miércoles, 19 de agosto de 2015

¿Pero qué estamos diciendo?

Por José Benegas (*)

¿A qué nos estamos acostumbrando? Escucho estos mantras:
 No hay ningún político presente para acompañar a la gente, aunque sea para dar una palabra de aliento. Ese es el reproche a la estrella de las elecciones del domingo que se fue a Italia.
Llovió en dos días más que el promedio de todo Agosto.
Hay una contradicción entre la permanente referencia al estado y la ausencia del estado en las inundaciones.
Siempre hemos sido una sociedad de mantras, estupideces circulando en una oración que se va transformando en obligatoria de repetir en una cadena interminable en la que nadie piensa. Todo de una insensatez pasmosa.
¿Cómo que el problema es la falta de presencia personal del político? ¿Creen, personas que han leído medio libro en su vida o han leído alguna vez la parte de los chistes del diario, que después de sostener al estado con el 60 por ciento del esfuerzo productivo de todo un país, la función de los políticos es el consuelo? Porque si al menos la gente dijera que lo quiere presenta a Scioli para putearlo de arriba a abajo, entendería, pero ¿al responsable de la catástrofe lo necesitan para una palmadita en la espalda o un viajecito en helicóptero como si fuera el general Patton recorriendo el campo de batalla y no un simple y descarado patán?
Se impone el mal pensar producto de la desorientación de una década de sistemática guerra contra el contacto que la población debería tener con la realidad, como en cualquier ficción distópica, pero con un nivel de imbecilidad cercano al delirio.
Argentina es uno de los pocos países privilegiados donde no ocurren grandes catástrofes climáticas o geológicas, en particular la pampa húmeda, donde sólo llueve y no se llama húmeda por casualidad.  El trabajo del político es fácil, contratar unos ingenieros y unas empresas de construcción, para gastar el dinero en eso y no en propaganda delictiva de la propia persona del gobernante.
¿En cuántos países del mundo se alude al “cambio climático” para explicar todo desastre natural no atendido? Es fácil la respuesta; en uno. En eso también somos el ombligo del mundo; los diarios, supuesto reflejo de la realidad, confirman el efecto Truman Show del relato, contándonos una y otra vez que las cuestiones climáticas son algo a padecer por culpa de la maldad humana, como en las cavernas; pero la única maldad humana que no considerarán será la del recaudador y falsificador de moneda que tiene al estado para pasarla bien con sus amigos y cómplices y deja que la gente muera y cuando muere la esconde.
¿No hay capacidad parar sospechar que el clima tiene mucho menos relación con las desgracias que la aceptación festiva del “fútbol para todos”, que vendría a ser un cagarse de risa de la realidad y la responsabilidad de parte de todos los que están repitiendo frases de ocasión en los meidos (políticos, periodistas, regenteadores de ongs de buenismo exhibicionista), ahora que pasó la campaña electoral y eso no perjudica inmediatamente a Scioli, el gran pautador? No es un problema de cuentas, no estoy poniendo en un solo tema tonto el peso presupuestario de la criminalidad estatal, pero ese es el marco conceptual de nuestras lloronas mediáticas, contratadas por una gran comparsa para derramar lágrimas de cocodrilo mientras muestran las mismas imágenes que censuraron antes del domingo. Porque si algo nos faltaba, se nos repitió que no es leal hablar en campañas electorales de innundados o pericias de asesinatos de fiscales que muestren la podredumbre que hemos naturalizado. Esas cosas deben posponerse para después del os comicios, si no, sería tramposo y nos lo hará saber una de esas ongs.
Siempre llueve más que el promedio y también menos que el promedio, por eso el promedio es promedio. No debería tener que aclararlo. Tampoco que la provincia de Buenos Aries no inventó los barrios cerrados y que en casi todos los lugares de la tierra llueve y a veces mucho, en algunos muchísimo. Ellos no tienen grandes inundaciones cada seis meses y lo consideran un problema “extraordinario”. No, el mundo no es tan imbécil ni para decir eso, ni para votar como se vota en la Argentina.
¿Contradicción entre el estatismo y el caos? ¿Qué pitos creen que produjo Chernovil? Que creen que produjo la Argentina, único caso en el mundo de país que se subdesarrolló. Bueno, también Cuba, no precisamente por falta de estado. El estado no es orden sino bajo la ley y la libertad de las personas. El estado arbitrario, grande, la “fuerte presencia del estado” como reclamaba un creyente ayer en un medio y hemos oído tanto, es la arbitrariedad pura. El orden político extremo, no es el orden más que en sentido militar. Opera sobre la voluntad de las personas, no sobre la naturaleza. Otorga marcos de impunidad y privilegios; no señores, no sale papá Noel del estado grande sino Mussolini. Mucho estado es muchas órdenes ¿toda la vida creerán en el fascismo los que se creen antifascistas? La búsqueda del dulce estado paternal es la principal enfermedad que produce estados delictivos, pero por más que una y otra vez vivan la experiencia del resultado de sus sueños, parece que no pueden bajarse de ahí. Esta es, sin embargo, otra crisis producto de la “fuerte presencia del estado”. Parecen sentirse el comisario del pueblo cuando repiten este mantra.
A ver si paramos. A ver si pensamos un poco, un rato, a ver si desconfiamos de todo lo que se repite una otra vez, porque si no los seguirán arreglando a los damnificados con retórica, declarando “emergencias hídricas”, consolando con caras hipócritas y comprando a la gente con “créditos blandos” e impuestos duros.
(*) José Benegas. Abogado y analista político.
Artículo publicado en su blog personal "No me parece" el 13 de Agosto de 2015