viernes, 24 de julio de 2015

Ingresos, desigualdad y pobreza

Por Arturo Damm (*)
“La desigualdad en materia de ingresos no se debe a una inequitativa distribución de los mismos, sino a su desigual generación.”
La publicación de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2014 (ENIGH14), que el INEGI levanta y publica cada dos años, ha tenido, como una de sus principales reacciones, el señalamiento de la persistencia de la desigualdad en materia de ingresos, misma que, para muchos, sigue siendo el principal problema a resolver, solución hacia la cual, simple y sencillamente, no avanzamos.

En 2012 el coeficiente de Gini, que mide la desigualdad en materia de ingresos (cero significa perfecta igualdad –todos tienen la misma cantidad de ingreso– y uno perfecta desigualdad –uno tiene todo el ingreso y el resto tiene nada–) fue 0.496 y en 2014 se ubicó en 0.491, lo cual dio como resultado una reducción marginal de solamente cinco milésimas de punto. Para todo efecto práctico la desigualdad en 2014 resultó la misma que en 2012, ello sin considerar las transferencias de ingresos (el gobierno le quita a A para darle a B) por medio del gasto social del gobierno.

Considerando las transferencias, ¿cuál fue el resultado? En 2012 el coeficiente de Gini, después de transferencias, fue 0.440, 56 milésimas de punto menos que sin transferencias (0.496). En 2014 se ubicó en 0.438, 53 milésimas de punto por debajo de sin transferencias (0.491). ¿Qué efecto tuvieron las transferencias de ingresos realizadas por el gobierno sobre la desigualdad? El resultado, ¿justifica la redistribución gubernamental del ingreso, es decir, que el gobierno le quite a A parte del producto de su trabajo para darle a B lo que no es producto del suyo?

El hecho es que entre 2012 y 2014 la “distribución” del ingreso, para todo efecto práctico, no mejoró (ya veremos más adelante por qué entrecomillo la palabra distribución), algo que muchos consideran el principal problema a resolver en el país, mismo que no se está resolviendo con la redistribución gubernamental del ingreso, misma que, entre 2012 y 2014, tuvo un efecto marginal en el coeficiente de Gini, tal y como lo muestran los datos proporcionados por el INEGI.

La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2014 (ENIGH14) muestra la desigualdad que, en materia de ingresos, prevalece en el país, desigualdad que para muchos es la causa de la pobreza, razón por la cual es el problema a resolver. Lo primero   –en México hay desigualdad en materia de ingreso– es cierto. Lo segundo –esa desigualdad en los ingresos es la causa de la pobreza–  no lo es.

Según la ENIGH14 el ingreso corriente total (monetario más no monetario) promedio mensual por hogar el año pasado fue de 13,239.67 pesos. El ingreso del 10 por ciento de los hogares más pobres (decil I) fue de 2,572.00 pesos (80.6 por ciento por debajo del promedio). El del 10 por ciento más rico (decil X) resultó de 49,927.67 pesos (277.1 por ciento por arriba del promedio). El 10 por ciento de los hogares más ricos tuvo en 2014 un ingreso 1,724.6 por ciento mayor que el del 10 por ciento más pobre: 18.2 veces. ¿Qué tenemos? Una considerable desigualdad en materia de ingreso, que sin embargo va cediendo: en 2010 el 10 por ciento de los hogares más ricos tuvo un ingreso 1,819.4 por ciento mayor que el del 10 por ciento más pobre: 19.2 veces; en 2012 la diferencia fue de 1,800.7 puntos porcentuales; en 2014 fue del 1,724.6 por ciento: 19.0 veces.

La desigualdad en el ingreso existe, es considerable, pero hay que preguntar lo siguiente: esa desigualdad, ¿es la causa de la pobreza? Me mantengo en los extremos: el que el ingreso del 10 por ciento de los hogares más ricos haya sido el año pasado 18.2 veces mayor que el del 10 por ciento más pobre, ¿es la causa de la pobreza de este 10 por ciento? Solamente si el 10 por ciento más rico le robó (lo suficiente) al 10 más pobre.

Ese robo, ¿tuvo lugar? Y si lo tuvo, ¿es la regla, de tal manera que la desigualdad es siempre la causa de la pobreza? No.

