lunes, 31 de agosto de 2015

Apenas 1 de cada 6 personas trabaja en una empresa formal

Por IDESA (*)
Los deplorables hechos ocurridos en las elecciones de Tucumán testimonian la profundidad de la decadencia institucional. Los desmanes visibilizan que las elecciones, un proceso que gozaba de cierta legitimidad como garantía de la democracia, también pasaron a estar desprestigiadas. Suponer que la solución pasa por el voto electrónico es una riesgosa subestimación de problemas estructurales cuya base está en la falta de oportunidades laborales.    

Las elecciones en Tucumán, con denuncias de reparto de bolsas de alimentos a cambio de votos, violencia y quema de urnas y modificación de los resultados en el conteo de sufragios, señalan un importante deterioro de los valores democráticos. Para peor, los responsables de la transparencia del acto eleccionario no niegan la ocurrencia de los hechos, sino que los minimizan aduciendo que, de no haber ocurrido, el resultado sería parecido al que surge luego del fraude. El proceso eleccionario, uno de los pocos ámbitos que conservaba legitimidad desde el retorno a la democracia, también ha quedado desprestigiado.

La manipulación de personas y el fraude electoral tiene varias causas. Pero una de importancia decisiva es la falta de oportunidades laborales. Cuando a la gente se le niega la posibilidad de ser artífices de su progreso personal se genera un estado de vulnerabilidad y dependencia fácilmente aprovechable por un caudillo político. En Tucumán, por ejemplo, sólo el 14% de la gente en edad de trabajar tiene un empleo asalariado privado formal. El resto vive del empleo público, del trabajo informal o del asistencialismo.

¿La falta de oportunidades laborales de calidad es exclusiva de Tucumán? Según la Encuesta Nacional de Hogares Urbanos del INDEC se observa que:
·  El 16% de la población en edad de trabajar de todo el país declara tener un empleo asalariado registrado en una empresa privada.

·  En las provincias del norte argentino este indicador se reduce a 9%.

·  En el resto del país el indicador sube a 20%.


Los datos oficiales muestran que la insuficiencia de empleos asalariados privados de calidad es muy generalizada. Apenas 1 de cada 6 personas en edad de trabajar tiene un empleo formal en una empresa privada. En el norte del país el problema es más grave aún, al punto que menos de 1 de cada 10 personas en edad de trabajar puede acceder a un empleo asalariado privado formal. En el resto del país la situación tampoco es muy diferente.

Tucumán sufre la insuficiente generación de empleos de calidad con intensidad no muy diferente al resto del país. Por eso, los riesgos de lo ocurrido allí están muy presentes también en el resto de país. La resignación, la vulnerabilidad y la dependencia resultan demasiado tentadoras como para que no emerja el oportunismo electoral. La orientación política es irrelevante. En cualquier espacio político puede gestarse el caudillo que se apropia del Estado para administrar dádivas y manipular a la gente con impunidad.

La endeblez del mercado laboral contamina al sistema político. Un ejemplo tan doloroso como ilustrativo es el asesinato del joven jujeño que debía simular afinidad con una agrupación piquetera oficialista para poder ir a la escuela y a un partido político tradicional para poder conseguir un empleo público. La expansión del narcotráfico y otras actividades delictivas también se alimentan de esta ausencia de oportunidades, especialmente entre los jóvenes. Asimismo explica que en zonas cuyas economías regionales son devastadas por la mala política económica, el oficialismo obtenga de todas formas buenos resultados electorales sustentados en la compra de voluntades a través del gasto del Estado.

Ante este panorama, limitarse a la propuesta del voto electrónico como solución es de un riesgoso simplismo. Para mejorar la calidad de la política es imprescindible empoderar a la gente a través de una masiva generación de empleos productivos. Esto exige dejar de usar fondos públicos para inducir la inactividad laboral y la resignación a vivir permanentemente del asistencialismo, y jerarquizar el rol del Estado como promotor de la infraestructura y productor de servicios de alta calidad (educación, justicia, seguridad y salud). Esto, acompañado de una reforma al sistema impositivo y la eliminación de trabas burocráticas que conspiran contra los emprendimientos productivos. 
(*) IDESA: Informe N° 615 del 320 de Agosto de 2015

El sistema "democrático" que defiende CFK

Por Horacio Minotti (*)

