martes, 31 de marzo de 2015

El Kirchnerismo Dejará un Nivel de Pobreza Similar al de los 90

Por Nicolás Cachanosky (*)

Según Axel Kicillof, la pobreza en Argentina no se mide porque sería, en sus propias palabras, un dato "estigmatizante." Que el titular de la cartera Economía se niegue a medir la pobreza es como si el ministerio de Salud se negase a relevar estadísticas de epidemias y enfermedades argumentando que es "discriminador." Kicillof no puede hacer más por la pobreza que no mide que un ministro de salud puede hacer por controlar epidemias sin datos concretos.
Si bien para el ministro medir la pobreza puede ser un proceso "muy difícil", los mismos datos del INDEC permiten inferir una aproximación a cuál es el nivel de pobreza luego de 12 años de kirchnerismo. Lo que sigue es un cálculo muy fácil de cómo tener una estimación de pobreza si la misma no se mide de manera directa y específica y el Gobierno tampoco confía en estimaciones privadas.
La pobreza se mide por el número de personas con un ingreso menor a la Canasta Básica Total (CBT), y la indigencia por el número de personas con un ingreso menor a la Canasta Básica Alimentaria (CBA). Los últimos valores oficiales de CBA y CBT son a diciembre del 2013. Estos valores, sin embargo, están subestimados dado que el nivel de inflación oficial es notablemente menor a la inflación verdadera. Para obtener valores más precisos podemos tomar los valores de CBA y CBT a diciembre del 2006 y actualizarlos a diciembre del 2014 con la inflación según el IPC-Congreso. El INDEC, por ejemplo, publica sus estimaciones de variaciones de precios, pero no los precios actuales, por lo que no es posible corroborar los datos oficiales.
El cuestionado organismo, al menos por ahora, sigue publicando datos de distribución del ingreso. Si tomamos entonces el CBA y CBT para el Gran Buenos Aires y lo comparamos con la distribución del ingreso de la misma región, entonces la indigencia se encuentra alrededor del 8% y la pobreza alrededor del 25%. Este cálculo podría considerarse optimista, dado que da un poco por debajo de otros cálculos más elaborados como el del Observatorio Social de la UCA y la CGT. Para obtener datos más precisos, el INDEC debería hacer su trabajo y medir la pobreza, tal como lo hacen los centros estadísticos de cualquier país serio.
“IGUAL QUE LOS MEDICAMENTOS, EL ÉXITO DE LOS PLANES SOCIALES SE MIDE POR QUÉ TAN RÁPIDO HACEN EFECTO Y SE VUELVEN INNECESARIOS, NO POR CUÁNTO HAY QUE INCREMENTAR LA DOSIS”.

Estas estimaciones permiten sacar dos conclusiones. En primer lugar, la pobreza que está dejando el gobierno K luego de 12 años es similar a la de la gestión de Menem durante los 90. Menem hereda de Alfonsín en 1989 una tasa de pobreza del 36.6%. Cae a un mínimo de 17.25% en 1993 y deja el gobierno en 1999 con una tasa de pobreza del 26.9%. No sólo no es un número muy alejado de este sencillo cálculo, sino que desde el 2012 los salarios vienen creciendo a un ritmo menor que a inflación. Dada la desaceleración de la economía, es difícil de esperar que esto se revierta en el corto plazo. Es de esperar, entonces, que la pobreza puede empeorar durante el 2015 antes que Cristina Kirchner deje la presidencia.
En segundo lugar, según datos de la CEPAL, Argentina tendría tasas de pobreza superiores a las de Brasil y Costa Rica. De hecho, Argentina, que supo diferenciarse del resto de América Latina, hoy tiene tasas de pobreza similares al promedio de la región. El kirchnerismo es un modelo donde sus funcionarios ven su riqueza crecer a tasas chinas al mismo tiempo que los niveles de pobreza aumentan.
Debería ser evidente que el Gobierno no sólo tiene problemas para calcular datos, sino que también tiene un serio problema de diagnóstico. Igual que los medicamentos, el éxito de los planes sociales se mide por qué tan rápido hacen efecto y se vuelven innecesarios, no por cuánto hay que incrementar la dosis.
(*)Nicolás Cachanosky. Assistant Professor of Economics, Metropolitan State University of Denver. Artículo publicado en Infobae el 27 de Marzo de 2015

Propuesta de gobierno 2015/2019

Por Mario Cadenas Madariaga (*)
Síntesis
Argentina al primer mundo
La única forma de resolver los problemas argentinos es transformar a nuestro país en una nación desarrollada en doce años
                    Crecimiento acelerado
Para eso se proyecta crecer a una tasa del 10% anual, durante 12 años, que ha sido alcanzada por varios países en su etapa de rápido crecimiento. (Japón, Irlanda, España, Corea del Sur o China entre otros) con lo alcanzaremos un PBI por habitante superior a los 30.000 dólares.
Este alto crecimiento será consecuencia básicamente de:   
                            Inflación cero
La finalización de la inflación, ajustando la emisión monetaria al crecimiento del PBI y logrando el equilibrio fiscal.
Balanza de pagos favorable
El superhabit de la balanza de pagos, mediante, la eliminación de  todos los impuestos  y las trabas comerciales a las exportaciones,  el restablecimiento del mercado libre de cambios y la finalización de la  negociación con los acreedores externos impagos.

                        Multiplicación del credito bancario
El crédito al sector privado, con tasas de interés propias de una economía sin inflación, se incrementará del 13% del PBI actual, al 50% hasta el 2019, al 80% hasta el 2023, y al 100% hasta el 2027, como sucede en todos los países desarrollados. Con estos fondos la industria se modernizará al nivel de las más competitivas del mundo, y toda la economía será de alta tecnología y se construirán las viviendas necesarias para cubrir el déficit habitacional existente.  

