sábado, 31 de octubre de 2015

No bajar la guardia

Por Albero Medina Méndez (*)
La euforia irracional y el entusiasmo desmedido pueden convertirse en una verdadera trampa cuando las batallas son prolongadas. Las tensiones políticas del continente vienen de larga data y pueden perdurar en el tiempo. Este proceso no se ha iniciado ahora. Es el patético resultado de décadas de populismo creciente y un estatismo a prueba de todo.
No se debe cometer el error de creer que ciertas victorias circunstanciales son éxitos concluyentes. El cansancio, el hartazgo, los desaciertos propios de los demagogos, pueden encaminarlos hacia eventuales tropiezos.
No se trata de no festejar los logros, sino de tomar conciencia del contexto, de dimensionar apropiadamente los acontecimientos y comprender que los actores de la política contemporánea serán reemplazados por otros. Ellos se suceden entre sí, pero sus ideas centrales permanecen. Podrán mutar o adaptarse, pero solo para tomar fuerza y arremeter bajo un nuevo disfraz.
Es lo que dice la historia reciente de estos países. El populismo tiene una extensa trayectoria. Se ha transformado e innovado, buscando nuevos perfiles para volverse más eficaz, hábil y perverso. Casi sin percibirlo, quienes intentan reemplazarlo en el poder, terminan utilizando idénticas tácticas, aplicando similares recetas e imitando ese peligroso recorrido.
Es importante tener cuidado, conocer la coyuntura en profundidad y tener los pies sobre la tierra. La amenaza nunca desaparece. En todo caso, frente a cada logro concreto, a cada pequeño paso en positivo, se debe tomar posición, fortalecer ese espacio para consolidar lo obtenido y sostener el apoyo popular que, en el actual esquema, es el pilar vital del sistema.
La política es dinámica. Los escenarios se modifican rápidamente y, por imperceptible que parezca, a veces, la sumatoria de insignificantes hechos aislados son los que van construyendo un todo que en un momento determinado se manifiesta con vigor y sin contemplaciones.
Los sistemas electorales pueden ayudar a unos a triunfar y perjudicar a otros conduciéndolos al fracaso, pero el termómetro del clima de ideas que impera en una sociedad es bastante más difícil de interpretar.
Es imprescindible no confundirse. Son esas ideas que la sociedad defiende, esos valores con los que la comunidad comulga, esas premisas y creencias, esos paradigmas, los que determinan las políticas de largo plazo.
Una nación que cree que el Estado debe hacerlo todo, que su progreso depende más de las dádivas de sus gobernantes que de sus propios talentos, méritos y esfuerzos, que pretende ayudar a los más débiles saqueando a otros usando coercitivamente la ley, no tiene futuro alguno.
Esa sociedad está condenada a vivir bajo las reglas de la demagogia y el populismo, solo porque no se anima a promover con convicción un sistema que priorice la cultura del trabajo y establezca incentivos para que aquellos que lo deseen genuinamente puedan generar riqueza y prosperar.
Los equilibrios siempre son inestables. Suponer que lo logrado es absoluto implica no entender la naturaleza humana. Todo está en constante movimiento y como bien decía Heráclito "lo único inmutable es el cambio".
Si se entiende esta realidad no es posible darse el lujo de relajarse. Los que defienden el colectivismo como matriz, los que creen que los individuos deben subordinar sus libertades al bienestar general, solo tropiezan de tanto en tanto, pero suelen tomarse revancha y volver con más ímpetu.
Es posible que los personajes de turno se retiren del juego. Ya ha sucedido eso en el pasado. Pero no menos cierto es que serán otros los que heredarán su voracidad por el poder e intentarán ocupar ese lugar.
Ellos saben conquistar el poder. Es posible que se equivoquen, pero siempre retoman la lucha y dan la pelea política. Cuentan con la ventaja de no tener escrúpulo alguno y de apelar al "vale todo" para recuperar lo perdido.
Es trascendente entonces, mantenerse en vigilia, ser constantes y perseverantes, evitar la soberbia de quienes creen que sus adversarios han sido definitivamente derrotados, cuando en realidad solo han retrocedido algunos pocos metros y usarán ese desliz para tomar mayor impulso.
Lo que viene puede ser una gran oportunidad, solo en la medida que se comprenda adecuadamente lo que realmente está ocurriendo. Pero lejos se está de haber logrado un triunfo con mayúsculas.
La tenacidad no es una virtud de esta era en la que la fugacidad parece marcar el ritmo. Las actitudes espasmódicas de esta sociedad se han manifestado muchas veces, pero sin lograr afirmarse como corresponde. Es por eso que se corre permanentemente el riesgo de caer en el abismo.
El desafío consiste en estar alertas, en prestar mucha atención a lo que sucede alrededor, porque el futuro depende, en buena medida, de esa conducta constante de resguardar cada victoria, fortalecer ese escalón, para recién luego avanzar hacia el siguiente. Si se hacen los deberes, tal vez se pueda dar vuelta la página en algún momento y soñar con un porvenir mucho mejor. Para eso será indispensable no bajar la guardia.
(*) Alberto Medina Méndez. Periodista y  analista político
albertomedinamendez@gmail.com
www.existeotrocamino.com
Fuente: Comunicación personal del autor

El oráculo de La Ñata

Por Enrique G. Avogadro (*)

