miércoles, 22 de abril de 2015

La otra devaluación

Por Gabriela Pousa (*)
Argentina es un país extraño donde cuando nada pasa es cuando todo está pasando. Es difícil percibir las diferencias entre la realidad y la apariencia. Se vive entre escenografías y máscaras como si la vida misma estuviese maquillada. Todo se mezcla sin medir consecuencias. Idéntica trascendencia puede darse a un escándalo mediático que a la entronización de un Papa nacido en estos pagos.
El afán por establecer lo igualitario como paradigma de lo democrático ha llevado a confundir el negro con blanco. Igualar, en este caso, es un eufemismo de vivir uniformados. Salirse de ese “orden” se paga caro. 
En ese contexto, la coyuntura política carece de toda racionalidad. El escándalo es tomado con naturalidad, la tolerancia a la barbarie es magnánima, y se le perdona lo imperdonable al gobierno nacional en pro de quimeras y falsedades. A ningún otro gobierno se le ha dejado hacer como al actual. 
Criamos al kirchnerismo como se cría un chico. Le permitimos desde el primer día hacer lo que quiera sin medir consecuencias, que gatee libremente, que abra cajones, toque enchufes, juegue con los adornos, se trepe a los sillones, llore y grite… Así durante doce años. 
Hoy, en esta adolescencia progresiva, pretendemos que se comporte con altura, buscamos ponerle limite sin garantía de éxito por la simple razón de no tener noción del significado de ese concepto. Inútil pretender que obre acorde a normas o reglas que jamás se le ha enseñado.Sucede con el ser humano en el seno familiar, y sucede con el gobierno en el marco político y social.  
El hartazgo, la apatía, el creer que “la buena vida” es sinónimo de poder comprar en cuotas un electrodoméstico más, nos convirtió en portadores de una paciencia infinita. El tener cotizó más que el ser. Hubo convencimiento de que se le debe pleitesía a quien nos “regaló” recitales de rock, nos inauguró una canilla, divirtió en Tecnópolis y habilitó feriados, convirtiendo fechas patrias en fines de semanas largos. 
Sumidos en tamaña confusión, y temerosos de lo que vendrá porque siempre hemos estado al amparo de “papá Estado”, vemos el cambio con recelo y pavor: ¿tendremos que renunciar a los beneficios de ser esclavos? Sí, cambiar requiere un renunciamiento que no todos los argentinos están dispuestos a aceptar. 
Esto explica de algún modo, el por qué Daniel Scioli suena aún como un posible sucesor de la jefe de Estado. El mismo hombre que ocultó cadáveres durante una inundación puede ser electo Presidente de la Nación. ¿Hay acaso coherencia en ello? No. Coherencia no, lo que hay es temor. Temor a perder la dádiva, el plan social, el “beneficio” del clientelismo, la asignación universal por hijo… 
De lo contrario, no es factible entender que el gobernador del conurbano, pueda tener alta intención de voto. Daniel Scioli es Cristina sin el grito, el dedo acusador, la cadena nacional, el mal trato cotidiano, el agravio por acto u omisión. Y parte del pueblo argentino es inmune a la corrupción, a la decadencia institucional, a la justicia y a la mismísima Constitución. Le importa un ápice lo que pasa fuera de las paredes de su casa. Por eso la basura tapa las calles, los monumentos se manchan con aerosol y se rompe un colectivo o un vagón.
Hacer la vista gorda” es deporte nacional, el “no te metas” gravita como dogma, y el “más vale malo conocido que bueno por conocer” sella un destino de resignación y falso confort. 
Otro asunto que explica, o pretende explicar, la presunta  posibilidad de un triunfo del gobernador radica en la crisis económica. No se evidencia aún una nítida percepción de crisis en la ciudadanía. Esto se debe a esas apariencias que se confunden con la realidad, a las cuales aludíamos al comienzo de estas líneas. 
Parece haber cierta calma porque el dólar no se dispara ni se habla de corralitos o corridas bancarias. Y además, la inflación se instaló como algo con lo cual hay que aprender a convivir más que como un mal a combatir. ¿Qué importa una suba de precios si el gobierno sube el subsidio luego? Y siempre prima el temor a que un nuevo mandatario ponga fin a ese “favor”. 
Para entender que el subsidio a la pobreza es en realidad una cadena que ata y condena a no salir de ella, es necesario educación. Y el kirchnerismo se ha ocupado con creces de mantener la ignorancia generalizada, sobretodo en las clases más necesitadas.  
En Argentina, la mayoría de las elecciones fueron definidas por el bolsillo guste o no. Véase quemientras las instituciones eran desmanteladas, mientras los Schoklender administraban fondos públicos, Ricardo Jaime estafaba o el juez Norberto Oyarbide cerraba toda causa contra el matrimonio presidencial, un 54 % le servía en bandeja la reelección a Cristina.
¿No se veía por ese entonces la corrupción? No la veía quien no quería, porque ya había pasado lo de Skanska, ya había entrado Antonini Wilson con la valija, ya habían sido diezmadas las Fuerzas Armadas y saqueadas las AFJP. Pero nada importaba porque se podían comprar plasmas en doce cuotas sin interés, o viajar a la costa los feriado puente y en Semana Santa… 
En síntesis, los argentinos no votaron gestión, votaron la apariencia de gestión que es distinto.Asimismo, el mayor apoyo que recibe Scioli, lo hace de sectores cuyo comportamiento y actitud frente a la política es nimio. O sea, el candidato tibio y moderado cuenta con el aval del ciudadano que le es similar: desaprensivo, resignado, moralmente anestesiado como el gobernador, para quien “el fin justifica los medios“. Así la Presidencia justifica las innumerables  displicencias que sufrió. Todo fuera por el sillón. 
Además, hay interés en votar tranquilidad después de años de tormentos, y Scioli está vendiendo eso: mesura, diálogo, sosiego y no tensión. Quę haya hecho o deshecho sigue sin ser prioridad para el elector. Si comúnmente se ha votado por el tenor del bolsillo, ¿por qué ahora habría que votar por eficiencia en la gestión?  
También es factible hacer una exégesis de la debacle que sufre el Frente Renovador. Sergio Massa no comprendió que su caudal electoral en la última elección, fue el voto a quién en ese momento, el gobierno, había erigido como opositor. Idéntica situación sucedió con Pino Solanas que se cegó, y no asumió que el voto porteño no estaba a su favor sino en contra de permitirle a Daniel Filmus, – y consecuentemente al oficialismo -, ocupar una banca más en el recinto.   
Cuando el escrutinio es mal leído suele sobrevenir este tipo de  decepción. Finalmente, la Presidente está más interesada en su propia suerte que en quién será su sucesor. Para ella habrá apenas un suplente porque no considera que el país pueda subsistir sin ella. La disyuntiva que enfrenta es advertir si la fidelidad de los jueces y fiscales que está consiguiendo por coimas y aprietes hoy, seguirá intacta cuando ya no sea ella quien trabaje en Balcarce 50. Esa duda la desvela porque, en política, la traición es regla y la lealtad excepción.  
Así y todo, Fernández de Kirchner quiere volver a la vieja metodología con la cual el kirchnerismo construyó poder después de asumir con un 22% de votos. Cristina apuesta de nuevo a la caja. Y puede hacerlo porque en medio de una devaluación que sobrepasó el limite de la moneda, Argentina ha sufrido una devaluación mucho peor: la de la dignidad y el honor. 
No hace falta mucho para darse cuenta que, como el fiscal Javier De Luca, hay hombres baratos, en oferta, prestos a venderse al primer postor aunque ni siquiera sea el mejor. 
(*) Gabriela Pousa. Analista Política en Medios, Licenciada en Comunicación Social y Periodismo (Universidad del Salvador), Analista Política y Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Directora de “Perspectiva Políticas”. Artículo publicado el 21 de Abril de 2015