        Con caminos, ferrocarriles y vivienda
El Estado Nacional invertirá el equivalente al 5% del PBI, para construir en el período 2015/19, - con una inversión de 100.000 millones de dólares en ese lapso –  10.000 kilómetros  de autovías y las  carreteras (1) complementarias, 10.000 kilómetros de la nueva red ferroviaria (2), los puertos de aguas profundas necesarios (3), aeropuertos, las  obras hidroeléctricas y las viviendas, para el sector que no acceda al credito bancario,  por licitación pública, nacional e internacional, de manera de construir a los precios internacionales. En esto se incluye las conexiones con los puertos chilenos, del norte, centro y sur argentinos y la modernización de dichos puertos.  Y las obras para evitar inundaciones, salinización y sequías. 

                           Autosuficiencia en energía
El déficit energético se eliminará en el período 2015/19, con las inversiones del sector privado, reconociéndose  los precios que rigen en los mercados internacionales. La población argentina no sufrirá más apagones

                      Los salarios y jubilaciones en rápido ascenso
Los salarios, por la vía de las convenciones colectivas, seguirán el incremento del PBI por habitante, favorecidos por el pleno empleo y el descenso de la informalidad laboral. Las jubilaciones, con una ANSES autónoma, bajo la dirección mayoritaria de los representantes de los trabajadores, jubilados y empleadores, se actualizaran, como consecuencia del aumento de sus ingresos, efecto del pleno empleo y la reducción sustancial de la informalidad laboral. Por la misma razón se contraerá la pobreza, disminuyendo la desigualdad social. Asimismo se eliminara la indigencia pero con un plan de subsidios.  No habrá costo social en el breve período de la transformación sino un enorme beneficio. Al final de los doce años los salarios y jubilaciones serán los de un país desarrollado de Occidente.

Alianza política con las democracias de Occidente    y comercio con todo el mundo
La política internacional se dedicará en el orden político a reforzar los lazos con las grandes democracias republicanas y parlamentarias de Occidente y en el orden comercial a participar en los grandes mercados de todo el mundo, con la tradicional vinculación con los países vecinos, el MERCOSUR  y la región latinoamericana.
            
          La deuda publica y la deuda externa.
La deuda pública nacional se encuentra según el Banco Central en el equivalente de 210.000 millones de dólares, - la mayor parte  en pesos -, pero como no está comprendida la deuda interestatal, es mayor, estimándose en fuentes privadas, en el equivalente a dólares entre 270.000 y 300.000 millones. Esta deuda se reconocerá y regularizará, con títulos de la deuda publica con una tasa de interés acorde con la estabilidad monetaria.
La deuda externa, que es publica y privada, se encuentra en el equivalente al 25% del PBI es decir 125.000 millones de dólares. No esta aclarado si incluye los 10.000 millones de dólares que resultó de la negociación de la deuda con el Club de Paris, ni los 5.000 millones de la negociación con Repsol, y por supuesto la deuda con los holdouts.
Debido al equilibrio fiscal proyectado, la financiación de la obra publica programada con aporte fiscal, el incremento de las exportaciones y la inversión externa directa, se estima en principio que no hay razón para incrementarla.
           
               La capacidad defensiva recuperada
La defensa nacional se asentará sobre la autonomía profesional de las FFAA, el restablecimiento de las hipótesis de conflicto como base del sistema estratégico, y el aumento del presupuesto militar.

Un Estado eficiente
La reforma institucional se fundará en los cambios siguientes: 
a)        La libertad de prensa con la garantía de total autonomía de las empresas y los periodistas dedicados a la comunicación de las noticias y de las ideas, por cualquier medio, garantizándose que la publicidad oficial se distribuirá en forma equitativamente igual.
b)        El control interno de la administración nacional estará a cargo de la SIGEN con un directorio nombrado por el Congreso, a propuesta de los principales partidos.
c)         En el orden judicial se elevara la integración de la Corte Suprema de Justicia a siete miembros. Se modificará la integración del Consejo Nacional de la Magistratura asegurándose su autonomía. Se reducirá drásticamente la mora judicial. Se instituirán procedimientos  más simples para los juicios de menor importancia económica. Se ampliara el presupuesto del Poder Judicial.
d)        Para garantizar la seguridad pública: se duplicará la capacidad del sistema carcelario nacional y provincial; se instituirá una policía de investigaciones en el orden nacional y provincial; se crearan todos los tribunales judiciales necesarios para reducir el tiempo de los procesos a un año; se profesionalizara la policía de prevención y se la equipará al nivel de los países desarrollados. Se controlara las fronteras terrestres, marítimas y aéreas con los sistemas más modernos de control.  No habrá limite presupuestario para el gasto justificado en seguridad publica.
e)        El gasto del sector público se mantendrá en valores absolutos, pero en relación al PBI se reducirá en un 46% en el orden nacional,  provincial y municipal en cuatro años.
f)          El federalismo se fortalecerá por el sustancial mejoramiento de las economías provinciales, - efecto del restablecimiento de la libertad en el mercado de cambios, la eliminación de los impuestos a las exportaciones, la apertura a los puertos del Pacifico, la modernización de toda la infraestructura,  la ampliación del credito bancario y la reducción del gasto publico.
g)        La salud pública será garantizada sobre el sistema vigente – obras sociales, medicina privada y establecimientos públicos – con sindicaturas externas para las primeras y participación de los usuarios, en los últimos.   
h)       Se intervendrá el INDEC, se modificará la ley del Banco Central y su Directorio y se reformará la ley de Vialidad y su Directorio.

           Un pueblo culto y un alto desarrollo científico
La modernización cultural y científica se producirá como consecuencia de la informatización total de la educación pública y  el incremento de la inversión en ciencia y tecnología  del 0,6% al 1,5% al 2019 y al 3% en el 2023. La Argentina pasará de registrar 50 patentes anuales en la actualidad a 3.000 al término de 12 años.      

              Los derechos humanos garantizados
Se recurrirá por vía privada a la Corte Penal Internacional para garantizar la vigencia de los derechos humanos

                                      Difusión
Será debatida públicamente y se difundirá por todos los medios, las redes sociales, Internet y en forma directa. 