"¿Dónde estarán?, pregunta la elegía de quienes ya no son, como si hubiera una región en que el ayer pudiera    ser el hoy, el aún, el todavía".   Jorge Luis Borges 
En la antigua Grecia, los poderosos acostumbraban a visitar Delfos para consultar a los dioses acerca del futuro de las empresas que pretendían acometer. En general, recibían unas frases tan crípticas que permitían cualquier interpretación. Algo parecido sucedió esta semana, cuando El Manco del Espanto sorprendió a propios y extraños con una curiosísima afirmación: "A partir de hoy, seré más Scioli que nunca";hasta hoy, eruditos de todos los pelajes continúan tratando de descubrir qué significa.
Por supuesto, lo destacado fue el resultado de las elecciones del domingo último. Pese a que suponía que María Eugenia Vidal se impondría a Anímal Fernández por una serie de razones, me sorprendió el margen de esa victoria; igualmente, siempre creí que habría ballotage, pero no que la distancia porcentual que separaría a quienes la disputarán sería tan pequeña.
Con el resultado de la Provincia de Buenos Aires, el cristinismo perdió su posibilidad de convertir a ese enorme distrito en el aguntadero de la asociación ilícita que encabeza la Noble Viuda, que pretendía desde allí resistir y hostilizar a su sucesor; obviamente, y aún si se confirmara el todavía dudoso triunfo de su cuñada en Santa Cruz, no resulta una compensación, ya que ni el pequeño presupuesto provincial ni su escasa población permiten refugiar allí a tantos y tantos delincuentes.
Carlos Pagni atribuyó la verdadera razón de la insólita imposición del repudiadoAnímal como candidato, sin explicación plausible desde el punto de vista político, a la existencia de algunos vínculos non sanctos y de vieja data con ambos Kirchner; en un régimen tan centralizado en los negocios como éste, ¿puede La Morsa ser el jefe del narcotráfico o es, simplemente, otro Lázaro Bóvedas Báez, es decir, el mero gerente de un emprendimiento que pertenece a sus superiores?
Cristina no tiene deseo alguno de que Lancha se presente al ballotage ni, menos aún, que se habilite la más mínima probabilidad de su triunfo. Es bien simple, conociendo a la harpía inquilina de la Casa Rosada: si la segunda vuelta se concretara, Mauricio Macri -los votantes de Massa, Stolbizer y De la Sota, todos ellos acérrimos perseguidores de la corrupción del Gobierno, así lo garantizan- se alzará con la victoria con un porcentaje mucho mayor al que ella misma obtuvo en 2011, el famoso 54% que tanto nos ha refregado. Además, obtendrá importante legitimidad de origen, que le resultará indispensable para hacer frente a la herencia maldita que recibirá; a eso se debió la elíptica referencia del jueves, cuando recordó la deserción de Carlos Menem, en 2003, frente a su marido muerto, dejando a éste con el 22% de los votos que había obtenido en la primera vuelta.
Pero, claro, después del respaldo que recibió en Tucumán de parte de esa otra banda dilapidadora y cómplice del saqueo formada por los señores feudales del norte, El Manco no se ha dejado torcer el brazo que le queda e insistió en que se presentará el 22 de noviembre.
De todas maneras, el escenario político nacional es otro, totalmente diferente, desde el domingo. Surgió una nueva protagonista -María Eugenia Vidal- que, por obra y gracia de su estilo de trabajo y de relación personal con la gente, se convirtió en una referente muy importante tanto dentro de la estructura del PRO cuanto de la propia coalición Cambiemos. Gracias a ésta, también ha resurgido de sus cenizas la Unión Cívica Radical, que prestó su esencial aparato territorial; ese partido actúa con reglas de juego propias, así que aún es pronto para decir quién ejercerá su liderazgo.
Por su parte, José Manuel Gallego de la Sota seguramente competirá con éxito por la jefatura del Partido Justicialista, una vez que éste se haya auto-depurado de tantos infiltrados de izquierda y ladrones de derecha que lo usurparon durante esta década, y será así otro actor de gran importancia. Finalmente, creo que, con toda lógica, Sergio Massa no aceptará cargo alguno, aunque le fuera ofrecido, para evitar correr el riesgo que trae aparejado administrar el desastre abismal que la Noble Viudadejará tras de sí en todos los ámbitos de la realidad; su juventud le permite preservarse para el siguiente turno presidencial, en el cual tendrá serias posibilidades de triunfar si ayuda, desde el Congreso y las legislaturas, al gran objetivo nacional, lavando así todo recuerdo de su paso por el gobierno de los Kirchner.
El Poder Legislativo produjo esta semana dos leyes dañinas, la del presupuesto nacional y la de educación superior. La sanción de la primera, pese a que era esperable, no dejó de llamar la atención por cuanto demostró que, al borde del knock-out, el Gobierno conserva un enorme poder y aún es capaz de hacer que los sodomizados senadores, a los que la Constitución obliga a bregar por el interés de sus provincias, volvieran a someterlo al centralismo unitario oficial. La otra disparatada norma prohibió los exámenes de ingreso y el arancelamiento en las universidades públicas; sobre ella hablaré en otra nota, que prepararé para mediados de esta semana.
Para concluir, una inquietud. Dadas las relaciones que el kirchnerismo ha establecido con los fundamentalismos islámicos a través del Foro de San Pablo, ¿las amenazas de atentados contra shopping-centers no significarán la reediciónaggiornada del ataque al regimiento de La Tablada, en la época de Alfonsín?
En fin; todos los santos se han puesto de nuestro lado y los argentinos hemos apostado al futuro; el 22 de noviembre será un mero trámite de un final anunciado, que ni siquiera João Santana y sus campañas sucias podrán modificar. Resta sólo saber si doña Cristina y sus cómplices aceptarán mansamente acostumbrarse a los sinsabores penales que los aguardan y, sobre todo, a haberse transformado ya en historia.
Bs.As., 1 Nov 15 
(*) Enrique Guillermo Avogadro. Abogado
E.mail: ega1@avogadro.com.ar


