miércoles, 4 de marzo de 2015

Un País Suspendido

Por Enrique Avogadro (*)
"Y un día lo pagaremos, lo pagaremos porque no habremos tenido el valor de levantarnos, de protestar contra los actos más abyectos". Joël Dicker

La Argentina estuvo, hasta esta mañana de domingo, suspendido de un hilo, ya que nadie sabía, a ciencia cierta, qué diría Cristina en la última -al menos, eso es lo que dice la Constitución- apertura del año legislativo; lo único que teníamos claro era que el ¿Frente para la Qué? haría una demostración de fuerza para contraponer la cantidad de sus militantes -transportados y, muchos de ellos, rentados o compensados- a la masiva y espontánea marcha del silencio con que la ciudadanía conmemoró el primer mes del asesinato del Fiscal.
No se puede quejar la Presidente: llegó al acto liberada transitoriamente de una imputación penal directa por una resolución del Juez Rafecas, que sólo sorprendió por la celeridad con que fue firmada; ayer, la excelente pluma de Carlos Pagni, en La Nación, hizo una vivisección de las razones que llevaron al magistrado a brindar tan agradable regalo a la noble viuda. El fallo, no hay que negarlo, descomprimió un poco la crispada realidad y, de todas maneras, es altamente probable que el Fiscal Pollicita apele la decisión, que el Fiscal General Moldes la sostenga ante la Cámara Federal y que sea una de las salas de ésta quien, finalmente, decida la suerte de la denuncia por encubrimiento que fue, sin dudas, la causa de la muerte de Nisman.
Sin embargo, después de describir durante más de tres horas y media un país de maravillas en el que sólo ella y sus cómplices habitan, pese a la descompresión que significó la desestimación de la denuncia, Cristina se dio el lujo de confrontar una vez más con el Poder Judicial -se podría decir que rompió relaciones con éste, dada las acusaciones formuladas en la cara de Lorenzetti- acusándolo de violar la división de poderes que establece la Constitución y de intentar gobernar sin el Legislativo ni el Ejecutivo.
Para ello, no hesitó en falsear todo el derecho constitucional, que alguna vez debe haber estudiado, y tampoco en sostener que la denuncia de Nisman y la imputación de Pollicita no estaban dirigidas a su persona y a la de Timerman, sino a la Presidente y al Canciller, es decir, al Poder Ejecutivo y, por carácter transitivo, a la propia República Argentina.
Si algo puede caracterizarse como el eje de la ceremonia, fue la total ausencia de los problemas reales que aquejan a la Argentina kirchnerista; no habló de la inseguridad ciudadana, de la decadencia de la educación, de la inflación, del saqueo a las arcas públicas, de la corrupción, etc. Respecto a su breve mención a los acuerdos con China, y en caso de no haberlo leído, le sugiero acceda a una nota que escribí hace unos días, "El amante chino" (http://egavogadro.blogspot.com.ar/2015/02/el-amante-chino.html), en la cual di una opinión acerca de las razones de los mismos y, sobre todo, de los tiempos en los que se están llevando a cabo.
El discurso presidencial, hasta media hora antes de finalizar, era el esperable elogio a su fallecido marido, mientras destruye todo lo que éste hizo, y a cantar loas a su propia actuación; sin embargo, la aparición de carteles referentes a la AMIA en algunas bancas opositoras hizo que los frenos de la noble viuda dejaran de funcionar y regresara a su agresividad y a su violencia habituales.
El final fue de vergonzosa barricada, acusando a la oposición de querer destruir, tan pronto herede el gobierno, todos sus presuntos logros en favor de los más humildes, como la estatización del 51% de YPF o la curiosa administración K de Aerolíneas Argentinas, que sigue perdiendo más de dos millones de dólares diarios.
Hoy también tuvo lugar la apertura de sesiones ordinarias en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. ¡Qué diferencia entre el discurso que dio Macri allí y el que horas más tarde nos propinó Cristina! El Jefe de Gobierno habló de diálogo, de consulta, de crítica constructiva, y no formuló queja alguna por los años en que los Kirchner lo pusieron a parir; habló de futuro, no del pasado, y se mostró como un estadista. En cambio, la Presidente sólo ratificó que es una política menor, corrupta y resentida.
Debo expresar la profunda envidia que sentí al contemplar, esta misma mañana, la asunción del Presidente de Uruguay, ante todos los ex-mandatarios de nuestro país hermano; mis ideas son radicalmente opuestas a las del Frente Amplio que lo llevó al poder, pero contemplar un acto tan democrático y republicano me conmovió profundamente. En absurda compensación, la toma de posesión de Tabaré Vázquez en Montevideo dio la excusa perfecta, más allá de la gratuita e injustificable ofensa a los uruguayos que conllevó el envío de Boudou en representación de la Argentina, para la ausencia del doblemente procesado Vicepresidente en nuestra Asamblea Legislativa, ya que hubiera sido blanco aquí de todos los dardos de la oposición y de las pullas de la prensa internacional, aunque fue abucheado allá.
Mañana el país amanecerá, nuevamente, sumergido en la verdadera realidad, ignorando la pintura y el dibujo que, sobre ella, intentó realizar Cristina en su discurso. Y los argentinos seguiremos rezando para que todo termine, cuando debe, en paz.

Bs. As., 1 Mar 15
(*) Enrique Guillermo Avogadro. Abogado. Analista político
E.mail: ega1@avogadro.com.ar
E.mail: ega1avogadro@gmail.com


Fuente: Comunicación personal del autor