martes, 21 de abril de 2015

El juego del poder es para vivos y perversos

Por Oberdan Rocamora (*)

La unión de Macri, Massa y Sanz para contener a La Doctora y Scioli.

Salvo que quieran que triunfe Daniel, Mauricio y Sergio deben ponerse de acuerdo. Arreglar. Para dejar de ser funcionales a La Doctora. O sea a Daniel.
Ocurre que Mauricio tiene misericordias en Buenos Aires. Y Sergio recopila compasiones en el Artificio Autónomo de la Capital.
Para que Mauricio eventualmente lo acepte, de mala gana, significa que Sergio debería “bajarse”. Resignar la ambición presidencial y conformarse con el premio consuelo de la gobernación. Tarea que, en la provincia inviable, es mucho más difícil que ocupar la presidencia.
“¿Y por qué no hacemos a la inversa?” -consigna la Garganta de la Franja de Massa- “Si la provincia aporta muchos millones más de votantes”, insiste.
Con razonamiento similar reacciona De la Sota, El Cuarto Hombre, de valorada experiencia pero que viene más retrasado. Cuando le dicen que Massa pretende llevarlo en la fórmula presidencial como su vice, según nuestras fuentes, dice: “Mirá vos, en cambio yo lo quiero a Massa para que sea mi gobernador en Buenos Aires”.

Resignada convivencia

Entre Scioli, el Líder de la Línea Aire y Sol, y La Doctora, hoy persiste una concordia transitoria, pero que deja al borde de la banquina a Randazzo, El Loco. En condiciones de ser rebajado, como cualquier Precios Cuidados, para destacarse en adelante como un partenaire, casi un sparring ideal, intrascendente como Urribarri, El Padre del Marcador, o Rossi, El Chivo, al que nadie toma en serio ni en El Cairo, bar emblema de Rosario.
La nueva relación Líder-Doctora fortalece, en el interior del cristinismo, el sentimiento de permanencia. Más arraigado que el sentimiento de pertenencia. Entonces los “camporistas” deben asumir que Scioli -quién iba a decirlo- les pertenece. Y sentir que en cada uno de ellos habita un Mariotto dormido, en potencia.
“Todo camporista guarda un Mariotto en un rincón del corazón”.
Entonces creen que van a quedarse. “Partir, qué triste alternativa”, canta Chico Novarro. Aún pueden asegurarse la continuidad.
“Porque en octubre los vamos a embocar de nuevo”, confirma la Garganta. Y agrega: “LTA”. Es el fatídico maradoniano: “la tenés adentro”.
Manera perversa de explicitar el fracaso de Clarín. Después de siete años de confrontación con el enemigo predilecto, los cristinistas están agrandados. Se proponen acabar con la elección en la primera vuelta de octubre.
Trasciende que la resignada convivencia entre Daniel y La Doctora se consolidó cuando el Líder de la Línea Aire y Sol resultó fundamental para doblar el voto de cierto camarista gravitante. Acción que colocó el Caso Nisman en la antesala del archivo. Apenas un crimen de verano que amenazó con cargarse a La Doctora. Gracias a camaristas puntuales jueces señalados, los efectos inicialmente devastadores del crimen de verano se diluyeron en el otoño. Hasta transformarse a la fuerza en un suicidio.
El gravitante alivió llegó. En asombrosa coincidencia con el estancamiento de los dos principales candidatos opositores. Sergio, primero, y Mauricio después.
El freno motivó el impulso bastante tardío de De la Sota. El Cuarto Hombre decidió cubrir costosamente la totalidad del paño, con el pretexto de su vocación literaria y con declaraciones múltiples. Para aplicar la estrategia de “ver qué pasa”. Hasta dónde se llega. Si alcanza al menos los irrisorios 10 puntos. Para pactar con Adolfo, El Alma de la Puntanidad, y sobre todo con Sergio, que lo reclama, tal vez para embocarlo. O para conciliar las hondas diferencias con el cristinismo, por razones exclusivamente pragmáticas.
Ocurre que los 12 o 15 puntos que se le reservan para el kirchnerista Accastello, pueden resultar fatales, en Córdoba, para el anunciado “regreso de Juan”. O sea, Juan Schiaretti.
Sin acuerdo con Accastello, el “delasotismo” está más cerca de perder la provincia. En Córdoba avanza el acuerdo que algunos interesados quisieran trasladar hacia el plano nacional. Entre los radicales de Aguad, El Milico, para gobernador, y Mestre, El Alcalde, para repetir, y con Juez (para la Planta Permanente del Senado). Y con Baldassi, El Soplapitos, para la vice. Es del PRO, expresión institucional del macricaputismo.
El entendimiento de Córdoba permite vaticinar, con optimismo superior, un acuerdo para antes de las PASO. Contempla la presentación de la fórmula que sigilosamente vuelve a tratarse. Macri-Sanz.
Para desazón intelectual de Jaime Durán Barba, El Librepensador del Horacio, defensor fundamentalista de la máxima pureza del PRO, sin contaminaciones de la acabada “política vieja”.