Ayer la presidenta se refirió a “los que quieren poner en duda nuestro sistema democrático” en referencia a los dirigentes opositores que buscan mejorar el modo de emisión del sufragio. ¿Quien hace vacilar el sistema?.
En cadena nacional la presidenta Cristina Kirchner dijo ayer textualmente: “A los que agravien, a los que descalifiquen, a los que quieran instalar el desánimo, a los que quieran poner en duda nuestro sistema democrático, dejémosle esa tarea a ellos”. Se refiere evidentemente a las múltiples denuncias de fraude, a quienes pretenden que no existan más urnas vacías, ni urnas quemadas, ni urnas con mas votos que electores, ni boletas robadas, ni boletas rotas, ni voto cadena, ni las decenas de subterfugios fraudulentos que se utilizan para vulnerar la voluntad popular.
La titular del Ejecutivo Nacional se refirió sin dudas a los dirigentes opositores, que pugnan por cambiar el modo de emisión del sufragio para evitar al menos, una porción de los mecanismos fraudulentos que hemos venido observando en los últimos procesos electorales. El sistema de boleta única no soluciona todo, por ejemplo, no evita la compra de votos con bolsones de comida, pero colabora en muchos otros aspectos, como evitar el robo de boletas.
Ahora bien, ¿pone en duda nuestro sistema democrático quien pide mejorar los mecanismos de emisión del voto para perfeccionar los niveles de respeto a la voluntad popular?. No veo como, parece más bien un aval cerrado al sistema. Variar la manera en que se expresa la preferencia del votante, no es un cambio de sistema político ni tampoco de sistema electoral, es apenas una modificación de un mero mecanismo.
Pero ciertamente, pone en duda el sistema democrático el que lo vulnera, el que no respeta la voluntad popular. Nuestro sistema es “representativo”, una democracia de representantes, si la selección de representantes esta viciada, el sistema completo no funciona, y quien conspira contra el mismo es el que produce los vicios, no quien pretende neutralizarlos. La presidenta y su séquito fraudulento, contaminan y ponen en duda el sistema. Porque si el resultado de la elección de mandatarios no refleja lo que en realidad el pueblo ha elegido, porque no ha podido por el motivo que fuese (porque las boletas para hacerlo no estaban, o porque quemaron las urnas con su preferencia dentro, etc.), el sistema es una ficción, y quien lo ha transformado en tal es quien ha promovido el fraude.
Es evidente que el sistema ha entrado en crisis, pero no por los cuestionamientos de dirigentes opositores ni por sus propuestas para mejorarlo, sino porque es el gobierno el que ha violado sistemáticamente el mismo, tratando por todos los medios a su mano que la voluntad popular no se vea reflejada, sino la suya propia, el interés particular de un pequeño grupejo de dirigentes que consideran la política el modo de administración de sus negocios.
En todo momento, desde el inicio del presente proceso electoral, ha habido datos alarmantes del retiro del Estado de sus funciones mínimas indispensables para garantizar que las elecciones gocen de algún atisbo de transparencia, y se ha intentado dejar librado, en todo lo que fuese posible, a los aparatos partidarios el control del comicio. Por ejemplo, el juez electoral sobrogante de la Provincia de Buenos Aires, intentó dejar librado a las agrupaciones políticas, la distribución de boletas, comprometiéndose solamente, a entregar 25 boletas de cada partido por mesa.
Imagine el lector, que en cada una de ellas votan 300 electores. Ahora consideremos que vota alrededor del 70% del padrón en cada una, estos son unos 210 votantes. Y veamos que María Eugenia Vidal obtuvo el 30% de los votos en el distrito, esto arroja un promedio de 63 votos por mesa. ¿Que hubiese ocurrido si el juez de marras se mantenía en su postura y CAMBIEMOS no tenía la posibilidad de fiscalizar todas las mesas?. Sencillamente, un promedio de 38 votantes por cada una se hubiese visto impedido de elegir a la candidata que prefería. ¿De que democracia estamos hablando?.
El mencionado magistrado accedió, luego de un escándalo mediático, a distribuir 50 boletas por partido por mesa, con lo que aun así, hubo 13 electores en cada una que debieron depender de la capacidad logística de un partido político de proveer el instrumento de votación. Es altamente deficitaria una democracia que no se asegura de otorgar al ciudadano el instrumento de selección de representantes, y que deja librado esto, al partido con mas “estructura”. “Si no puede fiscalizar que no compita”, se ha escuchado decir por estos días. Esto es absolutamente ridículo, no es democrático un sistema que deja librado al arbitrio de un grupo económicamente poderoso el resultado electoral. Es en todo caso una simulación democrática.
Las fuerzas de seguridad en el conurbano y en muchas provincias argentinas, no aseguran el ingreso libre de los fiscales a las dependencias de votación, y en múltiples ocasiones son rechazados por patoteros lugareños mediante uso de la fuerza física, para que no puedan cumplir sus funciones. ¿Cual es el sistema democrático que defiende la presidenta?.
Es el propio Poder Ejecutivo, controlado por un partido político (el de gobierno, como es lógico), quien otorga los minutos de de publicidad en radio y televisión a sus adversarios, los fondos partidarios, el dinero para publicidad e impresión de boletas, y el que controla el escrutinio provisorio, los datos parciales que se entregan al ciudadano después de cerrado el acto, etc. Esto no es democrático. Más allá de que el escrutinio válido sea solamente el definitivo y este lo realice el Poder Judicial, lo que es correcto, el mismo esta totalmente influido y condicionado por la información previa que ha manipulado el gobierno de un partido. Si se quiere ser democrático, deberá entregársele la administración completa de la elección a la Justicia, o crear una Autoridad Electoral Autónoma, con una independencia del gobierno similar a la que detenta el Banco Central. De otro modo no hay nada de democrático en el sistema.
En síntesis, si la presidenta pretendiese por una vez, panfletear menos y hablar con la verdad, no se hubiese referido a quienes ponen en duda nuestro sistema democrático, hubiese dicho en cambio “quienes pretender desarticular nuestra pantomima de democracia, la cual nos permite mantener el poder por la eternidad, y con el garantizar nuestros negocios”. En tanto no avancemos en la calidad institucional del propio sistema, los demás males de la sociedad argentina persistirán.