Conciudadanos/as si está de acuerdo    ADHIERA
enviando su nombre, apellido y DNI al correo propdegob2015/2019@gmail.com. Asi contribuirá a que el futuro gobierno adopte esta propuesta. Y difúndala.      
Si quiere leer la propuesta completa ingrese a Propuesta de Gobierno 2015/2019 preferentemente a través de Google.     
(1) Según el Tribunal de Cuentas de la Comunidad Europea en Alemania construir un kilómetro de carretera cuesta 100.000 dólares, y el de las autovías el doble. Con estos  valores es  posible construir rápidamente la red vial necesaria, sin incrementar los impuestos. Se pueden licitar internacionalmente,  tramos de 100 kilómetros, a pagarse cuando se reciba la obra, sujeto a una certificación de calidad, altamente calificada y muy bien paga.
La provincia de San Luis tiene los costos mas bajos de construcción de autovías en la Argentina, y la mayor extensión hecha por un gobierno local. Aún asi sus costos son mas altos que los de Alemania.    
(2) De acuerdo con el ultimo Plan Quinquenal 2011/2015) en China el kilómetro de una línea férrea cuesta 3.800.000 dólares, - con el material rodante correspondiente. Con estos valores también es posible en 4 años construir 10.000 kilómetros y completar la red en 12 años.

(3). Para que puedan a atracar los barcos de transporte de hasta 300.000 toneladas, para abaratar el transporte marítimo. Se puede construir por licitación internacional, para que sean construidos por una empresa privada, y operada por la misma, sin costo para el Estado.
(*) Mario Cadenas Madariaga. Abogado
Fuente: Comunicación personal del autor

¿Inversión Pública?

Por Alberto Benegas Lynch (h) (*)

Hay expresiones que por más que sean de uso corriente deben revisarse al efecto de no tergiversar conceptos clave. En este caso me refiero a la reiterada pero errónea expresión de “inversión pública”. La última vez que discutí el término en cuestión fue durante un congreso de economistas realizado a fines del año pasado.
Como es sabido, el ingreso no consumido es ahorro y el destino exclusivo del ahorro es la inversión. Estos dos últimos conceptos son correlativos e imposibles de escindir. Incluso cuando se ahorra en dinero se está invirtiendo, en este caso guardando efectivo. En todos los casos, la inversión tiene lugar porque se estima que el valor futuro será mayor que el valor presente. El ahorrar bajo el colchón, manteniendo los demás factores constantes, es lo que ocurre: al retirar parte del dinero de la circulación habrá menor cantidad de moneda persiguiendo la misma cantidad de bienes y servicios por lo que los precios tenderán a bajar que es lo mismo que decir que el poder adquisitivo de la unidad monetaria aumenta.
Se ha dicho equivocadamente que la inversión solo alude a que como resultado se incrementa la producción de bienes materiales, pero de lo que trata es de producción de valores no necesariamente materiales. Si alguien invierte sus ingresos no consumidos en un mirador desde donde disfruta de puestas de sol, ese es su rentabilidad y así sucesivamente. Si la gente prefiere la riqueza a la pobreza, la inversión primero se canalizará hacia la producción de bienes materiales con rentas también materiales para después eventualmente gozar de los culturales y espirituales.
Entonces, la inversión inexorablemente se refiere a las preferencias subjetivas donde, como queda dicho, se estiman mayores valores en el futuro que en el presente. Es naturalmente un proceso sujeto a las apreciaciones individuales, lo cual no es incompatible con que un grupo de personas reunidas en una empresa formal o no decidan distintos tipos de inversiones según los procedimientos establecidos en sus respectivos estatutos o acuerdos.
Ahora bien, lo que carece de todo sentido es denominar “inversión” a lo realizado contra la voluntad de los titulares de los recursos. Si una persona le arranca la billetera a un transeúnte y le dice que invertirá lo robado en algo comunitario que el dueño no desea, evidentemente lo menos que puede decirse es que se está utilizando mal el término inversión.
Cuando el aparato estatal decreta la imposición de nuevos gravámenes y se los denomina “ahorro forzoso” tal como ocurrió durante el gobierno argentino de Raúl Alfonsín, se trata de una desfiguración mayúscula del lenguaje. No hay tal cosa como ahorro forzoso puesto que el ingreso no consumido es por su naturaleza voluntario, realizado con recursos propios para destinarlo a inversiones en rubros elegidos y preferidos por el dueño de los fondos.
En la misma línea argumental, la llamada “inversión pública” no es inversión puesto que no procede de estimaciones libres y voluntarias de los titulares respecto a la antedicha relación valor presente-valor futuro en rubros elegidos concretamente y en cada caso por ellos. Técnicamente se trata de gastos públicos. Nada se gana con sostener que la comunidad se beneficiará durante un período largo de tiempo con carreteras dado que si la gente hubiera podido disponer del fruto de su trabajo lo hubiera destinado a otras áreas y destinos (y si lo hubiera destinado a invertir en carreteras, la intromisión gubernamental se torna superflua con gastos administrativos inútiles).
Decimos que se trata de gastos públicos que pueden ser corrientes o en activos fijos, pero por las razones apuntadas resulta impropio recurrir a un término como la inversión que significa otra cosa completamente distinta.
Dicho sea al pasar, en este plano de discusión no estoy pronunciándome por determinado sistema para la construcción y operación de las carreteras (lo cual he hecho en otras oportunidades, por ejemplo, en mi libro Las oligarquías reinantes. Discurso sobre el doble discurso, Buenos Aires, Editorial Atlántida, 1999), en esta ocasión me circunscribo a elaborar sobre el concepto de inversión.
No resulta convincente que a una persona que atribuye prioridad y urgencia a la operación de cataratas de su madre, el gobierno le succione esos ingresos disponibles para “invertir” en carreteras alegando que le hará bien. A estos efectos lo dicho no discute que los aparatos estatales construyan carreteras solo estamos destacando que no se trata de inversiones sino de gastos públicos en activos fijos como contabilización y clasificación en las cuentas nacionales.
Sin duda Keynes ha influido decisivamente en la generalización de la idea de la “inversión pública”. Especialmente aunque no exclusivamente en su Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero este autor tiende a menospreciar el ahorro y a estimular y ponderar la “inversión” proveniente del gobierno la cual mantendría el pleno empleo aun a costa del déficit fiscal financiado con emisión monetaria, lo cual no solo desconoce el hecho de que se trata de una traslación de la fuerza laboral del sector privado al público con salarios nominales más altos pero menores en términos reales debido a los procesos inflacionarios, sino que la susodicha “inversión” detrae recursos de las áreas productivas.
Ya he comentado antes la peculiar noción keynesiana de un supuesto multiplicador que tendría lugar si el gobierno “invierte”. Disculpe el lector por el siguiente galimatías pero es lo que dice Keynes. Antes hemos escrito que sostiene que si el ingreso es de 100, el consumo 80 y el ahorro 20, cuando el aparato estatal “invierte”, por ejemplo, 4 se genera un “efecto multiplicador” ya que se convertiría en 20 puesto que 100 dividido por 20 da por resultado 5 y 5 multiplicado por 4 es 20. Realmente no se comprende el razonamiento que ni Keynes ni ningún keynesiano aclaró nunca. Sin embargo, queda mucho más clara y precisa su exposición en la misma obra cuando sostiene que “La prudencia financiera está expuesta a disminuir la demanda global y, por tanto, a perjudicar el bienestar” y, sobre todo, cuando concluye que debe apuntarse a “la eutanasia del rentista y, por consiguiente, la eutanasia del poder de opresión acumulativo de los capitalistas para explotar el valor de escasez del capital”.
Nuevamente reitero lo citado también con anterioridad sobre lo escrito por el propio Keynes quien reconoce la filiación de sus propuestas, lo cual ha sido mencionado por el premio Nobel en economía F. A. Hayek en “The Keynes Centenary: The Austrian Critique”, The Economist, junio 11 de 1983, (recopilado en The Collected Works of F. A. Hayek, en el volumen IX tituladoContra Keynes and Cambridge, Chicago, The University of Chicago Press, 1995). Así, en el prólogo que escribió Keynes para la edición alemana del libro mencionado, en 1936, en plena época nazi, escribió que “La teoría de la producción global, que es la meta del presente libro, puede aplicarse mucho mas fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario que la producción y distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia y un grado considerable de laissez-faire”.
Es muy común el mantener que como políticas anticíclicas o contracíclicas, el gobierno debe incrementar su gasto -muchas veces descripto como inversión- en épocas de recesión, sin percatarse que esto solo agudiza la mala situación económica puesto que se incrementa la succión de recursos del sector productivo. Es que en estos procesos no hay magia posible, la receta para maximizar el progreso consiste en contar con marcos institucionales civilizados que garanticen los derechos de las personas al efecto de liberar energía creadora.
También la peregrina idea de que la inversión privada es improductiva constituye parte de la fundamentación de la llamada “inversión pública” a los efectos de “hacerla productiva”, formulación que viene de los mercantilistas del siglo XVI y que se sigue repitiendo como si fuera una originalidad popularizada luego por Thorstein Veblen y más adelante por John Kenneth Galbraith. Este último autor insistió en que las inversiones de los particulares no son en necesidades reales puesto que están manipuladas por la publicidad ni son productivas porque el sujeto aislado no tiene la visión de conjunto que tienen los planificadores del gobierno. Sin duda, que Galbraith no considera irreal la compra de su best-seller La sociedad opulenta ni contempla que son precisamente los precios de mercado los que permiten coordinar información y conocimiento disperso, una situación que es dislocada una y otra vez cuando los megalómanos pretenden dirigir vidas y haciendas ajenas.
En resumen, la naturaleza de la inversión se asimila a lo subjetivo y voluntario en el contexto de la estimación de valores presentes y futuros, es por ende impropio aludir a la inversión pública o forzosa como lo sería aludir al amor forzoso. En nada cambia lo dicho si las mayorías en las legislaturas votan “inversiones públicas” puesto que el número no modifica la realidad. Siempre recuerdo que en la Convención Constituyente en Santa Fe (Argentina) de donde surgió la Carta Magna provincial en 1921, los constituyentes se embarcaron en una discusión paralela sobre la existencia de Dios, tema que fue sometido a votación en el recinto…la cual se pronunció por la negativa.
(*) Alberto Benegas Lynch (h) es Presidente del Consejo Académico de Libertad y Progreso. Artículo publicado en "Punto de vista económico" el 22 de Marzo de 2015

