viernes, 6 de febrero de 2015

Las críticas a “El Capital en el siglo 21″ de Thomas Piketty

Por Nicolás Cachanosky (*)
La publicación en inglés del libro “El Capital en el Siglo 21” del economista francés Thomas Piketty ha generado un intenso y a veces hasta acalorado debate en Estados Unidos. Su publicación en español por el Fondo de Cultura Económica (FCE) puede generar un impacto similar en los países de habla hispana. El libro de Piketty trata directamente sobre cuestiones de distribución del ingreso, siendo un tema de debate político y social en Latino América es de esperar que el libro tenga cierto impacto.

Tantas opiniones se han vertido sobre el libro Piketty que no puedo dejar de mencionar que no reclamo originalidad en los puntos que discuto a continuación. De hecho, en lo que sigue me baso fundamentalmente en los trabajos de Dierdre McCloskey, Xavier Sala-i-Martin, Philip Magness, Robert Murphy, Juan Ramón Rallo, David Henderson, y Chris Giles cuya lectura es recomendable.


Resumen de la tesis del libro
Muy resumidamente, el argumento de Piketty es que la dinámica del capitalismo lleva progresivamente a una mayor participación en el ingreso del capital respecto al trabajo. Esto se ha encapsulado en la ya famosa expresión “r > g”, donde r es la renta del capital yg es la tasa de crecimiento del PBI. Si esto es así, dado que el PBI es también el ingreso de los factores trabajo (L) y capital (K), entones debe ser el caso que la participación del ingreso del capital crece a expensas del trabajo. Esto llevaría con el tiempo a serios problemas sociales (más asumidos que explicados) siendo un problema interno a la lógica o dinámica del capitalismo.

El crecimiento del capital lleva a grandes fortunas que son trasladadas por los magnates a sus descendientes en forma de herencia llevando a grandes dinastías de riqueza creciente que se pasa de generación en generación.

El libro de Piketty incluye un extenso y titánico trabajo empírico mostrando que la tesis del libro se sostiene. Si bien el libro no se basa directamente en la tesis de Karl Marx, la visión marxista se deja entrever de la lectura del libro que, por cierto, tiene un título cuya clara alusión a “El Capital” de Marx y Engels no pasa desapercibido.

La reacción del libro de Piketty ha sido extensa, y no faltan defensores y críticos que no han leído su obra, o no lo han hecho con atención. El Capital en el Sigo 21 requiere al menos dos tipos de cuidadosas evaluaciones. En primer lugar si el análisis teórico es consistente independientemente de si las series utilizadas son confiables, en segundo lugar, si los datos empíricos utilizados para sostener su tesis son consistentes.

A continuación resumo lo que considero son algunos problemas centrales primero en el marco teórico, luego en el análisis empírico, y finalmente sobre cuestiones normativas de políticas públicas. El argumento de Piketty, que a simple vista parece tan sencillo en su presentación, adolece de ciertos problemas que no pueden ignorarse.

El marco teórico y conceptual
Hay cinco puntos importantes a resaltar desde un punto de vista más teórico. El argumento de Piketty se fundamenta una serie de datos como el ratio de capital/PBI que, salvo durante la Gran Depresión y las Guerras Mundiales, tendría una tendencia ascendente. Esto mostraría que el ritmo de acumulación de capital es mayor al del crecimiento del PBI, es decir r > g.

Lo primero a resaltar, como señala Sala-i-Martin, es que para Piketty capital es sinónimo de riqueza y por lo tanto su cálculo incluye el valor de inmuebles residenciales en la serie de capital. Si bien la adquisición de residencias suele considerarse como inversión en las cuentas nacionales, los inmuebles residenciales no son bienes de capital productivo. A partir de 1950 el valor de los inmuebles residenciales comienza aumentar (mientras que el de la tierra continúa su larga tendencia decreciente). Este crecimiento se acentúa a partir de 1990.