(*) Horacio Minotti. Director Periodístico de la Nueva Gazeta de Buenos Ayres. Artículo publicado el 30 de Agosto de 2015

La tara con el cepo

Por Roberto Cachanosky (*)

Dado que hay cepo es que faltan dólares y las reservas son cada vez menores
Pareciera ser que, aún entre los colegas economistas racionales, obviamente no incluyo a los k, quitar el cepo se ha transformado en una ciencia oculta. Casi en una misión imposible. Les agarró como  una tara con el cepo. Es como si las salchichas tuvieran racionamiento y un precio máximo y se argumentara que para eliminar ambas restricciones, previamente fuera necesario acumular un determinado stock de salchichas y 100 días de trabajo. Finalmente, el cepo y el tipo de cambio oficial no son otra cosa que un control de precios y regulaciones sobre una mercadería llamada dólar. Veo que varios de mis colegas economistas están dando demasiadas vueltas para eliminar el cepo. Es como si tuvieran miedo de liberar el mercado. No confían en la gente y creen que ellos son necesarios para la estabilidad del mercado.
Veamos, el cepo fue puesto inmediatamente después de las elecciones del 2011. El kirchnerismo siempre generó desconfianza en los agentes económicos pero Cristina Fernández potenció esa desconfianza ya en 2007 cuando se aceleró la fuga de capitales. En 2011 la desconfianza a su gestión económica se potenció tanto que antes de las elecciones hubo una gran hemorragia por la salida de divisas. Ella aguantó hasta las elecciones y ni bien tuvo el resultado, puso el cepo. Si lo hubiese puesto antes o lo hubiese anunciado, tal vez hubiese visto comprometido el resultado de su elección.
La realidad es que, por un lado, CF puso el cepo porque desde el punto de vista económico había huida del dinero a raíz de la fuerte expansión monetaria que realizaba el BCRA para financiar el creciente gasto público. Esto generaba mayor demanda de dólares y para que no subiera el tipo de cambio el BCRA perdía reservas en cantidades industriales vendiéndole al mercado dólares artificialmente baratos. Por otro lado, había desconfianza en lo institucional. Me refiero al atropello a los derechos de propiedad que amenazaba imponer el kirchnerismo. Como CF no estaba dispuesta a modificar ninguna de las dos cosas, ni a mejorar la calidad institucional, ni a tener disciplina fiscal para poder tener disciplina monetaria, decidió establecer el cepo creyendo que este era un sustituto de la calidad institucional y la disciplina monetaria.
Uno de los argumentos que suelen utilizar en el gobierno y también algunos economistas de la oposición, es que dado que no hay suficientes reservas, hay que mantener el cepo. Si a esto se lo combina con la deliberada estrategia de retrasar el tipo de cambio real para usarlo como ancla contra la inflación, el miedo a levantar el cepo se transforma en pánico en muchos colegas.
En realidad es justamente al revés. Dado que hay cepo es que faltan dólares y las reservas son cada vez menores. Respecto al retraso del tipo de cambio, se tiene pánico al overshooting, es decir a que si se eliminan las restricciones el tipo de cambio nominal se dispare y luego baje un poco.
En primer lugar sabemos que mientras haya cepo cambiario no va a haber ingreso de divisas porque nadie entra a la cárcel, cierra con llave la puerta y luego tira la llave bien lejos. Es decir, nadie va a entrar capitales para luego no poder sacarlos si a así lo desea. El capital no se suicida.
En segundo lugar, en un mercado libre el ingreso de divisas se produce, básicamente, por dos vías. Por un lado por las divisas que quieran vender los exportadores en el mercado local. En segundo lugar, por el ingreso de capitales por inversiones, préstamos, etc.
Existiendo el cepo, nadie ingresa capitales para invertir y luego no poder girar utilidades y dividendos. Y menos ingresa capitales para invertir en un país en que se violan los derechos de propiedad y en el que el burócrata de turno actúa como un mandamás sobre las empresas. De manera que mientras esté el cepo no van a ingresar capitales y, por lo tanto, los dólares seguirán escaseando.
Por otro lado, todos sabemos que el tipo de cambio real fue deteriorado artificialmente. Ni la producción de soja hoy es negocio con este tipo de cambio artificialmente barato. De manera que si se libera el tipo de cambio lo más probable es que suba. Ahora, puede haber una estampida cambiaria o solo un acomodamiento del tipo de cambio nominal controlado, no por la mano del BCRA, sino por un contexto de credibilidad en la política económica y en el gobierno.
Por eso hace rato vengo insistiendo en que el cepo puede y debe levantarse de un día para otro pero bajo las siguientes condiciones: 1) nombrando un ministro de economía que genere confianza y con suficiente trayectoria profesional, 2) un presidente del BCRA de las mismas cualidades, 3) un plan de disciplina fiscal para, 4) poder tener disciplina monetaria de manera de frenar la inflación, 5) una amplia desregulación de la economía para liberar la capacidad de innovación de la gente y 6) el enunciado de un contexto institucional y plan económico que induzca el ingreso de capitales.
Con estas 6 condiciones creo que se frenaría la huida del peso hacia el dólar, ingresarían capitales para comprar activos que están baratos en Argentina y el dólar dejaría de ser un bien escaso. En otras palabras, el tan temido overshooting en el tipo de cambio no se produciría o se produciría mucho más levemente que en un contexto de indisciplina fiscal y monetaria.
En síntesis, no es que primero hay que aumentar las reservas del BCRA para levantar el cepo. En un política cambiaria de libre flotación y sin regulaciones, no hace falta que intervenga el BCRA. La estabilidad del mercado de cambios la otorgan las disciplinas monetaria y cambiaria y el respeto por los derechos de propiedad. Es eliminando el cepo que ingresan los capitales para abastecer el mercado de cambios. Por eso, insisto, no es cierto que primero hay que juntar dólares y luego eliminar el cepo. Es eliminando el cepo que ingresarán los dólares o, si se prefiere, para que ingresen dólares es condición necesaria la eliminación del cepo.
En definitiva, si se razona al revés, como parecen razonar algunos economistas de la oposición y, por supuesto, los del gobierno, el resultado no puede ser otro que exactamente el inverso al declamado en el discurso.
(*) Roberto Cachanosky. Economista (UCA, 1980) Director de "Economía para todos". Artículo publicado el 30 de Agosto de 2015

