domingo, 29 de marzo de 2015

El cuarto Paro General es justo

Por Germán Gegenschatz (*)
“Este no es un paro contra el gobierno, es un paro contra una forma de gobernar y de recaudar impuestos.”
Critican el Paro General diciendo que los trabajadores que pagan impuesto a las ganancias son un “universo muy chiquito”. Es lo que afirma Aníbal Fernández, como si un reclamo fuese legítimo según el número de quejosos. Parece que el “quienes” reclaman valida y legitima más que el “que” se reclama. No extrañan estos argumentos, son las falacias típicas de aquellos que no tienen razón alguna, pero si es novedoso en boca de quienes se jactan de ser Peronistas.
Algunos sindicalistas, buscando el beneficio propio, en coyunturas que exigen actuar con grandeza, priorizan intereses sectoriales. Por ejemplo el Secretario General de la “Unión Ferroviaria”, Sergio Sasia, y el dirigente de “La Fraternidad”, Horacio Caminos. Podemos entender que les viene bien la política de renovación de vagones y nacionalización del sistema ferroviario, que en lo personal comparto, pero esto no avala la actitud mezquina de estos dirigentes gremiales, que como saben que igualmente se van a beneficiar si la protesta da resultado, entonces miran al costado mientras los demás hacen el trabajo.
También están los dirigentes que sacan chapa de capataces de la pobreza y la miseria. Son aquellos que se ofenden porque los trabajadores no quieren pagar impuesto a las ganancias. Son éstos los mismos dirigentes que se eximen de informar la pobreza porque es “estigmatizante”. Me pregunto a quienes estigmatiza y me contesto que a ellos mismos, a los dirigentes que son los culpables de esa situación de pobreza o bien los responsables de no haberla solucionado tras 12 años de gobierno. La combinación de estos dos juicios de valor despejan toda duda. Está claro que lo único que satisfaría al oficialismo es que todos cobren menos, es decir igualar para abajo. Quizás por esto más del 40% de los trabajadores cobra menos de 5.500 pesos. Es evidente que a ellos les molesta que el trabajador escape de la pobreza, que cobre bien, que no dependa de una dádiva caída de la mano del poder.
Este Paro General es legítimo porque reclama la modificación del impuesto a las ganancias que se aplica sobre los salarios, y es político porque para lograr una modificación de un impuesto general excede el marco de un Convenio Colectivo y por ello se necesita desarrollar una fuerza mayor a la de una protesta encarada por un gremio contra un conjunto empresario, aquí se trata de modificar la decisión política de un gobierno, entonces la herramienta es la acción política. Que el paro sea político no lo hace menos legítimo, trabajadores y sindicatos también tienen derecho a la política. Creo que es inmoral cobrar impuesto a las ganancias sobre el salario, y soy partidario de no cobrar impuesto a las ganancias sobre el dinero que cobra una persona como salario.
Escuchando los argumentos de las personas y los gremialistas que se oponen al paro, recuerdo a Bertolt Brecht: “Primero se llevaron a los negros. Pero no me importó. Porque yo no era negro. Un día vinieron y se llevaron a mi vecino que era judío, pero no me importó porque yo no era judío, luego se llevaron a los comunistas, pero a mi no me importó porque yo no lo era; enseguida se llevaron a unos obreros, pero a mí no me importó porque yo tampoco lo era, después detuvieron a los sindicalistas, pero a mí no me importó porque yo no soy sindicalista; luego apresaron a unos curas, pero como yo no soy religioso, tampoco me importó; ahora me llevan a mí, pero ya es demasiado tarde.”
El cuarto Paro General, como los anteriores, es justo. Es de hipócritas invocar la solidaridad para avalar la voracidad fiscal. Este no es un paro contra el gobierno, es un paro contra una forma de gobernar y de recaudar impuestos, por eso prácticamente todos los gremios apoyan activamente la medida de fuerza. Si no se le pone freno a esta forma de gobernar y de recaudar mañana todos serán empobrecidos por ella.
(*) Germán Gegenschatz. Abogado. Diplomado en Historia Argentina.
Buenos Aires, 27 de marzo de 2015.