lunes, 30 de marzo de 2015

Empieza la previa

Por Gabriela Pousa (*)
Por primera vez el país es lo que se ve. Ya ni apariencias caben en este escenario donde los disfraces se están acabando. La inexplicable trama de enredos y canchas embarradas que signan la muerte de Alberto Nisman se extiende hacia el resto del escenario porque algo es cierto: la desaparición del fiscal, su denuncia desestimada y el paro de mañana son todos hechos políticos. Todo lo será de aquí en adelante. 

Inútil es pretender venderlos como sucesos limitados a lo policial, a lo judicial o a lo meramente sindical. En esta Argentina no hay modo de separar la paja del trigo. Todo tiene que ver con todo porque en todo se ve, más o menos clara, la mano del gobierno nacional tratando de manipular a conveniencia las circunstancias.  
Ahora bien, que el gen político se inmiscuya hasta en la vida familiar no implica la ausencia de otros condimentos. Se acaba marzo y comienza inexorable, el proceso electoral con lo que eso significa en una geografía donde la democracia no deja de ser sinónimo de ir a votar.  Otra será la suerte cuando se comprenda cabalmente, que lo democrático implica derechos y deberes de ciudadano que van mucho más allá de la emisión de un sufragio. 


A partir de abril, casi todos los fines de semana, en algún punto del mapa, habrá cuarto oscuro y definiciones que aportarán desazones y esperanzas. Ahora bien, si por obtener un triunfo electoral en una determinada localidad  se creerá que ya está la suerte echada a nivel nacional, las sorpresas a posteriori serán magnánimas. 

Estamos en un país donde todo puede cambiar de la noche a la mañana. Ejemplos sobran: la entronización del Papa, las inundaciones en La Plata, la muerte del titular de la UFI AMIA, una cuenta no declarada ligada a alguno de los candidatos, otra olla que se destapa…, podrían alterar de cuajo un pronóstico electoral que hoy parezca imposible ser modificado. 