Los mangados

La etapa es atractiva. Está en juego lo más apasionante de la actividad política. La lucha por el poder. Un juego, el del poder, para vivos, perversos e inteligentes.
Consiste en unificar la fuerza propia y fragmentar las fuerzas contrarias.
Desborda la simpleza: hay que buscar la unión o evitarla.
Debe aceptarse que el ejercicio del gobierno facilita los movimientos. El afán de quedarse parece ser mucho más intenso que el afán de desalojar al adversario.
Es curioso, tiene más hambre de poder el que quiere quedarse que aquel que se propone echarlo.
Sobre todo porque, el que se queda, contiene mayor solidez espiritual en sus argumentos. En cambio, aquel que debe desalojar, plantado como opositor, se encuentra naturalmente obstaculizado por un conjunto de contradicciones. Egolatrías infinitas que desembocan en rencores personales.
Y los que mejor se mueven, en la actualidad, para enrolarse entre los vivos que quieren desalojar, son, según nuestras fuentes, los “mangados”.
Los aportadores frecuentes de los fondos sacros. Distan de caracterizarse por el romanticismo. Ganaron mucho dinero con el kirchner-cristinismo, cobraron juntos, la contaron. Sobre todo durante el primer tramo de la década. Los Mangados tienen un efectivo interés en acabar con la insoportable inmanencia del cristinismo.
Se habla, por ejemplo, de un fuerte petrolero. Un Dragón acosado por el inversor del comisario que pretende infatigablemente llevárselo puesto.
Pero también se alude a otros industriales institucionalmente poderosos, cañonero sin costura, adoradores de Sanz, y de algunos banqueros frecuentadores de la Franja de Massa. Incluso, se barajan hasta los destacados conductores de algunos grupos mediáticos que brindan el escenario sustancial.
Planifican, Los Mangados, la osadía de acercar a las tres fuerzas fundamentales que, si se unifican, pueden resultar posiblemente imbatibles. Ni siquiera resisten la chicana menor de ser comparadas con la reencarnación de la Alianza. Aparte, prácticamente no existen diferencias de fondo entre ellos.
Mauricio, El Niño Cincuentón; Sergio Massa, El Renovador de la Permanencia; Ernesto Sanz, La Eterna Esperanza Blanca.

Idea utópica de perdurar

Pero rescatar el probable entendimiento entre Mauricio y Sergio hoy es una indigna manera de perder el tiempo. Así cualquiera de los dos, para ir por la provincia, decida “bajarse”.
Ocurre que el mero acercamiento de Sergio con Mauricio produciría un colapso por el vendaval indeseable de la señora Carrió, La Empresaria de la Demolición (hoy comprometida con Mauricio).
Otro comprometido, pero con Sergio, es Francisco De Narváez, El Caudillo Popular. Un clavado candidato para la provincia, al que Macri detesta por razones ya detalladas en La Tragicomedia de Mauricio y el Francisco (cliquear). Texto del Portal. 
Sin embargo Narváez es mucho más razonable que Carrió. Y ya le advirtió, según nuestras fuentes, a Sergio.
“Si decidís bajar a la provincia lo voy a entender. Sólo te pido que me lo avises antes”.
El pragmatismo de los profesionales del poder suele ser siempre más importante que la sedimentación de los egos. Conceder es, en definitiva, un acto de inteligencia personal y colectiva.
Y si Sergio y Mauricio alcanzan un acuerdo electoral con Sanz casi pueden asegurarse la gobernabilidad. Una indeterminada cantidad de legisladores, para cuerpear la transición. Lo menos que se aseguran es el paso hacia la segunda vuelta, algo letal para el cristinismo y la idea utópica de perdurar.
(*) Oberdán Rocamora para JorgeAsisDigital.com Envío 1296

La etapa de los eufemismos

Por Alberto Medina Mendez (*)

Si bien la política funciona de acuerdo a su propia matriz, cuando se acerca la campaña todo se exacerba y, entonces, la necesidad de utilizar ciertos términos con mayor cuidado se vuelve vital para sus propios intereses.
En el territorio de lo electoral parece que la sinceridad no genera gigantescos dividendos y el embuste es mucho más apreciado. Eso se deriva de las evidencias cotidianas y explica porque los dirigentes prefieren utilizar frases ambiguas, vocablos que no dicen casi nada y hasta inventan un nuevo vocabulario con tal de no llamar a las cosas por su nombre.
Existe, en esto, una enorme responsabilidad de una ciudadanía pusilánime que prefiere un lenguaje oscuro a la franqueza como virtud. Tal vez sea saludable que la sociedad revise su demasiado habitual doble estándar.
En su retórica cotidiana, la que utiliza en su vida privada, en familia, con amigos o en el trabajo, repite hasta el cansancio que su prioridad es la verdad ante cualquier circunstancia, por dolorosa que ella sea.
