jueves, 8 de octubre de 2015

La señora y sus pagos a los ojos de los buenos izquierdistas

Por José Benegas (*)

Ayer la señora Kirchner se jactó otra vez de la cancelación del Boden 2015 y el público oficialista la aplaudió con la misma efusividad que si hubiera anunciado lo contrario. Así es la política ahora; unos hacen y reparten, los otros festejan todo. Hoy el gobierno que se “desendeuda” (paga), se está “des-desendeudando” emitiendo nuevos títulos a una tasa superior. En eso consiste en realidad su fracaso. El pago tiene por fin facilitar la emisión de nueva deuda en mejores condiciones, al hacer al deudor más confiable.
Algunos comentarios apuntaron a la supuesta incoherencia de que un gobierno de izquierda (en Argentina, partidario de la “bondad”: que es obligatoria, excluyente y gran negocio) esté exhibiendo orgulloso el pago de las deudas, cuando lo “bueno” para ellos normalmente es no pagar y hacer patrioterismo con eso.
En esto se equivocan los críticos. Lo más coherente para un gobierno de izquierda es pagar de manera puntual cada centavo de deuda, para poder mantener el crédito y con él el alto gasto público que financia las dádivas y la relación de poder con los súbditos. La deuda pública es la contra cara de la veneración del gasto público. Endeudarse barato depende del “crédito” con el que se goce, lo que está en relación directa con el historial de pago. El problema es que la izquierda a la violeta quiere todo, hacer frente con el estado a cualquier necesidad, pedir prestado y no pagar. Es ahí donde hay una incoherencia. Infantiles son todos, pero estos últimos son demasiado caprichosos.
Un sistema parasitario necesita la sobrevivencia de la economía de la que extrae sus recursos. Los organismos internacionales de crédito dan pautas para que la rueda de la irresponsabilidad continúe hasta el infinito. El cash flow de una deuda pública es la espalda de sus ciudadanos- Las posibilidades de ingresos del estado están relacionadas no con un negocio con beneficios, como pasa en el mundo empresario, sino con la capacidad recaudatoria. El empresario tiene que hacer ganar a todos, el estado cobra a la fuerza y hace un mito con los beneficios que otorga basándose en una ficción, no en la voluntad del ciudadano. El empresario puede decir con argumentos muy concretos que el consumidor elige lo que produce, porque lo paga voluntariamente. El estado tiene que recurrir al pensamiento mágico del contrato social y hablar de prestaciones que la gente no paga cuando y como quiere, sino de acuerdo al criterio político del mandamás.
Si fuera tan maravilloso el estado para el ciudadano, no haría falta ninguna persecución fiscal. El empresario pone su producto en la góndola y el consumidor lo toma y lo paga. El estado quita el dinero al “contribuyente” y pone en la “góndola” las prestaciones que se le ocurren al político despreocupándose por lo que elijan quienes las van a consumir. Pero como el mal llamado “contribuyente” va a las mesas de entradas después de de que le han quitado los recursos, puede tener la falsa sensación de que es gratis lo que recibe. Ese es el secreto de que todo esto siga girando.
Hay dos métodos para inflar esto aún más y que el súbdito del gobierno no se de cuenta de lo que pasa. Uno es la inflación, es decir el cobro de un impuesto desvalorizando la moneda mediante si simple emisión. El otro es el endeudamiento interno o externo. Aún con los pagos, el gobierno argentino está mucho más endeudado de lo que estaba cuando irrumpió el kirchnerismo en el 2003. Paga porque ha perdido el crédito externo, pero necesita seguir endeudándose internamente. Cuenta con su capacidad de no cumplir con los “nacionales”, que para eso están, para aguantarse a su gobierno.
Lo que hay que entender es que la “izquierda”, es decir esta tendencia al regalo, a la compra de la voluntad del votante y la demagogia, no es un sistema económico, sino un sistema político incompatible con la economía. Pero no importa, no están interesados en otra cosa que en incrementar el poder del sistema y mantener al país como una propiedad de ellos. Discutir economía con un izquierdista, es como hablar de profilaxis con un virus. Es decir, no se están equivocando, sino que siguen el camino de sus intereses. Estos se pueden resumir como bondad para todos, poder para los bondadosos, recursos para los bondadosos, buena vida para los bondadosos. Si no hay recursos para el progre, hay otras satisfacciones narcisistas de menor cuantía, incluso moral.
Lo no bondadoso consiste en lo responsable. No llenar de caramelos y helados a los chicos es de malo, es de derecha. La cuestión es que la gente crea que le llueven beneficios sin pagar. Pero la realidad es que no existe tal cosa como un almuerzo gratis. Si se recibe algo se debe dar un valor a cambio, a criterio del que lo recibe, es decir, sin vulnerar su voluntad. Esto no nos coloca en estado de inanición e indefensión, sino todo lo contrario. No es cierto que necesitemos para ninguna de nuestras necesidades la instalación de un sistema parasitario. Al contrario, nuestra mayor necesidad institucional es que quienes tienen un capital para invertir, lo pongan en la economía, sin interferencias, sin recargos impositivos ni regulaciones innecesarias. El estado se dedica a las prioridades de conservación de poder del gobierno. Es el gobierno el que decide si va a crecer, no quién lo paga.
Si nos explicamos la vida como una desgracia en la que solo cabe salir perdiendo y que nuestros principales enemigos son los que tienen recursos, lo que queda es adherir a un bandido líder que robe por nosotros. Si en cambio pensamos que el ingenio y el trabajo permiten multiplicar bienes y servicios y salir ganando al lograr que el otro gane con lo que hacemos, hacen falta reglas de respeto, derechos individuales y propiedad privada.
El sistema de endeudamiento público y los organismos de crédito internacionales, no pertenecen a la segunda visión, que no llamaría optimista sino realista. Lo ilusorio es el bandido protector, cuya subsistencia están encargados de asegurar el FMI, el Banco Mundial, etc. nos va a resolver nuestros problemas y no los de él. La izquierda debe amar y venerar a todos esos elefantes enemigos de la gente común. Pero la gente común, si no es psicológicamente súbdita, se los debe sacar a todos de encima urgente.
(*) José Benegas. Abogado, ensayista, periodista y analista político. Artículo publicado en su blog personal "No me parece" el 6 de Octubre de 2015