domingo, 29 de marzo de 2015

Feriado Puente: 96 horas en la vida de un argentino promedio

Por Gabriela Pousa (*)

No, los argentinos no nos privamos de nada. Nos dimos el lujo de disfrutar un fin de semana XXL como si la economía en el país fuese floreciente, y los días de clase alcanzasen para impedir fabricar generaciones de ignorantes en serie.  

Durante el mismo, hubo espectáculo para todos los gustos. Desde el improperio de Beatriz Rojkés de Alperovich a un damnificado por las inundaciones en Tucumán, hasta el ataque de humanidad que llevó a Aníbal Fernández a denunciar la difusión de una foto del fiscal muerto porque “se le está faltando el respeto”… Sí, tiene razón, pero 24 horas antes, el mismo Aníbal Fernández defenestraba a ese fiscal tildándolo de inmoral, ladrón y atorrante…

Claro que si entender a los dirigentes es complejo, no lo es menos comprender al pueblo. Sostener que Argentina se merece a Cristina es injusto para muchos, pero convengamos que una Angela Merkel o un François Holland no podrían gobernar acá. A su vez, nuestra Presidente duraría segundos no más si pretendiera gobernar Alemania, Francia o cualquier otro país similar. 

Hay algo en la sociedad que la lleva a auto infringirse un daño sin igual para luego endilgar las heridas a un tercero, y así ser las víctimas de este juego que nos toca jugar. ¡Cuán cómodos nos sentimos en ese rol! Nada muy diferente a lo que suele hacer la Presidente. Y entre sollozos y quejas inútiles nos consolamos unos a otros, o buscamos mitigar las penas en alguna red social, que nos permita una catarsis más económica que la terapia profesional. Esa es más o menos la dinámica del argentino medio. 

Lo cierto es que en apenas cuatro días se nos brindaron los espectáculos más entreverados. Desde el drama a lo grotesco, desde lo cómico a lo trágico sin que podamos  discernir donde termina la risa y donde comienza el llanto. El viejo dicho “reír para no llorar” nos viene como anillo al dedo porque hace doce años que nos reímos hasta de lo solemne y lo sagrado. Así estamos. 

Aceptamos que nos reemplacen los actos patrios por actos partidarios, y que se conmemore de igual manera el nacimiento de un prócer y sus funerales, la independencia, una batalla victoriosa, la revolución de Mayo, el aniversario de la recuperación democrática o el comienzo de un golpe de Estado. 

Nada cambia. Frente a todo ello, como si las diferencias no existieran: hay recitales, circo y fiesta. Es raro. Somos raros. 

No terminamos de asumir responsabilidades intrínsecas de ciudadanos que clamamos por nuestros derechos como si siempre los demás nos estuvieran debiendo algo. Lo grave de la realidad frente a lo fantasioso del relato nos lleva inexorablemente, a buscar la levedad, lo satírico, lo banal de los acontecimientos para no terminar hundiéndonos en el más profundo de los océanos. 

De ese modo, pasamos de pelear como perros y gatos, a favor o en contra de un arquero y un jugador quebrado como si fuésemos árbitros calificados, a debatir si Alberto Nisman tuvo o no espasmo cadavérico cual peritos expertos. Creemos estar habilitados para todo. Somos polirubros humanos, maxi kioscos abiertos las 24 horas, los 365 días del año. 

Podemos dilucidar en segundos apenas las internas de los servicios de inteligencia, gritarle a Messi si debe patear al arco o no desde el sillón donde miramos televisión, horrorizarnos con un error de ortografía de un tuit, y al mismo tiempo tomar partido por Diego Santilli o Nancy Pazos en la duda existencial: ¿está bien o está mal dejar a los chicos con la niñera para ir al teatro? 

Cada argentino tiene su título de mediador (tan legítimo como el de abogada que dice tener la mandataria) No titubeamos al hacer la autopsia psicológica al prójimo, y determinamos con una convicción que apabulla, si da con el perfil de asesino o de santo. No hay punto medio donde podamos pararnos.

No se nos escapa siquiera cuán triunfal fue el debut de Susana en el teatro. Estamos en todos lados menos donde es imprescindible encontrarnos… Por eso, se nos pasa por alto que el problema no es la cuenta bancaria que Nisman tenía con Diego Lagomarsino, su hermana y su mamá, sino la denuncia de encubrimiento que  involucra a la mandataria, el canciller y otros funcionarios. 

¿Cómo va a reaccionarse si la misma termina durmiendo el sueño de Cenicienta en un cajón de un tribunal? ¿Cuánto habrá de durarnos la bronca, la indignación, y ese afán justiciero que nace y muere en 140 caracteres? 

Lo cierto es que cuatro días sin actividad nos permitieron también sobre-actuar el enojo por los ingresos del futuro padre de la nieta presidencial, como si no supiéramos que mucho más debe llevarse por otro lugar… Lo del Senado es la propina, el cambio.