Lo cierto es que frente a la mala noticia, se ofende con facilidad por la falta de valentía de su interlocutor de turno, que no le anuncio oportunamente los hechos, como corresponde, sin rodeos. Pero lo que más lo incomoda es que la novedad le impone una acción que no quiere emprender. Aceptarla, implica atravesar una situación difícil que detesta, y es allí cuando convierte la verdad en una lista interminable de sentimientos negativos.
Cuando esas verdades fluyen de un modo claro e inequívoco, con energía, y hasta con la crueldad con la que  resulta imprescindible que sean explicitadas, entonces opta, enfurecido, por no premiar las correctas actitudes, estimulando, sin pudor, a los eternos mercaderes de la mentira.
Los políticos engañan, ya no por convicción, sino por conveniencia. Ellos entienden que eso se traduce indudablemente en resultados. El dirigente que explica lo que está pasando, que muestra lo que sucede y que plantea los niveles de responsabilidad que tiene la sociedad frente a la realidad, no será debidamente reconocido y será expulsado del juego electoral.
Las adversidades nunca son bienvenidas. Jamás se desea escuchar sobre la responsabilidad de la gente sobre ellas. Eso obligaría a asumir cierta culpa sobre lo que ocurre. Es la misma razón por la que muchos ciudadanos ni siquiera pueden reconocer que en el pasado votaron al gobernante actual, o al anterior. Eso implicaría hacerse cargo del presente. En realidad, la sociedad no está dispuesta a aceptarlo de un modo tan contundente.
Pronto comenzará esa dinámica en la que los políticos hablarán de lo que viene y de lo que piensan hacer. Otra vez recurrirán, con mucha sutileza, a las evasivas, a la terminología difusa, apelando a la confusión y, a veces también, a la ignorancia sobre el significado de cada palabra.
Es el momento del proselitismo, y por lo tanto, una renovada ocasión de mentir descaradamente. Ellos saben que tendrán que tomar decisiones importantes, pero no lo admitirán ahora. Esperarán que la gente exprese su voluntad y después recién definirán lo que pueden realmente hacer.
No desconocen lo que resulta preciso hacer. Suponerlo sería demasiado ingenuo. Lo saben, pero también tienen conciencia de que importa más no pagar elevados costos políticos, ni perder poder de un modo efímero.
Su talento no tiene que ver con saber resolver problemas, mucho menos aun con ser los adalides de la defensa de la gente. En todo caso, su mayor atributo pasa por comprender como funciona el poder, como se lo obtiene y, fundamentalmente, como se lo retiene en forma indefinida.
En estos últimos años ese trágico esquema de mentiras encubiertas, de planteos borrosos, se ha perfeccionado en muchos ámbitos. No solo la política cayó en esa trampa sino también una ciudadanía cómplice.
La sociedad llama robustos a los gordos, privados de la libertad a los presos y se refiere al aborto como interrupción del embarazo. La política también hace lo suyo creando su propio léxico. Así fue que el reacomodamiento de precios reemplazó a la inflación, la inseguridad al exceso de criminales y la expansión monetaria a la emisión descontrolada e irresponsable de billetes.
En este contexto de elecciones, todos los dirigentes saben que la coyuntura no será fácil. Oficialistas y opositores entienden que heredarán una "bomba de tiempo", pero como consideran que es políticamente incorrecto decirlo, han decidido transitar el sinuoso y cínico camino de reconocer los aciertos del gobierno y solo hablar de asignaturas pendientes o de la necesidad de seguir en el camino de la profundización de los logros, según sea el caso.
El que triunfe en los comicios tendrá la dura tarea de conducir la transición. Deberán adoptar determinaciones drásticas haciendo importantes ajustes a la economía. Tendrán que reducir abruptamente el gasto estatal, bajar la emisión monetaria hasta neutralizarla, adecuar las tarifas de los servicios públicos a niveles de mercado, recomponer rápidamente las reservas monetarias, atraer inversiones, recortar los impuestos, disminuir aranceles, desregular el comercio exterior, integrarse al mundo, entre otras cosas.
Nada de eso será fácil, ni gratis. Claro que se deberán pagar los "platos rotos", como siempre que se intenta superar un problema en el que se tiene plena responsabilidad en su gestación. El "médico" tiene claro lo que debe hacer, pero también sabe que tendrá que mentirle a su "paciente". Es que las reglas políticas que ha impuesto esta sociedad cobarde, alientan a la mentira, invitan a la trampa, aplauden la creación de una jerga que suavice las verdades y hasta logre ocultarlas. Es importante saber que se inicia un recorrido sin retorno hacia esa patética etapa de los eufemismos.