En México, según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2014 (ENIGH14), el ingreso total de los hogares ubicados en el 10 por ciento más rico fue 18.2 veces mayor que el ingreso total de los hogares ubicados en el 10 por ciento más pobre, desigualdad que muchos ven como un problema y como la causa de la pobreza, por lo que, para ellos, eliminando la desigualdad (en el mejor de los casos) o disminuyéndola (en el peor) se matan dos pájaros de un tiro: se resuelve el problema y se termina con la pobreza. ¿Será?

¿Es la desigualdad en materia de ingresos un problema? Si la respuesta es afirmativa, ¿cuál es ese problema? ¿Es la desigualdad en materia de ingresos causa de problemas? Nuevamente, si la respuesta es afirmativa, ¿cuáles son esos problemas? Si A, realizando honestamente un trabajo lícito, genera más ingreso que B, quien también realiza de manera honesta un trabajo lícito, ¿cuál es el problema o qué problema podría generar esa desigualdad?

¿Es la desigualdad la causa de la pobreza? Si A genera más ingreso que B, siendo el ingreso de A suficiente para satisfacer sus necesidades, y el de B insuficiente, ¿la situación de pobreza de B se debe a la desigualdad (A genera más ingreso que B) o a su baja remuneración (B no genera ingreso suficiente)?

En 2014 el ingreso total mensual del 10 por ciento de los hogares más pobres fue de 2,572.00 pesos. El del 10 por ciento más rico alcanzó los 46,927.67 pesos, resultando 18.2 veces mayor. Si por arte de magia el ingreso de todos los mexicanos se multiplicara por cien, el ingreso total mensual del 10 por ciento de hogares más pobres sería 257,200.00 pesos, el del 10 por ciento de hogares más ricos alcanzaría los 4,692.767.00, la desigualdad sería la misma, 18.2 veces, pero, al nivel de precios actual, no habría pobreza.
¿Es la desigualdad de ingresos la causa de la pobreza? Y si no, ¿cuál es?

En la primera entrega de esta serie escribí que “entre 2012 y 2014 la “distribución” del ingreso, para todo efecto práctico, no mejoró” y apunté que ya explicaría por qué entrecomillé distribución. Ha llegado el momento de explicarlo.

El ingreso total del 10 por ciento de los hogares más ricos del país fue, el año pasado, 18.2 veces mayor que el del 10 por ciento más pobre, lo cual ha llevado a no pocos a afirmar que los ricos captaron, se apropiaron, concentraron, y demás términos por el estilo, un mayor porcentaje del ingreso que los demás, lo cual, en términos generales, no es cierto: no lo captaron, no se lo apropiaron, no lo concentraron. Lo generaron, algo muy distinto.

Supongamos a A, a quien B está dispuesto a pagarle un salario X a cambio de la realización del trabajo Y que produce la riqueza Z (bienes y servicios que satisfacen necesidades). A realiza Y, produce Z, B le paga X. A, ¿captó, se apropio, concentró un ingreso de X o generó, consecuencia de haber producido con el trabajo Y la riqueza Z, un ingreso de X?

Supongamos a C, a quien D está dispuesto a pagarle un salario X-n, por lo que el ingreso de A resulta mayor que el ingreso de C, existiendo desigualdad, en materia de ingresos, entre los dos. Esa desigualdad, ¿se debe a una desigual distribución del ingreso o una desigual generación del mismo? ¿A captó más, se apropio de más, concentró más ingreso que C o, simple y sencillamente, por razones que van desde una mayor productividad de A en comparación con C, hasta condiciones más favorables para A que para C en la relación oferta – demanda de trabajo, generó más ingreso?

La desigualdad en materia de ingresos no se debe a una inequitativa distribución de los mismos, sino a su desigual generación, y el reto no es que todos generen lo mismo, sino que todos generen lo suficiente para, por lo menos, satisfacer las necesidades básicas.

(*) Arturo Damm Arnal es economista. Serie de capítulos I, II, III y IV del tema "Ingresos, desigualdad y pobreza". Publicado en Asuntos Capitales, Julio de 2015