jueves, 9 de abril de 2015

Cumbre borrascosa, una victoria a lo Pirro

Por José Benegas (*)
Panamá es sede de un gran espectáculo de un grupo de estados autoritarios que representan la voz cantante de la región frente a la complicidad o silencio de los otros. En esto ha resultado el retiro del interés por la América hispana por los Estados Unidos a partir del ataque del 11S. Eso es muy lamentable de volver a comprobar; se los acusa de “imperio” y se preocupan más por las libertades de las personas que habitan al sur de su frontera que la propia OEA y sus miembros.
Sin embargo, el valor político de esta exhibición populista que valida dictadores es igual a cero. Por más que consigan toda la atención para su acto político, al conquistar un sistema de derecho internacional, lo destruyen, con lo cual se quedan sin nada. Podrán conseguir la atención de los medios de comunicación por la osadía de exhibirse como lo que no son, pero los organismos internacionales sirven en la medida en que hay un derecho internacional vigente medianamente sostenido. Conquistarlo para convertirlo en un escenario para la al poder de facto, no los hace dueños de la legalidad regional, sino de la ilegalidad, que ya poseían.
Países como Venezuela, Ecuador, Argentina, Bolivia y Nicaragua se han coligado en la última década en contra de todos los valores expresados por la Organización de Estados Americanos, arrasando las instituciones políticas, el derecho de propiedad y la libertad individual de todas las formas posibles, para dejar una máscara de simulación “democrática” que no creen ni ellos. Venezuela es el caso extremo de un gobierno que quiere ser obedecido como si el país fuera un ejército (sin sentir vergüenza por llamar “comandante” a su mandamás fallecido), pero pretende ser reconocido con la legitimidad de una democracia.Ningún país libre tiene un comandante. A la Cumbre llegan a ponerle un moño a tal simulación.
Pero el lugar que ocupan en la organización regional no es culpa de ellos, sino del resto de los miembros que han sido cómplices o tibios. Mas cercano Brasil del primer vicio y Chile del segundo.
Al final, como muestra de su verdadero carácter, se han ocupado de reivindicar al régimen más oprobioso de todos, esto es el de Cuba, que es invitado a participar como una forma de vaciar de todo contenido ético a la OEA. Ayudados además por el gesto de acercamiento del gobierno norteamericano, que aún así parece ser el único país preocupado por los crímenes contra la libertad y la vida del gobierno de Maduro.
Es el punto culminante de un proceso de deterioro que lleva unos quince años.  Pero es la victoria más pírrica imaginable. Al triunfar, han perdido. Lo hacen en el momento de su mayor debilidad política y económica, con sus sistemas productivos derrumbándose. La mayor falla es que al forzar tanto la protección a los crímenes cometidos por el régimen venezolano, han provocado la declaración de 21 ex presidentes que, de continuar actuando, correrán la atención hacia ellos frente a la opinión pública, ocupando el lugar de la autoridad moral que la OEA ha rehuido. Ese es el hecho más significativo de esta Cumbre de las Américas. La propaganda se termina el sábado.
Se ven los disidentes que no pueden ejercer sus derechos de oposición en sus países. A la vista de todo el mundo quedará claro que son regidos por facciones dictatoriales. Nadie puede legitimar a los Castro y a los crímenes de Maduro sin perder su propia legitimidad. Los ex presidentes desnudan eso. Ningún país en el que rija someramente el estado de derecho, requiere que sus minorías, opositores o disidentes se hagan oír en foros internacionales, porque tienen el escenario interno para expresarse. Si la OEA no estuviera cooptada por fuerzas autoritarias, no se reunirían ni los disconformes ni semejante número de ex presidentes para hacer el trabajo que le correspondía al organismo.
Hay dos fuerzas en pugna en Panamá. La conservadora de una especie de sindicato de gobiernos actuando en banda (fuerza a la que se sometió el servicio migratorio panameño al detener, maltratar y pretender censurar a Rosa María Payá y otros representantes de la sociedad civil cubana) y la del derecho internacional, la libertad y las instituciones republicanas. La primera representada por unos farsantes que, sobre el final del siglo pasado, decían ser los custodios de los derechos humanos, la institucionalidad y la lucha contra la corrupción. Los segundos por disidentes y ex presidentes que pronuncian por primera vez en un acto como este la palabra ¡basta! Los primeros están en su etapa más decadente festejando su aparente triunfo sobre la legalidad. Los segundos son los que han encendido la llama de la justicia. Una que una vez encendida, no se podrá apagar.
(*) José Benegas. Abogado, periodista, ensayista y analista político. Artículo publicado en su blog personal "No me parece" el 8 de Abril de 2015