(*) Alberto Medina Méndez. Periodista y analista político
albertomedinamendez@gmail.com
www.existeotrocamino.com
Fuente: Comunicación personal del autor

La renovada "Maldición de Malinche"

Por Enrtique G. Avogadro (*)

"... hoy les seguimos cambiando 
oro por cuentas de vidrios
y damos nuestra riquezas
por sus espejos con brillos" Amparo Ochoa 
Los daños que el kirchnerismo ha infligido a la Argentina son innumerables, pero esa vocación destructora parece no tener fin. Después de haber desperdiciado, miserablemente, la mejor década que deparara el escenario internacional en los últimos setenta años, dejarán al país, al igual que sus mentores venezolanos y cubanos, con un cuarto de la población sumida en la pobreza, con la corrupción rampante, con la educación en decadencia, con la salud deteriorada, inmerso en el narcotráfico y la violencia, con un nivel de inflación desconocido en el planeta, con una sociedad agrietada y fracturada al extremo, con empresas y capitales que huyen aterrados, sin instituciones y sin Justicia, sin agua corriente y sin cloacas, sin caminos, sin energía, sin reservas monetarias, sin fuerzas armadas y con su administración pública con cientos  de miles de empleados superfluos e impagables.
Pero, tal vez, lo peor de la herencia serán los monstruosos pactos que la Presidente, sin dar ninguna cuenta de ellos y manteniéndolos en secreto, continúa suscribiendo con China y con Rusia, porque ellos significarán -si no son revisados de inmediato- el sojuzgamiento de la Argentina y su transformación en una colonia, una factoría meramente extractiva.
El Gobierno, siempre movido por su afán de latrocinio y saqueo, ha decidido seguir adelante con la construcción de centrales nucleares e hídricas de generación eléctrica, sobre las cuales no se ha hecho estudio de factibilidad ni ambiental alguno. El mejor ejemplo de ello son las represas rebautizadas como "Kirchner" (¡cuándo no!) y "Cepernic", ambas sobre el río Santa Cruz, que figuraban atrás de treinta proyectos prioritarios, y a cuya dudosa capacidad efectiva de producción habrá que sumarle el enorme costo de su conexión a la red troncal de distribución.
Los tiempos de construcción y puesta en marcha de esos proyectos excederán en lustros, como mínimo, al mandato del actual gobierno, y dejarán al país con monstruosas deudas con ambos países, siempre dispuestos a financiar locuras a cambio del suministro de las materias primas indispensables para sus propias economías, o para concesiones soberanas que rozan el vasallaje. Venezuela y Ecuador han entregado a los chinos, por décadas futuras, su petróleo, y muchos países del África sub-sahariana están haciendo exactamente lo mismo con alimentos, energía y minerales.
La matriz es muy similar a la que Cristina y sus cuarenta ladrones están implementando para nuestro futuro inmediato. A Rusia le interesa enormemente el abastecimiento de alimentos para sortear el embargo internacional por su invasión a Ucrania y la posibilidad de enriquecer uranio en la Argentina para triangularlo a Irán -¿recuerda el memorandum y el asesinato de Nisman?- amén de los acuerdos políticos, que le permitan participar en la mesa donde se juega el control del Atlántico Sur y de la Antártida, y militares, para el suministro de material.
China, también con apetitos en esos escenarios geopolíticos -como lo prueba la instalación de la base científico-militar en Neuquén-, requiere alimentos para su creciente clase media, cada vez más demandante por mejor comida, energía para su enorme industria, y mercado para sus empresas de infraestructura de todo tipo.
Ante ambos gigantes, la Argentina debe negociar inteligentemente, para agregar cada vez más valor -y más trabajo- a sus productos exportables, pero sin por ello ceder soberanía ni posición geoestratégica. Ello nos permitirá dejar de ser intrascendentes espectadores para comenzar a ser actores en el escenario global.
En el caso chino es peor aún, porque se encomendará la construcción de los proyectos a empresas de esa nacionalidad, sin licitación alguna ni control de precios, y traerán para ello trabajadores asiáticos que laborarán bajo legislación extranjera y hasta con las normas ambientales de ese país, uno de los más contaminantes del planeta; sus productos -trenes, etc.- nos serán vendidos sin transferencia de tecnología y llave en mano.
El Gobierno, en cambio, motorizado por su angustiosa necesidad de divisas para mantener la ficción encarnada en el "relato" y por su sempiterna apetencia por dineros mal habidos, está entregando en ambos casos las joyas de la tatarabuela; la "maldición de Malinche" se reitera siglos después, pero los espejitos de colores son, en el fondo, los mismos.
Por nuestra parte, luego de haber cedido la soberanía sobre los terrenos patagónicos donde se está construyendo la base militar china, abriremos indiscriminadamente las puertas a productos originados en ese país, que terminarán de destruir la golpeada industria nacional. El colmo, y como simple botón de muestra, ha sido la importación de ¡durmientes de cemento! para el ferrocarril Belgrano Norte. Y todo ello por un miserable intercambio de monedas para respaldar, artificialmente, a nuestro quebrado Banco Central.
Cuando digo que existe otra manera de negociar con esos países, me refiero, claro está, a una concepción del mundo totalmente reñida con el imaginario kirchnerista, que lo observa con anteojos que atrasan más de medio siglo. El Gobierno, después de romper todas las alianzas regionales que hubieran sido ideales para negociar con el mundo, cree que la guerra fría sigue vigente, y ha decidido embanderarnos con uno de los imaginados polos contendientes. Pero la realidad es otra.
China y Estados Unidos son competidores políticos y, a la vez, los mayores socios comerciales; el mayor proveedor de patentes para el gigante asiático es Israel, amenazado por las monarquías sunitas respaldadas por los norteamericanos que, a su vez, están amenazados por los chiítas iraníes, a los cuales Rusia suministra material nuclear para incomodar a Europa y a Estados Unidos. El subsidio al shale petróleo y al shale gas producido en su propio territorio, apoyado en avances tecnológicos enormes, ha permitido a los Estados Unidos golpear a sus competidores violentos, como Venezuela, Rusia e Irán, y hasta a sus propios aliados, como Arabia Saudita o Brasil, o excesivamente optimistas, como Argentina con Vaca Muerta.
Todo ese complejo panorama, y el crecimiento enorme que ha registrado China en las últimas décadas, que le permite soñar con llegar a ser la primera economía del mundo, han diseñado un sistema multipolar determinado por alianzas y competencias económicas y políticas, todas ellas tendientes a mejorar la situación de la población de cada uno de los jugadores. Argentina, en cambio, bajo el mando de esta pandilla de incompetentes e ignorantes, con una mentalidad cortoplacista determinada por las urgencias de caja y de saqueo y con una secreta vocación de su jefa por suceder a Fidel Castro como líder de la izquierda latinoamericana, ha renunciado a cualquier actitud inteligente y patriótica -no patriotera-, nos ha dejado sin carne y sin trigo, y está condenando a las generaciones futuras a ser émulos de los tan falsamente exaltados pueblos originarios.
En estas condiciones, y como ha sucedido con éstos en todas las latitudes, terminaremos siendo expulsados de nuestra propia tierra, probando ante el mundo que no merecíamos tantos dones.
Punta del Este, 19 Abr 15
(* Enrique Guillermo Avogadro. Abogado
E.mail: ega1@avogadro.com.ar
E.mail: ega1avogadro@gmail.com
Site: www.avogadro.com.ar

