la dirigencia política de que deben corregir sus acciones. Escándalos sexuales, de evasión impositiva, algún que otro acto de corrupción pueden dar por terminada carreras políticas. ¿Acaso una aventura con alguna amante, o la evasión de algún que otro millón de dólares, o un acuerdo con algún empresario amigo del poder es tan dañino para la economía en su conjunto? La respuesta es no. Las aventuras románticas de un presidente nula influencia pueden tener en sus decisiones como jefe de estado.
Estos casos, sin embargo, juegan el rol de ser luces rojas sobre problemas que sí son más serios pero inobservables al menos hasta que es demasiado tarde. Los altos cargos políticos son proclives a ser ocupados por personas sin empatía hacia terceros. Estas personalidades ven a terceros como medios para alcanzar sus propios fines. ¿No suena acaso familiar a la política Argentina, donde cambiar de bando y la Borocotización, por ejemplo, es casi una norma? Si el Presidente, por ejemplo, es descubierto con una amante con las implicancias que eso implica para su pareja y familia, que empatía le espera al resto de la población. El riesgo puede ser muy grande. Quizás esta persona no tiene problema en someter a su población a faltantes de medicamentos, alimentos, pobreza, etc. Quizás esta persona no tiene problema en utilizar la fuerza del estado para hacer desaparecer personas o que las mismas sean encontradas sin vida. Quizás para cuando este perfil es obvio ya es demasiado tarde.
Las manifestaciones en la calle (algunas con alcance internacional) que la sociedad Argentina ha mostrado en los últimos años no es sólo una muestra del rechazo a un partido político que hace uso y abuso del poder del estado, es también un síntoma de una falta de dirigencia política que canalice este rechazo. El rol de la democracia y la república y es que no sea la gente la que tenga que deponer al poder cuando este se le vuelve en contra, sino que sean los resortes institucionales los que pongan límites al uso del poder del estado y se utilicen las herramientas institucionales para dar por finalizada una administración cuando la misma no cumple con sus obligaciones.
(*) Nicolás Cachanosky. Assistant Professor Department of Economics, School of Business, Metropolitan State University of Denver. Artículo publicado en "Economía para todos" el 26 de Enero de 2015