domingo, 29 de marzo de 2015

Kicillof y el multiplicador de pobreza

Por Javier Milei (*)
“.. la pobreza de 2013 alcanzaba al 27,5% de la población. Paralelamente, el Instituto Pensamiento y Políticas Públicas (IP&PP) estimó a la pobreza en un 36%. Por lo tanto, cuando Axel Kicillof decide no publicar el dato…”
Desafortunadamente para los 42 millones de argentinos que habitamos este suelo, el Ministro de Economía, Axel Kicillof, nos sigue castigando con sus frases poco felices. Esta vez fue el turno de la pobreza, donde el Jefe del Palacio de Hacienda afirmó que “cuantos pobres hay es una pregunta bastante complicada”, al tiempo que confesó no tener claro el número de pobres y que la medida le parecía bastante estigmatizante. A su vez, al ser consultado sobre la falta de cifras oficiales sobre pobreza, Kicillof negó que el Gobierno quisiera ocultar los índices y dijo que “hay un índice, que por los problemas de hacer homogénea la serie y hacerla nacional lleva más tiempo, y que cuando esté, se la va a publicar”; argumento muy similar al que diera tiempo atrás Jorge Capitanich. Por lo que parece, el empalme de las series tiene una tarea hercúlea adicional: ser coherente con el relato.
Por suerte, para los economistas y sobre todo para la humanidad, desde la edición de “la teoría general” de John Maynard Keynes en 1936, el análisis económico evolucionó muchísimo. Así, luego de que el Premio Nobel de Economía 2001 George Akerlof publicara el trabajo “The Market for Lemons” en 1970 (donde desarrolla el concepto de selección adversa –equilibrio de malos-) y que ello diera lugar al nacimiento del análisis económico bajo información asimétrica (entre otras cosas), hemos descubierto lo que hoy se conoce como “principio de revelación” (Hurwicz 1973, Spence 1974, Rothschild-Stiglitz 1976 y Myerson 1979 y 1982), el cual estaría arrojando mucha luz respecto a este culebrón estadístico.
El principio de revelación sostiene que si unos agentes tienen algo que ganar revelando un valor favorable de algún rasgo, otros se verán obligados a revelar sus valoraciones menos favorables. Esto es, mediante dicho principio, todos los agentes deben revelar sus cualidades, aún los menos favorecidos. La no revelación de su rasgo será interpretado como que no tiene nada bueno para mostrar, ya que de lo contrario no tendría sentido ocultarlo. Un caso que nos puede ayudar a ver cómo trabaja este principio es el de los sapos que buscan pareja.
Cuando un sapo y su rival luchan por la misma pareja, cada uno ha de tomar una importante decisión estratégica. ¿Debe pelear por ella o irse en busca de otra? Pelearse es arriesgarse a quedar malherido, pero continuar la búsqueda también implica un costo. En el mejor de los casos, lleva tiempo, y no hay garantía alguna de que la siguiente pareja posible no sea objeto de los afectos de otro sapo. En la elección de una de estas opciones desempeña un importante papel la valoración que haga cada uno de los sapos de la capacidad de lucha del otro. Si el rival es considerablemente más grande, la probabilidad de vencer será baja, por lo que la probabilidad de quedar malherido será alta, de este modo, lo más prudente sería continuar la búsqueda. En caso contrario, es posible que pelear sea una buena decisión.
Muchas de estas decisiones deben tomarse por la noche, cuando es difícil ver. Por ese motivo, los sapos recurren a algunas pistas invisibles. La más fiable es el tono del canto del rival. En general, cuanto mayor es un sapo, más grandes y gruesas sus cuerdas vocales y, por lo tanto, más grave es su canto. Si un sapo escucha un canto grave por la noche, puede deducir de manera razonable que procede de un sapo grande. A su vez, para que las señales que se transmiten a los adversarios sean creíbles deben ser costosas de fingir. Puesto en otros términos, si a los sapos pequeños no les costara nada imitar el canto grave que caracteriza a los sapos grandes, ésta dejaría de ser una característica de los sapos grandes. Sin embargo, no pueden imitarlos y junto con ello, los sapos grandes tienen una ventaja natural que hace del canto grave una señal fiable. De hecho, algunos experimentos han demostrado que al sapo común suele intimidarle más un canto grave que uno agudo.
Imaginemos que tenemos un índice que va de 0 a 10 que mide el tono del canto de un sapo y que el valor promedio es de 5. Así, en un primer momento, todos aquellos que tienen un nivel de graves que supera al 5 tendrán incentivos a revelar su canto ya que de lo contrario se inferiría que son sapos menores al promedio. Al mismo tiempo, dado que los grandes revelaron su tipo, para aquellos que han callado ahora existe un valor esperado de 2,5, por lo que aquellos que tienen un canto superior a dicho nivel terminarán cantando. Siguiendo este análisis, cada uno de los tipos de sapos terminará revelando de qué tipo de sapo se trata, donde el único que no lo hará, al menos de manera explícita, será el sapo de peor condición.
Este análisis describe perfectamente lo que ha sucedido con la publicación de las estadísticas de pobreza. El primero en mover fue el Observatorio de la Deuda Social de Argentina de la UCA con la publicación de su índice a partir del año 2010, cuando quedaba claro como el manejo de las estadísticas por parte de Guillermo Moreno subestimaba la cantidad de pobres. Así, para la casa de altos estudios, la pobreza de 2013 alcanzaba al 27,5% de la población. Paralelamente, el Instituto Pensamiento y Políticas Públicas (IP&PP) estimó a la pobreza en un 36%. Por lo tanto, cuando Axel Kicillof decide no publicar el dato, ello deja de manifiesto que el verdadero nivel de pobreza es superior al dato del IP&PP, ya que si fuera mejor lo revelaría.
Por último, y en línea con lo anterior, habría que recordarle al Ministro de Economía que días atrás el INDEC publicó la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), la cual, en su capítulo sobre la distribución del ingreso para el IV Trimestre de 2014 muestra que si se toma el ingreso por ocupación principal, más del 40% de los individuos percibe una remuneración inferior a los $ 4.400 mensuales correspondientes al salario mínimo vital y móvil del período en cuestión. Al mismo tiempo, si se toma el nivel de ingreso medio por grupo familiar, poco más del 50% de las familias estaría en una situación de alta vulnerabilidad (ingresos familiares menores a $ 8.800 por mes). En definitiva, todo pareciera indicar que respecto a los indicadores de pobreza nos encontramos frente algo peor a lo que fue el IPC del ex Secretario de Comercio, que pese a lo mal que medía se publicaba. Naturalmente, la presente situación es de gravedad extrema, ya que la experiencia muestra que toda variable económica que no se mide empeora, lo cual nos pone frente a un atroz multiplicador de pobreza, aunque el mismo pone a resguardo al alicaído relato.
(*) Javier Milei. Economista Jefe de la Fundación Acordar.
Buenos Aires, 27 de marzo de 2015