Fuente: Comunicación personal del autor

lunes, 13 de abril de 2015

El continente de los senderos que se bifurcan

Por Carlos Salvdor La Rosa (*)
Diez años atrás, América Latina parecía ser un modelo mundial, un continente reconvertido en su inmensa mayoría hacia la democracia, donde la misma conducía casi espontáneamente hacia una especie de socialismo vernáculo.
Las únicas diferencias que se admitían eran las lógicas particularidades nacionales que les impedían marchar a todos los países al mismo paso. Pero fuera de esa cuestión de tiempos y de algunas variables de costumbrismo cultural, todos avanzaban en la misma dirección.
De allí que todos los intelectuales europeos de izquierda, viudos de la Guerra Fría, volvieran sus ojos hacia el único continente que parecía contradecir las tendencias mundiales hacia la mayor globalización capitalista, que crecía tanto en Occidente como en India, Rusia o China, con sus más y con sus menos.
Tanta fue la pasión de los progres europeos por la tentación latinocéntrica que hasta parieron en su propio espacio geográfico a dos hijitos bolivarianos: el actual gobierno de Grecia y “Podemos”, uno de los movimientos opositores con mayor crecimiento en España.
Chavistas de nacimiento y concepción que hoy disimulan un poco su origen pero cuyos programas son casi calcados del socialismo siglo XXI del bolivarianismo en una versión con un poco menos de realismo mágico, pero no demasiado menos.
Ni qué hablar de lo que ocurrió luego de la crisis económica mundial de 2008 en la que pareció que todo el mundo desarrollado entraba en su decadencia final mientras que en las purezas étnicas de los gobiernos latinoamericanos rescatadores de los pueblos originarios, nacía una nueva humanidad, casi intocada por el crac financiero capitalista.
Sin embargo, la Cumbre de las Américas de esta semana surge como una síntesis de todo lo que fue ocurriendo a partir de ese entonces cuya gran conclusión podría definirse como que la dirección definida hacia el socialismo latinoamericano o hacia cualquier meta única ha volado por los aires.
Hoy, quizá producto de la democracia imperfecta pero aún así más democracia que imperfecta, los pueblos y sus gobiernos van construyendo una variedad inmensa de opciones donde las naturalezas nacionales pasan a ser los verdaderos sustantivos de las transformaciones y las ideologías devienen meros adjetivos cada día menos determinantes. 
Es cierto que este cambio implica algún retroceso porque el proceso continentalista  que tuviera gran auge la década anterior, un poco ha ido sucumbiendo al no poder soportar tanto ideologismo abstracto y entonces cada quien se ha recluido en su nación o se han armado tantas formas de integración parciales que es como si no hubiera ninguna. 
No obstante, es precisamente de este fortalecimiento de las identidades nacionales de donde América Latina deberá partir para construir nuevas realidades continentales que dependan más de los intereses estratégicos de América Latina y menos de los absurdos ideologismos que nos quisieron vender, tanto desde adentro o desde afuera, como un continente con un destino manifiesto, cuando los destinos no se manifiestan sino que se construyen y a partir de la diversidad, no del unitarismo forjado por ideologías para colmo anticuadísimas.
Ésas por las cuales los snobs europeos nos querían poner como modelo de la resurrección de lo que la guerra fría se llevó, buscando comparar a Macondo con Leningrado. 
Ahora, felizmente, ha desaparecido la Meca porque cada país es una Meca en sí mismo y el futuro consiste en aunar intereses locales en estrategias continentales. Algo mucho menos utópico que el socialismo  siglo XXI pero más realista, para que dejemos de ser laboratorios de experimentos fracasados y nos convirtamos en verdaderos protagonistas de la historia a partir de nuestra  identidad, mejor dicho identidades. La Cumbre de las Américas va por ese camino.
Intereses sectarios y minúsculos pretendieron que el gran tema histórico que condujo a este evento extraordinario donde están representados por primera vez todos los países de América, fuera compartido por otro: que al reencuentro Cuba-EEUU se le pudiera contraponer el desencuentro Venezuela-EEUU, sin ser capaz de dimensionar la grandeza del primero y la pequeñez del segundo.
Así, ambas ponencias tuvieron su representante: Raúl Castro lo fue, sin ambages, del primero. Cristina Fernández de Kirchner lo fue, más allá de todos los demás incluso Maduro y Correa, del segundo. Nunca, pese a declararse mutua simpatía, Cuba y Argentina estuvieron más separados en su modo de interpretar la realidad continental.
Raúl Castro no fue complaciente con los EEUU, ya que, entre otros detalles, condenó a los diez presidentes anteriores a Obama como enemigos de Cuba, pero, sin embargo, tuvo la grandeza de rescatar la honestidad personal y la buena voluntad política de Obama, sin que por ello dejara de mostrarse un tanto escéptico acerca de que el Congreso yanqui acabara con el bloqueo.
Nunca jamás calificó Castro al encuentro como el triunfo de Cuba sobre EEUU sino que valoró, como se hace en los grandes encuentros históricos, la voluntad compartida de ambas partes.
Cristina Fernández expresó todo lo contrario en términos casi absolutos. Proclamó al encuentro como un triunfo total de los 60 años de la revolución cubana, de una imposición de la isla al imperio. Se ocupó mucho más de criticar a Obama que al resto de los Estados Unidos. El presidente norteamericano propuso mirar al futuro para entablar la nueva relación EEUU-Cuba.
Cristina, en las antípodas, propuso recordar el pasado que por indiferencia o ignorancia Obama prefirió, según ella, dejar de lado. Y, por sobre todas las cosas, intentó poner al diferendo con Venezuela como el tema central, cuando ya quedaba claro que no se podía comparar una cosa tan grande con una tan insignificante.
Hasta Nicolás Maduro debió referirse a las declaraciones previas, a la Cumbre, de Obama cuando éste aseguró no considerar a Venezuela una amenaza. Aclaración que Cristina decidió omitir en su discurso para fortalecer la idea de que ella es la líder más antiimperialista de la región.
Una antigüedad con todas las letras cuando el resto de América Latina parece estar ocupándose de sus cosas en vez de armar escandaletes de estudiantina con declaraciones altisonantes.
O, mucho peor, buscar en forma espúrea y oculta acuerdos indefendibles con Irán en el mismo momento en que  todo Occidente, en forma abierta y franca, está tratando de acordar públicamente con Irán. Las ganas de estar en contra de todos por el solo deseo de estar en contra. Adolescencia tardía.
Uruguay sueña con ser Finlandia a partir de su industria maderera. Perú ha logrado el milagro de seguir un mismo sendero económico con cinco gobiernos de distinto signo. Paraguay parece asomarse por primera vez en décadas al progreso. Chile lucha denodadamente con la corrupción cuando ésta recién comienza a crecer y Brasil, que ya la tiene demasiado crecida, busca atacarla también.
En Chile y en Brasil el pueblo ha decidido masivamente marchar contra la corrupción con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes. Colombia, México, Perú y Chile se han integrado para ser la avanzada americana hacia el Pacífico.
Bolivia y Ecuador anhelan seguir con su socialismo bolivariano pero con racionalidad económica en ambos casos y con una transformación educativa en el país de Correa donde la reconstrucción de la autoridad y la exigencia parecen ser las dos grandes ideas de avanzada. Cuba se está jugando con todo a la apertura económica. Sólo Venezuela falla por todos lados, como los restos fósiles de otra revolución fracasada. 
Y la Argentina ha devenido la gran defensora de lo que ya no existe más, prosiguiendo con esa tendencia tan reiterada en esta última década de desaprovechar la más grande oportunidad que Dios, la naturaleza, el azar o vaya a saber quién más, le brindó nunca a un país para que pusiera fin de una vez por todas a sus malarias. 
En nombre de un pasado inventado nos estamos comiendo en el presente todas las posibilidades del futuro. 
Mientras tanto, América va.

(*) Carlos Salvador La Rosa. Periodista y analista político. Artículo publicado en "Los Andes" el 12 dde Abril de 2015