La utopía de un gobierno diáfano.

Por Alberto Medicna Méndez (*)

La humanidad ha intentado evolucionar en la articulación de sistemas de convivencia que fueran superadores, que permitieran dejar de lado prácticas inapropiadas para reemplazarlas por otras mejores. El primer desafío fue abandonar la vigencia de la eterna "ley del más fuerte" como método único para resolver conflictos, y eso fue parcialmente logrado.
Los sistemas de gobierno han ido progresando en ciertos aspectos y deteriorándose, sin disimulo, en muchos otros. El más escandaloso lo protagoniza la falta de transparencia en el uso de los dineros públicos.
Las decisiones de los gobernantes, el modo en el que actúan a diario, forman parte de una gran "caja negra". Solo se conoce el inicio y el final, pero nada se sabe del proceso por el que se atraviesa para llegar hasta allí.
Mecanismos como esos fueron acumulándose inexorablemente en un contexto de crecimiento exponencial del tamaño de los Estados, con más roles a su cargo y con una desproporcionada magnitud del gasto.
Esa compleja estructura sirvió de justificación para ocultar la cantidad y calidad de ese gasto. Esos gobernantes han utilizado, sin miramientos ni reparos, esta dinámica para perpetrar sus más variados delitos. Instrumentaron intrincados procedimientos, intencionalmente plagados de infinitos pasos burocráticos, tendientes a generar mayor confusión, con la meta clara de disfrazar sus innumerables irregularidades.
Que la ciudadanía conozca en detalle, cómo, cuánto, dónde y cuándo gastan los gobiernos es un derecho inalienable y no precisamente un favor, un gesto o una concesión que deban hacer quienes administran el Estado.
En tiempos de tanta tecnología disponible, las excusas ya no sirven. Todo el gasto estatal puede ser transparentado en la medida que exista suficiente voluntad política. Si aún no se ha avanzado en esta dirección es solo porque los gobernantes han tomado la explicita determinación de no hacerlo.
Eso no es casualidad. Es la consecuencia inevitable de una combinación casi letal. Por un lado la primacía de políticos corruptos que utilizan esta oscura ventana para sus dislates, para manejar todo con absoluta discrecionalidad, sin rendirle cuentas a nadie. Ellos actúan como si se tratara de su dinero, olvidando que son recursos que han sido previamente detraídos de los ciudadanos, vía impuestos, para supuestos loables fines que luego no se concretan en lo más mínimo.
Pero nada de esto se podría llevar adelante si la sociedad no fuera la principal cómplice silenciosa de estas aventuras demasiado habituales. La naturalización de ciertos rituales de la política, como el ocultamiento premeditado de información vital, debería preocupar, sin embargo forma parte de una rutina contemporánea que la gente erróneamente aprueba.
A no confundirse. Este no es un problema exclusivo de los que gobiernan ahora. Los circunstanciales opositores hacen poco al respecto. Denuncias aisladas, cuestionamientos puntuales, son utilizados como un ardid político solo para sumar votos. Ellos, también pretenden ocupar los mismos lugares de poder y, en esa instancia, utilizar esos fondos con idéntica arbitrariedad.
Si se comprende cabalmente que el problema de fondo radica en la equivocada conducta de los políticos y de la sociedad, unos ejecutando y otros soportando pasivamente, pues la solución está un poco más cerca.
No se puede esperar que la clase política elimine sus propios privilegios. Nunca destruirán lo que han diseñado con esmero. La administración de la caja estatal es su principal fuente de poder y no piensan ceder su control.
Pedirles un acto de renunciamiento sería desconocer su esencia y caer en un infantilismo demasiado imprudente. Por lo tanto, el derrotero para desmontar esta atrocidad que crece a diario, es que la sociedad tome una enérgica postura, diametralmente opuesta a su indiferencia actual.
Muchas organizaciones de la sociedad civil se dedican a encomiables objetivos cívicos, desde la difusión de ideas, a la solidaridad, pasando por la defensa de intereses sectoriales, la promoción de buenas conductas y el combate contra diferentes males que aquejan a muchas personas.
Eso no está nada mal, pero queda claro también que ninguna ha hecho esfuerzos suficientes para exigir transparencia. No sirve que la queja se haga de tanto en tanto. Se precisa de una acción directa, permanente, perseverante, que se constituya en un verdadero límite para que los inescrupulosos de siempre se sientan suficientemente observados.
Ellos no muestran demasiado pudor, pero es probable que tengan algún temor a ser descubiertos. Saben que no gozan de prestigio. Eso no los intimida. Su pánico reside en pagar costos políticos elevados y que esas situaciones atenten contra la posibilidad de continuar con sus fechorías.
Existe una luz de esperanza para aquellos que creen que los sueños pueden hacerse realidad. Claro que no es fácil ni simple. Nada ocurrirá sin esfuerzo. Una eficaz organización de la sociedad y un tenaz accionar en el sentido correcto puede poner ciertas cosas en orden, disuadir a muchos, y después de incansables luchas, posiblemente, logre inclusive marginar a los peores.
No resulta necesario que toda la sociedad tome ese camino. Un pequeño, pero decidido, grupo de entusiastas ciudadanos podría asumir la responsabilidad de liderar ese proceso exponiendo las felonías cotidianas de la casta política. La pretensión de contar con funcionarios que administren la cosa pública con transparencia no es una fantasía si se empieza a recorrer el sendero adecuado. Aunque parezca difícil, bien vale la pena intentar esa batalla para lograr, algún día, la utopía de un gobierno diáfano.