En el receso extra largo también nos mofamos de nuestra incredulidad cuando nos enteramos que los registros de ingreso a la Casa Rosada se quemaron en un incendio, que no trascendió, y que le atribuyen a la “casualidad”. Y sí, ¿para qué pedir que investiguen de verdad? Si no puede saberse en más de dos meses, cómo entró una bala a la cabeza de un hombre, menos conoceremos los orígenes del fuego “casual” en la sede del gobierno nacional.

Entre medio, no dejamos de pispear si Tinelli se reconcilió o no con la mamá de Lorenzo, o si la Xipolitakis fue detenida de verdad o de mentira. Sin ánimo de faltar el respeto, la vedette mencionada podría verse como la versión popular en serio, de la titular del gobierno.

Ambas tienen que ser el centro, ambas se hacen notar con excesiva facilidad, ambas sobresalen del resto no por virtudes sino por ostentación, escándalos o excesos, ambas parecen vivir en un país a donde el grueso de la gente no tiene acceso… Arbitrarias sinonimias que de golpe pasan por el cerebro.

Pero no concluyeron aún las 96 horas de descanso que el Estado benefactor nos regaló, que nos desayunamos con un Martín Insaurralde eligiendo “Presidente 2015″ a Daniel Scioli, sin saber si tiene el guiño de Karina, Jessica y Cristina. Antes analizaríamos si eso es bueno. Ahora ya ni nos interesa saberlo. 

Simultáneamente, las encuestas a la carta, ofrecen una opción donde afirman que a Sergio Massa se le va cayendo a pedazos la máscara. ¿Habremos aprendido algo?
Junto al gobernador bonaerense, andan como émulos de Hamlet. Ninguno define qué otorga más crédito: “ser o no ser”, disyuntiva que a su vez es el dilema del peronismo después de la fallida transversalidad, y lo poco que sumó el radicalismo K.

No saciados del todo, también pudimos leer cuánto pagamos por los “goles secuestrados”. Cristina se llevó los laureles de la liberación pero nosotros seguimos pagando el rescate que se dijo sería “gratis”. Mentiras y más mentiras.

No hay nada gratis en Argentina, ni siquiera este feriado puente aunque no hayamos gastado un centavo. Porque mientras nosotros nos entreteníamos con nimiedades como las que hemos mencionado, sabrá Dios qué se está cocinando en El Calafate…

¿Qué habrá sido del juez Ballesteros estos días ociosos de otoño? ¿Y la fiscal Viviana Fein que nueva hipótesis nos tendrá preparada para sorprendernos? Probaron con tildar al occiso de homosexual – paradójicamente los mismos que bregaron por el matrimonio igualitario -, pero no sirvió, fue en vano. 

Entonces se fueron al otro extremo y lo vistieron de lujurioso y mujeriego, pero tampoco causó efecto. ¿Cuál será la tesis final? Urge definirla porque la agenda y los calendarios instan a Cristina a lanzarse de lleno a la carrera proselitista. 
El fantasma del fiscal no le da suficiente libertad para mover a su antojo, las fichas del tablero… Una distracción o un retraso en la decisión podría dejarla varada en Comodoro Py, repatriando dólares para costear a un magistrado que sea capaz de convencer que lo negro es blanco.

Algún vaivén más se tamizará por mis recuerdos, pero a grandes rasgos así va concluyendo este artilugio político para entretener al pueblo, que disfrazaron con el eufemismo de “feriado puente” o “feriado largo” 

Nadie pudo haberse aburrido demasiado. Pero si a alguien le quedan todavía ganas de show y circo, en este instante, en Plaza de Mayo, hay gran “festejo” porque 39 años atrás, la sociedad en su mayoría golpeó las puertas de los cuarteles para que echen a quien era en ese entonces Presidente… ¿O no? 

Si no fue así, ¿a qué se deben los músicos y las bandas tocando en tamaño escenario? ¿El Día de la Memoria? ¿En Argentina…?  Vaya si  resulta una paradoja que se conmemore la memoria en un país sometido al “eterno  resplandor de una mente sin recuerdos“, donde el ayer que nos vienen contando nunca ha existido, nunca ha pasado. 

Para ratificarlo está precisamente, al frente del Ejército, el general Milani. Y también un complejo hotelero que en todo caso, convierte el día de hoy en el “Día de la 1050″, y entonces sí se entiende por qué Cristina festeja…

Confieso: no logro dilucidar si estas líneas las escribí en broma o en serio. En todo caso, queda a su criterio.

(*) Gabriela Pousa. Analista Política en Medios, Licenciada en Comunicación Social y Periodismo (Universidad del Salvador), Analista Política y Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Directora de “Perspectiva Políticas