Burócratas “iluminados” que hunden la Argentina

Por Roberto Cachanosky (*)
El argentino no trabaja pensando en el largo plazo. Solo se limita a sobrevivir el día a día
Si uno ve el comportamiento de los argentinos de hoy en día, la única capacidad de innovación, inteligencia y habilidad que uno descubre es nuestra capacidad para sobrevivir el día a día. La habilidad que hemos desarrollado se limita a ver cómo sobrevivir a este tsunami estatista e intervencionista que ahoga la capacidad de innovación. Trabajar atados de manos por las regulaciones existentes. Producir sin saber si se tendrán insumos. Vender y ver como el fruto de nuestro trabajo se lo lleva ese socio carísimo que se llama estado y encima a cambio de nada es parte de nuestra vida diaria. Es más, hay un conjunto de burócratas que se consideran seres iluminados y superiores al resto de los mortales que habitamos estas tierras, que van forzando la asignación de recursos según su visión de lo que es mejor para todos según ellos.
Varios son los mecanismos que se utilizan para asignar los recursos productivos e inhibir la capacidad de innovación de la gente.
Por un lado tenemos el famoso gasto público. Este gasto público récord que lejos está de brindar los servicios para los cuales fue creado el estado, es decir, para defender la vida, la libertad y la propiedad de las personas. Este estado no ofrece esas garantías, por el contrario, las ataca cuando puede. El gasto público actual se limita a estimular el consumo en detrimento de la inversión, con lo cual dirige los recursos de la gente hacia la producción de bienes de consumo pero sin ampliar la capacidad productiva y menos la competitividad de la economía. A lo largo de todos estos años florecieron los comercios dedicados a vender bienes de consumo durable y no durable. Pero a medida que se va agotando la capacidad de financiar la fiesta de consumo vemos como mes a mes se baten récords en locales cerrados. Gente que con lo que vende, no puede pagar el alquiler del local, el sueldo y las cargas sociales de un empleado y los impuestos nacionales, provinciales y municipales. Esa persona cierra su local y tiene que ver cómo sobrevive.
La capacidad de innovación también se ve anulada por los inútiles burócratas que controlan los precios y rentabilidad de las empresas y las obligan a llenar planillas Excel que no sirven para nada. Ignorantes como son, creen que los costos determinan los precios de venta, cuando en la realidad son los precios de venta los que determinan los costos. Cuánto está dispuesto a pagar el consumidor por un producto determinado es el indicador que tiene el empresario para definir cuáles son los costos en los cuales puede incurrir (mano de obra, insumos, etc.).
Como el precio deriva del valor que la gente le otorgue a cada bien o servicio, en una economía normal es la capacidad de innovación del empresario el que permite progresar descubriendo dónde hay una demanda insatisfecha. Es decir, dónde hay que asignar los recursos productivos para producir bienes que la gente valora pero que nadie está produciendo. Este es uno de los ingredientes del progreso económico.
Cuando la gente no puede expresar sus preferencias y es reemplazada por el burócrata que decide qué hay que producir y a qué precio vender la economía no tiene innovación. No tiene iniciativa, audacia, dinamismo, solo se limita a producir lo que el burócrata caprichosamente decidió. Para manejar una empresa bajo esas condiciones no hacen falta empresarios verdaderamente innovadores, solo personas que se limiten a recibir órdenes de un incapaz que sueña con ser el Dios todo poderoso que sabe qué quiere cada consumidor.
¿Para qué pensar en nuevos productos, tecnologías y métodos de producción si un burócrata rentado puede destruirme el negocio que asumo con riesgo?
La gente no trabaja pensando en el largo plazo, solo en cómo sobrevivir el día con el peso del estado y la incertidumbre que crean los burócratas con sus ordenanzas.
El argentino vive para atender las requisitorias y nuevas regulaciones de la AFIP y del BCRA. Para llenar inútiles planillas Excel que demandan los burócratas. Para pagar impuestos, para hacer engorrosos trámites para poder exportar el fruto de su trabajo. No vive para crear, inventar, innovar, desarrollar nuevos productos, formas de producción o tecnologías de avanzada. El argentino destina gran parte de su tiempo a cumplir con las órdenes del burócrata de turno, lo que significa dejar de producir para perder el tiempo y las energías en llenar formularios y cumplir regulaciones que no generan riqueza. Es decir, no generan bienes que la gente necesite para mejorar su nivel de vida. La gente despilfarra un bien escaso y no renovable como es el tiempo en cumplir con los caprichitos y delirios de los burócratas.
Este nefasto sistema viene de hace décadas. El fascismo en Argentina no es solo político, sino también económico. Y es ese fascismo económico implementado por burócratas “iluminados” el que sigue hundiendo a la Argentina.
En Argentina no hay lugar para los innovadores y emprendedores. Solo hay lugar para los  lobbistas que ganan plata siendo cortesanos del poder y para los burócratas que nos esquilman con impuestos para cobrar sus suculentos sueldos y para empresarios que, para sobrevivir, ven como pierden el control de sus empresas por la maraña de regulaciones y ordenes que emanan de personajes que nunca manejaron ni un quiosco, pero cobran fortunas por jugar al empresario con los recursos ajenos.
En síntesis, el argentino no es un innovador que crea riqueza para satisfacer las necesidades de la gente. Solo es un innovador para ver cómo sobrevive a la sistemática destrucción de la Argentina en manos de los burócratas “iluminados”.
Como decía Juan Bautista Alberdi en su Sistema Económico y Rentístico: “¿quién hace la riqueza? ¿Es la riqueza obra del gobierno? ¿Se decreta la riqueza? El gobierno tiene el poder de estorbar o ayudar a su producción, pero no es obra suya la creación de la riqueza”.
Desde hace décadas, pero ahora muy potenciado con el kirchnerismo, el estado se ha dedicado a estorbar la producción de riqueza. Por eso somos un país decadente, sin iniciativa, innovación y cada vez más pobre. Porque los burócratas iluminados estorban al que produce riqueza.
Argentina tiene un gran potencial de crecimiento, pero para eso hace falta sacarnos de encima a estos aprendices de brujos que desde sus despachos alfombrados no nos dejan trabajar e innovar.
El día que no molesten más, entonces toda la energía de los argentinos estará destinada a innovar y crear riqueza.
(*) Roberto Cachanosky. Economista (UCA, 1980). Director de "Economía para todos". Artículo publicado el 12 de Abril de 2015,en la Edición Nº 570

¿In-Justicia o In-Mundicia?