Empiezan los trabajos de seducción harto complejos, porque la sociedad es una mujer que ha sufrido excesivos desencantos. Sin embargo, muchas veces demostró necedad siendo esa esposa golpeada que vuelve a elegir a su marido.  No está nunca claro si nos avergüenzan las cicatrices, o si las llevamos como orgullosos soldados.

En este contexto, cabe recordar que mucho (sino todo) lo que se esgrime hoy día en medios, discursos, o correveidile de pasillos, está más relacionado a deseos o coyunturas que a proyección de escenarios probables con bases sustentables. Las encuestas convertidas en productos de consumo estacionales cotizan según quien oferte cifras e imágenes.

Todos ganan, todos empatan y todos pierden simultáneamente. Sin ir más lejos, esta mañana recibí un sondeo donde Anibal Ibarra tiene la mayor intención de voto porteño. Poco serio.  Tampoco se trata de preguntarnos ¿quién es más lindo?.  No tomemos a la ligera esta previa.

En ese sentido, la subestimación del pueblo que hacen algunas consultoras es similar a la que observamos en las cadenas nacionales donde se pretende vender Argentina como una panacea donde no existen los problemas.  Hay que entender que una cosa son las tendencias, y otra muy distinta son los resultados aún cuando en ocasiones pueda haber coincidencias. 

Considérese que la credibilidad en la política es mínima, que el miedo que imparte el gobierno con todas las internas de inteligencia, y la evidencia de una mafia enquistada en el seno del poder, provocan consecuencias. Y esas consecuencias llevan a muchos argentinos a desdoblar su discurso.

Una cosa es lo que se dice en público, y otra es la que se calla. El enrarecido clima en que vivimos lleva a que lo “políticamente correcto” prevalezca. Por eso, las respuestas que puede darse a las encuestas ya sean telefónicas, callejeras, o puerta a puerta tienen más margen de error que en otras épocas. 

Comprar merluza compactada por bacalao o trucha fresca depende de cada uno. Medios, políticos y consultoras tenderán a satisfacer al cliente. La sociedad debe satisfacerse a sí misma. Hace tiempo que sus demandas y preguntas no son tenidas en cuenta. 

Argentina es el país donde todos juegan a Antón Pirulero, cada cual atiende su juego. Y al ir avanzando casilleros en el calendario, esta dialéctica se va incrementando a extremos impensados. Los candidatos están contando votos puertas adentro, lidiando internas, tratando de que los trapitos sucios se laven en casa y no a la vista de otros que puedan usarlos como carta de triunfo. 

Es cierto que les cuesta en demasía lograr que las asperezas se limen sin ser expuestas. Para ese sector de la dirigencia, abocado de lleno a la campaña proselitista, el fiscal Nisman ya no es tema. La inflación y la inseguridad le son ajena. Apenas consideran suyos los métodos y estrategias para ganar adeptos al costo que sea. 

En ese trance, muchas veces, el ridículo es protagonista. De la noche a la mañana, los mismos políticos que ayer aplaudían ciertas medidas implementadas, hoy las critican y aborrecen como si no existiese memoria colectiva. El hecho de haberse callado frente a determinados hechos antaño, tampoco los redime de culpas sean estas por obra u omisión. Las complicidades no pueden taparse aunque hay candidatos que luchan denodadamente porque lo imposible sea logrado. 

Si la ciudadanía está consciente de estas maniobras o si ha sepultado el ayer porque con el presente ya tiene demasiado, se verá una vez que los comicios hayan terminado.

Se va marzo, es triste decirlo y lo es más vivirlo: es el tiempo de los revoques y el maquillaje más que el de los cambios. Empieza el muestreo de escenografías efímeras donde todo lo que se nos ha de mostrar parecerá redentor de lo que hay.  Mientras, el gobierno tratará de alcanzar la orilla dando manotazos de ahogado. Si nos distraemos puede que lo haga más rápido de lo que pensamos.

Posiblemente, cualquier escenario futuro pinte mejor que este donde se ha perdido todo valor. Pero recordemos que doce años atrás, muchos creyeron lo mismo y se volcaron a una opción de la cual no tenían siquiera noción. 

En enero de 2003, Nestor Kirchner era un perfecto desconocido para la mayoría del electorado argentino. Siguió siéndolo pues el interés social en analizar curriculum vitae de los postulantes es nimio. La ley del mínimo esfuerzo nos mantiene sometidos. 

Repetir el error es volver a auto-condenarnos a infortunios iguales o parecidos. Lo que emerge del cáncer, la mayoría de las veces no es sino una metástasis. Este paralelismo no necesita exégesis para ser entendido. 

Si hemos de elegir un órgano nuevo, lo óptimo sería buscar entre aquellos que no han estado rozando el órgano enfermo. “Las apariencias engañan“, eso ya lo sabemos (o deberíamos saberlo) Y el contagio, si no se está atento, puede no verse desde el primer momento.

(*) Gabriela Pousa. Analista Política en Medios, Licenciada en Comunicación Social y Periodismo (Universidad del Salvador), Analista Política y Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Directora de “Perspectiva Políticas”. Artículo publicado el 30 de Marzo de 2015

Solo les importa el costo político

Por Alberto Medina Méndez (*)
Cierta ingenua actitud cívica lleva a creer a muchos que la dirigencia política espera disponer de propuestas viables para tomar las determinaciones necesarias que contribuyan a mejorar la calidad de vida de todos.

Si bien algunos casos aislados corroboran que es una excepción, la inmensa mayoría de los políticos no siguen la dinámica que la gente imagina. Ellos, por naturaleza, solo intentan sumar votos, usando la demagogia como arma predilecta, para posicionarse de cara a la siguiente elección.

Mucha gente bien intencionada, supone que la clase política no resuelve los problemas porque nadie les acerca proyectos para llevar adelante, o porque no disponen de los conocimientos suficientes para abordar esas obviedades.

Aducen que abunda una inocultable mediocridad imperante y una ignorancia inadmisible de parte de quienes conducen los destinos de todos, sin advertir que sucede algo mucho más simple y evidente. Solo se trata de una postura muy ruin, plagada de gran desinterés y una mezquindad a prueba de todo.