De acuerdo a Bonet, Bono, Chapelle, y Wasmer, si se recalcula estas series reemplazando el valor de las residencias por el valor de las rentas, el ratio capital/PBI se mantiene virtualmente estable. Es decir, la afirmación de que el período entre guerras es una excepción a la tendencia de largo plazo del capitalismo no se sostiene. Por el contrario, es un efecto estadístico al incluir el valor de inmuebles residenciales que no deja de ser un gran beneficio para el factor trabajo. Como se pregunta Sala-i-Martin, ¿se puede afirmar, acaso, que los más ricos construyen su fortuna en base a alquilar mansiones?

Así como Piketty incluye bienes residenciales, como bien señala McCloskey, no incluye capital humano que sí es productivo y que afecta no solo a capitalistas, sino también a todo empleado que se capacita en su trabajo, ya sea con estudios formales o a través de la experiencia. El capital humano es uno de los más importantes de fines del siglo XX y principios del siglo XXI, período al que hace alusión el título del libro. La educación, es decir invertir en capital humano, es a la vez una de las soluciones propuestas por Piketty.

No obstante, la posibilidad de invertir en acciones y bonos, ya sea a través de fondos de retiro y pensión o personalmente a través de un bróker o banco hace de todos capitalistas en mayor o menor medida. El mundo se ha vuelto más capitalista en el sentido que cada vez más gente tiene acceso a inversiones de capital. Tanto el pobre como el rico pueden invertir en acciones a través de diversos instrumentos financieros. La dicotomía entre capital y trabajo es cada vez menos excluyente, haciendo de la tensión con la que se presenta al capital versus el trabajo un planteamiento que se acerca cada vez más al error y menos a una mera simplificación.

En segundo lugar, ignoremos por un momento el problema anterior. Piketty muestra el crecimiento de la riqueza en el reporte de los millonarios de la revista Forbes entre 1987 y el 2013. La riqueza de este selecto grupo ha crecido a un ritmo equivalente anual del 6.4%. Sin embargo, los nombres que figuran entre los más ricos de los ricos en el reporte de Forbes cambian constantemente. Ninguno de los nombres que figuraba en el 1915 (Ford, Rockefeller, J. P. Morgan, Schwab, etc.) figura en el listado de 2000 (Gates, Buffet, Dell, Murdoch, etc.) Si Piketty estuviese en lo cierto, la riqueza no sólo tiene que aumentar, sino que los mismos nombres deben mantenerse a lo largo de los años. ¿Por qué esto no sucede?

Dos motivos, en lo que respecta al libro. En primer lugar, Piketty parece estar asumiendo que cada rico tiene un solo descendiente y que no se consume su riqueza ni la dona a actividades filantrópicas. En la medida que cada rico tenga más de un descendiente, y que a su vez cada descendiente tenga dos descendientes, la evolución geométrica de esta dinastía hace difícil sostener la tesis de Piketty. 

En segundo lugar, a diferencia de lo que Piketty parece asumir, el valor de los activos que conforman la riqueza no dependen de su acumulación histórica, dependen del valor presente de los flujos futuros que se espera pueda producir. Innovaciones tecnológicas que vuelven obsoletos ciertos vienes hacen caer su valor, y por lo tanto la riqueza, de la noche a la mañana independientemente de por cuántos años hayan sido acumulados. Así como hay movilidad social en niveles bajos y medios de ingresos, también lo hay en los niveles altos de ingresos. 

Es oportuno recordar que son aquellos países con economías libres donde se da una mayor movilidad social, no los países socialistas altamente regulados. A modo de ejemplo, es en países como Estados Unidos donde quienes no terminan sus estudios universitarios pueden volverse multimillonarios, no en países como Cuba. A diferencia de lo que Piketty parece sostenter, el capital no se una masa homogénea que se reproduce de manera automática. Es el rol del empresario y del cálculo económico lo que a través de inversiones bien hechas incrementan el valor. El “empresario” y el “cálculo económico” son dos conceptos ausentes en la obra de Piketty.

