miércoles, 8 de abril de 2015

La gente al servicio del Estado

Por Roberto Cachanosky (*)
A veces me pregunto si los políticos entenderán que su función, si llegan a ocupar un cargo público, es hacerle la vida más fácil a las personas. Por momentos, uno ve que se formulan propuestas que ponen a la gente al servicio del Estado en vez del Estado ponerse al servicio de la gente, son arbitrarias y, además, ineficientes desde el punto de vista económico.
En materia de recaudación tributaria, sabemos que el sistema está hecho para complicarle la vida a la gente y exprimirla como un limón. Cualquiera que haya leído la ley de procedimiento fiscal puede advertir que es inconstitucional desde la primera palabra hasta la última, pero resulta que en nombre de la santa recaudación hemos aceptado que se violen todos los derechos individuales.
Es curioso qué hondo ha calado el populismo en la Argentina. Uno escucha propuestas para aumentar la recaudación pero no escucha propuesta para bajar el gasto público.
Parece ser que es políticamente correcto decir que hay que pagar todos los impuestos, pero nadie se anima a decir que hay una verdadera expoliación de los que estamos en blanco. Una violación de los derechos individuales y de los derechos de propiedad.
Algunos sostienen que las leyes hay que cumplirlas aunque estén mal porque es la Justicia la que tiene que decidir si debe cumplirse o no. Por el absurdo podríamos decir que bajo el nazismo había que seguir liquidando gente hasta tanto se cambiara la legislación o la justicia declarara inconstitucional matar a gente inocente. No cualquier ley que salga del Congreso es legítima porque el estado no puede hacer aquello que si lo hiciera un particular constituiría un delito. Si el estado roba en nombre del particular es tan delito lo que hace el estado como el particular.
Pero yendo al tema económico, la pregunta es la siguiente: ¿es posible bancarizar a todos, complicándole la vida a la gente para que no use efectivo y tengan que bancarizarse? Quien formule esta propuesta o no paga impuestos o no tiene una simple cuenta corriente. En la Argentina es carísimo estar bancarizado. Por otro lado, la carga tributaria es asfixiante. El mismo argumento se usó cuando se estableció el corralito. Se dijo que era para bancarizar a la gente. Hoy proponen bancarizar a la gente en forma indirecta para expoliarla impositivamente.
La forma de bajar la informalidad en la economía es al revés de lo que vengo escuchando desde hace décadas. ¿Qué me dicen desde hace décadas? Primero, hay que terminar con la evasión y luego bajar la carga tributaria. Yo sostengo que primero hay que bajar la carga tributaria y luego combatir la evasión. Si uno aplica una carga tributaria reducida y además brinda seguridad, salud, justicia, etcétera, entonces el premio por evadir baja y es más fácil reducir la evasión. Si, por el contrario, pretendemos cobrarle a todos impuestos gigantes bancarizándolos para financiar un gasto público que es puro despilfarro, lo que se busca es exprimir al contribuyente. No ayudarlo. El político está del lado de la expoliación y no de la gente que trabaja honestamente. Una vez más la gente al servicio del Estado, en vez del Estado estar al servicio de la gente.
¿Qué es lo que tiene que preguntarse el político? ¿Hasta dónde puedo exprimir a la gente sin tener una rebelión fiscal o qué recursos necesito para financiar un gasto público que brinde seguridad, justicia, defensa, etcétera? Si la idea es ver hasta dónde podemos exprimir a la gente, entonces la bancarización forzada es más propia de un sistema totalitario que de una economía moderna, eficiente y de un sistema republicano.
Antiguamente, los monarcas expoliaban a sus súbditos para financiar sus guerras de conquistas territoriales para tener más poder. Hoy en día los gobiernos populistas expolian a la gente para financiar su populismo, para también acumular más poder. La Carta Magna de 1215 es un antecedente del constitucionalismo moderno por el cual se le pone límites al monarca en materia impositiva y en la libertad de las personas. Curiosamente, hoy vemos propuestas que pretenden llevarnos, con las nuevas tecnologías, a la época de las monarquías absolutas que expoliaban a la gente para acumular poder. Antes para ganar territorios, hoy para financiar el populismo. En ambos casos, siempre persiguiendo al contribuyente para tener más poder político. Lamentable la manera en que se insiste en subordinar a los ciudadanos a los caprichos del omnipotente Estado que todo lo devora.
(*) Roberto Cachanosky. Economista (UCA, 1980). Director de "Economía para todos". Artículo publicado en La Nación el 8 de Abril de 2015