lunes, 13 de abril de 2015

Elecciones: una mirada hacia el futuro

Por Elena Valero Narváez (*)
El problema de la Argentina es que va en dirección contraria a la búsqueda de una sociedad mejor. La arrogancia y el dogmatismo están prendidos como garrapatas en muchos intelectuales, políticos, empresarios, sindicalistas, y dirigentes en general. Estas fallas siempre están ligadas a la intolerancia por lo que van de la mano de la violencia latente y también manifiesta, como lo demuestra de la peor manera, la muerte del fiscal Nisman, la persecución a jueces, la descalificación entre los dirigentes políticos, las peleas intra-sindicales, los discursos del oficialismo que en la práctica socavan a la opinión pública si es contraria a sus mandatos.
De esta manera es muy difícil ponerse de acuerdo, aceptar al otro con sus diferencias, y discutir con argumentación lógica. Por lo general, el grito, la pelea termina con cualquier discusión que pretende ser crítica. No es ya importante llegar lo más cerca posible de la verdad, de ver la realidad cómo es sino como cada cual quiere que sea. Lo importante es “tener la razón” imponiéndolas de la peor manera aunque sean contrarias a la realidad a la que se refieren.
Así no se puede avanzar hacia sistemas democráticos basados en la tolerancia. que requiere de la opinión pública institucionalizada o sea respetar las ideas de la gente.
Respeto no significa prescindir de la discusión crítica, base de todo conocimiento sino evitar la persecución física o psicológica del otro para mantener la propia opinión. a la cual se la convierte casi en verdad religiosa.
Terrible ejemplos históricos nos demuestran que ésta no es la vía para alcanzar una buena calidad de vida, donde pueda desarrollarse la persona. Los resultados han sido siniestros como fueron los asesinatos en masa perpetrados en la URSS y en quienes la tomaron como modelo:  Alemania nacional-socialista,  Italia fascista, y en la actualidad Cuba, los países árabes y los grupos que cortan cabezas, mutilan, ponen bombas para imponer un mundo donde se viva por decretos del poder absoluto. No importa que alguno de ellos consista en mutilar a las niñas para que no cometan el pecado de “gozar” cuando sean grandes.
 Y.  sin ir tan lejos, no es necesario estar en situación de perder la vida para darnos cuenta de la importancia que tiene saber que nadie tiene la verdad revelada, que es difícil alcanzarla, la mayoría de las veces debemos consolarnos con solo acercarnos y aún con no saber si la hemos alcanzado.
La humildad socrática debiera ser la base elemental de aquellos que desean sinceramente resolver cualquier problema.
No vemos ésta virtud  en nuestro país, en vísperas de elecciones, las llamadas PASO y luego las nacionales que nos darán un nuevo presidente.
La política es el arte de lo posible según dijo el amigo Aristoteles. Si compartieran los argentinos su opinión, se dejaría de proponer y votar políticas populistas basadas en alcanzar la panacea,  que ofrecen el oro y el moro a cambio de obediencia absoluta al poder de turno.
Se necesita, con urgencia, políticos que con humildad reconozcan errores, que llamen a colaborar a la gente que ha estudiado los problemas que afligen a la gente: salud, seguridad, economía y que no permita que se salga del rumbo que  con sabiduría marca la Constitución liberal.
La tolerancia del partido triunfante hacia la oposición será fundamental en la etapa que viene. Se podría, si la hubiera, encontrar apoyo para la realización de los principales puntos del programa que pretenda implementarse para sacar a flote al barco semi-hundido que es hoy nuestro país. Habría que mejorar en un marco de libertad y un orden que haga respetar la ley, la Justicia y los derechos individuales.
De esta forma también se podría morigerar la corrupción porque se fortalecería a la sociedad civil que compite con el poder del Estado, donde se genera la corrupción estructural.
Preocupa escuchar a líderes que critican el sistema autoritario actual expresando comunión con ideas que llevan a lo mismo, como bien lo demuestra nuestra historia. Pensar en continuar estatizando estatizar  es regresar al modelo kirchnerista, es crear una burocracia paralizante y generadora de enormes focos de corrupción y de gasto público.
La tolerancia a la que me he referido en ésta nota incluye respetar y aumentar la propiedad privada, fuente de progreso y calidad de vida en todo el mundo civilizado.

El cambio de rumbo debiera incluir que la clase dirigente sea lo más razonable posible en sus actos y en la relación con los demás además de estar atenta a la enseñanza de Sócrates: tener plena conciencia de lo poco que se sabe.
(*) Elena Valero Narváez. Analista política, periodista e historiadora

Fuente: Comunicación personal de la autora