Fuente: Comunicación personal del autor

jueves, 29 de octubre de 2015

Hacia el balotaje y despedida del Kirchnerismo

Por Elena Valero Narváez (*)
Las elecciones del 25 de octubre, demostraron que si bien son validas las encuestas como herramienta para acercarse a los resultados, no siempre aciertan. Es que muchas veces es imposible medir  la acción espontánea de la gente. Ni siquiera el enorme gasto que el oficialismo hizo en la campaña pudo retener el poder en la pcia de Bs As, bastión peronista durante 28 años.
 El resultado inesperado de ir Macri, casi igualado a Scioli, al balotaje,  se debe, entre otros motivos, a que los argentinos decidimos en 1983 volver a vivir en democracia y dejar atrás la violencia de cualquier índole, incluso la psicológica..
El gobierno que se retira creyó que los argentinos teníamos espalda para aguantar el enorme peso que nos colocó encima. Pero, todo tiene un límite. El domingo pasado, mediante el método pacifico del voto, la sociedad le pasó factura al gobierno.
 Es cierto que muchos argentinos creen que el Estado además de cumplir con sus funciones específicas debe cubrir espacios que en realidad le corresponden a la sociedad civil. Les gusta tener  línea de bandera, la energía en manos estatales, subsidios, prebendas, pero no que les toquen el bolsillo.
Todos quieren llegar tranquilos a fin de mes y poder ahorrar aunque sea un poquito. Cada uno, dentro de sus limitaciones, pretende poder prever razonablemente el futuro. Pero eso fue imposible con la inestabilidad económica  que provocó la inflación, fenómeno cuyas consecuencias son bien conocidas  ya que no es la primera vez  que ha venido al país de visita.
CAMBIEMOS, la fuerza que viene dando sorpresa tras sorpresa, liderada por Mauricio Macri, creció en la intención de voto, día a día, aunque la socialización política de los argentinos haya sido durante años peronista. Es que el gobierno no ha dejado error por cometer y lo grave es que  ha persistido caprichosamente en ellos. La ignorancia y la tozudez fueron las características  definitorias del kirchnerismo.
Hoy, con el resultado de las elecciones, no es una utopía pensar que Macri puede ser Presidente. Ante la situación que vive el país sería un regalo del cielo tener, además, gobernadora en la provincia de Buenos Aires, y jefe de la Ciudad del mismo color político. Ello ayudaría a que  el presidente pudiera dedicarse, con más tranquilidad y más recursos, a los problemas que la gente pide se les dé prioridad, desde hace años.
También ayudaría la personalidad democrática de Macri, quien, con seguridad,  no ignorará a la oposición como se ha hecho hasta ahora, por el contrario, intentará un diálogo fluido por ser su estilo y  necesitar  su apoyo para gobernar. 
Sergio Massa como Margarita Stolbizer ya han dado a entender que Scioli es el continuísimo, por lo tanto muchos de sus seguidores votarán a Macri. Es más que posible, entonces, teniendo en cuenta que el resultado de los comicios fue muy parejo, llegue Macri a la presidencia si el diablo no mete la cola.
La Argentina daría un vuelco de 180º con el kirchnerismo en retirada.  Sergio Massa que pretende representar al peronismo que se viene, es un dirigente democrático y, también, como  Macri,  sabe hacia donde va el mundo desarrollado. Ambos dirigentes son jóvenes y con ganas de respetar la Constitución, a las minorías y a la opinión pública.  No se puede decir que son liberales de pura cepa, (aunque ambos estuvieron afiliados a la UCEDE, y Massa militó en la juventud del partido hace años) pero no niegan una política de apertura económica y  crear las condiciones para que el sector agro-ganadero y empresarial vuelvan a salir a la palestra sin las trabas que le ha puesto el gobierno kirchnerista.  Estos datos permiten ver con más optimismo el futuro.
Además, Macri ya tiene una base de confianza que traspasará al equipo que elija para acompañarlo a gobernar. Es fácil pronosticar que, si bien le toca un país en raquíticas condiciones, si reestablece, como esperamos, la seguridad jurídica y crea un clima de negocios,  habrá incentivo para trabajar e invertir en el país.
La gente está contenta, en general, porque la mayoría está cansada de ser gobernada por energúmenos que fortalecieron el Estado en detrimento del individuo. Es hora de que la calma unida a la firmeza sean las cualidades del próximo gobierno y el ambiente pacífico que permite la democracia ayude a resolver los conflictos políticos que se susciten.
 Cristina Kirchner se aleja después de utilizar todos los recursos del Estado para su enriquecimiento personal y el de sus allegados y protegidos. Corrompió  instituciones fundamentales de la República comprando voluntades por métodos mafiosos y convirtió a sus ministros y altos funcionarios en cómplices de la corrupción. Como su marido, el ex presidente Néstor Kirchner, ejerció el poder violando las normas constitucionales, sometiendo siempre que pudo al poder judicial, aprovechando la obsecuencia legislativa para conseguir lo que quería.  Dios y la Patria se lo demanden!

(*) Elena Valero Narváez. Analista política, periodista e historiadora.
Vicepresidente 1ª de la Unión de Centro Democrático (UCEDE)