Por Enrique G. Avogadro (*)
"La indiferencia es la razón misma por la cual nunca podremos dormir tranquilos; un día perderemos todo, no porque seamos débiles y nos aplaste alguien más fuerte, sino porque hemos sido cobardes y no hemos hecho nada". Joël Dicker
La Argentina ha convertido, desde hace muchos, muchos años, su Justicia en una inmundicia pero, desde que Néstor Kirchner llegó a la Casa Rosada, nació la división, o la grieta, entre los jueces y fiscales "puros" o "militantes". Gracias al matrimonio imperial, hoy el Poder que debiera ser el más insospechado -ya que tiene en sus manos la defensa de los ciudadanos contra los abusos del Estado y, a la vez, dispone sobre los bienes y la libertad de éstos- se ha convertido en un partido de fútbol, con dos hinchadas enfrentadas hasta la exasperación. Los ciudadanos hemos dejado de ser, como manda la Constitución,  iguales ante la Ley y, dependiendo de qué fiscal y qué juez intervenga, en especial en el fuero federal, el fiel de la balanza se inclinará hacia un lado o hacia otro; ya esto ha quedado tan demostrado que se puede prever, con casi total certeza, la resolución que será adoptada.
¿Quién ha sido responsable de tamaña desmesura? Obviamente, los primeros han sido los presidentes Menem y ambos Kirchner, que han avanzado sobre los otros poderes del Estado sin pudor y sin medida, comprando voluntades -en el caso de los magistrados de Comodoro Py, alquilándolas- con sobres de la SIDE o conocidas "banelcos", sacrificando en el camino a la República. Pero también lo ha sido la mayoría de los ministros de la Corte Suprema de Justicia, que lo ha tolerado sin reaccionar, más allá de algunos discretos discursos y, en algunos casos, hasta se convirtió en cómplice.
Se puede argumentar que la Justicia no dispone de una policía judicial, a la cual encomendarle el estricto cumplimiento de los fallos de la Corte, pero eso no es -ni podría serlo- óbice para decir que el alto Tribunal dispone de remedios constitucionales. Por ejemplo, hubiera podido pedir el juicio político de Néstor y Cristina Kirchner por no reponer en su cargo al Procurador Sosa; esa solicitud no habría prosperado con la actual composición del Congreso, pero dado un testimonio importante para la independencia del Poder Judicial, del cual es titular. Tampoco reaccionó la Corte cuando una señora Juez, la Dra. Rodríguez Vidal, dictó una medida cautelar que impidió -por un rato- que el Ejecutivo asaltara el Banco Central y se hiciera de sus reservas internacionales y, por ello, fue perseguida hasta por la Policía Federal.
Esta semana, Felisa Miceli, a la que se encontró una bolsa con gran cantidad de inexplicable dinero en el baño de su despacho de Ministro de Economía, y destruyó el acta policial que lo reflejaba, vio reducida su condena de modo tal que, ahora, no deberá cumplirla. La Sala II de la Cámara de Casación Penal, integrada por dos jueces de Justicia (i)Legítima y sólo uno independiente, convirtió el escándalo en un nuevo mamarracho.
Las cárceles del país están llenas de delincuentes de poca monta, mientras los grandes criminales del país siguen en libertad y, en a veces, ejercen cargos públicos. Algunos casos claman al cielo: Ricardo Jaime, responsable directo de la masacre de Once, es un ejemplo paradigmático, pero esa lamentable lista también está integrada por quienes distrajeron los fondos para las obras que, en La Plata, hubiera evitado los muertos por la inundaciones o, en las provincias norteñas, los chicos desnutridos, Amado Boudou, Báez, Insfrán, Vanderbrole, Núñez Carmona, Cristóbal López y muchísimos otros cómplices, socios y testaferros de las más altas autoridades del país.
¿Qué pueden pensar tantos empresarios, contra los cuales han sido utilizada como arma letal la AFIP? Cuando el Juez Norberto Oyarbide sobreseyó de modo fulminante las denuncias por el monstruoso enriquecimiento ilícito de Néstor y Cristina, seguramente entendieron que aquí unos son más iguales que otros; baste recordar que los contadores de la propia agencia de recaudación fueron puestos a disposición de los imputados para corregir las incongruencias habidas en las declaraciones juradas presentadas, originadas en la seguridad estar por encima de la ley que los embarga.
Lo mismo ocurrió, por ejemplo, con los casos de IBM, Skanska -la propia empresa reconoció el pago de coimas-, y tantos otros, con la compra de material ferroviario a España y Portugal -los miles de mails probatorios del masivo robo fueron desechados-, y con cientos de causas resonantes por sobreprecios en la obra pública, donde nada fue investigado o las pruebas obtenidas fueron declaradas insuficientes.
Mañana se conocerá la resolución de Casación sobre la recusación del Juez Bonadío en la causa Hotesur, el negocio de la familia presidencial, que puede llevar a la cárcel nada menos que a Máximo Kirchner y su parentela; si fuera apartado, como se supone que ocurrirá por la presión o la seducción del Gobierno sobre los jueces llamados a resolverlo, seguramente la investigación terminará en nada y un nuevo baldón caerá sobre nuestro Poder Judicial.
La Presidente intentó, aconsejada por Hebe de Bonafini y a lo bestia, tomar el Palacio de Justicia con el fracasado proyecto de democratizarla; sin embargo, continúa intentándolo y, más allá de la cortina de humo que constituye la pretensión de designar a Carlés como miembro de la Corte, enviará al Congreso un proyecto para ampliar el número de integrantes del alto Tribunal. Cuando lo consiga, podrá designar conjueces, que pertenecerán a esa ignominiosa organización que se autocalifica de "legítima", para garantizar tranquilidad en el horizonte penal de los funcionarios. La modificación de los códigos Civil y Comercial y Procesal Penal y la actuación de ¡Giles! Carbó desde la Procuración en la designación de fiscales van en el mismo sentido.
Sólo la permanente movilización de la sociedad en las calles podrá evitar que Cristina logre sus fines y termine por destruir lo poco que aún queda de la Justicia argentina; ya lo demostró el 18F, cuando salió bajo la lluvia a reclamar contra la impunidad en el crimen de Nisman. La preocupación del Gobierno fue mayúscula, y derivó en la rastrera campaña que acusó al muerto de todos los males, pretendiendo confundir a la persona con la obra -la investigación criminal- para debilitarla y permitir su archivo.
Durante siglos, Occidente creó un sistema de derechos que protegiera a los ciudadanos de los avances del Estado. Algunas de las piedras basales de ese andamiaje son muy conocidas: principios de legalidad, de juez natural, de irretroactividad de la ley, de in dubio pro reo, de no ser juzgado dos veces por los mismos hechos, de pruebas indubitables, de ley más benigna, etc. Desde que los Kirchner, de la mano de Duhalde, se hicieron con el poder en la Argentina, todo ese sistema se vino abajo y, para quienes fueron considerados enemigos del relato, las garantías constitucionales dejaron de existir y los jueces corruptos convalidaron tamaña calamidad. ¡Casi como en Venezuela!
También en este caso hubo doble vara a la hora de medir. Las prisiones federales están llenas de ancianos, muchos enfermos (casi 300 han muerto ya en la cárcel), juzgados y algunos condenados por leyes dictadas décadas después de los hechos que se les imputan, en juicios en los que, a toda luz, los testigos presentados por los fiscales son manifiestamente mendaces y han sido adoctrinados; tampoco rige para ellos el derecho a la prisión domiciliaria en razón de la edad, pese a que la mayoría cuenta ya con más de 70 años. Obviamente, me refiero a los militares y policías acusados por reprimir a la subversión, muchos con menos pruebas que las que se invocan contra el Tte. Gral. Milani, que ha sido puesto a cubierto por el Gobierno, mientras que los asesinos de tantos civiles, jueces y funcionarios gozan de las mieles del poder desde bancas legislativas, sillas curules o embajadas.   
La sociedad ha olvidado que, "con una Justicia proba, rápida e independiente, todo será posible y, sin ella, nada lo será". Cuando digo todo, me refiero a que terminarían los peores males que afectan a nuestro país: la inseguridad, la corrupción, la malversación de caudales públicos, el narcotráfico, la transparencia en el financiamiento de la política, el acceso a la información pública y hasta la salud, la educación, la vivienda y el monto de las jubilaciones. Si tuviéramos una Justicia así, llegarían además las inversiones que necesitamos como el aire que respiramos, encabezadas por el dinero de los propios argentinos que hoy lo mantienen en el exterior,  podríamos salir del default y reencaminar nuestras relaciones con el mundo.
Bs.As., 12 Abr 15
(*) Enrique Guillermo Avogadro. Abogado
E.mail: 
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Fuente: Comunicación personal del autor