(*) Alberto Medina Méndez. Periodista y analista político
albertomedinamendez@gmail.com
www.existeotrocamino.com
Facebook: www.facebook.com/albertoemilianomedinamendez

Fuente: Comunicación personal del autor

Con sangre entra

Por Enrique G. Avogadro (*)

"Veo bandas rapaces movidas de codicia -la más vil de las pasiones- enseñorearse del país, dilapidar sus finanzas, pervertir su administración, pavonearse insolentemente en cínicas ostentaciones, comprarlo y venderlo todo, hasta comprarse y venderse unos a otros a la luz del día".       José Manuel Estrada. 
Mi columna de la semana pasada, al igual que ésta escrita el sábado por la noche, abusó del humor para describir una realidad cada vez más preocupante, y quedó fuera de lugar cuando terminó la farsa de la elección en Tucumán, sumergida en un caos demencial de violencia y sangre. ¿Cuánto tuvo de "ejercicio de cuadros y de tropas en el terreno", con vistas al gran combate de octubre?; la quema de urnas, los disparos en las escuelas, la intimidación a fiscales y periodistas, el robo de boletas y la falsificación de telegramas fueron maniobras tácticas practicadas ese día y puestas a punto para la siguiente ocasión. Los hechos (que son sagrados, como dice el Dr. Fayt) mostraron hasta qué punto está dispuesto a llegar el Gobierno para conservar el poder; si estaba convencido de que Manzur ganaría, ¿para qué armar ese siniestro festival?
Lo sucedido, sin embargo, tuvo un costado positivo, porque detonó la reacción de la ciudadanía tucumana y permitió que a las fuerzas opositoras les entraran las lecciones, y sus líderes, convocados por un generalizado repudio, reclamaran la urgente reforma del obsoleto sistema electoral que nos hemos dado, que habilita todas las formas de fraude, comenzando por el control de los comicios por el Poder Ejecutivo, a través del Ministerio del Interior y del Correo Argentino, en manos de La Cámpora.
Lo que hemos visto en Tucumán nos dice mucho acerca de qué puede suceder en las elecciones nacionales del 25 de octubre, cuando el oficialismo, aupado por unas encuestas dibujadas exprofeso, que muestran a Scioli a sólo cuatro o cinco puntos de consagrarse, con el 45%, en la primera vuelta electoral, ejerza esta forma de "contar" los votos para perpetuar el modelo, en especial en el norte del país y en el temible Conurbano bonaerense. Si no lo lograra creo, porque ya lo demostró, que será capaz de incendiar Roma.  
Contra esa improbable posibilidad de Lancha de alzarse con el triunfo, lo cierto es que el famoso "cisne negro" -el factor imponderable que puede convertir cualquier cálculo en papel mojado- parece haberse transformado en una renegrida bandada: su viaje a Italia, las inundaciones (los meteorólogos auguran que las lluvias se repetirán con similar violencia antes de octubre), los hechos de Tucumán y su buscado (y luego lamentado) abrazo a Alperovich y a Manzur, su declaración de bienes inexplicables, la guerra de Insfrán contra un ídolo de multitudes como Carlitos Tévez, la propia candidatura de Anímal, la caída en los precios de nuestras exportaciones, la dramática escasez de reservas, el recrudecimiento de la inflación y su silencio respecto al asesinato de Nisman (¡qué llamativa velocidad para iniciar la investigación sobre su patrimonio!), el memorandum con Irán y la causa Hotesur son algunos de los pájaros que la integran. Cuánta importancia final puedan adquirir para una sociedad tan anestesiada es una de las mayores incógnitas del momento.
No se trata, entonces, sólo de una mejor y mayor fiscalización del acto, que seguramente se logrará por la práctica adquirida por quienes la ejercieron en las PASO, sino en descubrir cómo hacer para dar velocidad, transparencia y, sobre todo, veracidad y credibilidad al escrutinio final. Si la oposición se limita a actuar con su candorosa inocencia habitual -como fue el reclutamiento de fiscales a través de las redes sociales, lo cual permitió que se anotaran kirchneristas para cumplir ese rol, que después desertaron- y con dar ejemplos de buenos modales, mientras admite que la información de cada mesa se trastoque en su camino a los centros de cómputo, todo se habrá perdido y el cristinismo habrá logrado su propósito de seguir en el poder a través del Chino Zaninni, deAnímal y de los emires feudales de Formosa, de Tucumán, de Jujuy y de otras provincias.
Creo que no disponemos de tiempo para cambiar, en sólo dos meses, el sistema -sea yendo hacia el voto electrónico, sea hacia la boleta única- que permitiría evitar algunos de los mayores vicios, pero estoy seguro que, al menos, se podría montar un enorme equipo de fiscales electrónicos para un efectivo control del escrutinio; además, como ya lo ha sugerido alguien de la oposición, debemos exigir la presencia de veedores internacionales, y cuantos más, mejor. Después del cenagoso chiquero en que el Gobierno ha convertido a la economía, y con la terrible herencia que dejará a su sucesor, éste -quien quiera que sea- necesitará de toda la legitimidad para encauzar y dar credibilidad al país; ese esencial requisito faltará si las elecciones que lo unjan resultan controvertidas o, literalmente, robadas.
Hasta ahora, creí que una eventual renuncia, antes de octubre, de Sergio Massa a su candidatura presidencial resultaría contraproducente, ante un eventual vuelco de su electorado peronista al redil del ¿Frente para la Qué?, pero ya no estoy tan convencido; básicamente, porque la presencia dividida del PRO y del Frente Renovador podría llevar a que ninguno llegara al 30%, y eso habilitaría a Lancha a triunfar -siempre fraude mediante- con sólo el 40%, en este curioso sistema de ballotage que los argentinos tenemos para las presidenciales. En la Provincia de Buenos Aires, donde gana quien simplemente obtiene más votos, la situación es distinta, porque allí están en condiciones de alzarse con el triunfo tanto María Eugenia Vidal (la candidata más votadas en las PASO) cuanto Felipe Solá, quien podría reunir los votos peronistas de Julián Domínguez y de barones hartos del kirchnerismo, que los lleva a la derrota.
De todas maneras, resulta esencial reiterar que el futuro se presenta muy difícil, tanto por la horrible situación interna como por las conmociones que, día a día, se producen en el escenario internacional, por las dificultades que afrontan Brasil (¡un espejo que nos avergüenza!) y China -nuestros principales clientes- y, sobre todo, por la devaluación masiva de las monedas de todos nuestros competidores y vecinos. Así, las drásticas correcciones que resultará inevitable realizar sobre el rumbo económico, en especial sobre el mega-gasto público que el kirchnerismo impuso, requerirá de fuertes consensos parlamentarios y sociales, que sólo podrán generarse a partir de la interacción generosa entre los distintos actores políticos, y allí se abre una puerta amplia, por ejemplo, para compartir espacios en el gabinete y en el Congreso, es decir, para constituir una amplia base aliada.
Cambiando totalmente de tema, y dado que también en este asunto la letra con sangre entra, algo acerca de la crisis de la inmigración ilegal de los miles de africanos que conmovedoramente luchan por una vida simplemente viable y están dispuestos a perderla en el intento, porque el infierno que dejan atrás es aún peor. Con toda humildad y desde este remoto lugar, me permito formular una sugerencia a la Comunidad Europea entera: ¿por qué no reparar algunos de los grandes errores de la época colonial y crear un Plan Marshall para África, que genere educación y riqueza para permitir a sus poblaciones permanecer en sus países de cuna?
Como todos sabemos, el original de ese plan hizo que Europa, después de la pavorosa destrucción que provocó la II Guerra Mundial, se recuperara con fuerza en pocos años. Muchos historiadores adjudican las razones que llevaron a los Estados Unidos a destinar tan ingentes fondos a esa reconstrucción al egoísta propósito de regenerar mercados para sus productos; aunque así fuera, los muchos millones de seres humanos que habitan en el continente negro y los enormes recursos de los que disponen los países sub-saharianos debiera servir, ahora también, como similar aliciente y, en especial, evitaría esa justificada invasión al continente europeo, tan rico y tan cercano.
El también dramático caso de Oriente Medio es diferente, porque quienes emigran huyen de la guerra y del demente Ejército Islámico. Un elemental instinto de auto-preservación debería obligar a reflexionar a los países centrales, creadores de ese caos por su avidez del mar de petróleo involucrado, e imponerles poner fin al mismo, ya que los inmigrantes árabes no se integran a las comunidades que los acogen y, por su infinitamente mayor tasa de crecimiento demográfico, terminarán por islamizar a Europa entera.
Los chinos tienen una curiosa maldición: "¡Ojalá vivas tiempos interesantes!"; no hay duda que nos está siendo destinada.
Bs.As., 30 Ago 15
(*) Enrique Guillermo Avogadro. Abogado
E.mail: ega1@avogadro.com.ar
E.mail: ega1avogadro@gmail.com
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Blog: http://egavogadro.blogspot.com