En tercer lugar, la lectura que ofrece Piketty adolece aún de otro problema. Como también señala Sala-i-Martin, que r sea mayor a g sugiere un nivel de ahorros menor al de equilibrio. Por eso el próximo dólar invertido ofrece una tasa de rendimiento mayor al del PBI. Por el contrario, si r es menor a la tasa de crecimiento del PBI lo que hay es un exceso de ahorro. El problema es que esto es independiente de se esté en una economía totalmente libre o con una planificación centralizada absoluta. La relación r > g no es más una crítica al libre merado que lo es al comunismo. De hecho, como Piketty mismo asume, eventualmente r debe igualarse con g. Si por alguna cuestión consideramos que r ha sido mayor a g por demasiado tiempo, eso se debe a que los avances tecnológicos a lo largo del tiempo brindan nuevas oportunidades de inversión al ahorro marginal, no a una explotación capitalista o a un proceso de acumulación de riqueza que debe ser eliminado.

En cuarto lugar, la tesis de Piketty, se contradice con otros estudios como el de Andrew T. Young y Robert Lawson. Estos economistas estudian la participación del trabajo y el capital en el ingreso nacional según el tipo de economía para una amplia muestra de países. Lo que encuentran es que a mayor libertad económica, mayor participación del trabajo sobre el PBI, no menos. Es decir, si lo que se desea es combatir la participación relativa del capital, es más capitalismo, no menos, lo que hace falta.

Por último, parte de la acumulación de la riqueza Piketty la asigna a los súper-salarios de altos gerentes y directivos, sobre los que la sociedad no puede poner freno. Aparentemente los accionistas, quienes son los dueños de las empresas, nada pueden hacer para controlar el salario que pagan a sus empleados. Dejando de lado que este argumento no es muy convincente, lo que Piketty está mostrando es un aumento en los salarios, no en la renta del capital. Esto quiere decir que el problema no es de capital versus trabajo, sino de distintos salarios para distintos tipos de trabajo.

La evidencia empírica
Si bien cuestiones conceptuales y teóricas como las arriba descriptas no tardaron en aparecer, serios cuestionamientos al trabajo empírico tampoco se hacen esperar. A las columnas de Chris Giles en el blog The Walll Street Journal siguió el trabajo del historiador Phil Magness.

La cuestión es la siguiente. Dado que para el análisis que hace Piketty no existen series homogéneas, es inevitable tener que trabajar con diversas fuentes y realizar supuestos para empalmar las distintas fuentes. Esto no es cuestionable. Lo que se ha cuestionado son los problemas que se encontraron en los supuestos realizados por Piketty y los empalmes realizados. El trabajo empírico es muy extenso, por lo que sólo resumiré dos de los casos estudiados por Giles, Magness y Murphy.

Para el caso de Estados Unidos se muestra una serie histórica con la participación en la riqueza del 1% más rico desde inicios del siglo XX. Según la tesis del libro, esta serie debe mostrar una forma de U. La participación en la riqueza aumenta hasta que el proceso es revertido por la destrucción de riqueza ocurrida durante las guerras mundiales y la Gran Depresión para luego volver a crecer. Esta es, justamente, la forma que se aprecia en el gráfico. 

Esta forma, sin embargo, se obtiene seleccionando y reemplazando series en distintos períodos sin una clara explicación del por qué este conveniente reemplazo de fuentes a lo largo de un siglo. Es la particular forma en la que Piketty encadena distintas series lo que da una forma de U acentuada, por lo que su resultado depende de sus supuestos, no exclusivamente de las series. Al momento de escribirse el libro, la serie más completa sobre distribución de la riqueza en Estados Unidos (un trabajo del 2004 de Kopczuk y Saez). Esta seria no muestra la forma U que debería observarse siendo cierta la tesis de Piketty dado que luego de 1945 la participación el ingreso de los sectores más ricos no aumenta. Piketty se defiende sosteniendo que ha utilizado una serie actualizada de los mismos autores que, al momento de su réplica, se encontraba sólo en un Power Point (hoy parte de un Working Paper en el NBER).