Fuente: Comunicación personal de la autora

La 'deskirchnerización' de la Argentina

Por Claudio Chiaruttini (*)
No importa quién triunfe en los comicios que se realizan hoy domingo 25/10. No importa si habrá una definición en 1ra. vuelta o, por primera vez en la historia del régimen electoral vigente, habrá balotaje. En cualquier escenario, hoy comienza la 'deskirchnerización' de la sociedad argentina, luego de 12 años. Si Daniel Scioli alcanzara el triunfo en 1ra. vuelta, el lunes 26/10 se estará hablando de sus medidas iniciales de gestión y Cristina Fernández de Kirchner perderá mucho poder dentro del propio oficialismo, que lentamente volverá a convertirse en Partido Justicialista, abandonando lo que hasta hoy fue Frente para la Victoria, una marca registrada K. Si hay balotaje, el lunes 26/10 la sociedad argentina se polarizará velozmente entre el 65% que no quiere la continuidad de Cristina (y que incluye algo más del 5% de los electores de Scioli) y el 35% que sí ambiciona esa posibilidad. El propio Scioli tendrá que salir a buscar electores no K.
Desde las 8:00, casi 32 millones de argentinos, con sus votos, están despidiendo una etapa política nefasta de la historia Argentina llamada “kirchnerismo y, literalmente hablando, pariendo una nueva época, de duración incierta y suerte aleatoria,  que se llamará o “sciolismo”, o “macrismo” o “massismo”; que en su proceso de maduración y crecimiento, reconfigurará gran parte del escenario político nacional.
Estamos por vivir algo parecido a lo que fue el cambio del alfonsinismo al menemismo o del menemismoal derlarruismo, dado que será un giro notable en las formas y modos de ejercer el poder, de manejar la economía y la política, y del armado social que se estructurará detrás del nuevo liderazgo político que los argentinos están eligiendo en este mismo momento.
Algo nace. Se puede especular sobre cómo será, pero no será una situación parecida a cuando Néstor Kirchner juró como Presidente de la Nación, el 25/05/2003 cuando algunos podrían suponer que algunas características del ejercido del poder pasarían del feudo de Santa Cruz pasarían a la Nación, pero nadie creyó que él pudiera armar una estructura política tan fuerte que terminó por subsumir al peronismo durante una década.
Es cierto que todo trastabillaba en 2010 porque la polarización había avanzado en forma decisiva. Pero la muerte de Kirchner rompió la polarización, Cristina pudo ganar los comicios de 2011 y así aseguró otro mandato más, que fue un desastre, al punto de impedirle construir una herencia sólida. Ella ni siquiera pudo elegir al candidato 2015 que lleva los colores del Frente para la Victoria.
Pero lo que nace hoy domingo 25/10/2015, lo hace sobre una enorme cantidad de fracasos que ha cometido la clase política, en general, ya sea que estuviera en el Gobierno o en la oposición. Es de esperar que aprendan de sus errores.
Por ejemplo, Cristina Fernández no pudo imponer un “delfín” ni logra que sus “espadas” obtengan la adhesión de sus votantes. Tanto es así, que ni siquiera su poder en Santa Cruz tiene un horizonte visible. Ella tampoco pudo pesificar la economía porque sólo destruyó la moneda nacional, incrementó la voracidad por el dólar estadounidense y fomentó un aumento del comercio ilegal como nadie en la historia contemporánea. Ella ni siquiera pudo desguazar al Grupo Clarín, aunque deja un universo de medios que dependen de la pauta oficial como jamás se vio y que provocan dudas acerca de cómo actuarán de aquí en más. Tampoco pudo derrotar a Thomas Griesa, quien horas atrás convirtió un reclamo de 1US$ 1.330 millones en más de US$ 10.000 millones, comprometiendo al futuro Presidente de la Nación. 
Cristina Fernández deja 4 años de pésimo Gobierno. Ella fue la torpe gobernante que dilapidó los superávits gemelos sobre los que Néstor construyó su éxito 2003-2007: el superávit comercial y el superávit fiscal. Ella deja una deuda interna, externa, registrada y no registrada igual a 3 veces lo que dejó la Dictadura cívico-militar de 1976-1983. Ella convirtió al Estado en una agencia de colocaciones de falsos militantes (en verdad, son oportunistas que por estas horas se encuentran desesperados por lograr la continuidad de sus conchabos y ventajas). Ella deja más de 13 millones de personas que reciben algún tipo de asistencia dineraria del poder político, degradados de ciudadanos en sometidos. Y, pese a ello, todo ese volumen de dinero no  alcanza a ocultar el aumento de pobres e indigentes a niveles de 2003.
Siendo muy bueno en el análisis, el kirchnerismo gobernó de “mejor” a “peor”, pero para ocultarlo“quemó” miles de millones de dólares de las reservas, creó un deuda intraEstado jamás vista, vació las cuentas de ahorro de los futuros jubilados y se transformó en el Gobierno que mayor cantidad de dólares le ha pagado a los organismos internacionales en la historia argentina, alabando una medida errada, que buscó transformar un fracaso en triunfo.
Pero el mayor fracaso de Cristina Fernández fue no conseguir “licuar” al peronismo y colocar en su reemplazo una novedad llamada Frente para la Victoria que los Kirchner creyeron que concretaría el fallido “3er. Movimiento Histórico” que soñaron los alfonsinistas en la década del '80. El fracaso es gigante porque la Presidente de la Nación hizo todo lo posible para ignorar a Juan Domingo Perón y lo hizo desde 2003 cuando sólo era senadora nacional y 1ra. dama que convocaba a Parque Norte. En su 2do. mandato ella subió la apuesta, intentando “mitificar” a Néstor K como una versión superadora de Perón. Pero esa acción sólo aumentó el volumen del fracaso al que destinó miles de millones de pesos.
No obstante, la oposición no puede festejar. La oposición también fracasó. No hubo forma de que sus líderes consensuaran energías, criterios y proyectos. Cada vez que los K estuvieron en problemas (desde la cuestión de la inseguridad, en el 'caso Blumberg', pasando por el gran conflicto agropecuario de 2008, y concluyendo en las multitudinarias marchas opositoras de 2012), los líderes opositores demostraron que el ejercicio de la política les resulta esquivo. Solo conocen la vanidad como bandera.
Los egos y los celos fueron mayores que la inteligencia y destreza política. En 2015, en vez de una fuerza por izquierda y otra por derecha que vaciaran al kirchnerismo, tenemos 4 candidatos presidenciales de centro derecha, 1 de centro izquierda y 1 de extrema izquierda. El oficialismo quedó, misteriosamente, en el centro del espectro político.