Fuente: Comunicación personal del autor

miércoles, 26 de agosto de 2015

Un fraude gigante con 30 mil testigos y una nulidad “imposible”

Por José Benegas (*)

Pasan a los tucumanos por arriba y no se les mueve un pelo. El presidente de la Junta Electoral, que además preside la corte provincial, dice que es imposible que se anulen las elecciones. Lo que es imposible es descartar sin considerar un pedido de nulidad, eso equivale a decir que ese acto está fuera de su jurisdicción, lo que es insostenible. Podría decir que no tiene elementos para disponer una nulidad, pero al decirlo de esta manera se puede resumir su afirmación así: pelito para la vieja y jódanse.
Claro, dijo, si hay alguna duda en las urnas basados en las las actas, la abriremos ¿En qué consiste la concesión? Ese es el trabajo normal del escrutinio definitivo. Ni más, ni menos. Nunca explicó por qué debieron suspender el escrutinio provisorio con el 81% de las mesas escrutadas ¿Dudas? Cualquiera diría que si hay dudas llegando al 81%, eso no se compadece con la afirmación de que es imposible anular las elecciones. Pareciera ser muy digno de ser considerado.
En Tucumán se denunciaron tres cosas: quema de 40 urnas, falsificaciones de actas y telegramas y fraude físico en las urnas. La quema de urnas que quieren minimizar en el porcentaje que representan del total, es un dato fundamental para entender la irregularidad general del comicio. No es un hecho aislado, sino un cúmulo de acontecimientos, dentro de los cuales está que los que se comportan como dueños de la provincia, son capaces de hacer semejante cosa. La falsificación de actas y telegramas podría salvarse en el escrutinio definitivo.
¿Pero por qué estaba la gente ayer y hoy en la plaza? Bastaba oírlos, recorrer los testimonios. Ellos no hablaban de actas ni de urnas quemadas, sino de experiencias personales que implican que no puede confiarse en el contenido de las urnas tampoco. Nadie estaba ahí, entre todos los testimonios que pude oír, por que los sitios de noticias contaran los hechos más conocidos. Es lo que ellos vivieron. Gente que encontró boletas falsas, fiscales encerrados y amenazados, actos de violencia y atropellos a los electores varios y de todo tipo ¿En qué elección en la historia se pueden encontrar 20 mil o 30 mil testigos de fraude y además algo que se llama tribunal, diciendo que no lo hubo?
Entonces tenemos el mundo mágico del presidente de la Junta Electoral, Alperovich y buena parte de la oposición que pedía “calma” a los que estaban calmos pero reclamando y habían recibido los balazos de goma oficiales. El otro mundo es el representado en estas marchas, que no se soluciona por ninguna apertura de urnas, porque lo que indican es que también dentro de las urnas hay basura. Eso es lo que les resulta imposible de revisar, porque van todos en cana, incluida la Junta Electoral.
Por desgracia los tucumanos y los argentinos en general, tendrán que buscar otros métodos para liberarse del estado criminal que formaron los K y sus cómplices, aunque sus orígenes son muy anteriores. Ellos son la etapa pornográfica y descarada de la trampa. No cuentan ni con el sistema institucional que enarbola la palabra “imposible” para tapar la revisión de los mayores actos de fraude. No cuentan por supuesto con los lombrosianos personajes oficialistas, pero lo peor, es que no cuentan con una oposición que se conforma con los puestos que les van a tocar a ellos, como parte que son del sistema, esperando para reemplazar a sus dueños actuales. La gente tiene problemas con los que los representan, tanto como por los que no los representan.
Por eso en el fondo me encanta lo que les hace Victor Hugo Morales con las imbecilidades que les dice acusándolos. Porque no hacen más que esfuerzos para congraciarse con ellos, fuerzan situaciones para no hacer nunca nada para que no los cuestionen los delincuentes y aún así sus amanuenses los responsabilizan de todo. Son los que más merecen a Victor Hugo.
(*) José Benegas. Abogado, ensayista, analista político. Artículo publicado en su blog personal "No me parece" el 26 de Agosto de 2015
Fuente: Pasan a los tucumanos por arriba y no se les mueve un pelo. El presidente de la Junta Electoral, que además preside la corte provincial, dice que es imposible que se anulen las elecciones. Lo que es imposible es descartar sin considerar un pedido de nulidad, eso equivale a decir que ese acto está fuera de su jurisdicción, lo que es insostenible. Podría decir que no tiene elementos para disponer una nulidad, pero al decirlo de esta manera se puede resumir su afirmación así: pelito para la vieja y jódanse.
Claro, dijo, si hay alguna duda en las urnas basados en las las actas, la abriremos ¿En qué consiste la concesión? Ese es el trabajo normal del escrutinio definitivo. Ni más, ni menos. Nunca explicó por qué debieron suspender el escrutinio provisorio con el 81% de las mesas escrutadas ¿Dudas? Cualquiera diría que si hay dudas llegando al 81%, eso no se compadece con la afirmación de que es imposible anular las elecciones. Pareciera ser muy digno de ser considerado.
En Tucumán se denunciaron tres cosas: quema de 40 urnas, falsificaciones de actas y telegramas y fraude físico en las urnas. La quema de urnas que quieren minimizar en el porcentaje que representan del total, es un dato fundamental para entender la irregularidad general del comicio. No es un hecho aislado, sino un cúmulo de acontecimientos, dentro de los cuales está que los que se comportan como dueños de la provincia, son capaces de hacer semejante cosa. La falsificación de actas y telegramas podría salvarse en el escrutinio definitivo.
¿Pero por qué estaba la gente ayer y hoy en la plaza? Bastaba oírlos, recorrer los testimonios. Ellos no hablaban de actas ni de urnas quemadas, sino de experiencias personales que implican que no puede confiarse en el contenido de las urnas tampoco. Nadie estaba ahí, entre todos los testimonios que pude oír, por que los sitios de noticias contaran los hechos más conocidos. Es lo que ellos vivieron. Gente que encontró boletas falsas, fiscales encerrados y amenazados, actos de violencia y atropellos a los electores varios y de todo tipo ¿En qué elección en la historia se pueden encontrar 20 mil o 30 mil testigos de fraude y además algo que se llama tribunal, diciendo que no lo hubo?
Entonces tenemos el mundo mágico del presidente de la Junta Electoral, Alperovich y buena parte de la oposición que pedía “calma” a los que estaban calmos pero reclamando y habían recibido los balazos de goma oficiales. El otro mundo es el representado en estas marchas, que no se soluciona por ninguna apertura de urnas, porque lo que indican es que también dentro de las urnas hay basura. Eso es lo que les resulta imposible de revisar, porque van todos en cana, incluida la Junta Electoral.
Por desgracia los tucumanos y los argentinos en general, tendrán que buscar otros métodos para liberarse del estado criminal que formaron los K y sus cómplices, aunque sus orígenes son muy anteriores. Ellos son la etapa pornográfica y descarada de la trampa. No cuentan ni con el sistema institucional que enarbola la palabra “imposible” para tapar la revisión de los mayores actos de fraude. No cuentan por supuesto con los lombrosianos personajes oficialistas, pero lo peor, es que no cuentan con una oposición que se conforma con los puestos que les van a tocar a ellos, como parte que son del sistema, esperando para reemplazar a sus dueños actuales. La gente tiene problemas con los que los representan, tanto como por los que no los representan.
Por eso en el fondo me encanta lo que les hace Victor Hugo Morales con las imbecilidades que les dice acusándolos. Porque no hacen más que esfuerzos para congraciarse con ellos, fuerzan situaciones para no hacer nunca nada para que no los cuestionen los delincuentes y aún así sus amanuenses los responsabilizan de todo. Son los que más merecen a Victor Hugo.
(*) José Benegas. Abogado, ensayista y analista político. Artículo publicado en su blog personal "No me parece" el 26 de Agosto de 2015

lunes, 24 de agosto de 2015

Viento de frente

Por Germán Gegenschatz (*)