En realidad, lo habitual es que no lo hagan porque no les reditúa desde lo electoral, no les trae votos, o lo que es peor aún, porque de hacerlo, de acceder a la inquietud, pagarían elevados costos políticos privándose de ciertos apoyos esenciales para seguir en la carrera elegida.

Visto así, todo parece ser demasiado negativo. Ellos no quieren soluciones y no harán nada que les implique "pagar" esos costos. Frente a esto, aparece la resignación y la impotencia se multiplica. Por eso la ciudadanía debe revisar su propia conducta, su recurrente reacción frente a lo cotidiano.

Los políticos tradicionales saben que la sociedad se mueve por espasmos para luego someterse mansamente, sin dignidad. Ellos saben que si tienen un poco de paciencia, todo pasará y retomarán el control, como siempre

Es menester convertir esa aparente mala noticia, en una ocasión conveniente. Se debe intentar capitalizar ese hecho y revertirlo para transformar el obstáculo en ventaja, la debilidad en fortaleza, utilizándola como una herramienta eficaz que permita impulsar el cambio anhelado.

Entender como razona la política, como piensan los dirigentes, ayuda a superar esa infantil conducta ciudadana que solo consigue aumentar la eterna impotencia, la frustración de rutina, consigue enfadar a todos y no permite direccionar las energías hacia lo posible y positivo.

Si bien no todos los asuntos son susceptibles de este procedimiento, bien vale la pena intentarlo allí cuando sea posible. Incorporar esta visión, ayudará a que la sociedad sea mucho más efectiva en sus demandas y definitivamente convierta sus habituales molestias en una gran oportunidad.

También le será útil a la política, cuando comprenda que ciertos ardides propios de su actividad, ya no tienen la misma vigencia y son insuficientes para disimular las genuinas preocupaciones que la gente esboza con razón.

La labor consiste en evaluar previamente todo, con profundidad en el análisis, pero al mismo tiempo con serenidad e inteligencia. La idea es encontrar una forma de plantear la cuestión de fondo para colocarla, luego, en términos concretos y para que su eventual desatención le genere a la política un costo electoral tal que no le permita ignorar el asunto jamás.

Para que el dirigente tenga que actuar, para que comprenda que no tendrá otra chance que ocuparse, para que el letargo, la abulia y la negligencia no lo invadan, resulta clave acertar en la selección del camino a recorrer. Por eso esta etapa de adaptación ciudadana puede llevar tiempo y esmero.

No siempre el abordaje será eficaz. Es probable que ciertos reclamos no encuentren nunca el modo adecuado de "construir" argumentos que signifiquen un circunstancial costo político tan importante que haga revisar la sostenida decisión del mandamás de turno.

Con un diagnostico certero, la ciudadanía puede llevar adelante un plan con expectativas de éxito, reclamar con absoluta contundencia y poner en apuros a toda la dirigencia. Cuando el asunto toma relevancia, cuando la escala del problema es indisimulable, el político tomará nota de lo que ocurre, se interiorizará a fondo y finalmente hará algo al respecto.

Si la estrategia seleccionada no es la pertinente y la implementación es débil, timorata y deficiente, no se puede esperar otra cosa que más de lo mismo. Por eso es central concentrar los esfuerzos en lo correcto. No pasa solo por quejarse y explicitar la bronca. Es bastante más complejo que eso.

Esta no es una fórmula mágica, pero tiene más probabilidades de vulnerar las férreas defensas que la política contemporánea coloca para evitar los embates ciudadanos. Los dirigentes prefieren la calma de los escritorios, la comodidad de las campañas electorales superficiales y no desean enfrentar a un electorado astuto y perseverante que los fastidie a diario.

El desafío es entender como funciona y hacer entonces los deberes como corresponde. Si los ciudadanos de este tiempo quieren cambiar la perversa inercia vigente, deberán pensar primero y actuar después, teniendo en cuenta como se mueven quienes toman las decisiones importantes. Existen ejemplos cotidianos, aunque no tan frecuentes como sería necesario.

Después de todo, los políticos son absolutamente predecibles y esa es una ventaja enorme para los ciudadanos. Hay que recordar que solo registran aquellos asuntos cuya falta de resolución les implica pagar costos políticos.

(*) Alberto Medina Méndez. Periodista y analista político
albertomedinamendez@gmail.comwww.existeotrocamino.com
Fuente: Comunicación personal del autor

El 90% de los trabajadores no paga impuesto a las ganancias

Por IDESA (*)
Los principales sindicatos organizan un paro en contra del impuesto a las ganancias a pesar de que la gran mayoría de los trabajadores no están alcanzados. Además, sin reducción del gasto público la pérdida de recaudación terminará recayendo como mayores impuestos sobre los más pobres. Un planteo alternativo es eliminar el despilfarro de fondos públicos y así generar el espacio fiscal necesario para reducir impuestos regresivos, como el inflacionario y las cargas sociales.

En la última década el impuesto a las ganancias de las personas ha alcanzado a un número creciente de trabajadores por montos proporcionalmente más altos. Mientras que el salario nominal de los trabajadores registrados se multiplicó por 12 veces entre los años 2000 y 2014, el monto del mínimo no imponible a partir del cual se empieza a aplicar el impuesto se multiplicó sólo en 4 veces. A su vez, como las escalas de alícuotas tampoco se actualizaron, los trabajadores tributan con alícuotas cada vez más altas.

En el año 2000 el salario registrado bruto promedio era cercano a $1.000 y el impuesto operaba a partir de los $2.000 aproximadamente. En el año 2014 el salario promedio fue de $12.000 y el impuesto comienza a operar a partir de los $15.000. O sea que, mientras en el año 2000 hacía falta tener un salario equivalente a 2 veces el promedio para ser alcanzado por el impuesto, en la actualidad basta con tener un salario cercano al promedio. 