Y los presidenciables llegan a la elección cargados de fracasos.
> Daniel Scioli nunca pudo alinear al kircherismo ortodoxo tras su candidatura (sólo de palabra lo apoyaron, no trabajaron en la campaña y Cristina Fernández ni fue al cierre de campaña del candidato a Presidente de la Nación del Frente para la Victoria). Además, el sciolismo fracasó en su intento de aglutinar a todo el peronismo detrás del gobernador de Buenos Aires. Por eso va hoy el peronismo se encuentra dividido en 4 listas, aún cuando Scioli, si gana, reintentará reunificarlo otra vez más.
> Cambiemos no sedujo a los radicales, quienes, al igual que los peronistas, van divididos  a las urnas, apoyando 4 candidatos a Presidente de la Nación; y queda por comprobar si Jaime Duran Barba tuvo o no razón en la estrategia elegida y en las alianzas rechazadas. Quizás, la mayor sorpresa que pueda dar Cambiemos en esta elección, María Eugenia Vidal, logró su crecimiento haciendo lo contrario de lo que ordenaba el consultor ecuatoriano.
> Sergio Massa fracasó en su intento de construir una alternativa de poder a partir de los intendentes. La idea de que los “coroneles” territoriales se unirían como contrapoder a los gobernadores o a la Casa Rosada no terminó de cuajar y queda como una cuenta pendiente, que puede llegar a concretarse o no si otra es la forma de construcción política y de liderazgo. Pero, eso, ya es cuestión de un futuro incierto.
> El autotitulado “progresismo” también fracasó. Hermes Binner pasó de ser el 2do. candidato más votado a Presidente de la Nación en 2011 a tener que pelear con Carlos Alberto Reutemann para retener su banca de senador nacional. Peor, el socialismo santafesino promete votar por Daniel Scioli, dejando en soledad a Margarita Stolbizer, quien de esta forma ha sidovirtualmente traicionada por sus ex aliados radicales y socialistas.
> Stolbizer hizo un esfuerzo enorme en su campaña electoral. Casi sin recursos, sin el apoyo de sus aliados santafesinos, con mínimos soportes territoriales, vaciados de contenido por el kirchnerismo, enfrentando las incoherentes votaciones que hicieron con los socialistas en el Congreso; pero ella jamás pudo apropiarse del “voto ético” que acompañó históricamente a Elisa Carrió.
> También fracasó la “Liga de Gobernadores”. No pudo imponerse al kirchnerismo y debió, desordenadamente, alinearse detrás de Daniel Scioli. No es el grupo que en 2002 le impuso la famosa “Acta de 15 Puntos” a un debilitado Eduardo Duhalde. En 2015 los gobernadores tienen menos poder y ellos reclaman dinero más que espacios porque no saben hacer política si no tienen billetes en sus manos. Varios gobernadores fracasaron, en tanto, en sus ambiciones presidencialistas: Mario das Neves, Jorge Milton Capitanich, Sergio Urribarri, José Manuel de la Sota...
No es casual que estas elecciones están encabezadas por personalismos y alianzas políticas variopintas. No hay partidos político únicos que hayan llegado a esta 1ra. Vuelta: Frente para la Victoria, frente Cambiemos, frente UNA, frente Progresistas, Frente de Izquierda... Otra muestra de laatomización política y de la desaparición y desarticulación del sistema de partidos políticos que sufre la Argentina. Pero, sobre todo, un efecto directo de votantes que eligen más personas que ideologías.
Por primera vez en décadas, ni el Partido Justicialista, ni la Unión Cívica Radical encabezan, con su nombre y candidato propio, una lista a Presidente de la Nación. En el caso de los radicales, su única esperanza es sumar legisladores e intendentes, para así mantener viva la ficción de una supervivencia política que las urnas ponen en duda.
Quizás, por primera vez en 32 años, el futuro Presidente de la Nación no sea abogado. Ya es un avance.
Otro: ninguno de los potenciales ganadores encarna el modelo de hiperpresidencialismo que estamos despidiendo.
Por las buenas o por las malas, vienen tiempos de búsqueda de consensos y armado de coaliciones, aunque en la Argentina no hay experiencia exitosas de pactos y acuerdos en los últimos años, con la excepción de la relación que el kirchnerismo concretó con los colectivos sociales con los cuales se asociaron... muchísimo dinero de por medio. Mucho más que en el Pacto de Olivos entre Carlos Menem y Raúl Alfonsín.
En el mundo, los acuerdos se cierran antes de las elecciones, para que todos jueguen dentro de un mismo parámetro de igualdad. En la Argentina, no ocurrió esto. No es costumbre del que gana ceder porciones de poder obtenido en las urnas a los que perdieron. Quienes ganan, legitiman sus agendas con los votos y, de la misma forma, por la falta de sufragios, deslegitiman las agendas de quienes fueron derrotados.
En todo caso, si hubiera balotaje, se abre una puerta para compromisos como nunca antes hemos visto desde 1983. Sin duda, sería una experiencia renovadora.
A muchos le preocupa el futuro de Cristina Fernández. Lo que desee o quiera, poco importa. Ella ya tuvo su primera muestra de pérdida de poder: el martes, intentó citar a los Gobernadores de provincias petroleras en Santa Cruz, para apoyar la candidatura de Máximo y de Alicia Kirchner y se negaron. Terminaron en el Hotel Alvear, sin los santacruceños.
En el fondo, el futuro de Cristina Fernández lo determinará la fidelidad de la red de protección que armó en el Poder Judicial. Difícil de creer que haya gente más acomodaticia que la del Poder Judicial argentino... La experiencia demuestra que la Justicia analizará qué es lo que quiere el futuro Presidente de la Nación de la “abogada exitosa”Si el futuro Mandatario la prefiere acorralada por los jueces o con una impunidad asegurada, eso es lo que veremos. El resto, son sólo deseos.
¿Cuántos kirchneristas veremos jurando fidelidad al futuro Presidente de la Nación, sea quien sea elegido por el voto popular? La misma cantidad de jueces, empresarios, banqueros, industriales, comerciantes, intendentes, legisladores, gobernadores, gremialistas, periodistas y medios de comunicación. De un país acostumbrado al hiperpresidencialismo, parece difícil que vaya a cambiar la práctica de someterse por prebendas.
Es cierto que casi 32 millones de ciudadanos están despidiendo una etapa nefasta de la historia política argentina. Pero eso no implica que el Presidente de la Nación que se está eligiendo, hoy o en el balotaje, cambie los usos y costumbres que nos llevaron a donde estamos. Veremos.