Es esa nueva serie la que muestra una forma de U al manifestar un aumento en la participación de la riqueza de los más ricos luego a partir de 1980. Pero esto se puede deber a que (1) en la década del 80 se permitió gravar impositivamente ingresos corporativos como personales y a (2) que ganancias de capital, intereses, y dividendos de la clase media dejaron de aparecer en reportes fiscales también por modificaciones impositivas. Es decir, el aumento que se ve en la participación del ingreso de los sectores más ricos puede no ser tal, sino que la forma de U es un efecto estadístico de dos series que podrían no ser homogéneas. La nueva serie que utiliza Piketty dista de dar una sólida respuesta.

El otro caso es el de la evolución del ratio capital/PBI del mundo para el período 1870-2090. Este gráfico también debería representar una forma de U por motivos similares. Esto se obtiene de tres maneras.

En primer lugar, de los datos de los 15 decenios que hay entre 1870 y el 2010 9 de ellos son interpolados y las restantes 6 décadas surgen de 6 datos que deben representar un plazo de 150 años. Por ejemplo, Magness y Murphy encuentran que no hay datos entre 1913 y 1950, interpolar este período requiere asumir que las Guerras Mundiales y la Gran Depresión no tuvieron fuertes efectos distributivos.

En segundo lugar, la serie proyecta un aumento en el ratio de capital/PBI a partir del 2020, lo cual enfatiza el efecto U de los datos interpolados en los años anteriores. En el 2010, el ratio de capital/PBI no era mayor al ratio en 1910.

En tercer lugar, para la Unión Soviética a partir de 1920 y varios países de Europa Occidental y China a partir de 1950 Piketty asume que el ratio capital/PBI es de 1 sin una clara explicación al respecto. Dado el peso relativo de estos países en la muestra, el resultado es la esperada forma de U de la serie histórica. No es fácil obtener una amplia muestra para el mundo “no comunista.” Si se utiliza Estdos Unidos como proxy entonces no se observa la forma de U (Magness me ha dicho en conversación que no ha podido replicar el cálculo de Piketty sin los países comunistas dada la forma en que se presentan los datos utilizados en el libro.) Si bien Piketty más adelante daría a entender que esto se debe a que bajo el comunismo el capital privado desaparece, no deja de ser curioso que sea debido al supuesto asignado a los países comunistas lo que da la forma de U a la serie que luego se utilizar para criticar al capitalismo.

Estos dos casos son una muestra de errores que se han encontrado a lo largo del contenido empírico del trabajo de Piketty. Pero a esto se suma otra curiosidad. Estos errores de tipeo (“typos”) como Piketty los ha denominado siempre resultan corroborar  favorecer su tesis. Si estos errores fueran realmente aleatorios, sería esperable que a veces favorezcan su tesis y otras veces vayan en contra. Sin embargo aún resta por encontrar, hasta donde puedo afirmar, un error que vaya en contra de su tesis. Esto ha generado ciertas suspicacias sobre las cuales aún se espera una clara respuesta de Piketty.

Distribución del ingreso
Un último comentario quiero hacer respecto a un tema que se ha tratado poco, que es el de la distribución del ingreso como problema social. Salvo David Henderson no recuerdo haber visto este tema mencionado.