Con información recientemente publicada por el INDEC se puede aproximar el alcance que el impuesto a las ganancias tiene en el mercado laboral. Considerando la distribución de las remuneraciones de bolsillo (es decir, descontado los impuestos) del total de ocupados (asalariados y cuenta propia) para el 4° trimestre del 2014 aparece que:
  • El 40% de los trabajadores recibía una remuneración por debajo del salario mínimo vital y móvil que en ese momento era de $4.400.
  • Otro 50% ganaba entre el salario mínimo y 12 mil pesos.
  • Un 10% ganaba por encima de 12 mil pesos.
Estos datos muestran que la mitad de los trabajadores perciben una remuneración de bolsillo entre el salario mínimo y los $12.000 (que es el umbral a partir del cual empezaría a operar el impuesto) y un 40% son ocupados que cobran menos que el salario mínimo (la mayoría empleos informales). Es decir, 9 de cada 10 trabajadores no están alcanzados por el impuesto a las ganancias.   

Los sectores de más altos ingresos aportan a través del impuesto a las ganancias apenas el 21% de la recaudación total de impuestos nacionales. Los tributos al consumo y las cargas sociales, que son impuestos que alcanzan a los más humildes, representan el 35% y el 27%, respectivamente, de la recaudación nacional. Si a esto suma el impuesto inflacionario es claro que la gente de menores ingresos es la que proporcionalmente más aporta al financiamiento del Estado. En este contexto, presionar por pagar menos impuesto a las ganancias y no cuestionar los subsidios a Aerolíneas Argentinas, Futbol para Todos, la electricidad, el gas, el transporte, las moratorias previsionales y el aumento del empleo público es un planteo elitista. Implica pujar para que sean los más pobres los que paguen el despilfarro de fondos públicos.

Sin revisar prioridades en el gasto público no hay ninguna alternativa seria de replantear impuestos. El récord de presión tributaria, incluido el impuesto a las ganancias, es la consecuencia del récord de gasto público. De no mediar una reducción del gasto del Estado, la demanda por bajar impuestos se reduce a una mera puja entre sectores. En estas condiciones el paro contra el impuesto a las ganancias testimonia el nivel de desintegración social a la que se llegado donde los sectores de más altos ingresos presionan para que los que menos ganan sean los que tengan a cargo el sostenimiento del Estado.


Sólo si se corta el despilfarro de fondos públicos se puede generar espacio fiscal para discutir con seriedad la política tributaria. En estas condiciones, la prioridad es eliminar la inflación. Luego, revisar los impuestos más regresivos. Aquí se destacan las cargas sociales cuya incidencia (sumando aportes personales y contribuciones patronales) superan el 45% del salario. Como las cargas sociales se aplican incluso entre las remuneraciones más bajas, provocan que la mayoría de los trabajadores de baja formación sean condenados al empleo “en negro”, al desempleo o directamente a la inactividad laboral.

En este proceso, y como un cambio complementario no sustancial, habría que revisar las distorsiones que se han acumulado en los últimos tiempos con la no actualización del impuesto a las ganancias.
(*) IDESA. Informe Nº 593 del 29 de Marzo de 2015

¿Puede el próximo gobierno revertir la decadencia?

Por Roberto Cachanosky (*)
Ni los k podrían seguir con este sistema porque ya no habrá suficientes recursos para financiar sus fechorías