(*) Claudio Chiaruttini. Periodista y analista político.Artículo publicado por Urgente 24 el 25 de Octubre de 2015

Ganar sin haber ganado

Por Gabriela Pousa (*)
Primer round ganado. Cambiemos sin triunfar ha triunfado. Así suelen suceder las cosas en Argentina: de manera extraña, caótica, impensada. Esta elección que abre las puertas al balotaje arroja lecturas varias aunque no haya grandes misterios que socavar de sus entrañas. 
Todo estaba más a la vista de lo que parecía, el hartazgo y el descontento general también, aunque no se hayan percibido con claridad en la previa electoral. Políticos, periodistas, analistas subestimaron a la gente. 
Es verdad que esta es una sociedad que dio muestras bastas de cegarse cuando debía ver y mirar. Sin embargo, doce años es un lapso extenso en demasía para ocultar la realidad. Cada uno vio lo que quiso o pudo, y entendió que así no se podía más. 
La elección también dejó al descubierto el miedo que se gestó durante la “década ganada”: la gente no se animaba a decir a quién votaba. Pasamos del voto vergüenza menemista al voto temor por las represalias kirchneristas. El cuarto oscuro nos liberó. Basta de callar porque las consecuencias son peores que ese silencio aparentemente protector. Al margen o no tanto,  aunque fue tan denostado, el voto útil también existió.
Cambiemos se impuso en todas las villas miserias del conurbano y Capital. ¿Cómo fue que los habitantes de asentamientos paupérrimos desestimaron los planes sociales, el asistencialismo, el reaseguro de un aparato clientelar? La respuesta parece compleja pero se define en la evidencia: frente a las tumbas de los hijos víctimas del paco, frente al hambre y la desidia, frente al bolsón de comida que no alcanza para saciar a los más chicos de la familia se desvanece toda oratoria. 
Cristina habló mucho y mintió más, a Cristina la vieron solo por TV. A las mentiras las palparon. En contrapartida, a María Eugenia Vidal la pudieron ver y tocar. Ella habló poco y escuchó más. No son sutiles las diferencias cuando en el aire abunda el desabrigo y la soledad. El trabajo de hormiga le ganó a la maquinaria industrial de la mentira y el relato. La cara lavada se impuso al maquillaje, y no es solo un enunciado literal. Las entrelineas dicen más.
El compromiso ciudadano hizo el resto. Al pueblo tucumano le debemos el coraje de demostrarnos en las calles que, únicamente saliendo de la comodidad, podía impedirse otro atropello a la voluntad popular. Las hordas de fiscales voluntarios fueron el mejor ejército de una democracia que yacía desarmada. 
Mauricio Macri por su parte, hizo algo que para muchos fue poco estratégic pero quedó a las claras que la estrategia pesa menos que la convicción de llegar por los medios que determinen la naturaleza de los fines perseguidos. No prometió milagros. Los “entendidos” en la materia lo señalaron con el dedo acusador por ese hecho pero, el argentino medio, lejos de los dogmas del armado de un candidato, supo ver la fidelidad en una propuesta que no seducía tanto quizás pero que, justamente por eso, era mucho más certera y coherente con lo que el kirchnerismo ha de dejar.  
Consumimos palabras lindas tantas veces y acá estamos: con los oídos embelesados pero con el país devastado. Cuando de política se trata, las palabras bonitas, las promesas de panacea, suelen estar alejadas de la verdad. La sociedad lo aprendió por experiencia. Los espejitos de colores no subyugaron, los mitos de la política nacional se derrumbaron, y lo que es más importante aún, es que no se ha votado héroes de barro. 
Nadie cree que Mauricio Macri es el redentor, el salvador o un predestinado. Si así fuese volveríamos a caer en la decepción. Por el contrario, se votó un equipo, se votó una salida, se votó convicción muchísimo más allá de ideología y prestidigitación. Se maduró.
Injusto sería no reconocer al kirchnerismo su aporte fundamental en esta carrera. Eligieron a dedo al sucesor, usaron al Papa, apelaron a las peores prácticas de la vieja política clientelista, le quitaron a Jaime Stiusso las herramientas para mostrar sin tapujos lo que son: extorsionadores de grandes ligas, operadores no de política sino de politiquería, revanchistas, vengativos, militantes de escritorio donde hacer negocios para beneficio propio. 
Aníbal Fernández fue el talón de Aquiles en la provincia de Buenos Aires, mostró lo peor de lo peor. Fue el Daniel Filmus y el  Amado Boudou de esta elección.  Todo ello lo dejaron en la vidriera donde el elector pudo verlo sin distorsión. Y el elector entendió. Es verdad que no hay que subestimar al adversario. Harán lo indecible por revertir un resultado que parece inmutable en este corto-mediano plazo. La historia hará lo demás: poner a cada uno en su justo lugar. 
Hoy se respira un aire distinto en Argentina, no es ese exitismo fanatizado de otras veces que terminó frustrándonos porque acá no es Macri quién debe hacer el trabajo. La fiscalización del domingo no terminó, por el contrario recién ha comenzado. De ahora en más a la democracia se la fiscaliza a diario, o en cuatro años estaremos nuevamente derrotados.
Hay mucha más tela que cortar pero para eso hay tiempo. Esta es una bienvenida pero debe ser también un adiós para siempre, adiós al oportunismo de los egos desmedidos. Es muy probable que de ahora en más se nos muestre un Daniel Scioli sedado, afable, sin los vicios que mostró en los últimos tiempos al dar prueba fehaciente de tener el gen kirchnerista en la frente. Un Scioli que quiere el debate, artilugios del marketing. Seguramente será el camaleón de esta etapa previa a la segunda vuelta de la elección. Manotazos de ahogado, internas salvajes, desesperación. 
A nadie debe sorprender que toda la maquinaria oficialista atente contra la marea del cambio que se viene: no es gratis el paso dado aún cuando ya hemos pagado demasiado. Habrá paros subrepticios de subte, cortes de calles, habrá caos, habrá carpetazos que ya no surten el efecto deseado, habrá aprietes y “casualidades” que no serán tales. 
La atención de la gente es definitoria en este ahora. Un minuto de distracción puede dejarnos otra vez sumergidos en el océano del desparpajo y la corrupción. Cristina dijo el día después de su penúltima derrota electoral: “Aún somos gobierno, aún tengo el poder“. Debilitado pero poder al fin. No subestimemos a quién demostró emerger mil veces de las cenizas como Ave Fénix.
No tienen enemigos afuera, hay que dejarlos hacer y entender que son las ultimas fichas de un desesperado. Que terminen subidos al ring en que han convertido al país, que se noqueen a sí mismos.  Así, librados los doce rounds, el show habrá terminado y mermarán los aplausos hasta quedar definitivamente silenciados. 
Entonces sí, otra etapa habrá comenzado. Cristina se irá pero nosotros habremos quedado, y ese será el verdadero triunfo electoral a fiscalizar a diario los próximos cuatro años. 