El tratamiento que se suele dar es que la distribución del ingreso es un problema en sí mismo. Estoy en desacuerdo con este tratamiento. Lo que a mi juicio importa no es tanto la distribución del ingreso en sí, sino el por qué se da la distribución del ingreso. Como avisa Hayek, igualar la riqueza (o el ingreso) implica renunciar a la igualdad ante la ley, y mantener la igualdad ante la ley traerá como resultado desigualdades de ingreso y riqueza. Ciertamente no es lo mismo el que hace su fortuna satisfaciendo las necesidades de los consumidores (la población en general) que quien lo hace desde el estado o buscando la protección del gobierno para poder vender sus productos más caros a los clientes. ¿Acaso es lo mismo un Bill Gates, un Steve Jobs, o un Jeff Bezos, que un Castro, un Chavez, o un Kirchner? 

El socialismo y sectores de izquierda hacen una crítica muy superficial, sino injusta, cuando equiparan liberalismo económico con capitalismo de amigos. Lejos está el liberalismo clásico de defender empresarios que hacen acuerdos con el poder. 

Ya Adam Smith hablaba de lo peligroso que podían ser los empresarios para las libertades individuales. Lo que el liberalismo clásico defiende es un estado limitado con igualdad ante la ley para todos, tanto trabajadores, como empresarios, como inversores, sindicatos, y hasta el mismo estado.

Una sociedad justa es donde las instituciones (las reglas de juego) tratan a todos por igual y donde las diferencias de riqueza depende de la capacidad de cada uno de satisfacer las necesidades de terceros y no de hacer lobby en el gobierno en contra del patrimonio de terceros. 

Es notable que en un libro que explícitamente pide poner el problema de la distribución del ingreso en el centro no encuentre en sus 578 páginas un lugar para Nozick, posiblemente uno de los filósofos morales más influyentes del siglo XX. Piketty sólo menciona al pasar, en lo que parece ser por compromiso, que no toda acumulación riqueza es injusta y por lo tanto no puede ser expropiada. Pero esto no es desarrollado, ni fundamentado, ni claramente contrastado con la tesis y propuestas que se presentan en el resto del libro como cobrar altísimas tasas de impuestos a los más ricos.

Esta fijación con la distribución del ingreso lleva a pasar por alto otras cuestiones importantes. Sólo mencionaré tres. En primer lugar, no es cierto que el libre mercado genera crecimiento con exclusión (se crece con peor distribución del ingreso). Este supuesto, practicamente incuestionado, parece haber llevado a Piketty a realizar supuestos que confirman la tesis a demostrar. Si en lugar de tomar uno o dos pares de países para comparar la distribución del ingreso tomamos todos los países del mundo y los ordenamos de más a menos libres, entonces vemos que la participación en el ingreso del 10% más pobre es similar indistintamente de se esté en un país con economía regulada o en un país con una economía libre (alrededor de 2.5%). Estos datos se vienen publicando hace años en el Economic Freedom of the World del Fraser Institute. Si en lugar de hacer este corte transversal vemos la evolución histórica a largo plazo, lo que se observa es un aumento de riqueza y una mejora en la distribución del ingreso a medida que países del sudeste asiático fueron haciendo reformas pro-mercado. Esto sugiere que los supuestos realizados por Piketty pueden requerir revisión en lugar de ser tomados como ciertos.

En segundo lugar, queda en segundo plano el hecho de que los sectores más humildes viven notablemente mejor que lo que podían hacerlo no mucho tiempo atrás. Es importante distinguir entre el pobre y el marginado. El pobre, hoy día, no tiene necesidades básicas insatisfechas. En los países capitalistas, el pobre posee auto, casa, seguro médico, televisión color, aire acondicionado, etc. Es decir, todos bienes que distan de ser esenciales para la supervivencia. El pobre hoy día vive como la clase media de pocos años atrás. El marginado, en cambio, es quien está fuera de sistema y no quiere o no puede insertarse. Los marginados sí se encuentran en una situación de seria pobreza. No se puede, sin embargo, confundir la situación del pobre en términos relativos con la del marginado. Ya sea que usted se encuentre entre los países más libres o menos libres del mundo, la participación del 10% de la población con menores ingresos sobre el total ronda entre 2.5% y 2.8%. Ahora, si usted pertenece a este grupo, su ingreso per cápita anual es de 6200 USD (PPP) en los países menos libres pero de 40.000 USD (PPP) en los países más libres. ¿Si usted sabe que va a pertenecer al 10% de menores ingresos, en qué tipo de país preferiría vivir?