El próximo Presidente encontrará un escenario nacional e internacional muy diferente al del 2003, 2007 y 2011. El frente “doméstico” se caracteriza por ofrecer reservas disminuidas, inflación muy alta, exportaciones en caída y déficit fiscal en aumento, por nombrar solamente algunos aspectos. El frente “externo” cambió 180°, el denominado “viento de cola” es hoy “viento de frente”, es decir, las condiciones globales para la Argentina son bastante adversas, tanto las políticas como, fundamentalmente, las económicas.
La implosión de Venezuela, el acercamiento de Cuba y EEUU y la recesión en Brasil quitan relevancia política y económica al MERCOSUR, el ALBA y el UNASUR, que son los espacios a los que este gobierno apostó fuertemente. Asimismo la persistencia del default selectivo de Argentina, dificulta el acceso a créditos internacionales y el cepo cambiario nos complica como destino de inversiones productivas.
La desaceleración de la economía brasileña y china, las dificultades económicas de la Unión Europea, a lo que debemos sumar la consolidación de la baja del petróleo, del gas y de la soja completan el contexto.
En Brasil las denuncias de corrupción política y la cuestión del “Petrolao” debilitaron al máximo el poder de Dilma Rousef y al Partido de los Trabajadores que la sostiene. La depresión económica proyecta para Brasil una caída del PBI para el 2016. Este año las exportaciones de nuestro país al Brasil ya cayeron un 22% provocando una pérdida acumulada en la balanza comercial, que supera ampliamente los U$S 1200 millones.
China acaba de realizar la mayor devaluación del yuan en los últimos 21 años, 4,66%, obligada por la caída del 8,3% interanual de sus exportaciones. Este movimiento provoca dos efectos fundamentales: impulsar a otros bancos centrales a defender sus exportaciones empujando la devaluación de sus propias monedas; y deprime los mercados de materias primas, encareciendo la importación de estos productos para china por efecto de la devaluación.
La Unión Europea tiene un magro crecimiento proyectado para el 2016, aproximadamente un 1.5% según los estudios del FMI.
Vaca Muerta es una formación de Shale Oil y Shale Gas descubierta por un geólogo de la Standard Oil (hoy Chevron), Charles Edwin Weaver, en 1931. En 2011 YPF “confirmó” su existencia. Nuestro país carece del capital y la tecnología para extraer el gas y el petróleo de Vaca Muerta. Para superar estas carencias YPF se asoció con Chevron a partir del memorando de septiembre de 2012, y luego siguieron los acuerdos y empezaron las inversiones, pero los precios no acompañaron, el petróleo cayó de U$S 90.78 al 09/12 el barril máximo a U$S 46.94 el 8/15, y el gas natural de U$S 4.30 máximo 09/12 a U$S 2.93 el 08/15[1]. La soja también cayó fuertemente. Si tomamos la misma fecha que para el petróleo vemos que al 09/12 la soja cotizaba en torno a los US$ 590, mientras para 09/15 cotiza en torno de los U$S 332. Las proyecciones estimadas en las cotizaciones del petróleo, el gas y la soja son variadas, pero hay coincidencia en que el equilibrio estaría muy por debajo de los precios de partida a la baja.
La caída en las tasas de crecimiento de Brasil, China y la Unión Europea restringen nuestros mercados para exportar, y las tensiones devaluatorias y los bajos precios del petróleo, el gas y la soja comprometen nuestros ingresos genuinos de divisas y estimulan la inflación.
Los autores de la política económica de la última década negaron que el “viento de cola”, ese excelente contexto internacional, fuese la principal causa de los frondosos ingresos que posibilitaron amplias políticas sociales y subsidios masivos. Muy probablemente esos mismos sectores señalen al “viento de frente” como culpable de los profundos problemas que se avecinan. Ambas afirmaciones son falsas. Argentina pudo estar bien o mal administrada, pero no estuvo a la deriva como para culpar exclusivamente a los factores externos por nuestra suerte. Es cuando baja el agua que podemos ver, como se suele decir, quien nadaba sin ropas. Ahora vemos como el vivir al día tiene sus costos.
El próximo presidente empezará con una situación interna muy deteriorada y con un fuerte viento de frente, por lo tanto tendrá poco margen para el error en una dinámica política y económica que promete muchos movimientos, más razón para elegir bien quien tendrá a su cargo pilotear nuestro país en un clima adverso, que dista mucho de ser pasajero.
(*) Germán Gegenschatz. Abogado Diplomado en Historia Política Argentina. Semana 34 Comunidad y Política. 21 de Agosto de 2015
Buenos Aires, 21 de agosto de 2015.
[1] Datos tomados de The Wall Street Journal correspondientes a promedios mensuales de: Crude Light Oil Day – NYMEX y Natural Gas Day – NYMEX.

Cambiar el “proyecto”: un imperativo moral

Por Roberto Cachanosky (*)
Esto no es solo un debate de eficiencia económica. El mayor problema es la inmoralidad del “proyecto”.

Si tuviese que dar una explicación de fondo de por qué hay que cambiar el famoso proyecto, diría que la clave está en una cuestión moral. Como dice el título de esta nota, en mi opinión es un imperativo moral más que una cuestión de eficiencia económica. La inmoralidad del llamado “proyecto” Nac&Pop pasa por varios aspectos.

En primer lugar, el denominado proyecto es inmoral porque usa los principios de la democracia republicana para, disimuladamente, entrar al sistema como un ladrón que aprovecha la distracción de su víctima para robarle. Ataca a traición. Es decir, el kirchnerismo tiene vocación de tiranía por definición. Ha dado acabadas muestras de tener un comportamiento por el cual los que piensan diferente no tienen derechos. Ahora bien, mediante leyes, decretos, trampas e incluso ignorar fallos de la Corte Suprema de Justicia, van intentando modificar el cuerpo legislativo para transformar en letra muerta las garantías constitucionales de los ciudadanos. El objetivo es que el ciudadano termine siendo una especie de súbdito de un grupo de burócratas que, además, utilizan el estado en beneficio personal. Conceptualmente no encuentro diferencia entre una dictadura que se establece a punta de bayoneta y otra que usa la democracia republicana para, mediante el voto, conseguir el monopolio de la fuerza del estado para luego ir cambiando las leyes hasta cocinar a fuego lento los derechos individuales y, de esta forma, ir transformando lentamente la democracia republicana en una dictadura.

La inmoralidad del denominado “proyecto” reside, por un lado en actuar a traición. Nunca declama abiertamente su objetivo de establecer una tiranía. Usan la democracia para destruir la república y luego también terminan destruyendo la democracia. Es lo que hizo el kirchnerismo y el chavismo. Viendo que el uso de la fuerza para tomar el poder no les resultó favorable en los 70, cambiaron por la estrategia de decir que querían formar parte del sistema republicano para llegar al poder y luego aniquilarlo.

Por otro lado, la inmoralidad más profunda es la de querer someter a la población a un camino de esclavitud. Si se observa cómo han actuado en estos 12 años, en líneas generales no han recurrido a la expropiación de los factores de producción, más bien recurrieron a confiscar la riqueza generada por la gente decente que todos los días se levanta para producir. La expoliación impositiva ha sido el instrumento para esclavizar a una población que luego de producir ve cómo el estado se apropia, utilizando el monopolio de la fuerza, de buena parte de su riqueza legítimamente obtenida. Quitarle por la fuerza a la gente el fruto de su trabajo para dárselo a quién no le pertenece, es una violación a los derechos humanos porque transforma a la persona laboriosa en un siervo del gobernante.

La inmoralidad del proyecto reside, también, en adular a las masas haciéndoles creer que tienen el derecho a vivir a costa del trabajo ajeno. Decirle a la gente: Ud. tiene derecho a vivir de lo que genera otro es profundamente inmoral. Inmoral porque somete al que produce e inmoral porque despierta las peores pasiones de los seres humanos.

Justamente, otra de las inmoralidades del “proyecto” es el enfrentamiento que ha generado entre los habitantes de Argentina. Deliberadamente ha inducido al odio y al resentimiento entre los argentinos inventando enemigos, tirando la piedra y escondiendo la mano como cuando emiten a marcha forzada y ante la inflación que generan dicen que es culpa de tal o cual sector productivo.

Es inmoral el “proyecto” cuando establece reglas de juego por las cuales las empresas no obtienen utilidades ganándose el favor del consumidor, sino ganándose el favor del funcionario de turno para que les otorgue todo tipo de privilegios y restricciones a la competencia de manera de tener cautivo a los consumidores.

Es inmoral el “proyecto” cuando le dice a una parte de la población que tiene derecho a vivir rascándose la panza durante años mientras es mantenido por gente decente que trabaja cada día de su vida. Dar subsidios “sociales” en forma indefinida diciendo que es un derecho del que los recibe, es inmoral por dónde se lo mire.

Es inmoral haber elevado la carga tributaria hasta niveles de confiscación del ingreso y del patrimonio y haber utilizado el estado para mantener a militantes rentados que no producen nada útil para la sociedad. Es inmoral que esos militantes nombrados en el estado hayan desplazado de sus cargos a funcionarios honestos por no pertenecer al “proyecto”. ¿O acaso no es inmoral que hayan tomado por asalto el INDEC y hayan despedido y humillado a personas por no acatar la orden de mentir con la inflación? Pero además del INDEC también tomaron por asalto reparticiones púbicas, ministerios, etc. Han hecho del estado un verdadero botín de guerra.