(*) Gabriela Pousa. Directora de Perspectivas políticas. Artículo publicado el  25 de Octubre de 2015

miércoles, 28 de octubre de 2015

Las encuestas, las urnas y una genuina rebeldía

Por Eduardo Filgueira Lima (*)
En las recientes elecciones presidenciales los resultados distaron mucho de ser los previstos por las innumerables encuestas realizadas.
Las encuestas de opinión son una forma de investigación muy utilizada en ciencias sociales. Habitualmente se toma en consideración que si su metodología, su representatividad muestral y los métodos de evaluación son los adecuados es esperable cierta aproximación (aún estimando algún margen de error), pero en todos los casos su índice de confianza debería ser mayor del 95%.
Sin embargo este no fue el caso respecto de los pronósticos previstos por las consultoras para las recientes elecciones.
Dejando de lado que muchas empresas que las realizan son en realidad operadores políticos que intentan incidir sobre la opinión pública, esta consideración no se da en todos los casos. Lo relevante fue la gran dispersión (entre si) de los pronósticos por un lado y por otro que los mismos hayan estado muy alejados de los resultados finales.
Tanto es así que pareció evidente que incluso resultaron una sorpresa para los mismos candidatos. Nadie esperó el nuevo escenario.
No es el caso de introducirnos en el amplio campo de la metodología de la investigación en ciencias sociales, pero si en lo que cabría para explicar en la medida de lo posible, el comportamiento de la acción colectiva.
Los individuos tomamos decisiones todos los días, en las más diversas cuestiones, en infinitos temas y de diferentes formas. Y no en todos los casos nuestras decisiones son las mismas, entre lo que unos y otros deciden, como también pueden llegar a ser diferentes a las que uno mismo ha tomado en diferentes momentos.
Lo que debe considerarse es que las decisiones que cada uno toma son siempre subjetivas y están reguladas por la valoración de la utilidad marginal que cada uno otorgue a las consecuencias de su decisión, aunque en ello también se debe atender que otros aspectos (Ej. emocionales, psicológicos, culturales, conocimientos, etc.) que también forman parte importante en la toma de decisiones, lo que supone una conducta de racionalidad condicionada.
En 1651 Thomas Hobbes publicó su obra más conocida Leviatán, en el que nos dice: “..los hombres en apariencia suelen ser más iguales que desiguales, y es por ello que pueden desear las mismas cosas,… lo que los conduce a un estado de guerra permanente en su lucha por ellas,..(…)…el estado de guerra no es deseable para los hombres, porque en tal estado de naturaleza, no pueden dedicarse a sus tareas de la industria y el comercio,...(…),…el primer objetivo de los hombres es la búsqueda de la paz, pero ello supone que declinarán sus armas y su actitud de guerra,…(…),…para que la paz sea garantizada por el poder absoluto del monarca que velará por ella, cuidando la vida y seguridad de sus súbditos,..”
Estos párrafos merecerían muchas consideraciones. Por ejemplo que para Hobbes parecería que el hombre es más egoísta que cooperativo, aunque resulta contradictorio que sea de tal forma si es que necesita dedicarse al comercio y a la industria y a las tareas que pueden hacer su vida mejor, para lo que inevitablemente necesita intercambiar y cooperar con otros ya que ello es un supuesto inevitable en un orden social en el que producir, comerciar e intercambiar solo puede darse entre más de uno y aún en muchos casos –asumiendo su propio egoísmo– de él resulta que con sus acciones y decisiones puede aún sin proponérselo beneficiar a otros[1].     
Lo anterior nos conduce a pensar que de la misma forma que sucede la espontánea búsqueda de equilibrio en el mercado, por la toma de infinitas decisiones que a cada momento asumen los individuos para sus intercambios, la sociedad encuentra “su” equilibrio en las infinitas decisiones que muchos individuos toman en cada momento, en un proceso dinámico y complejo, cuyo sustrato son sus preferencias, y su agregación nos presenta un resultado social.
Este proceso cuyo dinamismo es incontenible en el mercado se encuentra en el mismo en una búsqueda permanente pero asintótica de un equilibrio que nunca alcanza. Salvo que uno pudiera en un momento determinado detener ese proceso y decir: “aquí,.. ahora,.. y en estas condiciones –y solo para este proceso– este es el punto de equilibrio”.
Las elecciones son precisamente eso: lo que no se puede hacer (imposibilidad fáctica) en el mercado, en la vida social se detiene (asumamos esto como una figura teórica) el proceso dinámico de interacción, para poder decir “este es el punto de equilibrio que la sociedad ha preferido –como expresión de “preferencias agregadas”– en este momento, en estas circunstancias y para esta decisión,..”
Si por ejemplo hablamos de la paz, seguramente todos la valoramos y deseamos vivir en esa condición. Eso no quiere decir que la paz sea igualmente importante para todos, ni que todos entiendan la paz de la misma manera.
Para algunos la paz puede en la valoración de sus preferencias ser una condición de máxima importancia y para otros una condición relativa y hasta puede ser intrascendente o incluso (en un grado menor) lo sea algún grado de violencia o agresión. Me refiero a la diferente intensidad de la valoración de preferencias individuales.
Pero aún existiendo las diferencias, el valor de la paz y el menor grado de violencia o agresión posibles, son de suponer lo deseable o preferible en el ciudadano medio. Porque ello –retomando a Hobbes– permite a cada uno hacer su vida más útil y provechosa, para dedicarse al comercio, a su vida, a su familia, al ocio, y a todo tipo de intercambios que le permitan llevar adelante su propio proyecto de vida.
Y para ello Hobbes supone un contrato implícito entre gobernantes y gobernados, en que los primeros garantizan esa primera condición: convertirse en garantes de la paz.
Y recurro a su concepción solo de manera metafórica ya que soy de la opinión que las instituciones nacen y evolucionan hacia un orden social espontáneo[2] producto de infinitos intercambios entre los ciudadanos, que los gobernantes no pueden controlar,.. aunque sin límites lo intenten.
De cualquier forma bien vale la metáfora del contrato hobbesiano para explicar que lo acontecido en nuestra sociedad es mayoritariamente valorado como una forma de ruptura o incumplimiento de ese hipotético “contrato” por el gobierno, asunto que J. Locke legitima como una genuina rebelión social ante el soberano que no responde al mandato de los ciudadanos.[3]
Porque el gobierno en sus formas –como intermediario entre el Estado y los ciudadanos, lo que modela la democracia[4]– ha ejercido esa intermediación imponiendo una forma u otra, en mayor o menor medida, la oposición de unos contra otros, tanto como que la violencia, la agresión, o la descalificación sean moneda corriente.
El gobierno ha perseguido desde los medios adictos o afines, los oficiales, hasta el atril de la Casa de Gobierno, o las cadenas nacionales, todas las formas posibles de agresión y descalificación a todo aquel que no se aviniera a sus deseos, a todo aquel que apenas pusiera en duda sus decisiones o sus “verdades”.
También existió coerción y coacción contra empresas que intentaron publicar sus propias estadísticas. Contra otras empresas hubo multas y persecución selectiva por el organismo de control impositivo. Como objetivos de su acción fueron a su vez los medios de comunicación y los periodistas críticos. O la coacción sobre la Justicia. Toda apreciación perdió legitimidad e ingresó en el campo de la duda, incertidumbre, carencia de autenticidad, certeza o respondía a oscuros intereses.
Y todo ello para sostener –sin ninguna disidencia– su relato épico, su forma de ver la realidad, que solo concibe a la sociedad (como lo hiciera C. Schmidtt) entre buenos y malos, ellos y nosotros: los que adhieren a nuestras ideas que son “nacionales” y “populares” y defienden a la gente (y de ello se ocupa el gobierno) y por otro lado los enemigos que son cipayos, explotadores, enemigos del pueblo, que lucran con las necesidades de la gente,..
Esta visión simplista y binaria del comportamiento de los individuos y de la sociedad, se ha impuesto y legitimado “de arriba hacia abajo”, como producto de similar origen y consecuencias que las que Hayek nos expone es su obra La fatal arrogancia[5] y ha sido en extremo dañina para la convivencia social.
De esta forma se ha perdido la noción de cohesión en pos de objetivos que pudieran –aunque fuera solo en parte– significar intereses que ofrezcan oportunidades de encuentro en puntos comunes de coincidencia para el individuo medio de nuestra sociedad. La sociedad en su conjunto fue maltratada.
Para muchos (por agregación de sus preferencias), pueden pensar que esta situación no solo no tiene importancia sino que a su vez es necesaria para mantener el liderazgo de quien propone y manda, y/o para mantener el relato épico, y/o para mostrar que la sociedad hobbesiana está presente y es justa porque los habilita a luchar por una verdad que consideran absoluta y omnipresente –que es solo la suya– y que en ellos tiene a sus defensores: los gladiadores. Y esa guerra les abona el ideario patriótico.
Sin dudas estas circunstancias conducen a una sociedad partida, a una sociedad en conflicto, a una sociedad en confrontación permanente, a un status social hobesiano, que solo supone la lucha de “nosotros vs. ellos”, que no conduce a nada, salvo la pérdida de la paz.
Si para Hobbes el estado de naturaleza imponía la paz como requisito pre-social y pre-político, de similar manera para muchos otros –y según mi opinión la mayoría– la paz es una condición y prerrequisito para lograr sus objetivos de vida y su pérdida significa su imposibilidad o un riesgo para lograrlos.
La forma de ejercicio del poder impuso a nuestra sociedad una convivencia fragmentada, y temerosa. Temor que extendió al vecino, al amigo o al familiar, o incluso a hablar libremente (incluso a las encuestadoras), porque las represalias estaban en la violencia, la descalificación o la agresión en cualquiera de sus formas y podían provenir de cualquier lado.
Los gladiadores, custodios del relato y la epopeya, se convertían en verdugos.
Los ciudadanos de a pié sintieron así amenazada hasta su propia libertad,..(y no siempre es cuestión de armarse para la guerra), sucedía que casi sin advertirlo (y entrando en el mismo juego), la misma ansiada paz se había esfumado. Algunos ya habían advertido de este proceso que denominaron “la grieta”.  Y estas son variables (dificlmente identificables) que no pueden recoger las encuestas con total fidelidad y de allí a su error de cálculo hay solo un paso. Eso no invalida las encuestas; solo da cuenta de sus limitaciones. 
Y los ciudadanos tuvieron que optar. Las elecciones hicieron un “corte transversal” en la vida social, para preguntarles por sus preferencias agregadas y en una sociedad lastimada, las expresiones fueron muchas, pero la preferencia agregada, en función de la utilidad marginal esperada, hizo optar a la mayoría por quienes le permitían no solo un cambio, sino la esperanza de recuperar la paz. Una genuina rebeldía en el sentido lockeano.
En la Argentina se respira ahora un aire nuevo.
La mayoría espera que la sociedad hobbesiana –en estado de guerra y crispación permanente– sea en poco tiempo solo un lejano e ingrato recuerdo.
Buenos Aires, 28 de Octubre de 2015  

