miércoles, 8 de abril de 2015

Ética de la distribución del ingreso

Por Orlando Ferreres (*)
La economía argentina está maniatada por una gran cantidad de nudos que le han ido imponiendo la Presidenta y los últimos ministros de Economía con el objetivo, entre otros, de cambiar la distribución del ingreso.
En efecto, muchos políticos, activistas de fundaciones y economistas insisten en que es injusta la distribución del ingreso, que es anti-ética y que debería cambiarse debido a que los sectores concentrados se aprovechan de su posición dominante para quedarse con la mayor parte del ingreso nacional. Para ello proponen adoptar medidas de acción directa sobre los mercados para tratar de mejorar esa distribución del ingreso. Incluso algunos (Piketty) proponen un impuesto internacional al capital para mejorar la distribución del ingreso y de la riqueza.
La distribución del ingreso resulta de un engranaje muy complejo que va adaptando por aproximaciones sucesivas la oferta y la demanda agregada y de cada bien o servicio en particular hasta hacerlas coincidir incluso por zona, país, o internacionalmente. A este delicado proceso León Walras lo denominó "tâtonnement", es decir, un ajuste por aproximaciones sucesivas que tiende siempre al equilibrio general. Para la gran mayoría de los economistas no es conveniente interferir demasiado este proceso para que funcione como está previsto, como un gran reloj suizo.
Con la buena intención de mejorar la distribución del ingreso o la riqueza muchos funcionarios públicos partidarios del control de los mercados establecen precios máximos a muchos productos, pues creen que dichos precios han subido demasiado por estar manipulados por la concentración económica. Lo hacen por decreto presidencial o resolución ministerial o de secretaría de estado. Eso complica más que solucionar el problema, dado que esos funcionarios creen de buena fe que pueden conocer todas las necesidades, por cada zona, por cada producto o servicio, para cada calidad, y establecen los precios de venta de cientos y veces miles de productos, comúnmente en base a un mark-up (%) general sobre los costos. También creen que las empresas pueden poner los precios que deseen sin ninguna caída de ventas, cosa que cualquier estudiante de microeconomía de primer año sabe que no es así.
El problema de interferir el sistema complejo de coordinación entre oferta y demanda con precios máximos para mejorar la distribución del ingreso estuvo en boga en algunos países incluido Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial, especialmente entre los años 1948 y1952, y después se abandonó definitivamente aunque no en todos los países. En nuestro caso aún persisten esas viejas ideas, aunque quizá por vergüenza académica no nos animamos a llamarlo "control de precios" sino "precios cuidados", que es más disimulado en cuanto antigüedad y validez.
En el mecanismo económico complejo de producción, distribución y consumo o inversión, ¿qué puede tener de injusto o qué es lo no ético en dicho mecanismo de distribución entre los que demandan y los que ofrecen un producto? Que los salarios no correspondan exactamente con la productividad del trabajador como debería ser y se genere una plusvalía o mayor ganancia en la empresa que la indicada por la productividad efectiva. Este es un tema que ha generado mucha discusión económica desde mediados del siglo XIX, impulsada por Marx y sus seguidores, que preferían una planificación burocrática de toda la producción y demanda antes que la asignación de recursos por parte del mercado. En la práctica, por ejemplo en la URSS, se aplicó ese sistema que llevó al sacrificio de varias generaciones (entre 1917 y 1989) para tratar de probar esa teoría, planificando la distribución del ingreso centralmente, pero al final se comprobó que no había forma de que funcionara adecuadamente y se volvió a la asignación por mercado.
Sin embargo, es cierto que hay injusticias en el aspecto señalado y es por eso que estamos de acuerdo con que el Estado estudie las relaciones trabajador- empresa, tratando de actuar como un árbitro neutral entre ambas partes para lograr una mejor distribución del ingreso para ver cuánto se lleva cada uno de la producción neta de un país. A esta acción se la llama "Redistribución" y suele ejecutarse con impuestos progresivos y también con subsidios, muy bien descriptos en R. Musgrave, "The Theory of Public Finance (1959)" y también en J. Rawls, "Teoría de la Justicia (1971)".
La acción directa para mejorar la distribución del ingreso (por ejemplo: precios máximos, salarios mínimos, tasas de interés activas máximas y pasivas mínimas, control de cambios, "cepo cambiario"), muy propensa a ser aplicada por los gobiernos populistas (por ejemplo: Venezuela, la Argentina), no sólo no se recomienda, sino que puede generar los resultados opuestos a los deseados por las autoridades al frenar o disminuir mucho el proceso de inversión y creación de empresas, que es el único que permite crear puestos de trabajo formales y bien remunerados. Este proceso se está comprobando en nuestro país en los últimos años.
Lo más anti-ético e injusto que se registra en cuanto a distribución y redistribución del ingreso es la inflación, un impuesto estatal no legislado que le saca poder de compra a los pobres para transferirlo al Estado o a los ricos. En efecto, estos últimos ganan o están protegidos contra la inflación al tener muchos bienes físicos y acceso a operaciones financieras complejas, que les permiten neutralizar o ganarle a la inflación.
¿Qué es lo que hay que hacer? El equipo político que gane las elecciones e inicie su gestión el 10 de diciembre de 2015 deberá desmontar el enjambre de controles e intervenciones en los mercados establecidos en la última década y aún antes para "mejorar" la distribución del ingreso. El control de precios, o " precios cuidados" es uno de ellos. También el tipo de cambio que está "atrasado", al haber sido usado como palanca antiinflacionaria. Lo mismo con los precios políticos en los servicios públicos, que en buena medida son subsidios a la clase media y alta como ocurre con los precios ridículos del gas natural, electricidad, agua y muchos otros servicios estatales, como Aerolíneas Argentinas. En las villas miseria no hay redes de distribución de gas natural, ni medidores de electricidad, ni agua ni sus habitantes toman aviones.
El trabajo del próximo Ministro de Economía será en gran parte el de "desatanudos" de la economía y llevará muchos años, pues debemos ir liberando a nuestra economía de esos lazos del atraso que nos encadenan al pasado de 60 ó 70 años atrás y mejorar nuestra distribución del ingreso, pero de un ingreso que podría ser el triple de lo que es si no hubiera sido por las equivocadas ataduras estatales. Desde 1930 venimos creyendo en lo que no nos conviene. Países con los que nos comparábamos favorablemente hace 70 años hoy tienen un ingreso per cápita de 4 a 5 veces superior al nuestro (Canadá, Australia, Nueva Zelandia) y países que superábamos en tamaño económico como Brasil hasta 1952, hoy son 5 veces superiores a nosotros, a pesar de los problemas que puedan tener. Es hora de pensar la realidad y actuar en consecuencia para mejorar la distribución del ingreso, y sobre todo para aumentarlo radicalmente.
(*) Orlando Ferreres. Economista. Artículo publicado en La Nación el 8 de Abril de 2015