Responder al interrogante del título de esta nota no es tan sencillo. Están los pesimistas que no le ven remedio. Los optimistas sin fundamentos. Los indiferentes y hasta un Duhalde que dijo que Argentina estaba condenada al éxito y nos dejó de regalito a los k, que hundieron el país sin piedad.
El argumento que normalmente se usa, y yo personalmente también uso, es que un país sin instituciones no puede crecer, entendiendo por instituciones las normas, códigos, leyes y costumbres que regulan las relaciones entre los particulares y entre los particulares y el estado. Si esas instituciones son eficientes, es decir, permiten desarrollar la capacidad de innovación de la gente, desplegar la iniciativa privada atrayendo inversiones, entonces ese país tiene grandes posibilidades de entrar en una senda de crecimiento sostenido.
Podríamos resumir la cosa de la siguiente manera. A mayor riesgo institucional menores inversiones y, por lo tanto, menos crecimiento y bienestar de la población.
Por el contrario, a menor riesgo institucional, llegan más inversiones, se crean más puestos de trabajo, aumenta la productividad y el salario real. El país entra en una senda de crecimiento y mayor bienestar para la población. En definitiva, es la calidad de las instituciones que impera en un país la que definirá si ese país tiene un futuro de progreso, de estancamiento o de decadencia.
Ahora bien, esas instituciones surgen de los valores que imperan en una sociedad o en la mayoría de los habitantes de esa sociedad. Como hemos caído en la trampa de creer que el que tiene más votos impone las reglas de juego, si hay una mayoría cuyos valores llevan a instituciones contrarias al crecimiento, el mismo es imposible.
No hay reunión, comida o charla informal en que no surja el famoso debate si Argentina está definitivamente perdida. Algunos alegan que Perón destruyó las instituciones que hicieron grande a la Argentina, visión que comparto en gran medida, pero no del todo. Otros le agregan el ingrediente que los K crearon tanto clientelismo político, que han desarrollado una generación de votantes que se acostumbró a no trabajar y a vivir a costa del esfuerzo ajeno, con lo cual la mayoría siempre va a votar por aquél que le prometa más populismo, es decir el que prometa expoliar a los que producen para mantener a una gran legión de improductivos. Bajo esta visión podríamos decir que Argentina tiene un futuro negro. Y la verdad es que la tentación de seguir esta línea de razonamiento es muy fuerte cuando uno ve como se han destrozado valores como la cultura del trabajo, de la iniciativa individual, de la capacidad de innovación, la misma propiedad privada, etc. En definitiva, una primera mirada sobre el futuro de Argentina indicaría que más que estar condenados al éxito estamos condenados al fracaso. Sin embargo, cabe otro tipo de análisis totalmente diferente.
Quienes me siguen saben que no soy de formular pronósticos optimistas por deporte o porque es políticamente correcto. Digo lo que pienso, asumiendo el costo de ser tildado de pesimista.
Recuerdo que en una oportunidad el presidente de una institución empresarial me dijo, mientras estaba hablando, que viera las cosas con optimismo para no deprimir a los asistentes. Mi respuesta fue muy clara: yo analizo la economía, no hago terapia grupal.
Volviendo al razonamiento sobre el futuro de la Argentina, me voy a tomar la libertad de dejar abierto el interrogante. Aún con todo el destrozo institucional y de valores que hicieron los k, no creo que estemos condenados ni al éxito o al fracaso. Para eso voy a utilizar algunos ejemplos.
En la década de los 70 y los 80, cuando a los economistas nos preguntaban por países exitosos con economías de mercado, teníamos dos ejemplos para dar: 1) Alemania con Adenauer y Erhard y 2) Japón, ambos luego de la Segunda Guerra Mundial. Hoy esos ejemplos siguen siendo válidos pero hay muchos más.
Tenemos el caso de Corea del Sur que al dividirse quedó con el peor territorio y escasos recursos humanos. Hoy dispone de un ingreso per capita de U$D 33.100
O Irlanda, cuando la gente emigraba y solo producía papa y encima de mala calidad. Irlanda se abrió al mundo, luego ingresó a la UE y hoy tiene un ingreso per capita de U$S 46.140, superando al mismo Reino Unido que tiene U$S 38.540.
España, que hasta la muerte de Franco estaba aislada del mundo, logra, gracias a las gestiones Adolfo Suárez y el fundamental apoyo del rey Juan Carlos, reunir a todos los partidos políticos, firmar los pactos de la Moncloa e incorporarla al mundo. Hoy tiene un ingreso per capita de U$S 33.000. Y podría seguir con otros ejemplos como Chile, Hong Kong,  Singapur y el resto del sudeste asiático.
Esos países no tenían un capital humano tan preparado que les permitiera consolidar instituciones que los llevara al crecimiento. Ni siquiera España o Irlanda tenían un recurso humano de altísima calidad. Solo tuvieron dirigentes políticos que supieron ver el mundo como una oportunidad y decidieron hacer las reformas económicas necesarias para poder incorporarse al él. El denominador común  de todos los casos nombrados es que todos se integran al mundo. Al comercio mundial. Pero para poder hacerlo tenían que ser competitivos y eso les exigía tener instituciones, reglas de juego, que les permitiera a las empresas competir con las de otros países.
Cada uno de los países tiene su particularidad en la forma que llevó a cabo los cambios. En Chile fue Pinochet el que hizo el grueso de la transformación pero los partidos políticos que asumieron el poder luego de él ni intentaron cambiar lo que se había hecho. Por el contrario, continuaron por el mismo rumbo.
En España, un hombre como Felipe González que venía de la izquierda más absurda advirtió el desastre que era Francia con el socialismo y moderó notablemente su discurso y medidas. Pero por sobre todas las cosas, supo que no podía aislarse del mundo.
En Irlanda su dirigencia política también advirtió que solo incorporándose al mundo iba a poder avanzar e implementaron las reformas económicas necesarias para poder competir. Todos, absolutamente todos, cambiaron las reglas de juego y, sobre todo, se integraron al mundo.
Por el contrario, nosotros seguimos viendo al mundo como un riesgo en vez de una oportunidad y cada vez nos aislamos más, tanto económica como políticamente. Argentina, Venezuela, Bolivia y Ecuador son los típicos ejemplos latinoamericanos de lo que no hay que hacer.
Ahora bien, yendo al punto, ¿podemos cambiar la Argentina con esta cultura del vivir a costa del prójimo que se instauró hace décadas y los k la llevaron a su máxima expresión? Considero que sí. No voy a decir que es sencillo ni pretendo ser un optimista sin fundamentos, pero otros países lograron salir del aislamiento internacional y de políticas populistas gracias a que, en determinado momento, sus dirigentes políticos lideraron el cambio.
Con esto no estoy diciendo que hay que sustituir las instituciones por los líderes, solo que en determinados momento los políticos tienen que liderar el cambio mostrándole el camino al resto de la población que, por cierto, no es experta en todos los temas económicos y desconocen la relación entre calidad institucional y crecimiento económico.
Los que en soledad venimos defendiendo las ideas de disciplina fiscal, monetaria y seguridad jurídica ya hemos hecho bastante para que los dirigentes políticos comprendan el cambio que hay que encarar. Ahora es su turno de recoger esas banderas e impulsar el cambio.
Que quede claro, este modelo es inviable. Según mis estimaciones solo el 17% de la población genera riqueza para sostener al resto: jubilados, menores de edad, empleados públicos, gente que vive de los llamados subsidios sociales, etc. Tal es la presión tributaria que, por primera vez, vemos que los sindicatos salen a hacer un paro general por la carga impositiva. Esto no se había visto nunca en Argentina. Si los k hubiesen estudiado historia, sabrían que hay muchos casos en que la voracidad fiscal de los monarcas terminó en revoluciones y su derrocamiento. La diferencia es que antes los monarcas exprimían a la gente con impuestos para financiar sus conquistas territoriales y ahora la exprimen para financiar sus políticas populistas que les permiten cosechar más votos.
Volviendo, si solo el 17% de la población sostiene al resto, ni los k podrían seguir con este sistema porque ya no habrá suficientes recursos para financiar sus fechorías. Destruyeron tanto al sector privado que atentaron contra los que los mantenían.
El país pide a gritos un cambio. Pero no esa estupidez de un cambio con continuidad. La realidad impone un cambio de política económica. Un giro de 180 grados. Otros países pudieron hacerlo. No veo razones que impidan lograr lo mismo en Argentina. Solo falta que una nueve dirigencia política tenga la audacia de transformar la Argentina de la misma forma que la generación del 80, hoy denostada, transformó un desierto en un país pujante que llegó a ser el séptimo país más rico del mundo. La causa: nuestra constitución de 1853 otorgaba el marco institucional para crecer y sus dirigentes políticos, que se peleaban entre ellos, tenían todos, el mismo respeto por esas instituciones y rumbo que debía seguir el país.
Si nuestros antecesores lo lograron y otros países también lo consiguieron, no veo motivos para afirmar que estamos condenados al fracaso. Todavía no está dicha la última palabra.
(*) Roberto Cachanosky. Economista (UCA, 1980) Asesor económico. Director de "Economía para todos" Artículo publicado en la Edición Nº 568 el 30 de Marzo de 2015