(*) Dr. Eduardo Filgueira Lima. Director del CEPyS

Referencias:


[1] Smith, A. “Una investigación y causa de la riqueza de las naciones” (1776)
[2] Heyk, F. “Derecho, Legislación y Libertad”. (1976)
[3] Locke, J. “Segundo tratado sobre el gobierno civil” (1689)
[4] Strasser, C. “La democracia y lo democrático” (1991)
[5] Hayek, F. “La fatal arrogancia”. (1988)


lunes, 19 de octubre de 2015

#Guardianesdelvoto

Por AsConciencia (*)

#GUARDIANESDELVOTO: ¿Sabés lo que tenés que hacer como votante?

#GUARDIANESDELVOTO ¿Sabés la función del presidente de mesa?

#GUARDIANESDELVOTO ¿Sabés cual es el rol de los fiscales?

Si ves IRREGULARIDADES llamá al 0800-999-7237
DENUNCIAS.ELECTORAL.GOV.AR

(*) El próximo 25 de Octubre votamos en la Argentina. Tu voto cuanta!! Tu voto es importante. Seamos guardianes de nuestro voto y el de todos los argentinos. ¡Tu rol es clave,.. vos podés hacer la diferencia!!!

Fuente: 
https://www.youtube.com/watch?v=hF6p97_1ndchttps://www.youtube.com/watch?v=yaDl_mZVLA0https://www.youtube.com/watch?v=Hh29r7anbgw