miércoles, 9 de septiembre de 2015

Papa o Popper

Por Horacio Giusto Vaudagna (*)
La Carta encíclica del Santo Padre Francisco, Laudato Si´, pareciera en esencia un mero llamado concientizando al cuidado ecológico del planeta. Sin embargo, desde una perspectiva política, puede advertirse un vigoroso contenido ideológico unidireccional, ya que en la confección de esta encíclica ambiental participaron solo algunas organizaciones ecologistas de centro izquierda, y se omitió deliberadamente la opinión de sectores desarrollistas. Así se puede observar cómo el Vicario de Cristo forma en la opinión pública una tesis anticapitalista, sin considerar todas las variables del mundo globalizado.
Es preciso aclarar en primer lugar que el ser humano, desde la concepción judeo-cristiana, es hijo de Dios, no de la naturaleza, por lo que reivindicar posturas en favor de la “Pacha Mama” es caer en relativismos morales que alteran los órdenes sociales que permiten la cohesión humana. También resulta oportuno destacar que naturaleza y humanidad son ontológicamente distintos, ya que la forma racional de vida del humano le permite al hombre elegir su destino, desde el dominio de sus tierras, hasta el sacrificio de su propia vida en pos de otra especie; tales decisiones no pueden ser arribadas por otras especies, por lo que resulta carente de inteligencia querer equiparar la vida de la fauna y la flora con la vida humana.
Karl R. Popper, en su mayor obra, “La sociedad abierta y sus enemigos”, propone una mirada de la civilización superadora de todo régimen estatista o religioso, donde el hombre no se cierre a la evolución por respeto a fuerzas mágicas que le prometan bienestar. Popper en el año 1945 ya había anticipado en su escrito el riesgo social que implican los grupos reaccionarios, que sea con el uso de armas o con el uso de la opinión pública, intentan destruir la civilización que de manera libre y espontánea se fue formando. El autor invocado observa y critica esa idea impuesta de asimilar al egoísmo con las corrientes capitalistas, y que solo los colectivismos platónicos-marxistas son capaces de dotar de altruismo a la humanidad.
Así es que, siendo objetivos se puede observar que el libre mercado ofrece una solución evolucionada a todos los problemas, incluso los ambientales. La idea de una sociedad libre, donde se respeta la individualidad y la propiedad privada, no descarta la existencia de lo “público”, simplemente se establece de manera concreta y certera qué bienes pueden ser adquiridos y respetados perpetuamente, y qué bienes son de uso y goce colectivo. Si un ser humano en la creación de una empresa asume los costos para su beneficio, es totalmente moral, y si se genera un daño no pactado es válido que se resarza. En un acto libre y voluntario, si se considera que una empresa lleva a cabo una política que no satisface ciertos intereses, sea porque el Estado le permite que genere un impacto ambiental no medido, o simplemente por su mala atención, puede dejarse de consumir su producto ofrecido; sin embargo, si una mayoría decide consumir tal producto, no puedo imponer mediante la agresión la prohibición a dicho consumo. El mercado libre necesariamente va depurando todas las falencias que surjan en su camino, ya que ningún productor apunta a quedarse sin recursos ni materia prima, de allí que los avances tecnológicos capitalistas permitieron que hoy se goce de fuentes alternativas de energías, uso de medios informáticos que preservan la flora, medicación y alimentos que prolongan la vida humana, entre tantos ejemplos a citar.
El Papa, tanto en sus escritos como en sus conferencias, siempre alude a la necesidad de combatir al capital, y si bien en la opinión popular parece un mensaje bien intencionado, la realidad es que impedir el libre desarrollo evolutivo de la sociedad es ir contra el propio orden natural del ser humano. Las posturas bergoglianas en defensa del pobre y del marginado curiosamente siempre evitan tratar el tema principal, que es el motivo real por el cual hay pobreza. Es el avance del capital lo que permite generar riquezas en vez de dividir las existentes, es ese avance lo que permite al humano vivir más y mejor, satisfaciendo cada vez más necesidades y promoviendo el ingenio para optimizar cada recurso. Con el capitalismo se derriban mitos por la simple existencia de verdades irrefutables; hace siglos se debería haber acabado el alimento para la población mundial, sin embargo, el hombre sigue alargando su promedio de vida y gozando de comodidades que hace centenares de años eran impensadas gracias a la arquitectura, la ingeniería, la informática o el flujo económico del libre intercambio de las fuerzas laborales.
Por todo lo expuesto brevemente, es dable concluir que las tesis anti-capitalistas del Papa son en esencia anti-humanistas, salvo que se pretenda una humanidad que viva en condiciones medievales, plagada de enfermedades y sin posibilidad de crecer libremente, ya que el conocimiento solo podía ser conocido por un monopolio clerical.
(*) Horacio Giusto Vaudagna. Miembro del Centro de Estudios LIBRE. Artículo recibido el 9 de Septiembre de 2015
Fuente: Comunicación personal del autor.