No hay que confundir nivel de riqueza con participación en el ingreso. Un incremento en la participación del ingreso del capital implica una disminución en la riqueza del trabajo si el monto total de riqueza es estable. Sin embargo, como el mismo Piketty reconoce, al g ser mayor a cero la riqueza total aumenta. Cuando Piketty afirma que la mitad más pobre hoy se encuentra en la misma situación que la mitad más pobre en 1910 tiene que asumir que el nivel total de riqueza es constante. Esto es claramente erróneo. Al respecto David Henderson recuerda el trabajo de Bradford DeLong titulado “Curnocopia” donde muestra que el precio de prácticamente todos los productos, medido en horas de trabajo necesarias para adquirirlos, ha caído a una fracción de su precio en 1900. A esto hay que sumar nuevos productos que no existían en el 1900, como una diversidad de antibióticos. ¿Realmente se puede afirmar que la pobreza de hoy día es la misma que la de un siglo atrás?

Esto no quiere decir que no haya diferencias. Como ejemplifica Henderson, tanto el rico como el pobre pueden viajar en avión. La diferencia es que el rico lo hace más cómodo en un jet privado. El rico usa ropa de mejor calidad, cena en restoranes más caros, etc. ¿Cuántos entusiastas de la obra de Piketty pueden, por ejemplo, distinguir una traje de alta calidad de uno “normal” a simple vista sin que lo esté usando alguien que ya se sabe es rico? ¿Son estas diferencias una seria cuestión social, como lo era la pobreza en tiempos pasados? ¿Qué importa más, la diferencia en riqueza o la diferencia en consumo? La diferencia entre ricos y pobres ya no es entre los que tienen y los que no tienen, sino entre los que tienen de mejor calidad y de menor calidad. Esto es una notable disminución en la diferencia en la calidad de vida.

En tercer lugar, si fuese cierto que r > g, entonces Piketty tiene enfrente la solución a los sistemas sociales de reparto de Europa y Estados Unidos que se encuentra virtualmente quebrados. El exceso de r podría utilizarse para crear un fondo que permita pasar de un sistema de reparto a uno de capitalización sin sobresaltos. Esta no es, sin embargo, la sugerencia de Piketty. La objeción que ofrece es que un sistema de capitalización sería más riesgoso dada la volatilidad de las acciones. El riesgo es, justamente, uno de los motivos por los cuales el capital requiere mayores tasas de retorno. ¿Dónde es más riesgoso invertir, en un país como Argentina o Venezuela, o en un país como Suiza o Estados Unidos? Siguiendo su argumento, ¿es r > g entonces un problema del capitalismo o del socialismo?

Conclusión
Hay dos pilares que sostienen la tesis de Piketty de que la concentración de riqueza es un serio problema a ser tratado por los gobiernos. El primero es la columna teórica. El segundo es la columna empírica. Para que la tesis de Piketty se sostenga, ambos pilares deben ser válidos. En este comentario resumí serios problemas que se han encontrado en ambos pilares, lo cual debilita la tesis de Piketty y por lo tanto invalida los argumentos de sus propuestas de políticas públicas. La acumulación de riqueza no se daría por los canales mencionados por Piketty (primera columna) ni la concentración de riqueza sería tal (segunda columna).

Ante esto, comparto la pregunta que se hace Magness, si ambos pilares no permiten sostener la tesis de Piketty, aquellos que aún defienden su postura, ¿en qué se basan realmente?

(*) Nicolás Cachanosky. Assistant Professor of Economics at Metropolitan State University of Denver(MSU Denver) Department of Economics. Artículo publicado por Libertad y Progreso el 20 de Enero de 2015