Finalmente, y sin que el listado quede agotado, también es inmoral el “proyecto” por el tsunami de corrupción que hemos visto en todos estos años. Mientras se declama una falsa solidaridad social y les caen lágrimas de cocodrilos por los pobres, amasan fortunas lavando dinero de la corrupción de la obra pública en forma descarada. Hasta son capaces de lograr apartar un juez que los investiga por corrupción con tal de mantenerse a salvo de sus fechorías. Es inmoral que mantengan en la pobreza a la gente y luego entretenerla con migajas para distraerla mientras acumulan billetes por kilos.
En síntesis, este no es solo un debate sobre si el tipo de cambio real es alto o bajo o si hay que privatizar Aerolíneas Argentinas o no. El mayor problema es la inmoralidad del “proyecto” porque en forma traicionera pretende terminar con los vestigios de libertad que quedan para establecer una tiranía con el objeto de seguir usufructuando del poder y mantenerse alejados de la mano de la justicia por los escándalos de corrupción.

Insisto, cambiar el “proyecto”, no es solo una cuestión de eficiencia económica. Es un imperativo moral.


(*) Robero cachanosky. Economista (UCA, 1980). Asesor económico y Director de "Economía para todos". Artículo publicado por la Fundación Atlas para una sociedad Libre el 19 de agosto de 2015

Fuente: http://www.atlas.org.ar/index.php?m=art&s=1841 

La impudicia de la indulgencia

Por Alberto Medina Méndez (*)
La corrupción atraviesa a los gobiernos desde hace mucho tiempo. Su omnipresencia abruma y su permanencia se sostiene sobre su naturaleza estructural, esa que la hace casi imposible de erradicar. Es tal su potencia que ha logrado que la sociedad la naturalice, la incorpore como parte del paisaje y, en ese contexto, tolere convivir con ella casi sin escandalizarse.
Este fenómeno cultural ha penetrado con tanta fuerza que no solo los corruptos creen estar haciendo lo correcto y asumen que cualquiera haría lo mismo en su lugar, sino que también los que entienden que ese modo de vida es incorrecto parecen haber caído en la trampa de la mansedumbre.
El daño que este perverso hábito ha generado no solo impacta a la hora de vaciar las arcas del Estado en cualquiera de sus formas, saqueando los recursos de toda la sociedad. El asunto es más complejo aún y los alcances del deterioro moral son mucho más profundos que lo que pueda imaginarse.
Es increíble observar como se ha desplazado el umbral que traza la línea entre las personas integras y los criminales. El saber popular solo colocará en la lista de los corruptos a aquellos que delinquen con obscenidad, los que lo hacen con absoluto descaro y sin ningún tipo de escrúpulo.
Los sutiles, los mesurados, los más educados y menos burdos, quedarán prácticamente eximidos de su responsabilidad. Es que la experiencia cotidiana indica que todos los que conducen los destinos del gobierno, tendrán que hacerlo de algún modo, por lo tanto lo que termina importando son las formas y eventualmente los montos, y no necesariamente la actitud.
Es demasiado impactante seguir de cerca esos diálogos en los que parece vital desplazar del poder a los delincuentes de turno para reemplazarlos por otros que, haciendo lo mismo, solo han tenido ciertos cuidados para no parecerse demasiado a los primeros.
Es tiempo de que la sociedad se sincere plenamente y se anime a explicitar con total claridad cuáles son sus verdaderos valores morales. Es relevante saber, a estas alturas, si realmente la corrupción es absolutamente inaceptable o solo se trata de rechazar lo grosero y rústico, de cuestionar los modos y ciertos desagradables estilos personales.
Por triste que resulte, se ha instalado vigorosamente una postura demasiado frecuente, que plantea argumentos frágiles, de gran debilidad no solo intelectual, sino de una relatividad moral que espanta.
Gente inteligente, con acceso a la educación, sin carencias económicas que condicionen su supervivencia, son los que militan con más vehemencia en esta eterna e inexplicable doble moral.
Despotrican contra los malhechores cuestionando sus aptitudes y criticando su indecencia crónica, pero con idéntico entusiasmo idolatran a personajes de dudosa reputación que solo pueden mostrarse como una versión atenuada de similares conductas.
Al final, todo parece ser una simple cuestión de magnitudes. Los que roban mucho son considerados corruptos, pero para los que lo hacen moderadamente existe un indulto social completamente incomprensible.
Es patético, pero definitivamente contemporáneo. Una importante porción de la sociedad solo aspira a elegir a los ladrones más civilizados, simpáticos y discretos. Los honestos prácticamente no aparecen en la grilla y entonces la comunidad no hace más que optar entre diferentes delincuentes.
El problema de fondo es que los honrados no participan lo suficiente como para cambiar la esencia de la política, aunque es justo reconocer que muchos lo intentaron. Algunos, luego de hacer su máximo esfuerzo, se encontraron con que todo era mucho más complejo de lo previsto. Los menos perseveraron y aún siguen intentando ese difícil recorrido. Otros decidieron desistir frente a las infinitas e insalvables dificultades.
Un grupo importante de los que ingresaron a la política para aportar integridad, decidieron mutar y aceptar las impiadosas reglas de juego, claudicando en sus convicciones, bajo el cómodo argumento de asumir que no existe otro modo de hacer política que abandonar los principios.
Es importante no resignarse con tanta docilidad y creer que todo seguirá siendo igual, solo porque siempre fue así. Los cambios se consiguen, primero asumiendo que resulta posible lograrlo. Las utopías dejan de serlo cuando se actúa en consonancia con los sueños. Si no se hace nada al respecto, seguirán siendo solo ideales vacios de los que nadie se ocupa.
Claro que se pueden admitir que existen ciertas circunstancias en las que se debe elegir el mal menor. No se debe dejar de lado lo pragmático frente a una situación límite. Muchas veces se trata justamente de optar por la alternativa menos desagradable.
Lo que resulta inadmisible es convertirse en un entusiasta impulsor de un grupo de bandidos, con el agravante de disimular deliberadamente sus inocultables vicios, minimizar sus defectos, para transformarlos en artificiales adalides de la eficiencia y la honestidad. Lamentablemente son lo que son, solo más de lo mismo. En todo caso pueden ser aceptados como parte de una amarga transición que permita luego empezar a construir una opción superadora, mucho mejor, más aceptable, esa que valga la pena promover y de la que se pueda sentir un genuino orgullo.
El camino consiste en ser suficientemente crítico, disponerse a ser parte de una construcción realmente virtuosa y evitar la infantil complacencia de siempre, esa que termina siendo la impudicia de la indulgencia.
(*) Alberto Medina Méndez. Periodista y analista político


Fuente: Comunicación personal del autor